{"id":6673,"date":"2022-03-30T17:45:21","date_gmt":"2022-03-30T15:45:21","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=6673"},"modified":"2022-03-30T17:59:23","modified_gmt":"2022-03-30T15:59:23","slug":"las-neurociencias-y-la-fe-un-alegado-contra-el-neuroesencialismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=6673","title":{"rendered":"Las neurociencias y la fe: un alegato contra el neuroesencialismo"},"content":{"rendered":"<p><strong>(Por Jos\u00e9 Manuel Caama\u00f1o) Uno de los campos de investigaci\u00f3n que mayor expectaci\u00f3n genera en la actualidad tiene que ver con el estudio del cerebro, la disciplina conocida con el nombre de neurociencia. Muchas empresas e incluso gobiernos est\u00e1n invirtiendo grandes cantidades de recursos en el conocimiento del cerebro, dado que puede ser el primer paso en la batalla contra un n\u00famero considerable de enfermedades con base neurol\u00f3gica. Pero asimismo bastantes autores llevan tiempo estudiando las experiencias religiosas desde un punto de vista neurocient\u00edfico, lo que a veces ha llevado a una cierta deriva neuroesencialista. Algunas de las preguntas que esto suscita podr\u00edan ser las siguientes:\u00a0<\/strong><strong><span lang=\"ES-TRAD\">\u00bfQu\u00e9 aporta la neurociencia a la pregunta por Dios? \u00bfQu\u00e9 nos dice acerca del origen de la fe? \u00bfCu\u00e1l es la relaci\u00f3n entre ambas? \u00bfSon las experiencias religiosas o espirituales un mero producto de alteraciones cerebrales? Tales son las preocupaciones del presente escrito.<\/span><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><strong>Visiones, conversiones y \u00e9xtasis<\/strong><\/h2>\n<p>Viajemos por un instante hasta el siglo I. All\u00ed nos encontramos a un jud\u00edo camino de Damasco cumpliendo con su misi\u00f3n de perseguir a los seguidores de Jes\u00fas de Nazaret, a los primeros cristianos. Su nombre era Saulo de Tarso. Pero fue precisamente en ese recorrido cuando el perseguidor sufre una experiencia de conversi\u00f3n que le har\u00e1 pasar a la historia, sin embargo, como san Pablo, el \u00abAp\u00f3stol de los gentiles\u00bb. As\u00ed nos relata ese episodio el libro de los <em>Hechos de los Ap\u00f3stoles<\/em>:<\/p>\n<blockquote><p>\u00abDe repente lo envolvi\u00f3 con su resplandor una luz venida del cielo, y cayendo a tierra oy\u00f3 una voz que le dec\u00eda: \u201cSa\u00fal, \u00bfpor qu\u00e9 me persigues?\u201d. \u00c9l dijo: \u201c\u00bfQui\u00e9n eres, se\u00f1or?\u201d. Y \u00c9l: \u201cYo soy Jes\u00fas, al que t\u00fa persigues. Pero lev\u00e1ntate y entra en la ciudad, y se te dir\u00e1 lo que tienes que hacer\u201d. Los hombres que caminaban con \u00e9l se quedaron sin palabra, oyendo la voz pero no vieron a nadie. Saulo se levant\u00f3 del suelo, pero, aun con los ojos abiertos, no ve\u00eda nada; llev\u00e1ndolo de la mano lo introdujeron en Damasco, estuvo tres d\u00edas sin vista, y no comi\u00f3 ni bebi\u00f3\u00bb (Hech 9, 3-9).<\/p><\/blockquote>\n<p>Si del siglo I nos vamos de visita a la Capilla Cornaro de la Iglesia de santa Mar\u00eda de la Victoria en Roma, nos encontramos con un grupo escult\u00f3rico de m\u00e1rmol creado por Gian Lorenzo Bernini y que conocemos como <em>El \u00e9xtasis de santa Teresa<\/em>. All\u00ed refleja uno de los pasajes m\u00e1s conocidos de la vida de la santa abulense del siglo XVI narrado por ella misma:<\/p>\n<blockquote><p>\u00abVe\u00edale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parec\u00eda tener un poco de fuego; \u00e9ste me parec\u00eda meter por el coraz\u00f3n algunas veces y que me llegaba a las entra\u00f1as. Al sacarle, me parec\u00eda las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hac\u00eda dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grand\u00edsimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo alfo, y a\u00fan harto\u00bb (<em>Vida<\/em>, 29).<\/p><\/blockquote>\n<p>Probablemente casi ning\u00fan creyente desconoce estas dos figuras de la tradici\u00f3n cristiana ni tampoco los relatos narrados en los pasajes transcritos. \u00bfQu\u00e9 le pas\u00f3 realmente a Saulo o a Teresa? \u00bfFueron aut\u00e9nticas tales visiones? Y si las tuvieron, \u00bfa qu\u00e9 se debieron? \u00bfQu\u00e9 fue lo que las produjo?<\/p>\n<p>Las respuestas que se han dado a estas cuestiones restan de ser uniformes, aunque \u00faltimamente desde algunos \u00e1mbitos se afirma que se trata de experiencias que no son sino el fruto de la llamada \u00abepilepsia del l\u00f3bulo temporal\u00bb, es decir, que en realidad detr\u00e1s de las experiencias m\u00edsticas o de las de conversi\u00f3n, tales como las descritas, estar\u00eda una patolog\u00eda que afecta a una importante regi\u00f3n del cerebro. Dicho m\u00e1s claramente: la fe que mueve la vida de Pablo de Tarso, as\u00ed como las experiencias m\u00edsticas de santa Teresa, no ser\u00edan sino el fruto de una alteraci\u00f3n que se puede localizar en una parte de nuestro cerebro, algo que afecta en mayor o menor medida al conjunto de aquellas personas que se declaran como creyentes, m\u00e1s all\u00e1 de la religi\u00f3n concreta que puedan profesar. Es m\u00e1s, alterando ciertas estructuras cerebrales incluso podr\u00edamos conseguir que un ateo beligerante se convirtiera en un apasionado creyente.