{"id":9211,"date":"2025-06-30T08:00:23","date_gmt":"2025-06-30T06:00:23","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=9211"},"modified":"2025-06-25T11:28:59","modified_gmt":"2025-06-25T09:28:59","slug":"la-complejidad-hermeneutica-de-la-violencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=9211","title":{"rendered":"La complejidad hermen\u00e9utica de la violencia"},"content":{"rendered":"<p><strong>[Jes\u00fas Romero Mo\u00f1ivas, Universidad Complutense de Madrid] Tratar de manera te\u00f3rica y racional la violencia siempre es una tarea compleja porque supone el compromiso de buscar la racionalidad y causalidad de algo que a menudo catalogamos de irracional y patol\u00f3gico. Sin embargo, los datos emp\u00edricos muestran la ubicuidad de las conductas violentas a lo largo del espectro evolutivo, no como una excepcionalidad sino, m\u00e1s bien, como la pauta com\u00fan de muchas de las dimensiones de la vida animal y humana. Como insist\u00eda Norbert El\u00edas lo extraordinario y excepcional no es la violencia, sino la pacificaci\u00f3n. Esto no supone, sin embargo, que el cient\u00edfico deba \u201clegitimar\u201d moralmente la violencia, sino solamente que debe de tratar de \u201cexplicarla\u201d dot\u00e1ndola de un sentido, sin relegarla apresuradamente al \u00e1mbito de lo patol\u00f3gico y lo inmoral. Si la violencia es inherente a la naturaleza o una degradaci\u00f3n fundamental de ella no es algo que pueda dirimir la ciencia, centrada como est\u00e1 en comprender <em>aquello que es<\/em>, sin postular <em>lo que debi\u00f3 o deber\u00eda ser<\/em>. Esta limitaci\u00f3n epistemol\u00f3gica y metodol\u00f3gica no dice nada acerca de la ontolog\u00eda metaf\u00edsica de la violencia. No obstante, s\u00ed que nos impone un compromiso ontol\u00f3gico: considerar la violencia con seriedad y densidad reales. Es decir, como algo <em>que es<\/em> y no como algo que <em>ojal\u00e1 no fuera<\/em>. <\/strong><\/p>\n<p>Desde este punto de vista, podr\u00eda considerarse a la violencia como una <em>estrategia conductual disponible en cuya significaci\u00f3n est\u00e1n presentes elementos biol\u00f3gicos, culturales y contextuales, dimensiones conscientes e inconscientes, y procesos cognitivos y emocionales<\/em>. Vistas as\u00ed las cosas la violencia tiene que ser analizada como cualquiera otra de las complejas estrategias conductuales. Esto significa que es un \u201cacto\u201d que procede de la compleja agencia de un sujeto y que no es un mero \u201checho\u201d epifenom\u00e9nico que emerger\u00eda de manera cuasi inercial desprovisto de significaci\u00f3n subjetiva. De ah\u00ed la importancia de entender los actos violentos dentro de marcos de referencia (<em>frameworks<\/em>) y significaci\u00f3n, que permitan recolocarlos epistemol\u00f3gicamente en un sujeto social, moral y biol\u00f3gicamente \u201csano\u201d, por m\u00e1s que puedan encontrarse tambi\u00e9n \u2014sin duda\u2014 elementos degradantes, perversos y patol\u00f3gicos rodeando a muchos de esos actos violentos (de la misma manera que esos elementos degradantes se encuentran en dimensiones humanas excelsas como la moral, la religi\u00f3n, el amor o el arte). Una cuesti\u00f3n muy relevante es situar el an\u00e1lisis de la violencia dentro de lo que denomino el tri\u00e1ngulo etiol\u00f3gico, es decir, la imbricaci\u00f3n causal de los tres grandes factores cl\u00e1sicos: biolog\u00eda, cultura y estructura social\/ambiente. La violencia siempre ser\u00e1 el resultado de la integraci\u00f3n de los tres. En algunos casos uno de los factores ser\u00e1 el m\u00e1s primordial y los otros estar\u00e1n presentes en menor medida, y a la inversa. La legitimidad epistemol\u00f3gica de la existencia de explicaciones m\u00e1s centradas en lo biol\u00f3gico, lo cultural o lo estructural no invalida que, de hecho, en la especificidad de un acto violento siempre est\u00e9n presentes los tres factores.