{"id":6262,"date":"2021-10-08T08:08:48","date_gmt":"2021-10-08T06:08:48","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=6262"},"modified":"2021-10-08T08:08:48","modified_gmt":"2021-10-08T06:08:48","slug":"el-silencio-y-lo-sagrado-entre-otros-silencios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=6262","title":{"rendered":"El silencio y lo sagrado, entre otros silencios"},"content":{"rendered":"<p><strong>(Por Javier Elzo) En las redes sociales la experiencia del silencio y de lo sagrado suelen ir vinculadas. \u00bfEstamos ante una versi\u00f3n 2.0 de la New Age? Como concluye Javier Elzo, \u201csolamente el silencio, interior y exterior, permite que se abra paso una lectura reflexiva de las diversas sacralidades. Lectura que solamente ser\u00e1 fruct\u00edfera si se desarrolla en un di\u00e1logo que exige el silencio propio para escuchar al otro. El silencio no es solipsismo. El silencio supone apertura al otro en lo m\u00e1s profundo de su otredad\u201d. Este art\u00edculo es una adaptaci\u00f3n realizada por Leandro Sequeiros de la intervenci\u00f3n de Javier Elzo en el Curso de Verano de UPV\/EHU, dirigido por Javier Urra, \u201cEl silencio. Sin aditivos\u201d, el d\u00eda 19 de agosto de 2021, en el Palacio Miramar de Donostia-San Sebasti\u00e1n.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>El mes de septiembre del a\u00f1o pasado, poco despu\u00e9s de finalizado el curso sobre \u201cLos miedos\u201d, (tambi\u00e9n en el marco de estos Cursos de Verano de la EHU\/UPV, y tambi\u00e9n dirigido por Javier Urra), el director nos envi\u00f3 (a Javier Elzo y a otros) un correo se\u00f1al\u00e1ndonos que el t\u00edtulo del curso de este a\u00f1o 2021 ser\u00eda \u201cEl silencio. Sin aditivos\u201d.<\/p>\n<p>Aquel verano de 2020 estuve (Javier Elzo) trabajando en los contenidos de un libro, para mi excepcional, de un soci\u00f3logo alem\u00e1n, no muy conocido en Espa\u00f1a, <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Hans_Joas\">Hans Joas<\/a>, (a quien no hay que confundir con Hans Jonas) del que no se hab\u00edan traducido al castellano sus \u00faltimas publicaciones. Particularmente, la \u00faltima, editada en alem\u00e1n en 2019, traducida, entre otros idiomas, al franc\u00e9s, idioma en el que lo le\u00ed, rele\u00ed y llegu\u00e9 a escribir 120 p\u00e1ginas con recortes del libro, y a\u00f1adidos de otros autores y reflexiones m\u00edas.<\/p>\n<p>El t\u00edtulo del libro en castellano es \u201c<a href=\"https:\/\/arbor.revistas.csic.es\/index.php\/arbor\/article\/view\/1631\/1707\"><em>Los poderes de lo sagrado. Una alternativa al relato del desencantamiento<\/em><\/a>\u201d, en referencia, principalmente, a los trabajos de Max Weber de hace un siglo y, tambi\u00e9n al de Marcel Gauchet de 1985, <em>\u201cEl desencantamiento del mundo<\/em>\u201d, as\u00ed como a la abundante literatura de los -ya minoritarios, pero hace cincuenta a\u00f1os, muy mayoritarios -, defensores de la tesis de secularizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El libro de 330 p\u00e1ginas y otras cien de nutridas notas y bibliograf\u00edas, libro de gran densidad, que exige lectura atenta con papel y bol\u00edgrafo, me result\u00f3 de enorme riqueza intelectual, que me obligaba a detenerme en su lectura pues no hab\u00eda p\u00e1gina que no me incitara a la reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero no voy a comentar aqu\u00ed el libro, &#8211; escribe Javier Elzo &#8211; pero, si me detengo un poco en \u00e9l, es para mostrar la raz\u00f3n inmediata, del motivo o circunstancia, por el que propuse a nuestro director, Javier Urra, el t\u00edtulo de mi aportaci\u00f3n a este curso, \u201cEl silencio y lo sagrado\u201d y as\u00ed redact\u00e9 las l\u00edneas en las que explicitaba algunas ideas que pensaba exponer en mi conferencia, como aparecen en el Programa del Curso. Algunas de estas ideas proven\u00edan del libro de Hans Joas, en cuya lectura estaba enfrascado.