<\/p>\n<p>De hecho imaginemos por un momento que disponemos de una m\u00e1quina que podemos poner sobre la cabeza de alguien para estimular una peque\u00f1a regi\u00f3n del cerebro y lo hacemos precisamente sobre aquella que afecta a las creencias de la persona. En realidad parece que no es necesario echarle mucha imaginaci\u00f3n, sino que la m\u00e1quina en cuesti\u00f3n existe y se llama <em>estimulador magn\u00e9tico transcraneal <\/em>(el \u00abcasco de dios\u00bb). Es m\u00e1s, en el cap\u00edtulo titulado \u00abDios y el sistema l\u00edmbico\u00bb de la obra <em>Fantasmas del cerebro<\/em>, V. S. Ramachandran cuenta precisamente que el psic\u00f3logo canadiense M. Persinger se hizo con uno de esos aparatos, estimul\u00f3 partes de sus l\u00f3bulos temporales, y empez\u00f3 a sentir a Dios por primera vez en su vida, algo que no fue una sorpresa total para Ramachandran, pues sab\u00eda que los l\u00f3bulos temporales, especialmente el izquierdo, intervienen en la experiencia religiosa. En el fondo, y a pesar de los recelos que genera la m\u00e1quina de Persinger, la tesis que tanto estos como otros autores sostienen es que la fe (y la religiosidad en toda su amplitud) no es sino un mero producto del cerebro, o mejor dicho, de una alteraci\u00f3n de alguna regi\u00f3n cerebral. Basta hacerse con un \u00abcasco de dios\u00bb para empezar a tener experiencias espirituales.<\/p>\n<p>Evidentemente semejante tesis plantea algunas cuestiones que hoy adquieren bastante relevancia, sobre todo por los enormes avances que se est\u00e1n produciendo en el campo de la neurociencia actual pero tambi\u00e9n por la importancia que tiene la fe para millones y millones de personas en todo el mundo. \u00bfQu\u00e9 aporta la neurociencia a la pregunta por Dios? \u00bfQu\u00e9 nos dice acerca del origen de la fe? \u00bfCu\u00e1l es la relaci\u00f3n entre ambas? \u00bfSon las experiencias religiosas o espirituales un mero producto de alteraciones cerebrales? Soy consciente de que tal vez habr\u00eda que distinguir la espiritualidad de la religiosidad, de la fe, e incluso de las experiencias m\u00edsticas, aunque considero tales distinciones irrelevantes para lo que nos proponemos en el presente art\u00edculo, que no es sino ofrecer algunas notas que, a mi juicio, pueden orientar la cuesti\u00f3n de fondo, que es la relaci\u00f3n entre la neurociencia y la fe.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><strong>La actualidad de lo \u00abneuro\u00bb<\/strong><\/h2>\n<p>Decir que el cerebro es algo esencial del ser humano resulta una obviedad que siempre hemos sabido. Seguramente algunos recordar\u00e1n las palabras del conocido tratado hipocr\u00e1tico del siglo V \u00f3 IV a.C. <em>Sobre la enfermedad sagrada\u00a0<\/em>en las que se dec\u00eda lo siguiente:<\/p>\n<blockquote><p>\u00abEl hombre deber\u00eda saber que del cerebro, y no de otro lugar vienen las alegr\u00edas, los placeres, la risa y la broma, y tambi\u00e9n las tristezas, la aflicci\u00f3n, el abatimiento, y los lamentos. Y con el mismo \u00f3rgano, de una manera especial, adquirimos el juicio y el saber, la vista y el o\u00eddo y sabemos lo que est\u00e1 bien y lo que est\u00e1 mal, lo que es trampa y lo que es justo, lo que es dulce y lo que es ins\u00edpido\u2026 Y a trav\u00e9s del mismo \u00f3rgano nos volvemos locos y deliramos, y el miedo y los terrores nos asaltan, algunos de noche y otros de d\u00eda, as\u00ed como los sue\u00f1os y los delirios indeseables, las preocupaciones que no tienen raz\u00f3n de ser, la ignorancia de las circunstancias presentes, el desasosiego y la torpeza. Todas estas cosas las sufrimos desde el cerebro\u00bb.<\/p><\/blockquote>\n<p>Ahora bien, una cosa es ser conscientes de la esencial importancia del cerebro y otra distinta conocer qu\u00e9 es y c\u00f3mo funciona. Y es precisamente en este terreno en donde el a\u00f1o 1664 marca un hito hist\u00f3rico de enorme relevancia para lo que se ha dado en llamar \u00abneurociencia\u00bb, y que hoy constituye una de las disciplinas que mayor inter\u00e9s est\u00e1 generando en la comunidad cient\u00edfica (Amor Pan, 2015). Se trata del a\u00f1o en el que T. Willis publica <em>Cerebri Anatome<\/em>, y en la que por primera vez se describe la anatom\u00eda macrosc\u00f3pica cerebral, sus relaciones con la mente humana e incluso un an\u00e1lisis comparativo con otros animales. Por ello se le considera como el precursor de la neurociencia moderna.