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De prácticas con el Servicio Jesuita a Migrantes en Madrid

Continuamos con las experiencias de los estudiantes que se encuentran realizando las prácticas profesionales remuneradas lanzadas por la Cátedra de Refugiados y Migrantes Forzosos del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones (IUEM) de la Universidad Comillas con el apoyo de INDITEX, dirigidas a alumnos del Máster Universitario en Cooperación Internacional al Desarrollo y del Master Universitario en Migraciones Internacionales del IUEM. En esta nueva entrada del blog puedes conocer en primera persona el trabajo que Daniel Martínez está realizando para Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) en Madrid, sin duda su experiencia aporta novedades a las prácticas. ¡Te invitamos a leer su post!

Son ya prácticamente seis meses los que han pasado desde que empecé a trabajar con SJM España a través de la Cátedra de Refugiados de la Universidad de Comillas. A pesar de haber terminado un Máster de Migraciones Internacionales allí, enseguida me di cuenta de que mi conocimiento de la realidad del acompañamiento y defensa de migrantes desde una perspectiva interna de una organización era más bien escaso.

Durante mis primeros días escuchaba cosas como hospitalidad, acompañamiento, espacio interreligioso, acogida, programa asociativo, intervención, acogida integral… Términos que entonces generaban confusión en mí, y que ahora, varios meses después, manejo y conozco con mayor soltura. Esa fue la primera piedra de mi aprendizaje personal en esta experiencia con SJM: conocer de primera mano qué es lo que realmente hacen sobre el terreno, día tras día, las organizaciones jesuitas dedicadas a migrantes. El duro trabajo que hay desde la coordinación y organización de proyectos hasta el mismo acompañamiento de familias y migrantes que quedan al margen del sistema. Cómo se ayuda a esas personas que van perdiendo subvenciones económicas y confianza mental por el camino, de qué manera se les puede hacer recuperar esa autoestima, esa fuerza, perder el miedo del que huyen, integrarse y ser verdaderamente parte de esta sociedad.

En el SJM hay varios pilares fundamentales, que traspasan la definición de líneas o áreas de trabajo para convertirse en el verdadero motor, en la vocación más profunda de todas las personas que aquí trabajan y colaboran. La actitud de acompañar, servir y defender, principios fundamentales del SJM, se percibe y se contagia en cada una de las personas que he conocido y con las que he trabajado en este tiempo.

El trabajo en los CIE, el agujero negro del control migratorio y de la vulneración de derechos de personas que no han cometido ningún delito. Allí se presta acompañamiento personal y humano, además de asesoramiento jurídico, y del trabajo de incidencia que hay detrás, con los informes y la estrategia jurídica, que es absolutamente admirable.

Hospitalidad es otro pilar del SJM y de otras entidades del sector social jesuita. Una campaña que nace para dar una respuesta humana desde las entidades religiosas al desprecio y abandono institucional al que se ven sometidos refugiados y migrantes. Acompañamiento que se basa en establecer vínculos emocionales, asistencia jurídica, orientación laboral, en definitiva, caminar con ellos para darles fuerza y ayudarles a vivir en España por sus propios medios. Un ejemplo de humanidad.

La labor en la Frontera sur de España, lugares donde se vulneran derechos continuamente, donde el Estado ejerce la fuerza más oscura. Donde miles de personas se juegan la vida simplemente para prosperar en la vida como derecho humano fundamental y a cambio reciben violencia, dolor, miedo. Donde no se vive, sino se sobrevive.

Y por supuesto otras áreas fundamentales, como el trabajo para defender y visibilizar a las mujeres que trabajan en el hogar, especialmente vulnerables por los abusos que reciben y la falta de un amparo legislativo laboral. De igual manera, otras iniciativas de acercamiento, como el diálogo interreligioso, las actividades formativas casi diarias, la incidencia y los análisis que llevamos a cabo, y un largo etcétera.

El SJM está siendo para mí una de las mejores experiencias de aprendizaje de toda mi vida. Me siento muy feliz de formar parte de esta familia y de saber cada día un poco más y de contribuir a hacer que otras personas que están como yo estaba hace unos meses, ahora tengan un mayor conocimiento para luchar por una sociedad más justa.

