{"id":9665,"date":"2026-02-16T08:00:21","date_gmt":"2026-02-16T07:00:21","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=9665"},"modified":"2026-02-15T17:25:26","modified_gmt":"2026-02-15T16:25:26","slug":"violencia-antropologia-y-arte-cuestionando-lo-inevitable-de-la-violencia-humana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=9665","title":{"rendered":"Violencia, antropolog\u00eda y arte: cuestionando lo inevitable de la violencia humana"},"content":{"rendered":"<p><strong>A menudo escuchamos que la violencia es parte de la naturaleza humana, una herencia ineludible de nuestra evoluci\u00f3n biol\u00f3gica. Sin embargo, un an\u00e1lisis m\u00e1s profundo sugiere que esta visi\u00f3n podr\u00eda ser una simplificaci\u00f3n peligrosa. <span class=\"citation-49\">El art\u00edculo de David Ramos Castro \u00abViolencia, Antropolog\u00eda y Arte\u00bb <\/span><span class=\"citation-48\">cuestiona la inevitabilidad de la violencia humana a trav\u00e9s de la antropolog\u00eda y el arte<\/span>.<\/strong><\/p>\n<h3 data-path-to-node=\"5\">El falso consuelo del gen asesino<\/h3>\n<p data-path-to-node=\"6\"><span data-path-to-node=\"6,0\">La discusi\u00f3n acad\u00e9mica sobre la violencia ha oscilado hist\u00f3ricamente entre dos polos. <\/span><span data-path-to-node=\"6,2\"><span class=\"citation-193\">Por un lado, la antropolog\u00eda biol\u00f3gica, heredera de una lectura a veces simplista de Darwin, que ha tendido a ver la agresi\u00f3n como una herramienta evolutiva necesaria para la supervivencia<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"6,4\">. <\/span><span data-path-to-node=\"6,6\"><span class=\"citation-192\">Por otro, la antropolog\u00eda sociocultural, que defiende que la guerra y la violencia organizada son invenciones culturales, no imperativos biol\u00f3gicos<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"6,8\">.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"7\"><span data-path-to-node=\"7,0\">El art\u00edculo nos recuerda que aceptar la tesis de la \u00abviolencia innata\u00bb es, en el fondo, una forma de dimisi\u00f3n moral. Si la violencia es biol\u00f3gica, entonces es inevitable. Y si es inevitable, no somos responsables. <\/span><span data-path-to-node=\"7,2\"><span class=\"citation-191\">Es la coartada perfecta para la inacci\u00f3n<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"7,4\">. Sin embargo, documentos como la Declaraci\u00f3n de Sevilla sobre la Violencia (1986) y los avances recientes en primatolog\u00eda nos dicen lo contrario: la biolog\u00eda humana es flexible. <\/span><span data-path-to-node=\"7,6\"><span class=\"citation-190\">La cooperaci\u00f3n, el altruismo y la empat\u00eda son tan \u00abnaturales\u00bb y evolutivamente ventajosos como la competencia<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"7,8\">. <\/span><span data-path-to-node=\"7,10\"><span class=\"citation-189\">Si la violencia fuera nuestra \u00fanica regla de adaptaci\u00f3n, la especie humana se habr\u00eda extinguido hace mucho tiempo<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"7,12\">.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"8\">Pero la teor\u00eda no basta para sanar las heridas de la historia. Para entender c\u00f3mo el ser humano se enfrenta al horror sin sucumbir a \u00e9l, el autor nos lleva a dos escenarios etnogr\u00e1ficos dispares pero unidos por el dolor: una escuela de arte en el Timor Oriental de la posguerra y un teatro en el M\u00e9xico de los feminicidios.