<\/p>\n<p>Evidentemente esto no fue m\u00e1s que el inicio de una disciplina que se ha desarrollado a gran velocidad, sobre todo durante el siglo XX, y en cuyo recorrido no podemos dejar de hacer menci\u00f3n del gran m\u00e9dico e investigador espa\u00f1ol S. Ram\u00f3n y Cajal, sobre todo por sus aportaciones en el conocimiento de la estructura del sistema nervioso, lo que le vali\u00f3 el Premio Nobel de Medicina ya en 1906 compartido con el italiano C. Golgi. Es significativo un texto del propio Cajal que representa bien el creciente inter\u00e9s por el estudio del cerebro de cara al conocimiento del ser humano:<\/p>\n<blockquote><p>\u00abcuando se conozcan minuciosamente las condiciones fisicoqu\u00edmicas [del funcionamiento cerebral]. Entonces el hombre ser\u00e1 verdaderamente rey de la creaci\u00f3n, porque habr\u00e1 alcanzado el triunfo m\u00e1s glorioso y trascendental de la vida: la conquista de su propio cerebro; es decir, el esclarecimiento del formidable misterio; la solemne toma de posesi\u00f3n del arca sagrada, resumen y s\u00edntesis del cosmos, en cuyo seno duermen inviolados los g\u00e9rmenes de las verdades eternas\u00bb.<\/p><\/blockquote>\n<p>No podemos se\u00f1alar aqu\u00ed cada paso que se ha ido dando desde entonces en esta l\u00ednea, pero s\u00ed merece la pena recordar que en 1970 se funda la Sociedad para la Neurociencia, y que el fallecido expresidente de los Estados Unidos George Bush declar\u00f3 la d\u00e9cada de los 90 del siglo pasado como la \u00abD\u00e9cada del cerebro\u00bb. M\u00e1s recientemente se ponen en marcha dos macroproyectos que comparten un mismo objetivo: el estudio del cerebro.<\/p>\n<p>El primero est\u00e1 liderado por Estados Unidos y se llama <em>Brain Research throught Advancing Innovative Neurotechnologies\u00a0<\/em>(BRAIN), que fue presentado en 2013 por el entonces Presidente Barack Obama, y en cuyo discurso mostraba la esperanza que semejante proyecto podr\u00eda suponer para enfermos de parkinson, epilepsia o para cualquier persona con un da\u00f1o cerebral. Y el segundo es el <em>Human Brain Proyect<\/em>(HBP) que se desarrolla en Europa desde 2013 y en el que participan m\u00e1s de 500 cient\u00edficos y m\u00e1s de 100 universidades, hospitales y centros de investigaci\u00f3n europeos, y cuyo objetivo es reproducir, utilizando diversas tecnolog\u00edas, las caracter\u00edsticas del\u00a0cerebro humanopara conseguir avances en el campo de la medicina\u00a0y de la neurociencia.<\/p>\n<p>A todo esto se a\u00f1aden los desarrollos en el descubrimiento y perfecci\u00f3n de las diferentes tecnolog\u00edas que nos permiten acercarnos al mundo del cerebro y los numerosos estudios y proyectos de investigaci\u00f3n (incluyendo publicaciones) que se est\u00e1n desarrollando a lo largo y ancho del mundo, lo cual representa una gran esperanza para muchas problem\u00e1ticas pero tambi\u00e9n inquietudes que no podemos descuidar, pues el estudio del cerebro no est\u00e1 motivado \u00fanicamente por cuestiones terap\u00e9uticas o m\u00e9dicas, sino que forma parte del deseo del desvelamiento de la propia identidad humana y todo lo que ello encierra, incluso como forma de manipularla.<\/p>\n<p>En cualquier caso no hay duda de que todo lo relacionado con lo \u00abneuro\u00bb goza hoy de una profunda actualidad e impacto medi\u00e1tico. As\u00ed lo dec\u00eda Adela Cortina: \u00ablo \u201cneuro\u201d est\u00e1 de moda. Y lo est\u00e1 porque crece la convicci\u00f3n de que el saber neurocient\u00edfico es transversal a todos los dem\u00e1s, que estudiar las bases cerebrales de nuestra forma de saber y obrar es dar con el n\u00facleo del quehacer humano en todas sus dimensiones\u00bb (2012, p.1). Por momentos parece que de alguna forma todo es \u00abneuro\u00bb: neuromarketing, neuroderecho, neuro\u00e9tica, neurofilosof\u00eda\u2026, y s\u00ed, tambi\u00e9n \u00abneuroteolog\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><strong>De la neurociencia a la neuroteolog\u00eda<\/strong><\/h2>\n<p>Es obvio que la teolog\u00eda no puede estar al margen del desarrollo cient\u00edfico y t\u00e9cnico, tampoco en los campos en los cuales se investiga acerca del ser humano y de las estructuras que lo conforman. Y por lo mismo tampoco resulta tan extra\u00f1o que la teolog\u00eda siga con inter\u00e9s todo lo que supone el estudio del cerebro en cuanto que es la sede fundamental de nuestra identidad. Quiz\u00e1 por ello los estudios que analizan la relaci\u00f3n entre los mecanismos cerebrales y las experiencias religiosas han tenido un aumento vertiginoso en los \u00faltimos tiempos, hasta el punto de surgir una nueva corriente (me parece excesivo denominarla disciplina) conocida como \u00abneuroteolog\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Parece que el concepto de neuroteolog\u00eda aparece por primera vez en una novela de Aldous Huxley titulada <em>Island<\/em>, publicada en 1962, aunque en el mundo de la academia habr\u00eda que esperar a la publicaci\u00f3n de un art\u00edculo del te\u00f3logo evangelista James Ashbrook en 1984 con el t\u00edtulo de \u00abNeurotheology: The Working Brain and the Work of Theology\u00bb. A partir de entonces empiezan a surgir numerosas publicaciones sobre esta cuesti\u00f3n en