Archivo de la categoría: Cátedra de Refugiados y Migrantes Forzosos

Acompañar, aprender y crecer

Γεια σας!

Ya estamos en la recta final de esta experiencia. Desde la última vez que escribí el blog de la Cátedra han pasado muchas cosas, ¡no me puedo creer que ya haya llegado el final de mayo!

Como decía, estos meses han sido más intensos todavía, con mucho trabajo y aprendizaje. A principios de año recibimos muchos voluntarios de corta duración, por lo que pudimos comenzar varios talleres en el Women’s Day Center (pintura, joyería) y llevar a cabo algunas tareas que teníamos pendientes y aprovechar todas las manos disponibles (limpiar Magazi de arriba a abajo y quitar la pintura de las ventanas, una tarea larga y tediosa pero muy necesaria). Fueron unos meses divertidos, donde cada persona utilizó su potencial para ofrecer algo positivo a los beneficiarios.

A partir de marzo la cosa se puso más difícil, nos despedimos de nuestros nuevos amigos y amigas y continuamos sacando lo mejor de nosotras mismas aun siendo la mitad de gente. Seguimos atendiendo a muchísimas personas en los programas, y eso requiere de un gran esfuerzo, compromiso y comunicación por parte de todo el equipo. En marzo también tuvimos la oportunidad de organizar una formación de dos días sobre salud mental y apoyo psicosocial (MHPSS) con algunas colegas de JRS International y otras ONGs de Atenas, que fue muy interesante.

En abril recibimos la visita de Alberto Ares (director de JRS Europe y antiguo director del instituto que acoge esta Cátedra) y Christoph Klotz (coordinador de fundraising en JRS Europe). Durante su visita tuvimos la oportunidad de reunirnos con todo el equipo, recibir feedback e intercambiar experiencias muy valiosas.

En mayo celebramos el 15.º aniversario de nuestro programa más longevo, el centro Pedro Arrupe. Este programa reúne cada tarde a más de 160 niños y niñas de varias nacionalidades, con el objetivo de ayudarles a superar las barreras del idioma, ayudarles con los deberes y acompañarles en su proceso de desarrollo personal. Fue una tarde de celebración llena de momentos emotivos, obras de teatro, canciones, discursos, regalos, comida y bebida.

Y llegamos al momento actual. Pese a que mi experiencia como becaria de la Cátedra está a punto de terminar, mi camino no acaba todavía. Ya he comenzado una nueva etapa llena de responsabilidades y oportunidades de crecimiento como Project Manager en JRS Greece, cubriendo la baja de maternidad de nuestra querida Natasha. Me comprometo a cuidar de los

programas tanto como lo hace ella y a disfrutar de esta gran oportunidad que me están dando, y que no habría sido posible sin la beca en terreno de la Cátedra.

Ha sido un camino difícil y bonito, pero que me ha preparado para este momento. Quiero agradecer de nuevo a la Cátedra por la oportunidad de vivir esta gran experiencia, y animar a las personas que se gradúen en el futuro del máster a que postulen a esta beca, porque el trabajo que hace JRS es muy necesario y es un gran privilegio poder vivirlo en primera persona.

Λοιπόν, σας αποχαιρετώ, να είστε καλά!!!!

La experiencia de aprender desde lo humano

Han pasado ya varios meses desde que comencé este periodo y no puedo estar más agradecida con la experiencia que estoy viviendo. Lo que empezó como una etapa de aprendizaje se ha ido transformando, poco a poco, en algo mucho más profundo: un espacio en el que crecer, cuestionarme y reafirmar el camino que quiero seguir dentro del ámbito de la defensa de los derechos de las personas migrantes. Desde el primer momento, mis compañeros me acogieron con muchísima cercanía y calidez, por lo que hicieron todo mucho más fácil para mí. Siento que este espacio es como un nuevo hogar, en el que en todo momento me siento acompañada. Durante estos últimos meses he estado más centrada en el área de proyectos, lo que me ha permitido acercarme de manera más directa a los procesos que hay detrás de la intervención social que llevan a cabo las distintas obras que componen la red de SJM en toda España.

Pero, más allá de lo técnico, si algo está marcando esta experiencia es el contacto humano. Para mí ha sido especialmente significativo poder formar parte de los diversos talleres que hemos realizado con motivo del Día de la Mujer, en conjunto con las demás obras. Estos espacios han sido mucho más que actividades: han sido lugares de encuentro, de escucha y de reconocimiento. En ellos he tenido la oportunidad de compartir espacio con mujeres maravillosas, y ha sido profundamente valioso poder escuchar sus historias de superación personal. Historias atravesadas por dificultades, migraciones, incertidumbres… pero también por una enorme fortaleza, resiliencia y capacidad de seguir adelante.