<\/p>\n<h3 data-path-to-node=\"9\">Timor Oriental: El mercado del trauma<\/h3>\n<p data-path-to-node=\"10\"><span data-path-to-node=\"10,0\">El primer escenario nos sit\u00faa en 2007, en Dili, la capital de Timor Oriental. <\/span><span data-path-to-node=\"10,2\"><span class=\"citation-188\">All\u00ed, entre las ruinas de una ocupaci\u00f3n indonesia que dur\u00f3 veinticinco a\u00f1os, surgi\u00f3 <\/span><i data-path-to-node=\"10,2\" data-index-in-node=\"84\"><span class=\"citation-188\">Arte Moris<\/span><\/i><span class=\"citation-188\"> (\u00abArte Vivo\u00bb o \u00abVida\u00bb), una escuela fundada con una premisa terap\u00e9utica: utilizar el arte para purgar los traumas de una generaci\u00f3n que solo hab\u00eda conocido el conflicto<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"10,4\">.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"11\"><span data-path-to-node=\"11,0\">El caso de Timor nos revela una paradoja inquietante sobre c\u00f3mo Occidente consume la violencia ajena. <\/span><span data-path-to-node=\"11,2\"><span class=\"citation-187\">En la escuela, los estudiantes produc\u00edan lo que se conoc\u00eda como <\/span><i data-path-to-node=\"11,2\" data-index-in-node=\"64\"><span class=\"citation-187\">horror paintings<\/span><\/i><span class=\"citation-187\"> (pinturas del horror): lienzos que mostraban con crudeza violaciones, decapitaciones y sangre, envueltos en colores oscuros<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"11,4\">. La intenci\u00f3n original era cat\u00e1rtica: sacar el veneno de dentro. Pero pronto, estas obras chocaron con la realidad del mercado.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"12\"><span data-path-to-node=\"12,1\"><span class=\"citation-186\">Se plante\u00f3 un dilema \u00e9tico y est\u00e9tico: \u00bfDeb\u00edan los alumnos seguir pintando estas atrocidades para sanar, o deb\u00edan adaptarse al gusto de los compradores extranjeros (cooperantes, diplom\u00e1ticos) que, parad\u00f3jicamente, compraban estas obras para decorar sus salones?<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"12,3\">. <\/span><span data-path-to-node=\"12,5\"><span class=\"citation-185\">La an\u00e9cdota de la fundadora, Gabriela Gansser, mostrando un tejido con una escena brutal y preguntando \u00ab\u00bfQui\u00e9n va a poner esto en su sal\u00f3n?\u00bb, ilustra la tensi\u00f3n entre la verdad del sufrimiento y la estetizaci\u00f3n de la violencia<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"12,7\">.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"13\"><span data-path-to-node=\"13,0\">El arte aqu\u00ed se mueve en el filo de la navaja. <\/span><span data-path-to-node=\"13,2\"><span class=\"citation-184\">Por un lado, denuncia que la violencia es parte de la historia del lugar (\u00abes parte de Timor\u00bb, dec\u00edan los alumnos)<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"13,4\">; por otro, corre el riesgo de convertir el dolor en un souvenir ex\u00f3tico para la conciencia occidental. Sin embargo, la mera existencia de <i data-path-to-node=\"13,4\" data-index-in-node=\"139\">Arte Moris<\/i> demuestra que, ante la destrucci\u00f3n, el impulso humano no es devolver el golpe, sino crear. La respuesta a la muerte no fue m\u00e1s muerte, fue pintura.<\/span><\/p>\n<h3 data-path-to-node=\"14\">M\u00e9xico: Desmontando la \u00abNarcocultura\u00bb<\/h3>\n<p data-path-to-node=\"15\"><span data-path-to-node=\"15,1\"><span class=\"citation-183\">El segundo escenario nos traslada al M\u00e9xico contempor\u00e1neo, un pa\u00eds que ha pasado del \u00abM\u00e9xico b\u00e1rbaro\u00bb de Turner y el \u00abM\u00e9xico lindo\u00bb de las canciones, al \u00abM\u00e9xico violentado\u00bb de las fosas comunes y la guerra contra el narco<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"15,3\">. Aqu\u00ed, la violencia no es un recuerdo del pasado como en Timor, sino una atm\u00f3sfera irrespirable del presente.