todo el mundo, tambi\u00e9n en Espa\u00f1a, en donde cabr\u00eda destacar la tesis doctoral de Montserrat Escribano-C\u00e1rcel defendida en la Universidad de Valencia en 2015 con el t\u00edtulo de \u00abIdentidad y naturaleza humana desde una perspectiva neuroteol\u00f3gica fundamental\u00bb, y que probablemente constituye el estudio m\u00e1s exhaustivo sobre neuroteolog\u00eda en lengua castellana. En su an\u00e1lisis, y recogiendo la propuesta del te\u00f3logo Aku Visala, Escribano se\u00f1ala tres perspectivas fundamentales en las que se mueve la neuroteolog\u00eda desde hace unos a\u00f1os, a saber:<\/p>\n<ol>\n<li>La perspectiva <em>neuro-<\/em>teol\u00f3gica, en la cual la neuroteolog\u00eda aparece como el estudio neurocient\u00edfico de las religiones y de las experiencias espirituales.<\/li>\n<li>La perspectiva neuro-<em>teol\u00f3gica<\/em>, en la cual los datos sobre el funcionamiento del cerebro se discuten desde el punto de vista religioso y teol\u00f3gico.<\/li>\n<li>La perspectiva <em>metateol\u00f3gica<\/em>, en la cual la neuroteolog\u00eda intenta establecer un programa general para las ciencias, las religiones y los estudios teol\u00f3gicos.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Ciertamente la neuroteolog\u00eda representa una v\u00eda m\u00e1s para conocer mejor al ser humano, tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con las creencias religiosas y con las experiencias de fe, a pesar de los l\u00edmites que pueda tener, tal y como tambi\u00e9n Escribano se\u00f1ala en varios momentos a lo largo de su tesis, especialmente de car\u00e1cter epistemol\u00f3gico. Incluso ella misma se\u00f1ala la necesidad que la neuroteolog\u00eda tiene de revisar su discurso teol\u00f3gico y enfrentarse con los intentos neurocient\u00edficos de esencializar la vida humana. Por ello, y a pesar de las posibilidades que este nuevo intento de conocimiento puede tener de cara al futuro, tenemos que preguntarnos si realmente las propuestas neuroteol\u00f3gicas contribuyen en algo al esclarecimiento del origen de las experiencias religiosas y dejar abierta la sospecha de que la neuroteolog\u00eda no sea sino una moda con tintes neuroesencialistas, y por lo mismo reduccionistas, que, en el fondo, se deja encandilar por un nuevo naturalismo que corre el riesgo de acabar desvirtuando el sentido de la fe, de la espiritualidad, o incluso las experiencias de conversi\u00f3n y las vivencias m\u00edsticas.<\/p>\n<p>Asimismo cabe tener presente que a\u00fan conocemos bastante poco acerca de los fundamentos neuronales y cognitivos de la religi\u00f3n, dado que adem\u00e1s con frecuencia los trabajos al respecto han estado centrados en casos de experiencias religiosas muy excepcionales e intensas (a veces basadas solo en textos de los propios sujetos de tales experiencias), como en el caso de los m\u00edsticos o en momentos de especial densidad religiosa como en la oraci\u00f3n o en la meditaci\u00f3n, lo cual es dif\u00edcilmente extrapolable al mundo de la fe en general.<\/p>\n<p>Por eso sostengo la necesidad de que la teolog\u00eda tenga en cuenta, como es l\u00f3gico, los resultados de las neurociencias, tal y como hace ya con todas las ciencias dado que forma parte de su epistemolog\u00eda, pero tambi\u00e9n pienso que la neuroteolog\u00eda como tal debe ser cautelosa en sus conclusiones e incluso ser revisada en cuanto a su relevancia, sus logros y su oportunidad de cara al futuro, dado que una cosa es la neurociencia como tal y otra distinta hacer de la neuroteolog\u00eda una disciplina con entidad propia, algo que en mi opini\u00f3n quiz\u00e1 resulta excesivo teniendo en cuenta el objeto singular de la misma teolog\u00eda. De ah\u00ed que personalmente suscriba la opini\u00f3n de Ulrich L\u00fcke en su obra <em>El mam\u00edfero agraciado por Dios<\/em>:<\/p>\n<blockquote><p>\u00abLa reconstrucci\u00f3n evolutiva o sociobiol\u00f3gica de la religi\u00f3n no permite decir nada sobre el sentido de las religiones actuales, ni tampoco se puede construir ni constituir un argumento decisivo a favor de la existencia o inexistencia de Dios a partir de los hallazgos neurol\u00f3gicos obtenidos con los m\u00e9todos m\u00e1s modernos. As\u00ed las cosas, a\u00fan no se puede felicitar a la teolog\u00eda por tener una nueva disciplina hija ni se le puede certificar el \u00e9xito al proyecto de una naturalizaci\u00f3n de la religi\u00f3n sobre la base de la neuroteolog\u00eda; en todo caso, puede recomend\u00e1rsele que siga practicando\u00bb (2018, p. 347).