Han pasado ya varios meses desde que comencé este periodo y no puedo estar más agradecida con la experiencia que estoy viviendo. Lo que empezó como una etapa de aprendizaje se ha ido transformando, poco a poco, en algo mucho más profundo: un espacio en el que crecer, cuestionarme y reafirmar el camino que quiero seguir dentro del ámbito de la defensa de los derechos de las personas migrantes. Desde el primer momento, mis compañeros me acogieron con muchísima cercanía y calidez, por lo que hicieron todo mucho más fácil para mí. Siento que este espacio es como un nuevo hogar, en el que en todo momento me siento acompañada. Durante estos últimos meses he estado más centrada en el área de proyectos, lo que me ha permitido acercarme de manera más directa a los procesos que hay detrás de la intervención social que llevan a cabo las distintas obras que componen la red de SJM en toda España.
Pero, más allá de lo técnico, si algo está marcando esta experiencia es el contacto humano. Para mí ha sido especialmente significativo poder formar parte de los diversos talleres que hemos realizado con motivo del Día de la Mujer, en conjunto con las demás obras. Estos espacios han sido mucho más que actividades: han sido lugares de encuentro, de escucha y de reconocimiento. En ellos he tenido la oportunidad de compartir espacio con mujeres maravillosas, y ha sido profundamente valioso poder escuchar sus historias de superación personal. Historias atravesadas por dificultades, migraciones, incertidumbres… pero también por una enorme fortaleza, resiliencia y capacidad de seguir adelante.
Escucharlas me ha hecho reflexionar sobre el verdadero sentido de nuestro trabajo y sobre la importancia de poner siempre a las personas en el centro. Cada día en el SJM es una oportunidad para aprender algo nuevo: de mis compañeras y compañeros, de los procesos, pero sobre todo de las personas a las que acompañamos. Poco a poco voy entendiendo mejor la complejidad de la movilidad humana, los retos que implica y también el enorme valor del acompañamiento cercano y comprometido. Hoy puedo decir que esta experiencia no solo me está formando como profesional, sino también como persona. Me está ayudando a construir una mirada más crítica, más humana y más consciente del mundo que habitamos. No quiero terminar sin agradecer al equipo del Servicio Jesuita a Migrantes por su acompañamiento constante y por hacerme sentir parte desde el primer día. También a la Cátedra y a todas las personas que hacen posible este tipo de experiencias, que sin duda dejan una huella profunda en las personas. Sigo caminando este proceso con mucha ilusión, ganas de seguir aprendiendo y el compromiso de aportar, poco a poco, mi granito de arena.