<\/p>\n<h3><strong><em>El silencio y los silencios\u00a0 <\/em><\/strong><\/h3>\n<p>Pero, meses despu\u00e9s, a medida que se acercaba la fecha de esta intervenci\u00f3n, me iba informando de otras reflexiones sobre \u201cel silencio\u201d de diferentes autores que iba anotando en mi Cuaderno de trabajo, junto a las ideas que, sobre \u201cel silencio\u201d, bull\u00edan en mi cabeza. Constat\u00e9, r\u00e1pidamente, que el silencio, las ideas sobre el silencio, nos mostraban que el t\u00e9rmino \u201csilencio\u201d era polis\u00e9mico, que reflejaba realidades bien distintas y, no solamente eso, sino que las valoraciones que cab\u00eda hacer de diferentes manifestaciones de \u201csilencios\u201d eran muy diversas. Desde las heroicas hasta las m\u00e1s abyectas e ignominiosas. De ah\u00ed que, como acabo de hacer, creo que es m\u00e1s correcto hablar de \u201clos silencios\u201d que de \u201cel silencio\u201d. Adem\u00e1s, con la coletilla de \u201csin aditivos\u201d al t\u00e9rmino Silencio, que nos enviaba nuestro director, nos permit\u00eda pasar al plural.<\/p>\n<p>En consecuencia, voy a entretenerme en esta conferencia en dos partes muy diferenciadas. En primer lugar, en la presentaci\u00f3n de diferentes significados asociados al t\u00e9rmino silencio, para, en segundo lugar, centrarme en el silencio en relaci\u00f3n a lo sagrado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><strong>Primera Parte. Los silencios en algunas de sus muchas acepciones<\/strong><\/h2>\n<p>En efecto, hay silencios y silencios. Comencemos por <em>el silencio introspectivo<\/em>. Es ese silencio en nuestro alrededor, fuera de nosotros que buscamos y llegamos a exigir para poder introducirnos en nuestro yo m\u00e1s profundo mediante el ejercicio de la meditaci\u00f3n. Es un silencio que exige recogimiento, un tiempo de descanso del ajetreo cotidiano con el prop\u00f3sito de reencontrarnos y renovarnos. Hay, adem\u00e1s, lugares donde se requiere el silencio porque participa en el desarrollo de la vida interior, en el trabajo sobre uno mismo, en la meditaci\u00f3n y, en los creyentes, en la oraci\u00f3n. Un ejemplo manifiesto de este silencio es el de la vida mon\u00e1stica. La vida mon\u00e1stica nos invita a cultivar el silencio en toda circunstancia, en el quehacer diario, en el compartir las comidas, en la oraci\u00f3n: \u00abya no se trata de interioridad, sino de intimidad entre Dios y cada hombre\u00bb, dir\u00e1n no pocos monjes. Quiz\u00e1 Ustedes han visto el extraordinario film- reportaje, \u201cEl Gran Silencio\u201d, en el que un cineasta, tras 17 a\u00f1os de larga espera, obtuvo el permiso para filmar durante casi seis meses la vida cotidiana de los cartujos de la \u201cGrand Chartreuse\u201d al pie de los Alpes franceses. Un film absolutamente extraordinario, que capta y mantiene la atenci\u00f3n del espectador, pese a su larga duraci\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong><em>El silencio en la vida cotidiana <\/em><\/strong><\/h3>\n<p>Pero este silencio introspectivo no es privativo de los monjes ni de los claustros de la vida mon\u00e1stica. Muchas personas buscan ese silencio en su vida cotidiana, cuando ponen en par\u00e9ntesis el bullicio del d\u00eda a d\u00eda, para encontrarse consigo mismos. Unos practican el yoga, otros peregrinan a Guadalupe, a Lourdes, en b\u00fasqueda de ese silencio, otros hacen el Camino de Santiago, o un parte de mismo, en silencio, un Camino de Santiago, en el que la motivaci\u00f3n religiosa se da en menos de la mitad de los que hacen el Camino. Luego la b\u00fasqueda del silencio exterior, lo repito, no es privativo de la experiencia religiosa.\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Cuantitativamente hablando, en la era secular, dominante en nuestros d\u00edas, cabe afirmar que, en este modelo de silencio, hay una mayor\u00eda de personas que lo ejercen sin motivaci\u00f3n religiosa alguna: simplemente se buscan a s\u00ed mismos.