{"id":9311,"date":"2025-09-15T08:00:58","date_gmt":"2025-09-15T06:00:58","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=9311"},"modified":"2025-09-05T22:26:59","modified_gmt":"2025-09-05T20:26:59","slug":"la-violencia-mesianica-de-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=9311","title":{"rendered":"La violencia mesi\u00e1nica de Jes\u00fas"},"content":{"rendered":"<p><strong>En un art\u00edculo publicado recientemente Francisco Garc\u00eda Mart\u00ednez muestra c\u00f3mo la violencia es un intento de realizar la propia identidad anulando la del otro y despu\u00e9s se centra en la praxis de Jes\u00fas frente a ella. A pesar de que su acci\u00f3n mesi\u00e1nica es beligerante y dura, de forma que podr\u00eda ser comprendida como violenta, su finalidad parad\u00f3jica es revelar y desmontar los sistemas que esconden la verdadera violencia que anula la identidad de muchos a trav\u00e9s de sistemas de estigmatizaci\u00f3n social. Esta acci\u00f3n va a generar una violencia reactiva con la que Jes\u00fas acepta cargar mostrando un camino parad\u00f3jico de mantener su propia identidad salv\u00edfica. La \u2018violencia\u2019 de su ministerio aparece entonces como una acci\u00f3n l\u00edmite de regeneraci\u00f3n social y salvaci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<h3><strong>La violencia que da vida<\/strong><\/h3>\n<p>\u00bfEs posible identificar claramente cu\u00e1ndo una acci\u00f3n es violenta? A veces no tanto. Pensemos en esta comparaci\u00f3n: una cirug\u00eda a coraz\u00f3n abierto y los sacrificios humanos aztecas. Ambos implican abrir el pecho y extraer el coraz\u00f3n. Sin embargo, uno lo vemos como sanador y el otro como b\u00e1rbaro. Curiosamente, los aztecas cre\u00edan que sus sacrificios manten\u00edan el ciclo de la vida, lo que nos obliga a preguntarnos: \u00bfcu\u00e1ndo una agresi\u00f3n deja de parecer violencia?<\/p>\n<p>La clave est\u00e1 en c\u00f3mo justificamos esa acci\u00f3n. Slavoj \u017di\u017eek distingue entre violencia subjetiva (la que vemos claramente) y objetiva (la que est\u00e1 tan integrada en el sistema que ni se nota). Por ejemplo, muchas estructuras sociales est\u00e1n construidas sobre actos de exclusi\u00f3n o sacrificio de \u201cotros\u201d que no se ven como plenamente humanos. Esto es lo que Ren\u00e9 Girard llam\u00f3 \u201cviolencia sacrificial\u201d: sostener el orden social a costa de estigmatizar y excluir a un individuo o grupo.<\/p>\n<p>El gran problema, entonces, es que solemos definir lo humano en funci\u00f3n de nuestro grupo, lo que convierte a los de afuera en \u201cmenos humanos\u201d. As\u00ed se justifica la violencia: econ\u00f3mica, cultural o f\u00edsica. Desde S\u00f3crates hasta v\u00edctimas contempor\u00e1neas, siempre hay alguien sobre quien se descarga esta violencia \u201cjustificada\u201d.<\/p>\n<p>La verdadera violencia, como dice Paul Gilbert, es invadir el espacio del otro sin respetar sus l\u00edmites. Es la imposibilidad de detenerse ante el pr\u00f3jimo, como se\u00f1ala Mart\u00edn Steffens. Para Girard, el mandamiento b\u00edblico de \u201cno codiciar\u201d es justamente una forma de frenar este deseo de apropiaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hoy, con mayor conciencia sobre la dignidad humana, el mecanismo sacrificial ya no se sostiene. Pero sigue activo, disfrazado. La pregunta es: \u00bfc\u00f3mo seguir \u201calimentando al sol\u201d sin seguir sacrificando al otro? La salida no est\u00e1 en negar la violencia, sino en desenmascararla.