<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><strong>\u00bfDios en el cerebro? Evitar el neuroesencialismo<\/strong><\/h2>\n<p>El t\u00edtulo del presente ep\u00edgrafe est\u00e1 tomado de un art\u00edculo publicado por Gim\u00e9nez-Amaya en la revista <em>Scripta Theologica\u00a0<\/em>hace un tiempo y que resulta provocador, aunque a mi modo de ver refleja el desenfoque en el que puede caer la neuroteolog\u00eda o simplemente el estudio neurocient\u00edfico de las experiencias de fe si no se sit\u00faan en su lugar adecuado. Quiz\u00e1 por ello muchos autores prefieran hablar incluso de neurorreligi\u00f3n o neuroespiritualidad para evitar las posibles deformaciones de lo que ser\u00eda la teolog\u00eda propiamente dicha. Porque no cabe duda de que ciertamente en tales casos se activan diversas redes neuronales complejas que involucran a varias regiones perceptivas, cognitivas y emocionales del cerebro, es decir, que resulta indiscutible la conexi\u00f3n entre el funcionamiento del cerebro y las experiencias espirituales y m\u00edsticas. Lo mismo sucede en las decisiones morales o en las experiencias de amor que tenemos en nuestra vida. Eso es lo que nos muestran los estudios realizados mediante la utilizaci\u00f3n de t\u00e9cnicas de resonancia magn\u00e9tica cerebral y electroencefalogr\u00e1fica (Gim\u00e9nez-Amaya, 2010). Cosa distinta es defender la existencia de una zona espec\u00edfica del cerebro como sede de las experiencias religiosas (como podr\u00eda ser el l\u00f3bulo temporal), lo cual no solo muestra una visi\u00f3n parcializada (de lugares estancos) del cerebro hoy ya puesta bastante en cuesti\u00f3n (y que el gran Damasio ya cuestionaba), sino adem\u00e1s algo as\u00ed como una simplificaci\u00f3n de la actividad cerebral (como si, exceptuando en esos momentos, el cerebro pudiera estar como apagado).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en 2004 D. Hamer publicaba una obra titulada <em>El gen de Dios<\/em>, y en la que defend\u00eda la tesis de la predisposici\u00f3n gen\u00e9tica para la espiritualidad (el gen llamado VMAT<sub>2<\/sub>), lo cual es bastante arriesgado, tal y como reconoce incluso el neurocient\u00edfico espa\u00f1ol F. Rubia. En el fondo no podemos sino decir que las personas son creyentes y tienen experiencias religiosas porque tienen una estructura org\u00e1nica (gen\u00e9tica, neurol\u00f3gica&#8230;) que se lo posibilita, una estructura que sin embargo puede dar lugar tambi\u00e9n a que existan personas sin este tipo de experiencias. De la misma forma debemos tener en cuenta que otros organismos no pueden tener experiencias de fe, pero tampoco de amor, de gratuidad y otras muchas que se nos podr\u00edan ocurrir. Por ello es posible que la neurociencia tenga mucho que decir sobre la persona y sus dinamismos, pero bastante poco en cuanto a la fe o en cuanto a Dios. De esta manera cabr\u00eda poner entre par\u00e9ntesis la existencia tanto de un cerebro moral como de un cerebro espiritual, dado que quien elige, as\u00ed como quien cree, no es el cerebro, sino la persona sobre la base de su estructura gen\u00e9tica y cerebral.<\/p>\n<p>Y por eso convendr\u00eda ser muy cautos a la hora de analizar las bases neurol\u00f3gicas de las experiencias de fe, de la espiritualidad o de la m\u00edstica, dado que en el fondo podemos caer en lo que Roskies llamaba \u00abneuroesencialismo\u00bb, que no solo reduce la complejidad del ser humano y su identidad, sino que distorsiona tambi\u00e9n el significado de la fe, de las creencias e incluso del concepto mismo de Dios. Recordemos que el propio Ashbrook conceb\u00eda la neuroteolog\u00edacomo el intento de averiguar si existe o no un lugar de Dios en el cerebro, concepci\u00f3n que afortunadamente no sostienen otras visiones de lo que debe ser la neuroteolog\u00eda. Pero a\u00fan as\u00ed parece que de alguna manera el esencialismo gen\u00e9tico, que tuvo su auge durante el siglo XX, estar\u00eda dejando paso al esencialismo neuronal en esta primera parte del siglo XXI, y que termina no solo por reducir la espiritualidad a un epifen\u00f3meno o subproducto del cerebro \u2014tal como se\u00f1alaba Mart\u00edn Gait\u00e1n (defensor, sin embargo, de la neuroteolog\u00eda como disciplina)\u2014, sino que adem\u00e1s termina por distorsionar la misma idea de Dios. Y en este sentido pienso que deber\u00edamos tener en cuenta las palabras que hace poco pronunciaba el papa Francisco en su discurso a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Academia Pontificia para la Vida: \u00abel intento de explicar todo lo que ata\u00f1e al pensamiento, a la sensibilidad, al psiquismo humano sobre la base de la suma funcional de sus partes f\u00edsicas y org\u00e1nicas, no explica la aparici\u00f3n de los fen\u00f3menos de la experiencia y la conciencia. El fen\u00f3meno humano supera el resultado del ensamblaje calculable de los elementos individuales\u00bb (25 de febrero de 2019).