Solo una Europa que defienda los derechos de las personas puede estar orgullosa de sí misma

 

Valeria Méndez de Vigo y Carla Sala, han publicado un artículo en el blog de Cristianisme i justícia sobre la situación de los niños y niñas refugiados que no tienen una escuela a la cual asistir, reproducimos a continuación el inicio, y te animamos a leer la entrada completa:

 El creciente clima de hostilidad a la entrada de personas refugiadas en territorio europeo ha derivado, en gran medida, de las políticas migratorias cada vez más restrictivas hacia aquellos que buscan refugio seguro. Estas políticas restrictivas tienen su reflejo en los recientes discursos adoptados en el seno de los Estados miembros de la Unión Europea. Sin embargo, las personas refugiadas siguen huyendo de sus países de origen. Según ACNUR, 65,3 millones de personas se han visto forzadas a abandonar su lugar y 21,3 millones son refugiadas[1].

En setiembre de 2015, la Comisión Europea propuso a los Estados miembros la reubicación de  160.000 personas y el reasentamiento de 20.000 en el plazo de dos años. A día de hoy, el número total de reubicaciones realizadas por los Estados miembros de la Unión Europea asciende a 13.546 y el de reasentamientos a 14.422[2]. En el caso de España, solo se ha acogido a 1.212 refugiados de los 17.337 comprometidos, de los cuales 878 lo han sido vía reubicación y 334 vía reasentamiento. La falta de voluntad política se refleja en el nivel de incumplimiento de las cuotas, dado que la mayoría de Estados aún está muy lejos de alcanzarlas. Ante el fracaso en la gestión migratoria, los Estados miembros han optado por tratar de impedir que refugiados y migrantes puedan entrar en su territorio.

Pero es que, además, las medidas contra las personas migrantes en situación irregular se han endurecido considerablemente. El pasado 2 de marzo, la Comisión Europea se posicionó duramente en contra de aquellas personas consideradas migrantes económicos que no tienen derecho a asilo. En este caso, se pide a los Estados que con las personas que se encuentran en situación irregular amplíen hasta el período máximo de detención previsto en la Directiva de Retorno (18 meses). De este modo se pretende fomentar la expulsión de migrantes en situación irregular incrementando el número de retornos a sus países de origen. Las políticas migratorias por parte de Europa ya se endurecieron desde principio de año, fomentando desde entonces, el retorno de los migrantes en situación irregular.

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Las personas refugiadas siguen a la espera de que lo acordado en la Cumbre Humanitaria del año pasado se cumpla

Valeria Méndez de Vigo y Carla Sala de Fundación Entreculturas analizan en  su artículo “Las personas refugiadas siguen a la espera de que lo acordado en la Cumbre Humanitaria del año pasado se cumpla” la hostilidad hacia los refugiados y la importancia de la educación en situaciones de conflicto. En este se detalla la situación de las personas refugiadas que siguen a la espera de que lo acordado en la Cumbre Humanitaria del año pasado se cumpla.

Comentan que los días 23 y 24 de mayo se cumplió justo un año de la primera Cumbre Mundial Humanitaria, celebrada en Turquía, en la que representantes de los Estados, organizaciones no gubernamentales, sociedad civil, comunidades, sector privado y organizaciones internacionales se reunieron para reducir las necesidades humanitarias y el sufrimiento en todo el mundo.

Leer mas: http://www.europapress.es/internacional/noticia-personas-refugiadas-siguen-espera-acordado-cumbre-humanitaria-ano-pasado-cumpla-20170524084136.html

3,7 millones de niños y niñas refugiados no tienen una escuela a la que asistir

Valeria Méndez de Vigo y Carla Sala, han publicado un artículo en el blog de Cristianisme i justícia sobre la situación de los niños y niñas refugiados que no tienen una escuela a la cual asistir, reproducimos a continuación el inicio, y te animamos a leer la entrada completa:

Los conflictos bélicos, la violencia generalizada, el cambio climático, la pobreza extrema o las violaciones de derechos humanos son algunos de los motivos que siguen provocando el desplazamiento forzado de miles de familias dentro y fuera de sus países impidiendo, en muchos casos, la educación de niños y niñas.

Durante la primera mitad del año 2016, ACNUR registró al menos 3,2 millones de nuevos desplazados, de los cuales 1,5 millones eran refugiados y solicitantes de asilo que huyeron a otro país, y cerca de 1,7 millón de personas eran desplazadas internas[1]. En el mundo hay 21,3 millones de personas refugiadas. De los 16 millones que están bajo el mandato de ACNUR, 6 millones están en edad de ir a la escuela, pero unos 3,7 millones de niños y niñas no tienen una escuela a la que asistir[2].

