Entramos para aprender, salimos para servir. Por Noelia del Olmo

Soy Noelia, ¡encantada de conocerte! Tengo 30 años, y hace ya 3 que decidí dar un vuelco a mi carrera profesional para cumplir mi sueño y trabajar en el ámbito social. Así fue como llegué al Máster Universitario de Cooperación Internacional al Desarrollo de Comillas. Tras dos años de experiencia como técnico de proyectos de ONG en varias entidades, he vuelto a la que fue mi casa durante las prácticas del máster, la Cátedra de Refugiados y Migrantes Forzosos, para embarcarme en una nueva aventura: trabajar en terreno con JRS Grecia.

Entré en la Cátedra para aprender, y conocer más en profundidad una realidad que desconocía: la de las personas migrantes y refugiadas, y los desafíos y retos a los que este colectivo se enfrenta a lo largo y ancho del mundo. El trabajo de investigación y formación que se realiza es fundamental para sensibilizar sobre la materia, y desde el departamento de Comunicación tuve la oportunidad de poner mi granito de arena en la difusión de un conocimiento necesario para comprender más y acompañar mejor en los procesos de asilo e integración a aquellas personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares y migrar.

Y ahora, salgo para servir. En este caso, como asistente en el departamento de Comunicación, advocacy y proyectos de la oficina del JRS en Atenas. Mi función es dar soporte en la gestión de nuestras vías de comunicación externas (redes sociales, reportes, etc.) difundiendo información relevante sobre las actividades que realizamos; participar en los grupos de trabajo de defensa de los derechos de personas refugiadas y vulnerables en Atenas y en Grecia, junto con otras ONGs; y por último dar soporte en la gestión técnica de los proyectos de la entidad, principalmente en la presentación de convocatorias, y seguimiento y justificación para las entidades donantes.

Sólo ha pasado un mes desde mi incorporación, y aún me queda mucho que aprender. Pero desde el primer día, he de confesar que me siento en familia. El equipo de la oficina es pequeño, pero siempre dedican tiempo y atención a mis dudas y las tareas que hago. El personal de los proyectos ha compartido conmigo su pasión por aquello que llevan a cabo, ya sean proyectos educativos (como el centro Padre Arrupe o Magistories) o asistencia social (Woman Day Center). Los voluntarios y voluntarias me han recibido con los brazos abiertos, y me han hecho parte de las actividades que realizan: Magazi, una tienda gratuita de bienes de segunda mano para refugiados, y las visitas a Victoria Square, punto de encuentro de la comunidad migrante en Atenas, a la que acudimos cada tarde para jugar y acompañar a las familias. De momento, lo que más aprecio del trabajo en terreno es poder estar cerca de nuestros beneficiarios y beneficiarias, conocerlos y atenderlos. Poder poner nombre, rostro e historia a las personas sobre las que impactan aquello que haces en la oficina llena de sentido la labor que realizamos. Personalmente, a mí me llena de energía para dar lo mejor de mí cada día, y aprovechar al máximo estos ocho meses que quedan por delante.

Al abrigo de estas palabras de San Ignacio de Loyola comienzo mi viaje, el cual estoy segura será una gran oportunidad profesional y personal para crecer. Muchas gracias por compartir conmigo esta experiencia a través de la lectura. Te invito a que vivamos juntos cómo evoluciona (y evoluciono) en los próximos meses…

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