GRACIAS DON JUAN CARLOS. ADELANTE FELIPE VI, por Emilio Sáenz-Francés y Alberto Priego

El pasado dos de febrero la mañana de Madrid hervía en rumores por la declaración institucional que –de manera inesperada- se anunciaba por parte del Presidente del Gobierno. Sin embargo, hasta pocos minutos antes, nadie incluía en sus cálculos que pudiera tratarse de una comunicación relacionada con la Corona, y menos aún con la abdicación del propio Rey. La noticia cogía a todos los observadores totalmente desprevenidos, y alteraba los cálculos políticos de todos los grandes partidos.

Se anunciaba, en efecto, el fin de un reinado de 39 años que ha supuesto la etapa de mayor prosperidad y estabilidad de la historia contemporánea española. Un tiempo en el que los españoles hemos desterrado definitivamente nuestros fantasmas seculares. En efecto, en estos años España se ha convertido en una democracia avanzada y consolidada, y ha alcanzado unas cotas de prosperidad sin precedentes, aun contemplando las dificultades de la profunda crisis económica que atenaza al país. 
Juan Carlos I dista de haber sido un mero espectador de todo ello. Su labor fue fundamental para –en un proceso realmente ejemplar- transformar la dictadura del General Franco en una Monarquía Constitucional afianzada como Estado de Derecho y régimen avanzado de libertades. El papel fundamental del Rey para hacer fracasar el Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 es sólo un jalón más de muchas acciones fundamentales del Monarca en aquellos años, hasta nuestros días. Todas ellas son merecedoras de una enorme gratitud por parte de los españoles. Se trata sin duda de uno de los reinados más trascendentales y beneficiosos de toda la larga historia de España.
La abdicación de Juan Carlos I es, sin duda, un valioso gesto de patriotismo. La salud del Rey es delicada, y es imposible negar que la degradación de la opinión que los Españoles tienen de la clase política y de las instituciones ha alcanzado a la propia Corona. Ante ello el Rey ha decidido dar de nuevo un paso al frente y ceder el testigo al Príncipe de Asturias, futuro Felipe VI. Es evidente que el régimen constitucional de 1978 necesita un impulso renovado para afrontar desafíos de nuevo cuño, desde la amenaza separatista hasta los efectos de la crisis económica o el propio descrédito de los grandes partidos, y de las instituciones fundamentales del Estado.
El futuro Felipe VI es sin duda la persona adecuada para inspirar una nueva etapa en la vida política española. Dinámico, ponderado, y con una preparación excepcional, las primeras encuestas tras la abdicación indican ya un repunte del prestigio de la Corona y una notable confianza en el nuevo Rey. 
En 1975 con la proclamación de Juan Carlos I, España abría una auténtica nueva era en su historia. En 2014 las claves son la continuidad y la normalidad institucional, pero vuelve a ser necesario el liderazgo inspirador de la Corona para que España emerja de la compleja crisis que atraviesa, fortalecida, y capaz de afrontar de nuevo su futuro con renovada confianza. Nuestra firme percepción es que así será, y que una vez más la Corona será determinante para ello. ¡Adelante Don Felipe!

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