<\/p>\n<h3><strong>La visita de Jes\u00fas a Gerasa<\/strong><\/h3>\n<p>El evangelio de Marcos nos presenta un episodio revelador sobre c\u00f3mo funciona la violencia oculta en nuestras sociedades: el encuentro de Jes\u00fas con el endemoniado de Gerasa (Mc 5,1-20). A primera vista, la ciudad parece vivir en paz, pero esta \u201cnormalidad\u201d se sostiene a costa de un excluido: un hombre deshumanizado, atado y marginado, que vive entre los muertos. Su locura, m\u00e1s que una enfermedad, es la expresi\u00f3n de una identidad arrancada por la comunidad. Jes\u00fas no habla con \u00e9l, sino con los demonios que lo habitan \u2014una imagen clara del sistema que lo oprime.<\/p>\n<p>Cuando Jes\u00fas lo libera y le devuelve su humanidad, la ciudad se llena de miedo y le ruega que se marche. \u00bfPor qu\u00e9? Porque ha desactivado el mecanismo sacrificial que sosten\u00eda su fr\u00e1gil orden social. Como explica Girard, toda sociedad se basa en este tipo de exclusiones para mantener la \u201cpaz\u201d. Al exponer esa mentira, Jes\u00fas se convierte en amenaza.<\/p>\n<p>Este acto no es una violencia cualquiera. No es la violencia objetiva del sistema, ni la subjetiva de una agresi\u00f3n visible, como distingue \u017di\u017eek. Es lo que podr\u00edamos llamar \u201cviolencia mesi\u00e1nica\u201d: una acci\u00f3n que rompe el c\u00edrculo de exclusi\u00f3n sin anular al otro. Jes\u00fas no destruye para imponer su identidad; la ofrece para liberar a los que viven oprimidos por un orden que margina.<\/p>\n<p>Por eso, su presencia desestabiliza todo sistema construido sobre el principio \u201cyo o el otro\u201d. Y por eso es tan rechazada. Su forma de actuar \u2014firme frente a la injusticia, pero no violenta cuando el da\u00f1o lo afecta a \u00e9l\u2014 revela una libertad radical frente al mal. Una luz que, como dice el evangelio de Juan, las tinieblas no quieren recibir. Al final, su condena a muerte es el precio que la sociedad paga por no tolerar esa verdad inc\u00f3moda.<\/p>\n<h3><strong>La violencia mesi\u00e1nica de Jes\u00fas<\/strong><\/h3>\n<p>El ministerio mesi\u00e1nico de Jes\u00fas se revela como un \u201csigno de contradicci\u00f3n\u201d porque desaf\u00eda el orden social que excluye y deshumaniza a los marginados, representados simb\u00f3licamente por las \u201cfosas comunes\u201d, lugares donde desaparecen identidades para mantener una falsa paz social. Jes\u00fas recupera a estos excluidos \u2014pobres, enfermos, pecadores\u2014 que viven en los m\u00e1rgenes, devolvi\u00e9ndoles dignidad y humanidad. As\u00ed, rompe la l\u00f3gica de exclusi\u00f3n que sostiene la violencia estructural.<\/p>\n<p>Su acci\u00f3n provoca una reacci\u00f3n violenta porque desvela la mentira y la injusticia en que se basa el sistema social. Por ejemplo, al sanar a la hemorro\u00edsa y obligarla a situarse en el centro del grupo, desaf\u00eda la estigmatizaci\u00f3n y expone la hipocres\u00eda social. Jes\u00fas mismo anuncia que su misi\u00f3n traer\u00e1 divisi\u00f3n, pues predicar el Reino de Dios significa romper con el orden establecido, que se sostiene en la exclusi\u00f3n y la violencia sacrificial.<\/p>\n<p>Aunque usa un lenguaje fuerte y gestos violentos, como en la expulsi\u00f3n de los mercaderes del templo, su violencia es mesi\u00e1nica: no destruye la identidad del otro, sino que busca revelar y sanar la violencia oculta que oprime. Es una \u201cviolencia redentora\u201d, como un cirujano que duele para curar.