Desde el campo de refugiados de Melkadida, Aden Abdi Hussen, de 19 años, señala[3]: “Al principio, huimos en busca de la paz. Luego pusimos la esperanza en la educación. La verdad es que nunca pudimos estudiar, porque las clases siempre quedaban interrumpidas por la violencia. Los grupos armados expulsaban a los maestros. No se puede aprender en una guerra“.

Más de la mitad de los niños, niñas y adolescentes refugiados del mundo no escolarizados, se concentran en sólo siete países: Chad, la República Democrática del Congo, Etiopía, Kenia, Líbano, Pakistán y Turquía. Habitualmente, las personas refugiadas se encuentran en regiones donde las estructuras destinadas a cubrir las necesidades básicas son débiles. Por ello, educar a la propia población ya supone una gran dificultad para los gobiernos, y atender a la población refugiada supone un trabajo adicional considerable.

Las escuelas deben dotarse de políticas inclusivas que posibiliten una buena preparación del profesorado ante la llegada de personas refugiadas para poder integrarlas de la manera más normalizada posible a los diferentes cursos, por ejemplo, reforzando el aprendizaje de la nueva lengua o estableciendo programas educativos de carácter intensivo para que los niños y niñas puedan integrarse en el nivel educativo adecuado. Para fortalecer la educación inclusiva, UNESCO y ACNUR, han convocado la Semana de la Educación Móvil bajo el tema de “La Educación en situaciones de emergencia y crisis”. En este caso, se pretende preservar la continuidad del aprendizaje en contextos de conflicto y desastres, abrir oportunidades de aprendizaje para los refugiados y otras personas desplazadas, y facilitar la integración de los nuevos estudiantes en nuevas escuelas y comunidades.

Educar a la población refugiada debe permitir a los niños/as y jóvenes prosperar, no solo sobrevivir. Hay que proporcionar espacios seguros donde los niños y niñas puedan relacionarse, adquirir habilidades para la autosuficiencia, fomentar el pensamiento crítico y el trabajo en equipo, aumentar la confianza y la autoestima y mejorar las perspectivas laborales. La educación es un elemento crucial para capacitar a los niños y niñas para ser agentes de cambio, y para que en un futuro puedan restablecer y reconstruir sus sociedades y países de origen.

Sylvia, de 19 años, refugiada de la República Democrática del Congo y estudiante de Inglés en uno de los centros del Servicio Jesuita a Refugiados en Uganda, relata[4]: “Convertirme en refugiada cambió mi vida. No pude estudiar y crié a mis hermanas sola y sin ningún ingreso (…) Ahora sé que si estudio, puedo conseguir más. Espero que la paz vuelva a mi país para que allí mi sueño se haga realidad: convertirme en periodista”.

Desde Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados, trabajamos con personas refugiadas y desplazadas en países donde se concentra un elevado porcentaje de niños/as y jóvenes en esta situación. Etiopía, la República Democrática del Congo, Uganda o Chad son algunos de los países africanos en los que seguimos actuando para hacer llegar la educación. Garantizar y mejorar el acceso a la educación de las poblaciones refugiadas e implementar programas de atención psicosocial en los campos de refugiados, son algunos de los objetivos generales que contribuyen a mejorar las condiciones de vida de los niños y niñas que se encuentran en este contexto de inseguridad.

La educación es la clave para que todos los niños y niñas refugiados puedan tener oportunidades para cambiar el rumbo de sus vidas y construir un futuro mejor.

De prácticas en Sevilla y Algeciras con la Asociación Claver

La Cátedra de Refugiados y Migrantes Forzosos del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones (IUEM) de la Universidad Comillas con el apoyo de INDITEX  presenta cada año su programa de prácticas profesionales remuneradas. El programa está dirigido a alumnos del Máster Universitario en Cooperación Internacional al Desarrollo y del Master Universitario en Migraciones Internacionales del IUEM. El programa de prácticas que se realiza en Instituciones como en el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), en Entreculturas-Servicio Jesuita a Refugiados (SJR) y en el Servicio Jesuita a Refugiados-Europa. A continuación, conoce la experiencia de Ana Bosch. ¡No te la pierdas!