<\/p>\n<p>De este modo, considerar la complejidad hermen\u00e9utica asociada a la violencia hace dif\u00edcil una definici\u00f3n un\u00edvoca. El acto violento puede manifestarse de muy diversas <em>formas<\/em> (a qu\u00e9 se dirige, en qu\u00e9 escala, con qu\u00e9 temporalidad o con qu\u00e9 grado de simetr\u00eda), <em>materias <\/em>(f\u00edsica, simb\u00f3lica, estructural, psicol\u00f3gica), <em>modos situacionales<\/em> (ferocidad, frialdad, burocratizaci\u00f3n, aceptaci\u00f3n voluntaria o asc\u00e9tica) e <em>intencionalidades<\/em> (expresividad simb\u00f3lica o utilidad instrumental). Pero, adem\u00e1s, la definici\u00f3n te\u00f3rica y la valoraci\u00f3n axiol\u00f3gica est\u00e1n dial\u00e9cticamente entrelazadas, de tal manera que no siempre es f\u00e1cil distinguir entre lo que es la violencia y lo que valoramos que es. Los cambios hist\u00f3rico-culturales modifican lo que debe ser considerado como violencia en cada \u00e9poca hist\u00f3rica; pero tambi\u00e9n el contexto situacional modula hermen\u00e9uticamente la definici\u00f3n\/valoraci\u00f3n de los actos violentos. Por lo tanto, la violencia est\u00e1 sujeta a los mismos procesos de construcci\u00f3n social que cualquier otra dimensi\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Por eso, quiz\u00e1, una de las cuestiones te\u00f3rico-emp\u00edricas m\u00e1s interesantes de este proceso de construcci\u00f3n sea el que gira en torno al mecanismo de legitimaci\u00f3n de la violencia, que\u00a0 trata de conseguir su desvinculaci\u00f3n moral. Mediante este proceso cognitivo los individuos o grupos desactivan selectivamente sus evaluaciones morales para justificar o racionalizar un comportamiento violento. Este proceso de desvinculaci\u00f3n moral se consigue a trav\u00e9s de diferentes mecanismos seg\u00fan se centre en alguna de las cuatro dimensiones del acto violento: el <em>acto en s\u00ed mismo<\/em> (re-conceptualizando el acto violento como algo honorable), la <em>v\u00edctima<\/em> (re-categorizando a la v\u00edctima como susceptible leg\u00edtimamente de ser violentada), el <em>actor<\/em> (desplazando a otros o difuminando la responsabilidad propia en medio de otras m\u00faltiples causas) y las <em>consecuencias <\/em>del acto (minimizando el impacto de la violencia ejercida). De esta manera se consigue desactivar el aspecto negativo o censurable de la violencia, resaltando su aspecto positivo o, al menos, neg\u00e1ndole seriedad y densidad real.<\/p>\n<p>Esta construcci\u00f3n social de la violencia se manifiesta en la circularidad hermen\u00e9utica entre la v\u00edctima, el victimario y el contexto social en el que ambos habitan simb\u00f3licamente. En tanto que la violencia es un acto relacional, su significaci\u00f3n es un problema en el que se entrecruzan la intencionalidad (volitiva y cognitiva) del agresor y la recepci\u00f3n interpretativa de la v\u00edctima. \u00bfQu\u00e9 ocurre si para la v\u00edctima algo es violencia mientras que no lo es para el agresor que ni deseaba ni pretend\u00eda da\u00f1ar? \u00bfQu\u00e9 sucede si para el agresor hay intencionalidad violenta pero la v\u00edctima no lo considera de ese modo? Y \u00bfqu\u00e9 ocurre si ni el agresor ni la v\u00edctima consideran que hay intencionalidad violenta, pero \u201cotros\u201d s\u00ed lo creen? Este \u00faltimo caso hace que el contexto pueda dotar de manera <em>vicaria<\/em> una significaci\u00f3n violenta a un acto relacional que ni para el agresor ni para la v\u00edctima puede ser tenido por tal (como en algunos casos