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"16\">El art\u00edculo lanza una cr\u00edtica feroz y necesaria al concepto de \u00abnarcocultura\u00bb. Estamos acostumbrados a ver series de televisi\u00f3n, escuchar corridos y consumir productos que glorifican el estilo de vida del narcotr\u00e1fico, bajo la premisa de que es una expresi\u00f3n cultural leg\u00edtima, aunque marginal. Ramos Castro, apoy\u00e1ndose en autores como Correa y Segato, desmantela esta idea.<\/p>\n<p data-path-to-node=\"17\"><span data-path-to-node=\"17,0\">El narco no es una cultura. <\/span><span data-path-to-node=\"17,2\"><span class=\"citation-182\">La cultura, por definici\u00f3n, busca asir la vida, crear memoria, tejer comunidad y esperanza<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"17,4\">. El narco, en cambio, se basa en la incertidumbre, la destrucci\u00f3n del tejido social y la negaci\u00f3n de la vida. <\/span><span data-path-to-node=\"17,6\"><span class=\"citation-181\">Es, en realidad, una ideolog\u00eda del capitalismo neoliberal llevada a su extremo m\u00e1s c\u00ednico y criminal: la acumulaci\u00f3n de capital y poder a costa de la muerte de los m\u00e1s vulnerables, especialmente mujeres pobres y mestizas<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"17,8\">. Llamarlo \u00abcultura\u00bb es concederle una victoria sem\u00e1ntica que no merece. <\/span><span data-path-to-node=\"17,10\"><span class=\"citation-180\">Es una \u00abviolencia cultural\u00bb, s\u00ed, pero no una cultura<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"17,12\">.<\/span><\/p>\n<h3 data-path-to-node=\"18\"><i data-path-to-node=\"18\" data-index-in-node=\"0\">\u00c1nima Sola<\/i>: El ritual contra la par\u00e1lisis<\/h3>\n<p data-path-to-node=\"19\"><span data-path-to-node=\"19,1\"><span class=\"citation-179\">En este contexto de horror \u2014entendido no solo como miedo, sino como una par\u00e1lisis que congela a quien lo observa <\/span><\/span><span data-path-to-node=\"19,3\">\u2014 surge la obra de teatro <i data-path-to-node=\"19,3\" data-index-in-node=\"26\">\u00c1nima Sola<\/i>. <\/span><span data-path-to-node=\"19,5\"><span class=\"citation-178\">Escrita por Alejandro Rom\u00e1n y dirigida por Fernando Ortiz, la obra aborda el tema de los feminicidios en Ciudad Ju\u00e1rez a trav\u00e9s de las historias de tres mujeres asesinadas que narran su propia muerte<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"19,7\">.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"20\"><span data-path-to-node=\"20,0\">Lo fascinante de este caso no es solo la obra en s\u00ed, sino lo que ocurr\u00eda entre bambalinas. <\/span><span data-path-to-node=\"20,2\"><span class=\"citation-177\">El texto describe c\u00f3mo la violencia real se filtraba en el proceso creativo: una actriz que ve un asesinato camino al ensayo, otra que pierde a una amiga de la misma forma que el personaje que interpreta<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"20,4\">. El miedo amenazaba con paralizar el proyecto. <\/span><span data-path-to-node=\"20,6\"><span class=\"citation-176\">La tentaci\u00f3n era el silencio, la \u00abzona de silencio\u00bb donde el peligro calla todo rumor<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"20,8\">.