{"id":2142,"date":"2015-05-13T13:46:01","date_gmt":"2015-05-13T11:46:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.informe-espana.es\/?p=2103"},"modified":"2015-05-13T13:46:01","modified_gmt":"2015-05-13T11:46:01","slug":"sabemos-lo-que-nos-pasa-en-espana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/informeespana\/2015\/05\/13\/sabemos-lo-que-nos-pasa-en-espana\/","title":{"rendered":"\u00bfSabemos lo que nos pasa en Espa\u00f1a?"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_2104\" aria-describedby=\"caption-attachment-2104\" style=\"width: 490px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/www.informe-espana.es\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/11327967516_c4d4211aa8.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2104 size-full\" src=\"http:\/\/www.informe-espana.es\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/11327967516_c4d4211aa8.jpg\" alt=\"\u00bfSabemos lo que nos pasa en Espa\u00f1a? - Informe Espa\u00f1a 2014 - Fundaci\u00f3n Encuentro\" width=\"500\" height=\"333\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-2104\" class=\"wp-caption-text\">Photo credit: <a href=\"https:\/\/www.flickr.com\/photos\/saaste\/11327967516\/\">saaste<\/a> \/ <a href=\"http:\/\/hamptonpatiofurniture.com\">Hampton Patio<\/a> \/ <a href=\"http:\/\/creativecommons.org\/licenses\/by-nc-sa\/2.0\/\">CC BY-NC-SA<\/a><\/figcaption><\/figure>\n<p>Lo que ahora sucede es fruto de cambios que hemos padecido sin llegar muchas veces a confirmar nuestro deseo de vivir juntos. Es bueno y necesario analizar las estad\u00edsticas y seguir con precisi\u00f3n los indicadores sociales. Pero el conocimiento de estos datos tiene que servir por lo menos para examinar y, en el mejor de los casos, reforzar, el prop\u00f3sito de vivir juntos. Si fu\u00e9ramos capaces de conocer las causas y los procesos de esos cambios, una sociedad democr\u00e1tica ser\u00eda capaz de pilotarse a s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Los espa\u00f1oles necesitamos narradores objetivos de los procesos sociales que estamos experimentando sin conocerlos. Hay que aprender a narrar seria y objetivamente los procesos sociales, porque es la \u00fanica manera de llegar a conducirlos.<\/p>\n<p>Dif\u00edcilmente llegaremos a sentirnos responsables de aquello que no reconocemos como producto de nuestras propias actuaciones. Da la penosa impresi\u00f3n de que los grupos pol\u00edticos tienen como principio irrenunciable la defensa de sus propios intereses partidistas. El consenso parece significar para ellos una debilidad o una concesi\u00f3n a la vista del siguiente encuentro electoral.<\/p>\n<p>Tampoco parece que podamos enterarnos por los medios de comunicaci\u00f3n de la verdadera posici\u00f3n de un partido respecto a un determinado problema pol\u00edtico. La direcci\u00f3n del partido determina absolutamente la estrategia informativa que han de observar todos y cada uno de los miembros de la organizaci\u00f3n ante la opini\u00f3n p\u00fablica. \u00bfEs justa esta restricci\u00f3n de la libertad de expresi\u00f3n de los miembros de un partido democr\u00e1tico? No parece inteligente montar campa\u00f1as de descr\u00e9dito, cuando lo que les interesa a una y otra parte es el debate constructivo. \u00bfHemos llegado a creernos que los partidos de la oposici\u00f3n no tienen otra misi\u00f3n que la de desacreditar a los que gobiernan? \u00bfPuede creerse alguien que el criterio para juzgar un discurso parlamentario sea el emplazamiento del esca\u00f1o del orador?