El Indo-Pacífico como forjador de un nuevo equilibrio global

Mario López Areu

El auge de China como superpotencia en Asia ha dado lugar a importantes movimientos entre el resto de potencias regionales en busca de un nuevo equilibrio de poder en la zona. Esto ha conllevado el nacimiento de una nueva construcción estratégica, el Indo-Pacífico, que cada vez más reemplaza la anterior terminología de Asia-Pacífico, desarrollada en su día por la Administración Obama.

El Indo-Pacífico es un término que se enmarca dentro de la actual transición geopolítica en Asia. Fue utilizado por primera vez por el entonces primer ministro japonés Abe Shinzo en su importante discurso, “La confluencia de dos mares”, ante el Parlamento indio en 2007. Desde entonces tanto EEUU como India, Francia, Australia o el propio Japón, lo han incorporado a sus planes estratégicos de seguridad.

La importancia del Indo-Pacífico es evidente: 64% de todo el comercio global de energía y mercancías pasa por esta región, que además incluye tres puntos geoestratégicos clave, los estrechos de Malaca, Ormuz y Bab el-Mandeb.

China y el Indo-Pacífico

Dentro de sus aspiraciones de convertirse en la potencia hegemónica en Asia, China ha aumentado considerablemente su huella en los últimos años en el Indo-Pacífico. Primero, en 2016, la Armada del Ejército Popular de Liberación construyó en Djibouti su primera base militar en el extranjero. Segundo, el Corredor Económico Sino-Pakistaní, un proyecto de 62.000 millones de dólares, ha permitido conectar China con el puerto pakistaní de Gwadar. En 2017, la potencia asiática también tomó el control del puerto de Hambantota en Sri Lanka, después de que el gobierno esrilanqués no pudiese hacer frente a la deuda acumulada por su construcción.

Estos son algunos ejemplos de la importante presencia que China está desarrollando en el Océano Índico, los cuales van unidos a sus acciones en el Pacífico, incluyendo sus reivindicaciones territoriales de las Islas Senkaku/Diaoyu, el Mar de China Meridional o sus incursiones en el espacio aéreo taiwanés.

A través de su megaproyecto de la Ruta de la Seda del siglo XXI, China ha desarrollado una ingente diplomacia económica con los Estados más pequeños del Indo-Pacífico. Países como Camboya o Laos, por ejemplo, poseen una deuda con China del 25% y 45% de su PIB nacional, respectivamente. Países como Nepal o Bangladés, históricamente aliados tradicionales de India, han pivoteado hacia China también en los últimos años.

Esa diplomacia económica, unida ahora a la de las vacunas, y la cada vez más fuerte presencia de la marina china en la región han desatado las alarmas de las otras potencias regionales y conllevado una convergencia de intereses entre ellas.

Las democracias liberales frente al unilateralismo chino

En 2007, EEUU, India, Japón y Australia formaron el denominado Quad, una alianza informal de las principales democracias liberales en el Indo-Pacífico. Aunque el Quad se formó en 2007, no fue hasta 2017, en los márgenes del East Asia Summit en Manila, que el mismo se consolidó ante el cada vez más agresivo unilateralismo chino, pero también por los crecientes conflictos entre sus miembros y el gigante comunista. EEUU se embarcó bajo la presidencia de Trump en una guerra comercial con Xi Jinping, India ha tenido importantes tensiones militares en su frontera norte, Japón ha sufrido el hostigamiento chino en relación a las Islas Senkaku/Diaoyu y Australia ha sufrido fuertes presiones políticas y económicas por parte de China.

Las relaciones entre EEUU, Japón y Australia han sido tradicionalmente muy cercanas, como miembros del bloque capitalista en la Guerra Fría. Por lo que cabe aquí destacar la importancia de las nuevas alianzas con India, un país históricamente no-alineado, y que denotan un cambio en el orden regional.

Históricamente, India ha considerado Asia meridional y el Océano Índico como sus principales esferas de influencia, tanto política como marítima. Su creciente poderío económico y militar ha puesto sobre alerta a China, que ve en los mismos un riesgo a su proyecto hegemónico en Asia. Además de las ya mencionadas tensiones fronterizas entre ambos países, ilustradas en las crisis del Doklam en 2017 y en Cachemira en 2020, desde Nueva Delhi se ve con preocupación lo que han denominado el “Collar de perlas chino”, la cada vez más fuerte presencia china en el Índico, a través de maniobras militares y la construcción de puertos, como los mencionados de Gwadar, Djibouti y Hambantota.

Esta situación ha dado lugar a una fuerte convergencia de intereses de India, históricamente reacia a las alianzas formales con otros países por su cultura del no-alineamiento, con EEUU y Japón. Los tres países llevan a cabo anualmente maniobras militares a través de los denominados ejercicios navales Malabar en el Índico y el Pacífico, a los que se ha sumado Australia en algunas ocasiones. EEUU en su Estrategia para el Indo-Pacífico de 2019 define a India como un aliado militar clave en la región y como un net security provider. India y Japón a su vez firmaron un pacto estratégico en 2014, reforzado en 2016.

Desafíos y oportunidades en el Indo-Pacífico

Cada vez es más evidente que el Indo-Pacífico se está convirtiendo en la gran batalla geoestratégica del siglo XXI. El equilibrio de poder entre potencias en la región será sin duda determinante para el futuro de las Relaciones Internacionales a nivel global. En la región estamos viendo el nacimiento de dos visiones políticas. Por un lado, una visión liderada por las democracias liberales, un orden basado en el respeto a las normas y reglas internacionales y el multilateralismo. Y, por el otro, una visión liderada por China de un orden unilateral, la cual también comparte la Rusia de Vladimir Putin.

El gran desafío de esta lucha de titanes es para los Estados pequeños en la región del Indo-Pacífico, que se ven cada vez más forzados a elegir entre un bloque u otro. Esta polarización resulta peligrosa, tanto para la seguridad regional, como para alcanzar acuerdos multilaterales frente a los grandes desafíos regionales. Como ejemplo, ASEAN está siendo incapaz de desarrollar una posición común en relación al conflicto del Mar de China Meridional, debido a las presiones chinas sobre países miembros como Laos, Camboya o Myanmar.

Para China el gran riesgo es olvidar la importante lección de Deng Xiaoping acerca de evitar ser percibida como una potencia enemiga que pueda tener consecuencias negativas. No solo de cara a la consolidación de una alianza para contenerla, como hemos visto, sino también para su potencial de crecimiento económico.

En el caso de las democracias liberales, sin duda, el gran objetivo se encuentra en desarrollar un potente programa de diplomacia económica y sanitaria de corte multilateral, para atraer a los Estados más pequeños a su órbita de acción, contrarrestando los esfuerzos chinos bajo el paraguas de la Ruta de la Seda del siglo XXI. La robustez de la alianza liberal no está tan clara como pueda parecer a simple vista. Ya, bajo el gobierno de Kevin Rudd, Australia abandonó el Quad en un intento de acercamiento a China. Existe la incógnita acerca de la posición que tomará Joe Biden en EEUU, atrapado entre el acercamiento a China de Obama y la posición más beligerante de Trump. Y, por último, en el caso de India, en algunas cuestiones, su alianza con EEUU se puede ver resentida. Como, por ejemplo, tras el fracaso del JCPOA, en relación a Irán, un importante aliado, donde India está construyendo el puerto de Chabahar, además de ser su principal suministrador de energía.

 

 

 

 

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