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"21\"><span data-path-to-node=\"21,0\">Pero las actrices encontraron una v\u00eda de escape que no era la huida, sino el ritual. Antes de cada funci\u00f3n, encend\u00edan una veladora. <\/span><span data-path-to-node=\"21,2\"><span class=\"citation-175\">En ese momento, dejaban de ser actrices interpretando un papel y se convert\u00edan en portavoces de las mujeres reales, de las \u00ab\u00e1nimas solas\u00bb olvidadas en el desierto<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"21,4\">.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"22\"><span data-path-to-node=\"22,0\">Este peque\u00f1o gesto encierra una potencia antropol\u00f3gica inmensa. <\/span><span data-path-to-node=\"22,2\"><span class=\"citation-174\">Retomando los conceptos de Albert O. Hirschman sobre \u00abSalida, Voz y Lealtad\u00bb, el art\u00edculo sugiere que ante la violencia tenemos dos opciones: la <\/span><b data-path-to-node=\"22,2\" data-index-in-node=\"145\"><span class=\"citation-174\">Salida<\/span><\/b><span class=\"citation-174\"> (escapar, ignorar, disociarse) o la <\/span><b data-path-to-node=\"22,2\" data-index-in-node=\"188\"><span class=\"citation-174\">Voz<\/span><\/b><span class=\"citation-174\"> (protestar, resistir, resignificar)<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"22,4\">.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"23\"><span data-path-to-node=\"23,0\">El ritual de las actrices transformaba el horror en energ\u00eda pol\u00edtica y espiritual. Romp\u00eda la mudez. Al encender esa vela, no estaban aceptando la inevitabilidad de la violencia; estaban afirmando que esas vidas importaban. <\/span><span data-path-to-node=\"23,2\"><span class=\"citation-173\">Estaban ejerciendo su \u00abVoz\u00bb para salir de la l\u00f3gica de la \u00abnarcocultura\u00bb y del patriarcado que convierte a las mujeres en objetos desechables<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"23,4\">. <\/span><span data-path-to-node=\"23,6\"><span class=\"citation-172\">La met\u00e1fora de los zapatos abandonados en el escenario \u2014un rastro com\u00fan en las escenas de crimen reales\u2014 dejaba de ser solo una prueba forense para convertirse en un grito de presencia ante la ausencia<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"23,8\">.<\/span><\/p>\n<h3 data-path-to-node=\"24\">La falacia de la adaptaci\u00f3n<\/h3>\n<p data-path-to-node=\"25\"><span data-path-to-node=\"25,0\">Uno de los argumentos m\u00e1s insidiosos del determinismo biol\u00f3gico es la idea de la adaptaci\u00f3n. Se nos dice que, si el entorno es violento, lo \u00abnatural\u00bb es adaptarse a \u00e9l, volverse violento o insensible para sobrevivir. <\/span><span data-path-to-node=\"25,2\"><span class=\"citation-171\">Es la l\u00f3gica del m\u00e1s fuerte, la ley de la selva aplicada a la sociedad humana<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"25,4\">.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"26\"><span data-path-to-node=\"26,0\">El art\u00edculo desmonta esta falacia con una pregunta demoledora: \u00bfCabe en verdad adaptarse a cualquier situaci\u00f3n? Si la adaptaci\u00f3n fuera nuestra \u00fanica gu\u00eda, nadie protestar\u00eda. Nadie pintar\u00eda cuadros en Timor ni har\u00eda teatro en M\u00e9xico. <\/span><span data-path-to-node=\"26,2\"><span class=\"citation-170\">Simplemente, agachar\u00edamos la cabeza y aceptar\u00edamos el horror como el nuevo clima<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"26,4\">.