{"id":7590,"date":"2023-04-17T08:00:33","date_gmt":"2023-04-17T06:00:33","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=7590"},"modified":"2023-04-17T08:14:50","modified_gmt":"2023-04-17T06:14:50","slug":"teilhard-de-chardin-el-camino-hacia-una-eucaristia-cosmica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=7590","title":{"rendered":"Teilhard de Chardin: El camino hacia una eucarist\u00eda c\u00f3smica"},"content":{"rendered":"<p><strong>[Por Juan V. Fern\u00e1ndez de la Gala] En este a\u00f1o 2023 celebramos el centenario de uno de los textos m\u00e1s conocidos del jesuita y paleont\u00f3logo franc\u00e9s Pierre Teilhard de Chardin. Fue escrito en tono de plegaria en dos momentos cruciales de su vida y sabemos que, en 1951, proyectaba ya una tercera versi\u00f3n. \u00c9l lo llam\u00f3 <em>La misa sobre el mundo (La Messe sur le Monde)<\/em> y se recogi\u00f3 sucesivamente en dos de sus obras: <em>El sacerdote<\/em> e <em>Himno del universo<\/em>. Se trata, sin duda, de una de las piezas m\u00e1s impactantes de la literatura m\u00edstica del siglo XX. <\/strong><\/p>\n<p>La primera versi\u00f3n est\u00e1 escrita en el frente de batalla de Verd\u00fan durante la Primera Guerra Mundial. Teilhard fue camillero y su misi\u00f3n consist\u00eda en recoger a los heridos, prestarles los primeros auxilios f\u00edsicos y espirituales y derivarlos al hospital de campa\u00f1a o al cementerio. Aquello fue, en sus propias palabras, \u201cun bautismo de realidad\u201d en el barro de las trincheras, en el dolor y en la fragilidad humanas y, sobre todo, una pregunta acuciante sobre el sentido que podemos dar al sufrimiento y a la muerte. La segunda versi\u00f3n del texto est\u00e1 firmada en 1923 en China, en el desierto de Ordos, cerca de la frontera norte con Mongolia. Teilhard participaba entonces en una expedici\u00f3n cient\u00edfica que estudiaba las caracter\u00edsticas geol\u00f3gicas de los barrancos y de las estepas m\u00e1s \u00e1ridas de Asia. La guerra de Europa y el exilio de China fueron los dos paisajes de la desolaci\u00f3n que marcan su escrito. Es verdad que, entre l\u00edneas, flota tambi\u00e9n sobre esos p\u00e1rrafos inolvidables el frescor de los bosques de \u00e1lamos que bordean el r\u00edo Aisne, cerca de Verd\u00fan, los casta\u00f1os amarillentos de sus paseos en Sussex o los acantilados de la isla de Jersey. Todos estos paisajes conforman en la memoria del jesuita una \u201ccomposici\u00f3n de lugar\u201d que nos conduce a la presencia inefable de Dios en lo m\u00e1s agreste de la naturaleza y en la \u00e1spera desnudez de las rocas, im\u00e1genes que a un paleont\u00f3logo le hablan indefectiblemente de la larga y misteriosa historia de la Tierra y de la extensi\u00f3n inabarcable del tiempo geol\u00f3gico, que supera ampliamente la estrecha vida de un hombre.<\/p>\n<p>En ambos casos se encontraba Teilhard inmerso en la escueta precariedad del n\u00f3mada y, como sacerdote, privado de la posibilidad de celebrar la eucarist\u00eda. Trata entonces de celebrarla en el interior de su coraz\u00f3n, poniendo como altar el propio paisaje que aparec\u00eda ante sus ojos con las primeras luces del d\u00eda, antes de sumergirse en las tareas de su jornada cient\u00edfica. Y ah\u00ed es donde sucede el milagro, porque descubre\u00a0 \u0336 y nos descubre tambi\u00e9n a nosotros \u0336 \u00a0que el sacrificio de la misa se extiende mucho m\u00e1s all\u00e1 del templo o de la peque\u00f1a parroquia donde se celebra. Y se extiende, adem\u00e1s, en todos los sentidos de la existencia: se extiende en el espacio hasta abarcar todo el cosmos y se extiende en el tiempo hasta alcanzar las generaciones pasadas y las futuras, en virtud de lo que la doctrina tradicional de la Iglesia ha llamado la \u201ccomuni\u00f3n de los santos\u201d.