<\/p>\n<p>En un reciente libro del fil\u00f3sofo espa\u00f1ol Jes\u00fas Conill titulado <em>Intimidad corporal y persona humana<\/em>, se afirma que despu\u00e9s de Hegel hemos vivido la tensi\u00f3n entre idealismo y positivismo, pero que en realidad podemos ver c\u00f3mo ha ido triunfando la senda del positivismo cientifista cuya deriva est\u00e1 en una creciente naturalizaci\u00f3n de la raz\u00f3n y de la vida humana. La consecuencia se visibiliza tambi\u00e9n en muchas propuestas neurocient\u00edficas cuando analizan las experiencias de fe, dado que no solo se reduce la persona, sino que incluso se ofrecen visiones reduccionistas de la religiosidad al intentar convertir la fe en algo objetivo, es decir, que en el fondo se est\u00e1 produciendo una especie de reificaci\u00f3n de las experiencias de fe \u2014e incluso de la concepci\u00f3n de Dios\u2014 desde los aportes de la neurociencia, algo que solo tiene sentido desde principios naturalistas o materialistas, como en alguna ocasi\u00f3n ha puesto de relieve Mart\u00edn Velasco. De ah\u00ed que se entienda la cr\u00edtica del m\u00e9dico jud\u00edo Jerome Groopman cuando afirma lo siguiente:<\/p>\n<blockquote><p>\u00ab\u00bfPor qu\u00e9 tenemos este extra\u00f1o inter\u00e9s, revestido de neuroteolog\u00eda, de objetivar la fe con las campanas al vuelo y los v\u00edtores de las nuevas tecnolog\u00edas? [\u2026]. El creer que la ciencia es el camino a seguir para descifrar lo divino, y que la tecnolog\u00eda puede captar a Dios en fotograf\u00eda, no es m\u00e1s que pura deificaci\u00f3n de las capacidades del hombre. Y eso, tal como m\u00edsticos religiosos y expertos estudiosos admiten por igual, es la esencia de la idolatr\u00eda\u00bb (en Mart\u00edn Gait\u00e1n, 2012, p. 9).<\/p><\/blockquote>\n<p>De hecho el propio Mart\u00edn Velasco, tratando sobre las explicaciones psicol\u00f3gicas de la m\u00edstica, afirma que el problema de todas esas explicaciones \u00aby de otras que pueden proponerse desde la perspectiva de otras ciencias humanas como las ciencias m\u00e9dicas, las ciencias de la cultura y del lenguaje, es doble. Conviene, en primer lugar, aclarar si dan cuenta del hecho tal como lo viven los sujetos m\u00edsticos y como una fenomenolog\u00eda cuidadosa del mismo lo describe o si, por el contrario, la falta de atenci\u00f3n a algunas formas del fen\u00f3meno y el restringir el estudio del mismo a sus manifestaciones en sujetos sometidos a determinadas patolog\u00edas conduce a sus autores a un conocimiento excesivamente parcial, superficial o desfigurado del mismo\u00bb (2003, p. 433-434). Y lo mismo se puede decir en el an\u00e1lisis de las experiencias religiosas de menor intensidad, en las cuales tampoco est\u00e1 justificado \u2014por su parecido con similares experiencias en casos patol\u00f3gicos\u2014 extraer la conclusi\u00f3n de la identidad de todos esos fen\u00f3menos, como tampoco lo estar\u00eda en referencia a otras experiencias de la vida dif\u00edcilmente objetivables.<\/p>\n<p>Probablemente las ra\u00edces de semejante concepci\u00f3n neuroesencialista\u2014por mucho que haya recibido el impulso experimental de la neurociencia actual\u2014 haya que buscarlas en los inicios de la filosof\u00eda moderna, sobre todo a partir de Descartes, pero se visibilizan de una forma muy clara a partir del siglo XIX tras la obra de Comte y especialmente en los derroteros que ha tenido posteriormente el positivismo, que ha impregnado gran parte de la cultura y que, en el fondo, no ha hecho sino intentar reducir nuestra comprensi\u00f3n de la realidad al m\u00e9todo cient\u00edfico-experimental, algo que no ha sido ajeno tampoco a algunas propuestas teol\u00f3gicas. Y quiz\u00e1 los efectos m\u00e1s negativos de semejante visi\u00f3n sean los que aparecen en el denominado naturalismo ateo, as\u00ed como incluso en algunas concepciones dentro de ese movimiento conocido con el nombre de \u00abtranshumanismo\u00bb.De alguna forma parece que se ha generado eso que Miguel de Unamuno llamaba \u00absuperstici\u00f3n cientifista\u00bb, y que podemos verificar en la preeminencia actual del m\u00e9todo cient\u00edfico experimental, el \u00fanico m\u00e9todo aparentemente capaz de responder adecuadamente e incluso de explicar todo lo que afecta al ser humano, tambi\u00e9n sus experiencias religiosas. Y en este sentido siguen siendo muy acertadas las palabras que dirig\u00eda Juan Pablo II a los cient\u00edficos en su enc\u00edclica <em>Fides et ratio<\/em>, pero que tambi\u00e9n podr\u00edan ser aplicables a los te\u00f3logos: \u00abla b\u00fasqueda de la verdad, incluso cuando ata\u00f1e a una realidad limitada del mundo o del hombre, no termina nunca, remite siempre a algo que est\u00e1 por encima del objeto inmediato de los estudios, a los interrogantes que abren el acceso al Misterio\u00bb (FR, 106).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><strong>Conclusi\u00f3n: hablar m\u00e1s y mejor de Dios<\/strong><\/h2>\n<p>Ciertamente las neurociencias tienen implicaciones importantes para la humanidad. Representan una esperanza para muchos problemas pendientes de soluci\u00f3n y tambi\u00e9n una fuente esencial para un mejor conocimiento del ser humano y sus dinamismos. Pero al mismo tiempo muchas propuestas neurocient\u00edficas constituyen una llamada a evitar deformaciones y esencialismos que afectan a la vivencia de la fe, a la significaci\u00f3n del concepto de Dios y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, a la teolog\u00eda en su conjunto. De ah\u00ed que quiera terminar este escrito apuntando \u00fanicamente dos cuestiones que a m\u00ed me parecen interesantes al hablar de la relaci\u00f3n entre las neurociencias y la fe y las cuales pienso que deber\u00edamos profundizar en el futuro.