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"27\"><span data-path-to-node=\"27,0\">Pero la historia humana demuestra que no nos resignamos. <\/span><span data-path-to-node=\"27,2\"><span class=\"citation-169\">Quienes rechazan la violencia en todo el mundo no son \u00abinadaptados\u00bb evolutivos; son la prueba viviente de que nuestra naturaleza incluye tambi\u00e9n la capacidad de imaginar mundos distintos<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"27,4\">. <\/span><span data-path-to-node=\"27,6\"><span class=\"citation-168\">La violencia territorial, ya sea entre naciones o entre c\u00e1rteles, no es un imperativo gen\u00e9tico, sino una construcci\u00f3n hist\u00f3rica basada en valores espec\u00edficos (poder, acumulaci\u00f3n, control) que pueden ser desafiados y cambiados<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"27,8\">.<\/span><\/p>\n<h3 data-path-to-node=\"28\">Conclusi\u00f3n: La creaci\u00f3n como trinchera<\/h3>\n<p data-path-to-node=\"29\"><span data-path-to-node=\"29,0\">El an\u00e1lisis de Ramos Castro nos lleva a una conclusi\u00f3n esperanzadora pero exigente. <\/span><span data-path-to-node=\"29,2\"><span class=\"citation-167\">La violencia existe, es persistente y sus rayos nos queman<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"29,4\">. Negarla ser\u00eda ingenuo. Pero aceptarla como un destino biol\u00f3gico es un error cient\u00edfico y una derrota moral.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"30\">El arte, en los casos de <i data-path-to-node=\"30\" data-index-in-node=\"25\">Arte Moris<\/i> y <i data-path-to-node=\"30\" data-index-in-node=\"38\">\u00c1nima Sola<\/i>, no aparece como un adorno est\u00e9tico ni como una evasi\u00f3n de la realidad. Aparece como una trinchera. Es un lugar donde se cuestiona lo inevitable. Es un espacio donde se recupera la sensibilidad que la violencia intenta amputarnos.<\/p>\n<p data-path-to-node=\"31\"><span data-path-to-node=\"31,1\"><span class=\"citation-166\">Si la \u00abnarcocultura\u00bb y la guerra promueven un simplismo adaptativo \u2014sacrificar la vida digna en aras de la mera supervivencia biol\u00f3gica <\/span><\/span><span data-path-to-node=\"31,3\">\u2014, el arte promueve la complejidad de la vida. Nos recuerda que, aunque tenemos la capacidad de matar, tambi\u00e9n tenemos la capacidad de encender una vela en la oscuridad, de pintar el dolor para sacarlo fuera y de contar la historia de quienes ya no tienen voz.<\/span><\/p>\n<p data-path-to-node=\"32\"><span data-path-to-node=\"32,1\"><span class=\"citation-165\">La antropolog\u00eda nos ense\u00f1a que la cultura y la biolog\u00eda coevolucionan<\/span><\/span><span data-path-to-node=\"32,3\">. No somos esclavos de nuestros genes. Cada vez que elegimos la palabra sobre el golpe, el ritual sobre el olvido y la creaci\u00f3n sobre la destrucci\u00f3n, estamos reescribiendo, poco a poco, lo que significa ser humano. La violencia no es nuestro destino; es solo una posibilidad entre muchas. Y mientras haya alguien pintando un lienzo o subiendo a un escenario para decir \u00abno\u00bb, la inevitabilidad de la violencia seguir\u00e1 siendo una mentira.<\/span><\/p>\n<div class=\"source-inline-chip-container ng-star-inserted\">*<em>Resumen del art\u00edculo\u00a0<\/em>Violencia, antropolog\u00eda y arte: cuestionando lo inevitable de la violencia humana. (2026).\u00a0<i>Raz\u00f3n Y Fe<\/i>,\u00a0<i>289<\/i>(1467), 271-296.\u00a0<a href=\"https:\/\/doi.org\/10.14422\/ryf.vol289.i1467.y2025.003\">https:\/\/doi.org\/10.14422\/ryf.vol289.i1467.y2025.003<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A menudo escuchamos que la violencia es parte de la naturaleza humana, una herencia ineludible de nuestra evoluci\u00f3n biol\u00f3gica. Sin embargo, un an\u00e1lisis m\u00e1s profundo sugiere que esta visi\u00f3n podr\u00eda ser una simplificaci\u00f3n peligrosa. 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