<\/p>\n<p>No es dif\u00edcil intuir el peso que en esta devoci\u00f3n teilhardiana pudieron tener las catequesis dom\u00e9sticas que Pierre Teilhard y sus hermanos recibieron muy tempranamente de su madre, Berthe de Dompierre. Bajo la f\u00e9rula amable de su propio ejemplo, Berthe inculc\u00f3 a sus hijos dos pr\u00e1cticas piadosas particulares: la comuni\u00f3n espiritual y la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas. Como puede verse, la m\u00edstica de Teilhard, con esa fama de heterodoxa y rompedora, se basa en estas dos devociones que la tradici\u00f3n cat\u00f3lica asume desde antiguo, aunque es verdad que Teilhard las actualiza de acuerdo con los nuevos paradigmas y las eleva a una altura teol\u00f3gica antes no alcanzada.<\/p>\n<p>Ya desde el Concilio de Trento, la tradici\u00f3n m\u00e1s piadosa del cristianismo recomendaba a los fieles la pr\u00e1ctica de la \u201ccomuni\u00f3n espiritual\u201d, una f\u00f3rmula devocional que pod\u00eda ser usada en caso de tener limitaciones materiales o morales para recibir el pan eucar\u00edstico de la comuni\u00f3n. San Alfonso Mar\u00eda de Ligorio populariz\u00f3 desde el siglo XVIII una de las oraciones m\u00e1s conocidas, que expresaba ferviente y llanamente el deseo de recibir a Jes\u00fas sacramentado con disponibilidad de coraz\u00f3n. Pienso que Teilhard fue puliendo el texto devocional de su <em>Misa sobre el mundo<\/em> bas\u00e1ndose en esa misma idea. Para un m\u00edstico como \u00e9l, capaz de sentir la presencia de Dios de modo tan misteriosamente v\u00edvido, la ausencia del pan y el vino no pod\u00eda impedir que un sacerdote pudiera, en el interior de su coraz\u00f3n, celebrar eucar\u00edsticamente la presencia de Dios en la materia, en los acontecimientos, en las creaturas, en el pr\u00f3jimo y en el interior de cada uno de nosotros, reviviendo y gustando interiormente su sentido de ofrenda, de consagraci\u00f3n y de comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Respecto a la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, muy presente en el hogar de la familia Teilhard y difundida ampliamente por la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, basta con repasar las im\u00e1genes y tropos que Teilhard utiliza en su texto para desembocar abiertamente a la iconograf\u00eda propia de esta devoci\u00f3n popular: el coraz\u00f3n como asiento de los sentimientos y el fuego en el que arde como expresi\u00f3n de su amor. Un amor extremo, como puntualiza el evangelio de Juan y \u201cuna devoci\u00f3n con la que mi madre no dej\u00f3 jam\u00e1s de nutrirme\u201d, como afirma Teilhard en <em>El coraz\u00f3n de la materia<\/em>.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed los fundamentos devocionales de esta visi\u00f3n eucar\u00edstica de Teilhard que a tantas personas ha conmovido, incluyendo a Pablo VI, a Juan Pablo II y a Benedicto XVI. Los dos primeros citaron sus palabras en diversas alocuciones p\u00fablicas, pero evitando expresamente mencionar al autor, que estaba entonces bajo la alargada sombra de sospecha del Santo Oficio.<\/p>\n<p>Siempre se ha dicho que una de las caracter\u00edsticas de un texto sublime es que es capaz de arraigar de modo distinto en el \u00e1nimo de cada lector, colmando necesidades diversas. suscitando sugestiones y connotaciones diversas en cada persona y en cada momento. Si resumo aqu\u00ed algunas de las m\u00edas, lo hago a sabiendas de que no agotar\u00e1n las posibilidades de un texto tan sugestivo y lamentando que este medio no permita compartir tambi\u00e9n las intuiciones que el texto de <em>La misa sobre el mundo<\/em> habr\u00e1 podido despertar seguro en quienes ahora leen amablemente estas l\u00edneas. Para poder valorar con justicia el grado de profetismo de Teilhard, no olviden que estamos entre 1918 y 1923, en el pontificado de Benedicto XV, un papa temeroso de la modernidad y de la ciencia, y que nos falta todav\u00eda medio siglo para arribar al soplo revitalizador del Concilio Vaticano II.