<\/p>\n<p>Rara vez el Parlamento nos ofrece un proyecto pol\u00edtico global que incorpore las opiniones de la oposici\u00f3n, como si el consenso da\u00f1ara los votos de la oposici\u00f3n. No se suele aceptar la pr\u00e1ctica m\u00e1s inteligente del debate p\u00fablico, que sabe incorporar al texto definitivo de la ley las advertencias mejor pensadas, aunque provengan de la oposici\u00f3n. La pol\u00edtica espa\u00f1ola muestra signos inequ\u00edvocos de debilidad y hasta de frustraci\u00f3n y descomposici\u00f3n. Este r\u00edgido monopolio de los proyectos partidistas hace pr\u00e1cticamente imposible el enriquecimiento ideol\u00f3gico. Nada m\u00e1s opuesto a la verdadera democracia. En el frontispicio de las sedes centrales de los partidos pol\u00edticos, y especialmente en el de las Cortes Generales, a la manera de la academia plat\u00f3nica, deber\u00eda figurar la siguiente inscripci\u00f3n: \u201cNadie entre aqu\u00ed que no sepa dialogar\u201d.<\/p>\n<p>Tampoco parece que las tertulias puedan salir en auxilio de esta ocultaci\u00f3n manifiesta de los entresijos de una determinada posici\u00f3n pol\u00edtica partidista. Esta conducta casi general de los partidos promueve manifiestamente la desconfianza del ciudadano medio, que luego es llamado a opinar sobre los candidatos electorales.<\/p>\n<p>Comienzan a o\u00edrse voces a favor de la reforma o el cambio. Andr\u00e9s Ortega Klein dedica un ensayo a \u201crecomponer la democracia\u201d. \u00c9l mismo se refiere a una operaci\u00f3n complicada mucho m\u00e1s dif\u00edcil que la de volver a ajustar las piezas de un reloj. El futuro inmediato es ya nuestro mayor desaf\u00edo. Ciertamente, no es una simple modificaci\u00f3n del texto constitucional. Estamos ante un cambio de \u00e9poca. No se tratar\u00eda, por tanto, de reproducir a la letra todas las ideas de la transici\u00f3n, sino de ajustarlas a lo que pide la nueva \u00e9poca. Para ello ser\u00e1 necesario que los responsables de los partidos pol\u00edticos y todos los elegidos por el pueblo piensen y act\u00faen verdaderamente como dem\u00f3cratas.<\/p>\n<p>Seguimos recordando aquella advertencia frecuente de Jos\u00e9 Luis Aranguren: no puede haber verdadera democracia sin dem\u00f3cratas. \u00c9sta es, a nuestro juicio, la tarea principal del momento que vivimos. Compete no solamente a los gobernantes y los miembros ejecutivos de los partidos pol\u00edticos.<\/p>\n<p>Existen razones de peso para acelerar la transformaci\u00f3n de la acci\u00f3n pol\u00edtica en Espa\u00f1a. La experiencia de estas tres largas d\u00e9cadas ha descubierto no pocas zonas de insensibilidad pol\u00edtica. Las alarmas no sonaron a tiempo en el mundo de la econom\u00eda y del di\u00e1logo pol\u00edtico. La crisis que nos est\u00e1 desolando desde 2008 ha sorprendido aun a los m\u00e1s altos responsables de la vida econ\u00f3mica y de la pol\u00edtica. Nos hemos dedicado a defender cada grupo pol\u00edtico nuestras diversas e interesadas posiciones, sin compartir los riesgos que nos amenazaban a todos. Una vez m\u00e1s ha faltado el di\u00e1logo, la escucha del discurso del adversario. Lo comprobamos casi a diario en el Parlamento.<\/p>\n<p>La autoridad, dentro del partido, no se demuestra tanto con el ejercicio del mando como con la capacidad de di\u00e1logo. Por la carencia de directivos dem\u00f3cratas, los espa\u00f1oles hemos pagado cara nuestra convivencia en grandes per\u00edodos de los siglos XIX y XX. Por falta de respeto a los derechos de los discrepantes tuvimos que padecer una guerra civil de exterminio.<\/p>\n<p>Hoy podemos afirmar que estas tres largas d\u00e9cadas de democracia significan el per\u00edodo m\u00e1s largo y profundo de paz y progreso de nuestra historia moderna. Y aunque la cuesti\u00f3n territorial e identitaria sigue inquiet\u00e1ndonos, el Estado espa\u00f1ol se ha convertido en uno de los m\u00e1s descentralizados de Europa. Basta abrir los ojos para darse cuenta de la celeridad con que se producen los cambios socioculturales en nuestra sociedad.