Pensar la pandemia

La pandemia de la COVID-19 se está manifestando como un hecho singular, excepcional y totalizante. Aunque no es la primera ni será la última pandemia, la COVID-19 es un fenómeno sanitario, político y económico singular. Pueden ser comparables los datos epidemiológicos y las tasas de mortalidad con otras pandemias, pero la conjunción de hiperglobalización, intensa digitalización del mundo e impacto económico global la convierten en un fenómeno singular. Por otro lado, para hacer frente a la pandemia se han tomado medidas poco habituales, que nos han hecho vivir en un auténtico tiempo de excepción. Medidas políticas controvertidas, bajo el discutido estado de alarma, que han supuesto limitaciones amplísimas a la libertad. Para controlar la pandemia hemos aceptado, y en cierta medida reclamado, un estado de excepción democrática en muchos ámbitos de nuestra vida. Por último, la pandemia se ha presentado como un hecho social total, en el sentido de Mauss, porque ha afectado a todas las dimensiones de nuestro existir. La pandemia es un fenómeno social disruptivo que impacta más allá del ámbito sanitario para transformar la economía, las relaciones laborales, la forma de comunicarnos, las instituciones de gobierno, las cosmovisiones morales, las creencias y prácticas religiosas, el sentido de nuestro ocio, etc.

Tras la pandemia, ¿el mundo de ayer o el mundo de mañana?

Todavía seguimos aturdidos y conmocionados por el impacto de la pandemia causada por el virus SARS-CoV-2, del que seguimos sin saber cuál es su origen. Ambos, virus y pandemia, nos han provocado múltiples fatigas, tanto individual como socialmente, que nos afectan más de lo que imaginábamos al comienzo de este tiempo de excepcionalidades. Necesitaremos unas cuantas décadas para explicar y entender lo que todavía estamos viviendo.

Abandono educativo, bienestar emocional y pandemia

Los indicadores educativos en España están mejorando. Aun así, continuamos a la zaga en la UE y nuestra mejora relativa es escasa. A todos los problemas, amplios y variados ‒y aunque no muy diferentes a los de otros países europeos, sí más exacerbados‒, se ha añadido la pandemia. Entre estas dificultades, el principal problema de la educación española sigue siendo la elevada tasa de abandono. La tasa de abandono temprano de la educación y formación en España fue del 16% en 2020, último año completo disponible. Una tasa que nos convierte en el segundo país de la UE, después de Malta, con mayor porcentaje de jóvenes entre los 18 y 24 años que no tienen estudios medios (FP Básica, Media o Bachillerato finalizados) y que no sigue realizando ninguna formación.

El impacto de la covid-19 en sanidad

El impacto de la COVID-19 en España es difícil de estimar con exactitud. Esto es cierto, sobre todo para los meses iniciales, cuando no se conocían bien las características de la enfermedad y su transmisión y se produjo una notable infraestimación en la detección de casos y en el registro de fallecidos. No obstante, la combinación de fuentes de información y el incremento del conocimiento sobre la transmisión permiten caracterizar muchos de los aspectos esenciales de la pandemia por COVID-19 en España y en sus comunidades autónomas.

La desigualdad y la pobreza en tiempos de covid-19

En toda la OCDE, ya antes de la pandemia existía una situación en la que, bajo la apariencia de unas sociedades estables, estábamos asistiendo a la erosión de los cimientos de la integración social, laboriosamente construida a partir de la Segunda Guerra Mundial y la expansión del Welfare State, debido al aumento del desempleo, la consolidación de la precariedad, el crecimiento del número de hogares con rentas bajas o muy bajas y el incremento de la desigualdad, la pobreza y la exclusión social en el seno de sociedades ricas y desarrolladas. Todas estas tendencias a incrementar la precariedad y la polarización social, existentes antes de la crisis sanitaria, se han visto intensificadas y desveladas aún más con la llegada de la pandemia.

El futuro de los cuidados de larga duración

La violenta irrupción de la COVID-19 a escala mundial ha trastocado gran parte de las bases estructurales que sustentan la mayoría de las sociedades modernas. En todas ellas el grupo de población constituido por las personas más mayores y, sobre todo, aquellas que viven en situación de dependencia han sufrido las consecuencias más trágicas de esta enfermedad. En el caso de España, decenas de miles de personas que vivían en centros residenciales han fallecido, muchas de ellas en situaciones que ponen de manifiesto la inadecuación de los actuales servicios no solo en cuanto a la protección de la seguridad de las personas, sino también en cuanto a la garantía de sus derechos de ciudadanía y a su calidad de vida. Estos sucesos han visibilizado un sistema de cuidados frágil, poco adaptado a las necesidades actuales de la población en situación de dependencia, tanto en el modelo de apoyos y atenciones que ofrece como en su adecuación a las preferencias y deseos de las personas que lo utilizan.

El sistema autonómico y la crisis sanitaria

La crisis sanitaria causada por la difusión e impacto del virus de la COVID-19 ha originado una situación excepcional en la historia social española de los últimos decenios, que ha afectado de manera hasta ahora desconocida a la vida y actitudes de los ciudadanos y al comportamiento social e institucional de todo el país. A falta de referentes anteriores, la crisis sanitaria actual se desarrolla en un contexto peculiar, con determinadas características que marcan la complejidad de su gestión y señalan un camino de incertidumbres.

La economía española ante la covid-19

España ha sufrido con especial crudeza la crisis social y económica que se ha generado como consecuencia de la pandemia generada por el coronavirus COVID-19. Si bien es verdad que ha sido una crisis mundial y que ha afectado a todos los países, aquí han coincidido una serie de factores que han acentuado los efectos y que merecen una seria reflexión con vistas al futuro.