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1n algunos de los que intuyo como hallazgos teilhardianos:<\/p>\n<ul>\n<li><strong>Disolver viejas dicotom\u00edas escol\u00e1sticas<\/strong>. Las visiones teol\u00f3gicas de Teilhard tratan de armonizar nuestra desconcertante pluralidad con la invitaci\u00f3n divina a la unidad fraterna o la marea de los afectos que mueven el mundo con la convulsi\u00f3n de los odios y a\u00f1adamos todas esas viejas dualidades plat\u00f3nicas que la escol\u00e1stica no supo resolver: el cuerpo frente al alma, la materia frente al esp\u00edritu, Dios frente al mundo y el barro de la realidad terrena frente a ese mundo ang\u00e9lico y celeste que desde tiempos medievales nos gustaba se\u00f1alar con el dedo en alto.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Teilhard, que se considera a s\u00ed mismo m\u00e1s hijo del suelo que del cielo, nos reconcilia con la materia, proclamando su bondad natural y su misterio evolutivo y no duda en darle rango de sacralidad, record\u00e1ndonos la aceptaci\u00f3n manifiesta de Dios que recoge el libro del G\u00e9nesis: \u201cy vio Dios que era bueno\u201d. Llega a llamarla \u201cmano de Dios y carne de Cristo\u201d por sostener de modo tangible la presencia de Dios en el mundo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><strong>Reconciliar ciencia y teolog\u00eda<\/strong>. Si en su ensayo <em>El grupo zool\u00f3gico humano<\/em> intent\u00f3 transitar un puente entre teolog\u00eda, biolog\u00eda y f\u00edsica, en <em>La Misa sobre el mundo<\/em>, brev\u00edsimo texto lleno de poes\u00eda y de m\u00edstica, incorpora las intuiciones de tres paradigmas cient\u00edficos que la doctrina de la Iglesia miraba a\u00fan con el recelo de la novedad. Por un lado la teor\u00eda evolutiva, que desde Darwin empieza a encontrar ya esos d\u00edas formulaciones nuevas desde la bioantropolog\u00eda y la gen\u00e9tica. Por otro, las ideas que, a partir de la teor\u00eda general de la relatividad, empezaban a debatirse sobre un universo en expansi\u00f3n desde una explosi\u00f3n de energ\u00eda inicial, creadora de todo lo que existe. En tercer lugar, esboza ya la idea que empezaba a vislumbrarse en los c\u00edrculos cient\u00edficos de interpretar la biosfera como una entidad viva, como un gran cuerpo, como un superorganismo en el que todos los procesos est\u00e1n conectados para garantizar su autorregulaci\u00f3n, una idea que despu\u00e9s encontrar\u00eda en James Lovelock su mejor formulaci\u00f3n: la hip\u00f3tesis Gaia.<\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<ul>\n<li><strong>Unificar la teolog\u00eda.<\/strong> Por primera vez, muchos conceptos teol\u00f3gicos que la tradici\u00f3n epistolar paulina y la reflexi\u00f3n escol\u00e1stica medieval nos mostraban como un mosaico parcialmente inconexo de verdades de fe, independientes y bien diferenciadas, Teilhard acierta a conectarlos como la totalidad coherente de una sola verdad, dilatando su significado y su relevancia teol\u00f3gica. Descubrimos con \u00e9l que la creaci\u00f3n, la encarnaci\u00f3n, la redenci\u00f3n, la consagraci\u00f3n, la centralidad de la eucarist\u00eda, la providencia, la comuni\u00f3n de los santos, la presencia de Dios en el mundo o el mandamiento del amor no son realidades distintas, sino aspectos indisolubles y necesarios de una misma visi\u00f3n y que, a su vez, encajan sin estridencia alguna con la evoluci\u00f3n c\u00f3smica y biol\u00f3gica, la g\u00e9nesis hist\u00f3rica de las religiones, el misterio de la muerte y el sufrimiento, la investigaci\u00f3n cient\u00edfica o el trabajo humano como prolongaci\u00f3n libre y creativa del poder creador de Dios. Pocos autores poseen esta capacidad de Teilhard de generar modelos integradores de pensamiento o de formular explicaciones unificadas.<\/li>\n<\/ul>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li><strong>Expandir la teolog\u00eda<\/strong>. Adem\u00e1s de unificarlos, Teilhard profundiza en la idea de que estos procesos (y su interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica) no son momentos puntuales en la historia de la salvaci\u00f3n ni se limitan al \u00e1mbito espacial de la biosfera, sino que desbordan el espacio y el tiempo para devenir procesos c\u00f3smicos y continuamente actualizados.