La crisis de los Refugiados y Migrantes desde la experiencia del JRS Roma

“Refugiados en Europa: la respuesta del Servicio Jesuita a
Refugiados”
Por: Amaya Válcarcel – Servicio Jesuita a Refugiados Roma

El recorrido de los 700.000 refugiados sirios, afganos, iraquíes, paquistaníes y eritreos en lo que va de 2015 hasta llegar a Alemania, Suecia o allí donde haya un gobierno dispuesto a acogerlos, nos ha de remitir a las causas de su persecución y a las obligaciones
internacionales de los estados a los que llegan de protegerles.

Junto a ellos están los emigrantes del Sahel y África Occidental que desde hace décadas desembarcan en las costas de Italia y España. En lo que va de año, 3.000 han muerto en el Mediterráneo, 30.000 desde 2000. Escapan de la persecución de la pobreza y, para la
Iglesia católica, la definición de refugiado también incluye esta causa.

El debate migratorio está monopolizado por los mitos -el temor a una invasión, encima islámica, a que se diluyan identidades nacionales y a los problemas de seguridad- y el miedo -a la precariedad laboral, a la competencia por servicios de educación y salud. Tras incontables reuniones del Consejo Europeo, de los ministros de Interior y de Asuntos Exteriores, la Unión Europea ha sido incapaz de alcanzar un acuerdo para responder en
común al mayor reto de su historia.

Refugiados sirios
Refugiados sirios en la frontera entre Macedonia y Grecia (Foto: JRS South East Europe)

Como Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) hace tiempo que veíamos venir esta crisis en Europa. Lo primero que debemos hacer es ponerla en perspectiva global: son números altos pero si miramos el número de refugiados y desplazados que hay en el mundo
proporcionalmente no lo son. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en el mundo hay 59,5 millones entre refugiados y desplazados forzosos. El número total de inmigrantes en todo el planeta supera los 230 millones.
Esta crisis no es una crisis de refugiados, sino una crisis de conflictos, de destrucción, de bombardeos y, sobre todo, una crisis de voluntad política.

El JRS está presente en Europa desde hace muchísimos años y hay que recordar que en Europa hay una población refugiada invisible, que no está reconocida como refugiada por la interpretación tan restrictiva que se hace del concepto de refugio, y además
tenemos estos nuevos refugiados que están llegando a Europa.
Nosotros hemos dado una respuesta en los países de primera llegada, en Grecia, Serbia, Macedonia… hemos desarrollado un sistema de acogida y de respuesta de emergencia, y
luego trabajamos también en los países de acogida (Alemania, Suecia, etc.), donde llevamos a cabo un acompañamiento para los procesos de solicitud de asilo y otras cuestiones legales, así como medidas que favorezcan la integración social para que las
personas tengan acceso a una educación, a formación profesional, al mercado de trabajo… y ponerlas en contacto con otras organizaciones que hay en el terreno.

Desde el JRS y junto con otras organizaciones europeas nuestro mensaje principal a los gobiernos europeos es que estos refugiados necesitan llegar a Europa de una manera legal y segura, mediante la urgente puesta en marcha de una serie de mecanismos de
entrada legal:

1. Un sistema de visados humanitarios: es decir, que una persona que huye de Siria pueda tener acceso en el consulado eg. Italiano o sueco en Beirut y pueda pedir un visado para viajar con garantías en un barco o en un avión con total seguridad.

2. Cuotas de reasentamiento con números más altos, esto es, que los países europeos amplíen la cifra de personas refugiadas que están dispuestas a recibir desde los países de primera acogida y que están al límite de sus capacidades (Jordania, Líbano, Turquía).

3. Que la reunificación familiar se entienda de una manera más amplia, es decir, que las personas que salen de países en conflicto puedan reunirse con sus familiares pero no solamente padres, madres o hijos, sino también con primos, tíos, abuelos… Ya que, la
reunificación familiar garantiza en mayor medida la integración de las personas refugiadas.

4. Y, finalmente, que haya una flexibilización en la obtención de visados: que las personas que solicitan visados no tengan que esperar meses o incluso años para obtenerlos sino que el sistema sea más flexible y más ágil. Y esto es posible porque hay una directiva europea del 2001 que indica que ha de ponerse en marcha un sistema especial de gestión de visados en caso de flujos masivos para que las personas puedan tener acceso de forma lo más inmediata posible a viajar de forma segura.

Por último, es importante recordar los principios internacionales a los que Europa se ha comprometido. Los refugiados tienen absoluta legitimidad para entrar en nuestros países. Se trata de personas que no tienen otra alternativa que buscar asilo y debemos permitírselo de una manera segura y digna.  Han de tener, por derecho internacional, acceso a un sistema de asilo que les permita
vivir de forma segura en un país. Sin embargo, esto no se está cumpliendo y la respuesta de Europa está siendo de una especie de “amnesia de derecho internacional” porque, si un país ha firmado la Convención de Ginebra de 1951, lo que no puede hacer es poner un
muro –Hungría- porque eso quiere decir que está violando el principio fundamental de no rechazo (non refoulement). No se puede denegar la entrada a una persona que necesita protección internacional. Además, se está violando el principio de no penalizar
la “entrada ilegal”; en el artículo 31 de la Convención de Ginebra dice que no se puede penalizar a una persona que haya entrado ilegalmente a un país si está necesitada de protección internacional.

La UE necesita recomponer con urgencia un sistema migratorio y de acogida que tenga en cuenta consideraciones demográficas, laborales y de derechos humanos. Desplazar el enfoque de la seguridad a la prosperidad. Si el impulso debe venir de la política, será imprescindible la participación de las empresas, ONG, comunidad académica y todos los sectores sociales que tienen algo que decir sobre la cuestión migratoria. Como las grandes
transformaciones políticas, requerirá un cambio de narrativa que ilusione a la opinión pública.

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