<\/p>\n<h3><em>El ser humano como agraciado por Dios<\/em><\/h3>\n<p>Cabe repetirlo con claridad: el ser humano puede tener experiencias de fe porque su constituci\u00f3n org\u00e1nica \u2014gen\u00e9tica y cerebral\u2014 lo hace posible. Ahora bien, cosa distinta es poder explicar la experiencia de la fe desde el cerebro. Ya Guardini dec\u00eda en alg\u00fan momento que \u00abes Dios quien obra el milagro de la fe. \u00c9l atrae a los corazones y llega a los esp\u00edritus\u00bb. Es m\u00e1s, aunque ciertamente la gracia precede a la fe, en \u00faltimo t\u00e9rmino es una respuesta personal y libre de la persona. As\u00ed lo expresaba Alfaro alej\u00e1ndose de cualquier tipo de supranaturalismo: \u00abLa fe implica una opci\u00f3n fundamental y permanente del hombre, que libremente imprime a su existencia una orientaci\u00f3n hacia la eternidad (\u2026). La fe incluye una adhesi\u00f3n intelectual a un mensaje; pero incluye sobre todo una relaci\u00f3n viviente del hombre a Dios, como de persona a persona\u00bb (J. Alfaro, 1973, p. 351). Y \u00e9l mismo subrayaba que la esencia de la fe en el Nuevo Testamento es \u00abes reconocer y vivir la relaci\u00f3n personal a Cristo como sentido \u00faltimo de la existencia\u00bb (p. 395).<\/p>\n<p>Y en este sentido cabe tambi\u00e9n buscar f\u00f3rmulas que revitalicen la teolog\u00eda y que la hagan razonable y significativa en el contexto cient\u00edfico actual, pero sin olvidar cu\u00e1l es el n\u00facleo de su misi\u00f3n, que es hablar y pensar acerca de una realidad que se nos impone pero que sin embargo no podemos poseer ni objetivar: lo que nombramos como Dios.<\/p>\n<p>Porque ciertamente la teolog\u00eda se puede concebir de muchas formas. Pero, en el fondo, tal vez tuviera raz\u00f3n Karl Barth cuando dec\u00eda que la teolog\u00eda no es sino una \u00abalabanza del Creador\u00bb, dado que por su misma epistemolog\u00eda y estructura la teolog\u00eda implica una disposici\u00f3n previa que viene determinada por la gracia y por la fe, por el don y la respuesta. Quiz\u00e1 por eso podamos decir incluso que la teolog\u00eda empieza en el momento en el que alguien se pone en oraci\u00f3n delante de Dios porque se ha sentido atra\u00eddo por \u00c9l.<\/p>\n<p>Y por eso resulta tan sugerente el t\u00edtulo de la obra ya mencionada de U. L\u00fcke en el que se refiere al ser humano como al mam\u00edfero \u00abagraciado\u00bb por Dios. Y que sea agraciado significa que existe algo que lo sobrepasa y que por eso mismo jam\u00e1s podr\u00e1 ser localizado en ninguna regi\u00f3n de ninguna realidad finita, ni siquiera en el cerebro. Y en este sentido parece l\u00f3gico que a pesar de lo que la neurociencia supone para el conocimiento de la persona, debamos, por un lado, ser conscientes de la transcendencia de Dios, es decir, de lo que queremos decir cuando mentamos su nombre (no en vano algunos autores lo llaman Misterio Santo) y, por el otro, de la gracia que supone tener experiencias religiosas que pueden provocar eso que san Juan de la Cruz denominaba ya en la <em>Subida al Monte Carmelo\u00a0<\/em>como \u00abvuelco en el cerebro\u00bb (3S 2, 5), aut\u00e9nticas experiencias transformadoras que sin embargo se escapan de cualquier intento de apropiaci\u00f3n objetiva. La labor fundamental de la teolog\u00eda es hablar de Dios y de hacerlo de la forma mejor y m\u00e1s significativa posible, pero sin pretender enclaustrarlo en los l\u00edmites de nuestra condici\u00f3n ni de nuestro cerebro.<\/p>\n<h3><em>La necesidad del di\u00e1logo inter y transdisciplinar<\/em><\/h3>\n<p>En la tesis ya mencionada de M. Escribano se defiende de una forma muy clara la necesidad del di\u00e1logo interdisciplinar entre las ciencias y la teolog\u00eda, algo que afecta tambi\u00e9n a la relaci\u00f3n con los aportes de las neurociencias. En realidad se trata de algo que conforma ya el quehacer teol\u00f3gico y a lo que por tanto no podemos renunciar. Y dialogar supone superar lo que Ortega denominaba como \u00abbarbarie del especialismo\u00bb para ofrecer una visi\u00f3n global, integral y no reduccionista del ser humano. Eso es lo que tambi\u00e9n nos est\u00e1 pidiendo la Iglesia desde hace tiempo y que tambi\u00e9n el papa Francisco ha enfatizado de cara a la formaci\u00f3n teol\u00f3gica en su documento <em>Veritatis gaudium\u00a0<\/em>al llamarnos a la inter y a la transdisciplinariedad.