“Sobre la norma” por iago pérez santalla

Agradecemos una vez más a nuestro colaborador Iago Pérez Santalla  por su nueva aportación a este blog, con su interesante artículo: “Sobre la norma”

Está claro que una sociedad necesita tener sus normas, establecer un orden y que ese orden sea respetado. La pregunta que nos podemos hacer es ¿qué pasa cuándo esa sociedad sólo acepta como normal lo que está en sus normas? No hablamos de los derechos básicos ni de actitudes que perjudiquen las libertades ajenas. Hablamos de distintas formas de ser y de ver la vida. En este sentido, podemos pensar en distintos colectivos en riesgo de exclusión que lo que realmente están demandando es espacio para desarrollar una forma distinta de vivir, de ser y estar sin renunciar a su propia identidad.

La demanda de estos colectivos se reduce al concepto de diversidad, nada más y nada menos. La diversidad precisa libertad de expresión como motor irrenunciable de desarrollo de un ser único e irrepetible. En este sentido, la excesiva normativización es un lastre en el camino hacia una sociedad diversa; pero, al mismo tiempo, una sociedad diversa necesita establecer sus propias bases para garantizar una convivencia basada en la igualdad de oportunidades, que es la única forma de que las personas consigamos ser realmente libres.

El problema de la norma es convertirse en un canon por el que todo el mundo tiene que pasar. En ese momento deja de ser un garante para convertirse en un elemento de exclusión. ¿Cuál es la línea entre la norma y el canon? Esto es lo difícil de establecer: en qué momento la norma cambia de bando y se vuelve en contra de la libertad individual.

Es necesario una reflexión desde distintas perspectivas que nos ayude a implantar unas normas de convivencia que ninguna parte considere impuestas y que faciliten unos cimientos sobre los que conocernos y tejer igualdad en la diferencia, construyendo esa diferencia como un elemento identitario sobre el que forjar el desarrollo colectivo.

Para que la norma no llegue al canon, tenemos que utilizar el método socio afectivo, comprender la diferencia y dialogar con ella, siendo conscientes de que compartimos un espacio y unos derechos, lo que nos da una oportunidad de conocernos. En esta oportunidad viene otra más grande que es la posibilidad de recrearnos sin perder nada de nuestras respectivas identidades; si no sumando para generar una identidad nueva que nos lleve a construir un futuro común.

La norma tiene que servir para unir, para convivir, para conocer, para aceptar pero nunca puede ser, como está siendo, el sustento de guetos y el argumento para negar derechos. Es necesario que la norma se someta a una deconstrucción continua que la obligue a responder a la realidad histórica de cada momento y también es necesaria una educación crítica que la cuestione obligándola a caminar con la evolución social. Sólo así evitará caer en su propia sectarización, esa que la convierte en canon.

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