<\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed, la met\u00e1fora paulina de la Iglesia como cuerpo m\u00edstico de Cristo, en donde las diversas partes anat\u00f3micas no pueden desentenderse, la extiende Teilhard, dilat\u00e1ndola, a toda la creaci\u00f3n, que es, en efecto, un cuerpo material, biosf\u00e9rico, al mismo tiempo diverso y coordinado y necesitado de un alma que le otorgue consistencia y sentido.<\/p>\n<p>Los s\u00edmbolos eucar\u00edsticos del pan y el vino se expanden tambi\u00e9n m\u00e1s all\u00e1 de su condici\u00f3n de frutos de la tierra, m\u00e1s all\u00e1 de su presencia en aquella cena de la Pascua jud\u00eda de hace m\u00e1s de dos milenios y se cargan de un sentido m\u00e1s amplio. El pan como representaci\u00f3n de todo lo que esforzadamente germina, crece, florece, madura y se multiplica en el mundo. El vino como representaci\u00f3n de todo lo que mengua o decrece, de la sangre derramada, de lo que nos causa dolor y sufrimiento, de la enfermedad, la decrepitud, la decepci\u00f3n, la traici\u00f3n y la muerte; ese c\u00e1liz que nos gustar\u00eda apartar, pero que asumimos siguiendo el ejemplo de Jes\u00fas en Getseman\u00ed.<\/p>\n<p>Estas y otras brillantes extensiones conceptuales de Teilhard no solo dan hondura espaciotemporal a los horizontes de la fe en Dios, sino que, adem\u00e1s, los sustraen del contexto ang\u00e9lico en que los coloc\u00f3 la escol\u00e1stica y los plantan en la realidad tangible de la materia. As\u00ed, por ejemplo, la consagraci\u00f3n sacramental del pan y el vino se incardina en una interpretaci\u00f3n mucho m\u00e1s amplia que refleja el modo en que la dimensi\u00f3n sobrenatural conecta con la realidad natural y la ilumina, es decir, nos habla de la consagraci\u00f3n definitiva de toda la creaci\u00f3n, que se reencontrar\u00e1 con Dios en su trayecto evolutivo hacia el punto omega.<\/p>\n<p>De este modo, Cristo resucitado acabar\u00e1 siendo el alma del gran cuerpo m\u00edstico que es la realidad universal. La cosmog\u00e9nesis, la biog\u00e9nesis y la propia historia del ser humano no son m\u00e1s que los pasos evolutivos previos a la cristog\u00e9nesis, la gran consagraci\u00f3n en la que todos estamos inmersos.<\/p>\n<p>Para Teilhard, vivimos en el seno de una gran eucarist\u00eda c\u00f3smica, que culminar\u00e1 en cada uno de nosotros cuando, en el punto omega de nuestra historia individual, nos acerquemos a la comuni\u00f3n definitiva. Llegados a ese momento, nuestra desintegraci\u00f3n f\u00edsica no ser\u00e1 el final: ser\u00e1 s\u00f3lo el requisito para poder perdernos en el horizonte inmenso de la misericordia de Dios, ya sin la pesada oposici\u00f3n de nuestros \u00e1tomos, para ser una sola cosa con \u00c9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>PARA PROFUNDIZAR EN <em>LA MISA SOBRE EL MUNDO<\/em>:<\/strong><\/h3>\n<p>El texto puede descargarse libremente en esta direcci\u00f3n: <a href=\"https:\/\/www.bubok.es\/libros\/238364\/LA-MISA-SOBRE-EL-MUNDO-de-Pierre-Teilhard-de-Chardin\">https:\/\/www.bubok.es\/libros\/238364\/LA-MISA-SOBRE-EL-MUNDO-de-Pierre-Teilhard-de-Chardin<\/a><\/p>\n<p>Aqu\u00ed puede escucharse una videoadaptaci\u00f3n abreviada del mismo: <a href=\"https:\/\/youtu.be\/qjpEzrDuftU\">https:\/\/youtu.be\/qjpEzrDuftU<\/a><\/p>\n<p>Y la editorial <em>Sal Terrae<\/em>, en su colecci\u00f3n <em>El Pozo de Siqu\u00e9n<\/em>, public\u00f3 en espa\u00f1ol la obra del jesuita Thomas M. King <em>La misa de Teilhard: una aproximaci\u00f3n a \u201cLa misa sobre el mundo\u201d<\/em> (Bilbao, 2022): <a href=\"https:\/\/gcloyola.com\/testimonios-e-iglesia\/3988-la-misa-de-teilhard-9788429330687.html\">https:\/\/gcloyola.com\/testimonios-e-iglesia\/3988-la-misa-de-teilhard-9788429330687.html<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[Por Juan V. Fern\u00e1ndez de la Gala] En este a\u00f1o 2023 celebramos el centenario de uno de los textos m\u00e1s conocidos del jesuita y paleont\u00f3logo franc\u00e9s Pierre Teilhard de Chardin. 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