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Mi nombre es Ana Bosch y soy antigua alumna de la Universidad Pontificia  Comillas, donde cursé el máster en Cooperación Internacional al Desarrollo. Esto me dio la oportunidad de optar a la realización de las prácticas profesionales remuneradas, ofrecidas por la Cátedra de Refugiados y Migrantes Forzosos- INDITEX en una de las asociaciones que pertenece a la red del Servicio Jesuita al Migrante: la Asociación Claver.AnaBosch

Esta asociación se encuentra situada en Sevilla y trabaja para la defensa y acompañamiento de personas migrantes y refugiadas. En ella se atiende, desde la perspectiva de la hospitalidad, a las diferentes necesidades socio-laborales y legales que les puedan surgir a las personas de origen migrado, entre otras.

Gracias a esta oportunidad, he podido acercarme a la realidad migratoria de este momento en España, así como conocer más profundamente la situación en la que se encuentra la frontera sur de la península. La actividad que vengo realizando en la asociación podría dividirse en dos líneas fundamentales de trabajo.

Por un lado, se oferta un servicio de asesoría jurídica gratuita en materia de extranjería y derecho laboral. En relación a éste último, trabajamos esencialmente en el ámbito del empleo del hogar, ya que es un sector en el que se vulneran a menudo los derechos de los trabajadores. Muchas de las personas que acuden a la asesoría para este tipo de asuntos, son mujeres migrantes que se encuentran en situación de vulnerabilidad, tanto por los abusos cometidos en la relación laboral, como por las complicaciones que pueden surgir con su situación administrativa. En este sentido, y al tratarse de unos perfiles que se repiten a menudo, he tenido la oportunidad de hacerme una idea de la situación en la que se encuentra un grupo relevante de la población migrante.

Por otro lado, llevamos a cabo visitas semanales al Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Algeciras, para entrar en su extensión de Tarifa. El objeto de estas visitas es realizar una labor de ayuda a los internos.

Algeciras

Antes de comenzar en la asociación no imaginaba que, tanto el funcionamiento de este tipo de centros como la dificultad de trabajar en los mismos, fuera tan difícil como estoy comprobando. A pesar de que leas noticias o información sobre ciertas cosas, hasta que no la vives en primera persona, es difícil poder tener un juicio claro de aquella realidad a la que te enfrentas.

Refugiados latinoamericanos, en el olvido

Valeria Méndez de Vigo, colaboradora del Instituto de Migraciones, ha publicado un artículo en ibe.tv sobre la situación de los refugiados latinoamericanos, reproducimos a continuación el inicio, y te animamos a leer la entrada completa:

Los conflictos armados abiertos en Siria o Irak han centrado la atención de la comunidad internacional debido, sobre todo, al elevado número de personas refugiadas que han llegado a Europa. Mientras las miradas están centradas en la guerra de Siria y en los refugiados procedentes de este país, en América Central hay también situaciones merecedoras de protección internacional que pasan más desapercibidas.

La situación de violencia que viven algunos países de América Latina ha provocado que miles de personas se vean forzadas a abandonar sus hogares y, en muchos casos, sus países de origen. La región de Honduras, Guatemala y El Salvador, también conocida como el Triángulo Norte de Centroamérica, es una de las zonas más conflictivas del mundo.

Según datos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la violencia y la inseguridad son factores clave para explicar el desplazamiento forzado en El Salvador, Honduras y Guatemala.

Las familias desplazadas tienen más dificultades para cubrir necesidades básicas como vivienda, educación, salud y acceso a empleos formales[1]. En 2015, 110.000 personas huyeron de la región centroamericana y buscaron asilo en el extranjero, siendo esta cifra cinco veces superior a la de 2011. En El Salvador, la tasa de homicidios de mujeres aumentó un 60% entre 2008 y 2015 y, en Honduras, durante el mismo periodo, aumentó un 37%. En el caso de Guatemala, el desplazamiento de sus habitantes está más relacionado con los altos niveles de desigualdad que sufre el país[2].

La mayoría de las personas procedentes de los países centroamericanos buscan seguridad en México y Estados Unidos, en menor medida, en Belice y Costa Rica. Sin embargo, gran parte de estas personas no obtienen protección internacional. En realidad, según la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, las causas por las que una persona puede ser considerada refugiada están muy tasadas, limitándose a motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas. El hecho de huir de la violencia generalizada puede no considerarse una situación merecedora de protección internacional.