<\/p>\n<p>Finalmente, Jes\u00fas acepta la violencia que genera su mensaje, incluso hasta la cruz, donde su sufrimiento se convierte en el \u00faltimo acto de revelaci\u00f3n y salvaci\u00f3n. Su ejemplo invita a una transformaci\u00f3n profunda: aceptar las heridas que nos causamos mutuamente para construir una paz verdadera, basada en el amor que soporta el dolor y supera el odio. As\u00ed, la \u201cviolencia convertida\u201d de Jes\u00fas es la v\u00eda para desactivar la violencia que domina al mundo y abrir paso al reinado de Dios, que libera del dominio de las tinieblas y permite la verdadera justicia y reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong>Jes\u00fas, la Iglesia y el mundo contempor\u00e1neo <\/strong><\/h3>\n<p>La comunidad mesi\u00e1nica de Jes\u00fas, definida por el Concilio Vaticano II como \u201csacramento de unidad del g\u00e9nero humano\u201d, es un espacio donde las diferencias y conflictos pueden encontrar una forma que preserve la identidad de todos. Esta comunidad acoge las bienaventuranzas como su forma de ser, siendo pac\u00edfica y con un coraz\u00f3n puro, libre del mal y de cualquier violencia. Es un lugar de misericordia y hospitalidad para los excluidos, pero tambi\u00e9n conflictivo, pues no acepta la exclusi\u00f3n de nadie. Es la comunidad de los m\u00e1rtires por la justicia divina que, junto a Jes\u00fas, pueden ofrecer paz incluso en medio de la violencia.<\/p>\n<p>La Iglesia, siempre en proceso de purificaci\u00f3n, debe reconocer sus propias complicidades con la l\u00f3gica de sacrificio y rivalidad que la habitan. Los textos neotestamentarios exponen claramente los conflictos externos e internos que la Iglesia enfrentar\u00e1, as\u00ed como la necesidad de dar testimonio frente a las injusticias sociales, aunque eso implique sufrimiento, siempre desde la identidad que Cristo ofrece, que acoge a todos y redefine la forma de ser de cada uno.<\/p>\n<p>Jes\u00fas denuncia la violencia como un instrumento perverso utilizado para mantener la paz social, y su ministerio no busca condenar a los violentos, sino despertar su conciencia y promover la conversi\u00f3n. Adem\u00e1s, advierte contra el victimismo entendido como una forma de poder que puede perpetuar las rivalidades y exclusiones. En un episodio significativo, Jes\u00fas reprende a sus disc\u00edpulos por querer responder a la violencia con m\u00e1s violencia.<\/p>\n<p>Su propuesta se fundamenta en un orden escatol\u00f3gico, que coincide con la vida misma de Dios. Desde esta perspectiva, Jes\u00fas acepta la cruz, que representa la \u00faltima violencia, la violencia del amor que rompe con toda justificaci\u00f3n de exclusi\u00f3n y abre la posibilidad de una nueva vida. Este orden sostiene la cruz como juicio sobre la l\u00f3gica violenta del mundo y como esperanza para todos, incluso para aquellos rechazados o marginados.<\/p>\n<h3><strong>Coda final<\/strong><\/h3>\n<p>El seguimiento de Cristo no es solo una idea, sino un vivir que evita reducirlo a un concepto est\u00e1tico. La no-violencia aut\u00e9ntica no se reconoce en la dulzura superficial, ni en la calma indiferente, ni en el autocontrol fr\u00edo. El verdadero no-violento enfrenta el conflicto con honestidad y conciencia, buscando resolver sin enga\u00f1os ni manipulaciones. No reh\u00faye la c\u00f3lera ni busca provocar piedad, sino que persigue un acuerdo genuino. Incluso las palabras duras, gestos fuertes o golpes, pueden ser no-violentos si buscan sanar y liberar, no da\u00f1ar ni someter.<\/p>\n<p>*Resumido del art\u00edculo: <strong>Garc\u00eda Mart\u00ednez<\/strong>, F. (2025). <a href=\"https:\/\/revistas.comillas.edu\/index.php\/razonyfe\/article\/view\/22142\"><strong>La violencia mesi\u00e1nica de Jes\u00fas<\/strong><\/a>.\u00a0<em>Raz\u00f3n Y Fe<\/em>,\u00a0<em>289<\/em>(1466), 121\u2013139. https:\/\/doi.org\/10.14422\/ryf.vol289.i1466.y2025.005<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En un art\u00edculo publicado recientemente Francisco Garc\u00eda Mart\u00ednez muestra c\u00f3mo la violencia es un intento de realizar la propia identidad anulando la del otro y despu\u00e9s se centra en la praxis de Jes\u00fas frente a ella. 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