de abusos a menores o discapacitados, a mujeres que sufren violencia de g\u00e9nero, o incluso en algunas circunstancias en las pr\u00e1cticas sadomasoquistas). De todos modos, lo importante es que cuando entran en juego contextos externos cabe la posibilidad de que esos propios contextos est\u00e9n internamente escindidos a la hora de dotar o no de significaci\u00f3n violenta a determinados actos. Por ello, la desnudez factual del acto violento es un espejismo. No hay violencia sin interpretaci\u00f3n del agresor, la v\u00edctima y el contexto que rodea a ambos.<\/p>\n<p>Donde quiz\u00e1 esto sea percibido de manera m\u00e1s parad\u00f3jica sea en las pr\u00e1cticas de auto violencia. \u00bfD\u00f3nde comienza realmente el concepto de auto-lesi\u00f3n o auto-maltrato psicol\u00f3gico y f\u00edsico? Las pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas, los cilicios, las disciplinas, las promesas en santuarios marianos de personas caminando de rodillas o descalzas y sangrando, el consumo de alcohol y drogas, las malas pr\u00e1cticas alimenticias, la vida sedentaria, el estr\u00e9s laboral, la obsesi\u00f3n por el ejercicio o la dieta saludable, etc. \u00bfson una forma de auto-maltrato f\u00edsico o psicol\u00f3gico? De hecho, en la auto-violencia puede producirse un conflicto de racionalidades o de fines evolutivamente cableados en el individuo. Contra lo que habitualmente se considera, el instinto de supervivencia f\u00edsica no siempre prevalece frente a otros. El instinto de supervivencia f\u00edsica puede ser relegado a segundo plano frente a instintos tribales, instintos espirituales, instintos de pertenencia, instintos sexuales, instintos de reconocimiento social, etc. Incluso espec\u00edficamente en relaci\u00f3n con las auto-lesiones, la pr\u00e1ctica cl\u00ednica y los informes de los propios sujetos han revelado diversos fines o sentidos por los que el individuo las justifica: regulaci\u00f3n afectiva, auto-castigo, comunicaci\u00f3n, castigo hacia otros, conseguir control o deseo de morir como en el caso extremo del suicidio.<\/p>\n<p>En definitiva, son muchas las razones que existen para ejercer la violencia: odio, venganza, deseo, poder, fe, ideolog\u00eda, territorialidad, lucro, placer, diversi\u00f3n, etc., que dotan de significaci\u00f3n a nuestros actos dependiendo de la \u00e9poca hist\u00f3rica, de nuestros valores, ideolog\u00edas y creencias religiosas. Las pr\u00e1cticas discursivas y hermen\u00e9uticas pertenecen a la propia realidad de la violencia. Por ello, para entender la realidad de la violencia hay que asumir la pluralidad de significaciones simb\u00f3lico-discursivas que la acompa\u00f1an, modificando la propia experiencia de ejercerla y de sufrirla. Si queremos como proyecto \u00e9tico minimizar el alcance y la intensidad de la violencia, antes hay que entenderla como una estrategia conductual con significaci\u00f3n propia y no como un mero subproducto de una sociedad degradada y una naturaleza humana pervertida.<\/p>\n<p><em>*Para un desarrollo extenso de las ideas de este post puede verse el art\u00edculo publicado por el autor en Raz\u00f3n y Fe, n\u00ba 1466, \u201c<a href=\"https:\/\/revistas.comillas.edu\/index.php\/razonyfe\/article\/view\/22083\">La naturaleza polim\u00f3rfica de la violencia y el problema de su significaci\u00f3n<\/a>\u201d.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[Jes\u00fas Romero Mo\u00f1ivas, Universidad Complutense de Madrid] Tratar de manera te\u00f3rica y racional la violencia siempre es una tarea compleja porque supone el compromiso de buscar la racionalidad y causalidad de algo que a menudo catalogamos de irracional y patol\u00f3gico. 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