 

Los refugiados en tiempos de la postverdad

Una colaboradora de la Cátedra de Refugiados y Migrantes Forzososo, Valeria Méndez de Vigo, escribe en Cristianisme i Justícia sobre los refugiados en tiempos de la postverdad.

“El término posverdad ha sido la palabra del año 2016 según el diario norteamericano The Time y se refiere a la situación en la cual, a la hora de crear y moldear a la opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. Como ya se ha señalado por diversos autores[1], la posverdad está a la orden del día en relación con las personas refugiadas”.

Te animamos a leer la entrada completa.

Convertirse a los pobres

Hoy queremos compartir las palabras valientes y contundentes de Santiago Agrelo, Arzobispo de Tánger, que nos llegan a través de Comillas Solidaria.

Convertirse a los pobres:

En los alrededores de Ceuta hay emigrantes. No sé cuántos son. Sé que son seres humanos. Sé que no tienen papeles, pero tienen hambre. Sé que no están autorizados a estar donde están, pero tienen derecho a buscarse un futuro para sí mismos y para sus familias. Sé que las autoridades de las naciones los consideran una amenaza, aunque la realidad es que las autoridades son una amenaza para ellos.

El lunes les llevamos alimentos. El martes nos llaman para informar que las fuerzas del orden (ellos dicen “la policía”) se los han quitado.

¿Qué dirían ustedes de una sociedad que persiguiese a hombres, mujeres y niños vulnerables e indefensos –a los que leyes inicuas han hecho ilegales, irregulares, clandestinos-, los acosase como si fuesen alimañas, los persiguiera como si fuesen criminales, los golpease como no se permitiría hacer con los animales, y los cercase para rendirlos por hambre? Se diría que esa sociedad se había deshumanizado, corrompido, embrutecido, envilecido, degenerado.

Pues lo que no hace la sociedad marroquí, acogedora y humana, se nos dice que lo hacen agentes uniformados, miembros de fuerzas del orden del Estado, que entran en el bosque de Beliones, no para apartar de la frontera –de una maldita frontera que Dios no hizo ni quiso ni quiere-, a unos emigrantes, sino para apropiarse de los pocos alimentos que los emigrantes han recibido para subsistir.

¿Qué nombre te das a ti mismo, tú, agente de la autoridad, si te has llevado a tu cuartel o a tu casa lo que un hermano tuyo necesita para vivir? ¿Te has divertido? ¿Te has escondido para que nadie te viese?  ¿Es lo que te han mandado hacer? ¿Lo has hecho por propia iniciativa? ¿Crees que no habrás de dar cuenta al único Dios?

Por si lo hubieses olvidado, te recuerdo lo que dice el Señor de todos, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de Jesús de Nazaret, el Dios de Mohamed: “He visto la opresión de mi pueblo, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos”. Te lo recuerdo por si quieres tener piedad de ti mismo, pues si comes el pan que has quitado a los pobres, estás comiendo tu propia condenación, estás comiendo el bocado que mete en tu cuerpo a Satanás.

Se lo recuerdo al soldado y al oficial que lo manda, al político que fija las normas y a los gobiernos que las ejecutan: Dios ve al opresor y al oprimido, y toma partido por el oprimido.

Tal vez pienses que puedes honrar a Dios y despreciar a los pobres. Un día comparecerás ante él y descubrirás aterrorizado que los pobres eran tan dignos de respeto como Dios.  Aquel día, el Rey, el único Rey, el hermano de los pequeños a quienes hoy robamos el pan, lo creáis o no, nos juzgará y nos condenará, y de nada servirá que le llamemos “Señor”, pues sólo se recordará el pan que le hemos dado o le hemos negado.

“Si no os convertís, todos pereceréis lo mismo”.  A nadie le pediré que se convierta a Dios. Podéis tranquilamente no creer en él. No se os pedirá cuenta de semejante ignorancia. Pero estamos perdidos si no nos convertimos a los pobres. Entonces nuestra suerte estará entre los malditos.

 

Recibiendo refugiados en Sudamérica: los visados para sirios en Argentina y Brasil

Por: Leiza Brumat, becaria de Doctorado de la Universidad Argentina de la Empresa – Consejo Nacional de la Investigaciones Científicas y Técnicas

De los más de cuatro millones de refugiados sirios, sólo unos pocos miles se encuentran en Sudamérica. Sin embargo, en comparación con países mucho más cercanos geográficamente al conflicto, los dos países sudamericanos están recibiendo aún más refugiados.