Escucharlas me ha hecho reflexionar sobre el verdadero sentido de nuestro trabajo y sobre la importancia de poner siempre a las personas en el centro. Cada día en el SJM es una oportunidad para aprender algo nuevo: de mis compañeras y compañeros, de los procesos, pero sobre todo de las personas a las que acompañamos. Poco a poco voy entendiendo mejor la complejidad de la movilidad humana, los retos que implica y también el enorme valor del acompañamiento cercano y comprometido. Hoy puedo decir que esta experiencia no solo me está formando como profesional, sino también como persona. Me está ayudando a construir una mirada más crítica, más humana y más consciente del mundo que habitamos. No quiero terminar sin agradecer al equipo del Servicio Jesuita a Migrantes por su acompañamiento constante y por hacerme sentir parte desde el primer día. También a la Cátedra y a todas las personas que hacen posible este tipo de experiencias, que sin duda dejan una huella profunda en las personas. Sigo caminando este proceso con mucha ilusión, ganas de seguir aprendiendo y el compromiso de aportar, poco a poco, mi granito de arena.

De la teoría al terreno: mi experiencia con JRS en Colombia

¡Hola de nuevo!

Escribo después de varios meses desde mi último post, en un momento en el que me siento mucho más situada, adaptada y consciente del contexto en el que estoy viviendo. Colombia ya no es solo el país al que llegué con expectativas y nervios, sino un espacio cotidiano que poco a poco se ha ido volviendo familiar. Mis compañeros de trabajo se han convertido en amigos, y la oficina, entre reuniones, cafés improvisados y pilas de documentos, se ha transformado también en una especie de hogar. Han sido meses intensos, llenos de trabajo, aprendizajes y cambios constantes. Cambios que nos han exigido adaptarnos rápidamente, reorganizar prioridades y dar lo mejor de nosotras mismas en un contexto institucional y humanitario que no deja de transformarse.

Uno de los acontecimientos que más ha marcado este periodo ha sido lo ocurrido con USAID, que ha tenido un impacto directo en la financiación de varios proyectos. Esto nos ha obligado a buscar de manera mucho más activa nuevas fuentes de financiación. En mi caso, una de mis principales funciones ha sido mapear potenciales donantes, organizar calendarios de convocatorias y explorar las políticas exteriores de distintos países para identificar oportunidades de cooperación. Este trabajo me ha permitido comprender de forma muy concreta cómo se sostiene el trabajo humanitario en la práctica, y cómo las decisiones políticas globales tienen efectos directos en el terreno.

Paralelamente, estoy trabajando en el programa de hospitalidad y reconciliación, un área que me ha permitido acercarme de manera más directa a la realidad de las personas desplazadas por la violencia. Junto con mis compañeras, hemos reflexionado sobre el poder de la hospitalidad como herramienta de transformación social y sobre cómo acompañar a las comunidades desde un enfoque sensible, participativo y contextualizado. Es un proceso muy enriquecedor, pero también desafiante, porque implica cuestionar nuestras propias formas de entender el acompañamiento y la intervención.

Además, estoy apoyando el área de educación, donde estamos desarrollando herramientas y materiales para trabajar con jóvenes en temas educativos. Este trabajo combina contenidos pedagógicos con enfoques de derechos humanos, convivencia y construcción de paz, y me ha permitido explorar la intersección entre educación, reconciliación y prevención de violencias. También estoy a la espera de participar en la formulación de un proyecto, algo que me genera mucha ilusión porque implica pasar de la teoría a la práctica en el diseño de intervenciones concretas.

A nivel interno, la organización también ha atravesado cambios estructurales. Han llegado cajas y más cajas de materiales, nuevos recursos, documentos y equipos…y hemos tenido que reorganizar la oficina colectivamente ¡porque no cabemos! Puede parecer un detalle menor, pero estos momentos reflejan muy bien la dimensión logística del trabajo en terreno y la importancia del trabajo en equipo en lo cotidiano, y el cuidado a la casa común a la vez de tener nuestro propio trabajo.

Pero no todo es oficina. Parte fundamental de estas prácticas es también involucrarse en actividades públicas y simbólicas que apoyan nuestro trabajo. Una de las experiencias más enriquecedoras que he vivido fue asistir al Día de las Manos Rojas, una jornada de sensibilización contra el reclutamiento de niños y niñas en el conflicto armado. Fue un evento muy potente, tanto a nivel emocional como político, que me permitió dimensionar de otra manera la gravedad de esta problemática. El reclutamiento infantil sigue siendo una realidad alarmante en Colombia. Algunas cifras son especialmente difíciles de ignorar:

· El reclutamiento de menores ha aumentado un 300 % en los últimos cinco años, según casos verificados por Naciones Unidas y UNICEF.

· En promedio, un niño o niña es reclutado cada 20 horas por grupos armados.

· Más de 1.200 menores han sido reclutados entre 2019 y 2024, aunque se estima que la cifra real es mayor debido al subregistro y a la dificultad de acceso a ciertas zonas.

Desde JRS trabajamos en la prevención y atención de esta problemática, y aunque el desafío es enorme, mantener la esperanza y el compromiso es parte esencial de nuestro trabajo.

El tiempo aquí pasa muy rápido. A veces siento que los días se multiplican entre reuniones, lecturas, tareas y aprendizajes, pero al mismo tiempo soy muy consciente de todo lo que estoy absorbiendo. Cada semana me siento un poco más formada, un poco más crítica y un poco más consciente de la complejidad del trabajo humanitario. Quiero seguir aprendiendo, creciendo y construyendo una práctica profesional más ética, reflexiva y comprometida con la justicia social.

Seguimos.

¡Hasta pronto!