<\/p>\n<p>Urge ampliar el campo de la negociaci\u00f3n. Estas Consideraciones Generales no pretenden concretar qu\u00e9 cambios constitucionales deben presentarse al consenso pol\u00edtico. Pero s\u00ed queremos hacernos eco del impulso popular que no s\u00f3lo est\u00e1 exigiendo una reforma del texto constitucional. Palpita en el ambiente la necesidad de un movimiento ciudadano que responda a las nuevas necesidades de los tiempos actuales. La acci\u00f3n pol\u00edtica no puede estar a merced de impulsos econ\u00f3micos. La sociedad civil espa\u00f1ola no tolera m\u00e1s ciertos comportamientos dudosamente democr\u00e1ticos de nuestras instituciones. Vive indignada con los recortes en el campo de la educaci\u00f3n y de la sanidad. Lamenta especialmente la pasividad del partido gobernante ante las informaciones que saltan a los medios de comunicaci\u00f3n procedentes de las instrucciones judiciales sobre el comportamiento corrupto observado incluso por los miembros m\u00e1s destacados de los partidos pol\u00edticos. A esta exigencia tan justa y tan reiterada de la ciudadan\u00eda s\u00f3lo se puede responder con el castigo de los culpables y con una revisi\u00f3n a fondo de la permisividad de nuestro marco legal. Es, pues, necesario comenzar ya a negociar un consenso sobre los puntos d\u00e9biles de la transparencia pol\u00edtica que puedan haber aparecido en nuestras leyes. Hay que revisar, sin demora, aquellas leyes que deben ser reformadas.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n del consenso pol\u00edtico previo pone a prueba la capacidad dial\u00f3gica de nuestra clase pol\u00edtica. Esta cuesti\u00f3n va a ser decisiva en las pr\u00f3ximas campa\u00f1as electorales. Y aquellos pol\u00edticos que, por miedo o por falsa prudencia, no lleven a la conciencia de sus hipot\u00e9ticos electores la grave necesidad de un nuevo consenso pol\u00edtico deben ser tenidos por incompetentes y descartados de las listas de candidatos a cualquiera de los cargos oficiales.<\/p>\n<p>A este respecto, no deber\u00eda ser necesario recordar que los espa\u00f1oles nos hemos mostrado siempre reacios al di\u00e1logo, es decir, a ser fieles a la raz\u00f3n y a confesarla noblemente. Padecemos la peste alarmante de convertirlo todo en pol\u00e9mica sin tomar en consideraci\u00f3n las v\u00edas fecundas del di\u00e1logo. Lo comprobamos casi a diario en el Parlamento.<\/p>\n<p>Esta tendencia enfermiza ha sido denunciada constantemente por los m\u00e1s l\u00facidos testigos de la vida pol\u00edtica espa\u00f1ola. Podr\u00edamos citar textos de Antonio Machado, de Eugenio D\u2019Ors, de Jos\u00e9 Ortega y Gasset, de Xavier Zubiri, etc. Basta subrayar el ensayo <em>Ni l\u00f3gica ni dial\u00e9ctica, sino pol\u00e9mica <\/em>de Miguel de Unamuno. Dice as\u00ed: \u201cLa dial\u00e9ctica carece de eficacia y de valor entre la gente espa\u00f1ola, que no sabe ni quiere saber, y si discute y disputa mucho, dialoga \u2013lo que se debe llamar di\u00e1logo\u2013 muy poco\u201d.<\/p>\n<p>En Espa\u00f1a, por lo general, o se discute o se charla. La pol\u00e9mica y las tertulias han asfixiado secularmente entre nosotros el esp\u00edritu de di\u00e1logo. La pol\u00edtica, por desgracia, ha sido frecuentemente asociada a la astucia de los intereses de grupo. De ah\u00ed surge la desconfianza social y la desatenci\u00f3n a las verdaderas cuestiones p\u00fablicas. No es extra\u00f1o que broten los casos de corrupci\u00f3n econ\u00f3mica que demuestran la codicia sorprendente que despierta el dinero p\u00fablico.<\/p>\n<p>A nuestro juicio, urge entablar la negociaci\u00f3n de un nuevo consenso pol\u00edtico. Los principales partidos tienen que asumir esa decisi\u00f3n de conjunto que est\u00e1 pidiendo nuestro presente hist\u00f3rico. Nuestra consideraci\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 de un cambio en el texto constitucional. La sociedad espa\u00f1ola no es ya la de los tiempos de la transici\u00f3n. Y hay que examinar seriamente las nuevas realidades sociales que han ido apareciendo. El pacto social necesario tendr\u00e1 que ir m\u00e1s all\u00e1 de una reforma del texto constitucional y abrirse a las nuevas demandas democr\u00e1ticas.\t\t<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo que ahora sucede es fruto de cambios que hemos padecido sin llegar muchas veces a confirmar nuestro deseo de vivir juntos. 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