“Romper el estigma” por Iago Pérez

Agradecemos a nuestro colaborador Iago Pérez Santalla  por su nueva aportación a este blog, con su interesante artículo: Romper el estigma

Hoy en día, debido a la influencia de las redes sociales, la actuación de cada persona marca las anécdotas del día a día y teje una historia que se perpetúa en la memoria.

La infancia y la adolescencia son un proceso de aprendizaje en el que la equivocación debería ser casi obligatoria. Teniendo en cuenta que es la equivocación la que nos genera competencias actitudinales para la vida. En cambio, no podemos hacer de esa equivocación una sentencia perpetua para la persona y las redes sociales tienen demasiada memoria y una gran facilidad para transformar hechos puntuales en prejuicios.

El hecho de tener una juventud agitada o en la línea entre lo legal y lo ilegal, no conlleva que la persona desarrolle la vida en esa línea; por lo tanto, no podemos construir una sentencia de SER basada en esa línea de juventud. Tenemos que valorar el cambio e impulsar a la persona por el camino correcto.

De acuerdo con este esquema, las comunidades pequeñas tejen dos formas de actuación:

  • La primera es la perspectiva histórica y, en ella, la memoria (infinita en internet) impide valorar los esfuerzos de la persona para su inclusión y aceptación. Se idealiza un recuerdo de maldad o de falsedad que provoca un rechazo hacia esa persona, impidiendo reconocer el cambio.
  • La segunda es la perspectiva actitudinal, en la que percibimos todo lo que la persona ha evolucionado desde su juventud hasta el momento actual, valorando su aprendizaje, sus esfuerzos por conseguir la confianza del entorno y sus aportaciones al mismo. Entonces, el entorno valora el cambio y es capaz de incluirla de modo normalizado a la persona.

Realmente, sabemos que la historia humana es un aprendizaje permanente que tiene en el error su principal fuente de saber. En cambio, no somos capaces de reconocer que erramos y erraremos para desarrollar ese aprendizaje permanente. Por ese motivo, se hace de la historia una forma de condenar y negar el valor de quien es capaz de evolucionar por sí mismo para incluirse en una vida normalizada.

Es fundamental tomar como referencia principal una perspectiva de actitud que utilice la perspectiva de la historia para generar una estima social. Si algo resulta difícil es caminar de la vulnerabilidad o, incluso, de la exclusión a la inclusión. El que lo consigue merece vivir sin estigmas y siendo valorado de forma colectiva.

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