ADOLFO, TE QUIERO PEDIR UNA COSA…, por Alberto Priego

Con esta frase SM el Rey Juan Carlos pidió a Adolfo Suárez que fuera Presidente del Gobierno. Fue un periodo muy dificil pero Suárez, en esas circunstancias, se movía como pez en el agua. Por ello, si alguien personifica el cambio que sufrió España ese es, sin lugar a dudas, el Presidente Suárez.

Adolfo Suárez fue el líder que guió el cambio político, social y económico de España. Este proceso, que él experimentó en su propia persona, supuso un camino sin retorno para España. Un camino que ha colocado a nuestro país entre los Estados más importantes del mundo lo que es algo para sentirse orgulloso pero también una responsabilidad.

Nacido en Cebreros en el seno de una familia humilde, Adolfo Suárez fue un hombre hecho a sí mismo. Adolfo Suárez supo sobrevivir ante situaciones muy difíciles, tan difíciles como el Golpe de Estado 1981. Adolfo Suárez cuando llegó a la Presidencia del Gobierno (1976) heredó una España, caduca, autoritaria y aislada y dejó un país integrado en la OTAN, en el camino de la UE y sobre todo con una Constitución que posibilitaba la convivencia de los españoles.

Sin lugar a dudas, la democratización ha sido el cambio más importante que ha experimentado España en su larga historia. Si bien es cierto que se dieron muchos factores que favorecieron este cambio, uno de los más importantes se llamaba Adolfo Suárez. Procedente del Movimiento Nacional, de hecho ocupó la Secretaría General, supo evolucionar desde la estructura misma del régimen hasta los postulados democráticos. En ese proceso logró incluir e involucrar a todos los grupos políticos, sin excluir a nadie y lo que resulta más difícil: no hubo fracturas que minaran el proceso. Su capacidad para involucrar a sectores muy heterogéneos es probablemente uno de los grandes éxitos de nuestra transición. Podemos destacar hitos tan importantes como la Ley de Amnistía, la Ley para Reforma Política o la legalización del Partido Comunista. Todos estos hechos fueron claves aunque le valieron no pocas enemistados. Sin embargo, Suárez siempre consideró que el interés de España estaba muy por encima del de su partido y sobre todo del suyo propio. Su dimisión como Presidente del Gobierno es el mejor ejemplo. Este Sentido de Estado fue el hormigón que ha cimentado el sistema democrático que hoy disfrutamos y que nos permite convivir.

Su carisma fue excepcional y solo puede ser comparado con otros líderes tales como Lech Walesa o Vaclav Havel que también supieron guiar procesos de cambio en otros lugares de Europa. Sin embargo, al contrario de lo que ha ocurrido en Polonia o en Chequia los españoles no hemos sabido agradecer al Presidente Suárez su sacrificio personal. Este sacrificio  contribuyó, sin duda, a la creación de nuestro sistema democrático. Lamentablemente, Suárez no ha tenido el reconocimiento nacional que merece aunque su obra siga siendo clave para entender la España que hoy disfrutamos. Así, cuanto menos  debemos respeto a la principal lección que nos enseñó: solucionar nuestros problemas en las urnas y no con las armas.

Quizás la forma más clara de entender el espíritu que iluminó a Adolfo Suárez durante la transición sean los versos que pronunció al defender la Ley de Asociaciones Políticas en las Cortes Franquistas:

“Está el hoy abierto al mañana
mañana al infinito
Hombres de España:
Ni el pasado ha muerto
Ni está el mañana ni el ayer escritos
(Antonio Machado)

En estos versos hallamos todos los elementos de su legado: el consenso, la convivencia, el sentido de estado, la fe en el progreso… Por ello, justo cuando perdemos al segundo de nuestros presidentes podemos decir: Adolfo te quiero pedir una cosa, que tu espíritu de consenso y concordia no nos abandone nunca.

GRACIAS PRESIDENTE…

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