<\/p>\n<p>Porque ciertamente las neurociencias nos aportan conocimientos valiosos acerca der ser humano, pero no responden absolutamente a lo que la persona es ni al sentido de su vida. De hecho incluso el cerebro tiene tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n contextual que no podemos obviar y que vemos con claridad en las diversas manifestaciones del hecho religioso o de la propia identidad humana. Y en este sentido es interesante un texto de Emilio Garc\u00eda en su escrito titulado <em>Neuro\u00e9tica y neurorreligi\u00f3n<\/em>, donde dice lo siguiente:<\/p>\n<blockquote><p>\u00abLa neurociencia y las ciencias sociales nos ofrecen conocimientos valiosos sobre las bases neurales de los procesos mentales y los comportamientos [\u2026]. Ello no implica que la ciencia pueda resolver todos los problemas morales o religiosos que hoy vivimos con tanta intensidad [\u2026]. Pero parece razonable aceptar las aportaciones que los distintos saberes nos ofrecen para comprender y explicar los comportamientos personales y las pr\u00e1cticas institucionales, a fin de procurar una vida buena, con los dem\u00e1s, en instituciones justas, siguiendo c\u00f3digos normativos razonables para resolver los problemas\u00bb (2014, p. 177).<\/p><\/blockquote>\n<p>Dec\u00eda E. Fromm que el ser humano es \u00abel \u00fanico animal para el cual su misma existencia sigue siendo un problema que debe resolver\u00bb. Y probablemente la respuesta a su enigma solo se encuentre en Aqu\u00e9l que lo supera infinitamente pero que resulta inaccesible. Por eso todo intento de racionalizar la fe, que en \u00faltimo t\u00e9rmino es una respuesta a su ofrecimiento de felicidad, acabar\u00e1 ineludiblemente en fracaso. Y fracasar\u00e1 porque la fe tiene que ver con la decisi\u00f3n de vida y con la experiencia en el seguimiento, y no con una mera reacci\u00f3n de alguna estructura cerebral que evidentemente tambi\u00e9n se producir\u00e1. Pero en \u00faltimo t\u00e9rmino la fe, as\u00ed como las experiencias de conversi\u00f3n y las m\u00edsticas, siempre nos desbordan y contin\u00faan resultando inquietantes para los esquemas racionalistas, naturalistas o cientifistas. En definitiva, el misterio de la fe probablemente har\u00e1 que jam\u00e1s acabemos de comprender del todo ni la conversi\u00f3n de san Pablo, ni los \u00e9xtasis de santa Teresa, y por eso siguen y seguir\u00e1n siendo siempre ejemplos y testigos de la respuesta humana a la gracia de Dios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda b\u00e1sica<\/strong><\/p>\n<p>R. Amor Pan, <em>Bio\u00e9tica y neurociencias. Vino viejo en odres nuevos<\/em>, IBB, Barcelona 2015.<\/p>\n<p>M. Gim\u00e9nez-Amaya, \u201c\u00bfDios en el cerebro? La experiencia religiosa desde la neurociencia\u201d: <em>Scripta Theologica\u00a0<\/em>42 (2010) 435-449.<\/p>\n<p>Acosta, \u201cNeuroteolog\u00eda, \u00bfes hoy la nueva teolog\u00eda natural?\u201d: <em>Naturaleza y Libertad <\/em>5 (2015) 11-51.<\/p>\n<p>Mart\u00edn Gait\u00e1n, \u201c\u00bfPuede la neuroteolog\u00eda ser considerada una disciplina cient\u00edfica?\u201d: <em>Stoa<\/em>6 (2012) 5-29.<\/p>\n<p>Alfaro, <em>Cristolog\u00eda y antropolog\u00eda<\/em>, Cristiandad, Madrid 1973.<\/p>\n<p>Escribano-C\u00e1rcel, \u201cLa neuroteolog\u00eda fundamental: una propuesta para pensar lo humano\u201d: <em>Pensamiento<\/em>276 (2017) 591-598.<\/p>\n<p>E. Echarte, \u201cNeuroteolog\u00eda de la autenticidad. \u00bfEs posible instrumentalizar las creencias y el sentimiento religioso\u201d: 34 (2015) 91-101.<\/p>\n<p>Conill, <em>Intimidad corporal y persona humana<\/em>, Tecnos, Madrid 2019.<\/p>\n<p>Zamora Bonilla, <em>En busca del yo. Una filosof\u00eda del cerebro<\/em>, EMSE EDAPP, Madrid 2019.<\/p>\n<p>M\u00aa. Nogu\u00e9s, <em>Neurociencias, espiritualidades y religiones<\/em>, Sal Terrae \u2013 Comillas, Santander 2016.<\/p>\n<p>J. Rubia, <em>El cerebro espiritual<\/em>, Fragmenta, Barcelona 2015.<\/p>\n<p>L\u00fcke, <em>El mam\u00edfero agraciado por Dios<\/em>, S\u00edgueme, Salamanca 2018.<\/p>\n<p>Cortina (ed.),\u00a0<em>Neurofilosof\u00eda pr\u00e1ctica<\/em>, Comares, Granada, 2012.<\/p>\n<p>Garc\u00eda, \u201cNeuro\u00e9tica y neurorreligi\u00f3n\u201d: C. Valiente (coord.), <em>13 acad\u00e9micos ante el di\u00e1logo ciencia-fe<\/em>, S\u00edntesis, Madrid 2014, 129-177.<\/p>\n<p>Mart\u00edn Velasco, <em>El fen\u00f3meno m\u00edstico<\/em>, Trotta, Madrid 2003.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Art\u00edculo elaborado por <a href=\"https:\/\/web.comillas.edu\/profesor\/jclopez\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Jos\u00e9 Manuel Caama\u00f1o L\u00f3pez<\/a>, profesor de Teolog\u00eda moral en la Universidad Pontificia Comillas y director de la C\u00e1tedra Hana y Francisco Jos\u00e9 Ayala de Ciencia, Tecnolog\u00eda y Religi\u00f3n. La primera versi\u00f3n del presente art\u00edculo sali\u00f3 publicada en la revista <a href=\"https:\/\/www.vidanuevadigital.com\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Vida Nueva<\/a> 3131 (2019) 23-30.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Por Jos\u00e9 Manuel Caama\u00f1o) Uno de los campos de investigaci\u00f3n que mayor expectaci\u00f3n genera en la actualidad tiene que ver con el estudio del cerebro, la disciplina conocida con el nombre de neurociencia. 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