Acoso escolar: el precio de ser diferente

uan tiene una vida marcada por el acoso. El primer recuerdo asociado al mismo lo ubica a los cuatro años en una mesa de plástica: “Alfredo, el típico niño bueno de la clase, se dedicaba a romper las pinturas de cera y luego levantaba la mano para decirle a la profesora que había sido yo. Cuando reclamaba mi inocencia, todos apoyaban a Alfredo, el líder”. La anécdota inocente se fue tornando cruel y en Primaria la situación se complicó: “Al ser distinto me insultaban, yo no les contestaba porque muchas veces no me daba ni cuenta. Tengo síndrome de Asperger y entiendo solo lo literal, no distingo la ironía ni el sarcasmo”.
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  Fuente: El País

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