PARALELISMOS ENTRE LOS CASOS DE CRIMEA (UCRANIA) Y DE OSETIA DEL SUR (GEORGIA), por Ana Lutidze

Se han trazado diversos paralelismos entre los acontecimientos que están acaeciendo en Crimea y lo vivido en la región georgiana de Osetia del Sur en agosto de 2008 como otro paso más de Rusia para su autoposicionamiento internacional frente a Occidente. Aunque en términos estratégicos Crimea no es Osetia del Sur (ya que Sebastopol acoge la principal base de la flota rusa en el Mar Negro), y la determinación a la hora de reaccionar de Occidente tampoco ha sido la misma, parece que las condiciones y las razones de las acciones de Moscú en ambos casos sí coinciden.

En primer lugar, y lo que otorga todo el valor simbólico e ideológico a las acciones de Rusia en ambos casos, es que para Moscú, tanto Georgia como Ucrania se encuentran bajo la órbita de su extranjero próximo (definida en la Doctrina Militar de 1993 y formada por los Estados que formaron parte de la antigua Unión Soviética con la excepción de los tres Estado bálticos) en la que Rusia considera que tiene intereses privilegiados y vitales por lo que debe evitar la injerencia de Occidente en ese territorio y cualquier intento de éste de debilitar la influencia rusa se encontrará con contramedidas contundentes por parte de Moscú. 

Como una de las primeras muestras de esa contundencia podemos afirmar que fueron sus acciones militares en Georgia en agosto de 2008 para evitar el acercamiento de Georgia a la Comunidad Euroatlántica y concretamente, su ingreso en la OTAN, ya que fue en la Cumbre de Bucarest, celebrada meses antes de la guerra de 2008, cuando Georgia más cerca estuvo de obtener el MAP. Parece que el mensaje que quiere transmitir Rusia en el caso de Crimea es el mismo. Rusia muestra una vez más el el carácter determinante de sus medidas para evitar el acercamiento de Ucrania a la Comunidad Euroatlántica.


En el caso georgiano Rusia quería sentar una especie de precedente adecuada para las futuras intenciones de Occidente a la hora de relacionarse con esos Estados del área del extranjero próximo de Moscú y en el caso de Ucrania, se vuelve a transmitir el mismo mensaje. 
Otra de las condiciones que se repiten tanto en el caso georgiano como en el ucraniano es que Moscú, para evitar perder su influencia en los Estados ex Soviéticos ha ido recurriendo a una estrategia consistente en promover una constante inestabilidad para frenar su desarrollo y de esta forma evitar su acercamiento a Occidente. En el caso de Georgia esta estrategia fue muy clara. En los primeros años de Georgia como Estado independiente Rusia, con su implicación en los conflictos internos de Georgia mediante su apoyo a las regiones secesionistas, supo actuar con suficiente ambigüedad para perpetuar una constante inestabilidad en ese Estado y evitar así su desarrollo y evolución. En el caso de Ucrania la estrategia parece ser la misma. Rusia, actúa de tal forma que la situación se mantenga a unos niveles de inestabilidad controlados que impida al nuevo gobierno ucraniano proeuropeo, al que Moscú no reconoce, a consolidarse. 
Otra de las condiciones que se repiten y dan razón a la actuación de Rusia es el pretexto de la defensa de la población rusa para justificar sus acciones militares. Kremlin se reserva el derecho de enviar fuerzas militares para defender la seguridad de sus minorías en el extranjero (Doctrinas Militares de 2000 y 2010). Esta doctrina fue aplicada en la guerra de la región de Osetia del Sur en la que Rusia justificó su intervención militar con la defensa de las minorías rusas y desde luego, esta doctrina está siendo aplicada otra vez, en el caso de Crimea. 
Como hemos señalado, aunque la importancia estratégica que para Rusia Ucrania y concretamente, Crimea representan sea de mayor envergadura que la que atribuye a Osetia del Sur, el valor simbólico e ideológico parecen ser el mismo y dan razón última a las actuaciones de Moscú. Todo ello responde al proceso de la recuperación del orgullo del nacionalismo ruso llevado a cabo por Vladimir Putin desde su llegada a Kremlin y su aspiración de reafirmar el estatus de potencia global de Rusia que pasa por tener la voz mandante en la evolución de los Estados ex Soviéticos.

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