Argentina es uno de los tres países que cuenta con el mayor “coeficiente de elegibilidad” (junto con Suecia y Canadá), por su alta tasa de aceptación de solicitudes. Desde 2010, ha recibido alrededor de 230 refugiados sirios. En Brasil hay 2097 (otorgó más de 8000 visados, pero muchas personas aún no se trasladaron al país), lo que lo convierte en el principal receptor de estos refugiados en América Latina.

Dicha receptividad es resultado de los programas especiales de visado implementados por estos países ante la crisis humanitaria en Siria, y son producto del desarrollo de políticas de inmigración y asilo en las últimas décadas.

Las migraciones tienen una gran importancia para la identidad e historia de Argentina y Brasil. Sus Constituciones Nacionales consagran la igualdad entre nacionales y extranjeros (con excepción de los derechos políticos). Los dos han ratificado y dado rango constitucional a casi todos los tratados de DDHH de Naciones Unidas.

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Khalil, la historia de un Refugiado.

París y Kobane

Por Cristina Manzanedo,  Servicio Jesuita a Migrantes.

Enero de 2015: Tropas kurdas liberan la ciudad siria de Kobane, en manos del ISIS.

Khalil tiene 34 años, está casado y tiene dos hijas de 4 y 2 años. Es refugiado kurdo y vivía en la ciudad de Kobane, al norte de Siria. Ayer nos encontramos en mi casa y tomamos un café juntos. Estaba muy abatido y conmocionado por los atentados de París y quería contarme que él conocía de primera mano la violencia de Daesh (nombre árabe de ISIS). “París y Kobane, somos uno”, “Estamos juntos en esta lucha, París y Kobane”, repetía.

Yo no le entendí muy bien pero era patente su deseo de explicarme que él también había experimentado la violencia de Daesh. En un momento dado, sacó su teléfono móvil y me pidió que mirase unas fotos, de una violencia difícil de describir. Eran fotos de Kobane, de sus vecinos, de su familia, muertos. En silencio, vimos juntos muchas fotos de civiles asesinados por las calles, en las casas, amontonados en cualquier sitio, la ciudad ardiendo. “Daesh …” decía mientras pasaba las imágenes …. Khalil es musulmán pero llama hipócritas a los musulmanes que matan mujeres, niños y civiles indiscriminadamente.

Khalil comenzó a llorar, un llanto callado, contenido. Lloramos juntos, abrazados, por las víctimas de París, por las víctimas de Kobane, por sus familias, por la brutalidad de la violencia.

Khalil está ahora solo en Madrid, la guerra ha separado a su familia, sus hermanos están en Alemania y Suecia, sus padres, su mujer y sus hijas en Turquía. Khalil y su familia aspiran a encontrar un sitio seguro donde poder rehacer su vida. No lo van a tener fácil. Él ha entrado a Europa por España y las normas de reparto europeas (el sistema Dublín) le obligan a permanecer a España. Pero él no quiere ni oír hablar de esta posibilidad. Entró por Melilla y ha sufrido mucho durante su estancia allí. Además, el deseo de reunirse con su familia se impone a las normas legales europeas.

Oyendo a Khalil me doy cuenta de nuestra ignorancia, de que apenas sabemos nada de esas otras víctimas que tratan de llegar a Europa buscando protección. Yo no sabía nada de Kobane, miro en internet y veo que hay bastante información. Khalil, sin embargo, me ha abierto los ojos y me ayuda a ampliar mi mirada y comprender mejor este problema internacional.

Cuando terminamos el café, me enseña otras fotos, las de sus hijas antes de abandonar Kobane, antes de la guerra. Muestran unas criaturas alegres, sanas, bien vestidas, riéndose, podían ser nuestras hijas. La separación de ellas le vuelve a emocionar profundamente, aspira a reunirse de nuevo con su familia, tener salud, éxito en la vida y, cuando parece que ya ha terminado, baja los ojos y añade que necesitamos y desea para todos un futuro de paz y reconciliación. Su deseo me conmueve profundamente y me uno a él en esa esperanza de que la brutalidad no sea el fin de esta historia sino un futuro de compasión y cuidado mutuo entre los seres humanos.