<\/p>\n<h3><strong><em>El silencio en relaci\u00f3n con la escucha <\/em><\/strong><\/h3>\n<p>Hay que detenerse tambi\u00e9n en el silencio que est\u00e1 fundamentalmente del lado de la escucha del otro, o de los otros. Exige estar en silencio, tiene que haber un silencio interior para poder escuchar al otro, aprehendiendo lo que realmente quiere decir. Es un silencio dif\u00edcil y, desgraciadamente, poco frecuentado en demasiadas ocasiones.<\/p>\n<p>El silencio de escucha es tanto la condici\u00f3n del habla del otro como la condici\u00f3n del propio habla como sujeto, en la medida en que uno responde en su propio nombre y no en lugar del otro, que actuar\u00eda como interlocutor impositivo, y que, al final anular\u00eda nuestro propio razonamiento. En efecto, cuando interrumpimos el silencio interior para interrumpir al otro, podemos decir que, al romper el discurso del otro, corremos el riesgo de poner nuestras palabras en las suyas.<\/p>\n<h3><strong><em>Silencio y relaci\u00f3n<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>Como corolario de lo anterior, cabe decir que el <em>silencio es tambi\u00e9n, la condici\u00f3n de la relaci\u00f3n.<\/em> Para que haya una relaci\u00f3n, tenemos que poder hacer el silencio interior. Pero, este silencio interior significa que estamos en lo relativo, es decir, escuchamos al otro como el discurso de un sujeto que nos habla, nos interpela, en un nivel de horizontalidad, donde todos estamos al mismo nivel.<\/p>\n<p>Algunos, como Jacques Sedat, [en Sophie P\u00e9riac-Daoud et al., \u00ab\u00a0Silences\u00a0\u00bb, \u00c9r\u00e8s, 2004, p, 233 y ss.] a quien sigo en esta parte de mi reflexi\u00f3n, afirman que \u201cno puede haber relaci\u00f3n con el otro excepto en su propia relatividad con \u00e9l. Solamente hay relaci\u00f3n en lo relativo\u201c.<\/p>\n<p>Pero no siempre es as\u00ed. Pues no todas las relaciones con otra u otras personas se dan en un nivel de horizontalidad. Por ejemplo, cuando estamos en una relaci\u00f3n de autoridad y, no digamos, de poder. El alumno ante su profesor, el marinero ante su capit\u00e1n, el soldado ante su superior, el hijo menor ante sus padres, etc., etc. Aqu\u00ed vivimos en una relaci\u00f3n de diferenciaci\u00f3n jer\u00e1rquica en la que el silencio puede tener diferentes formas y modo de expresarse. Tanto, por decirlo simple y brevemente, en el lado del superior como en el del inferior.<\/p>\n<p>As\u00ed llegamos <em>al mutismo<\/em> como otra variante del silencio. O estamos atrincherados en una fortaleza interior que nos impide o desaconseja comunicarnos con el otro, o nos encerramos en un silencio que significa: \u00abno quiero decirle nada al otro\u00bb. Si continuamos reflexionando sobre el silencio como condici\u00f3n para la relaci\u00f3n, hemos de reconocer que, a menudo, el mutismo es una forma de silencio, que puede ser libremente adoptado (aun con motivaciones bien diversas) o forzado, por ejemplo, en al caso de una relaci\u00f3n jer\u00e1rquica.<\/p>\n<p>De una forma no tan tr\u00e1gica como la del exterminio de los jud\u00edos en el nazismo alem\u00e1n, cabe hablar tambi\u00e9n <em>la muerte como el silencio absoluto<\/em>, en expresi\u00f3n de Jacques S\u00e9dat. \u201cEl silencio absoluto es muerte. Rendir el alma es perder la posibilidad tanto del habla como del silencio, ya que el silencio es correlativo del habla. El silencio definitivo ya no es silencio en el sentido de que el silencio es una experiencia subjetiva del sujeto. El muerto no guarda silencio desde este punto de vista. Est\u00e1 en el vac\u00edo, como sea que lo llamemos. Pero, el silencio es siempre, como el habla, una categor\u00eda del sujeto. El silencio de las estrellas no es silencio\u201d.<\/p>\n<h3><strong><em>Las trampas de la imprescindible memoria. Paul Ricoeur<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>Hay un silencio ante lo que es dif\u00edcilmente verbalizable, prosigue Elzo. Es, ciertamente el silencio del espacio que se produce en el an\u00e1lisis psicoanal\u00edtico. Un silencio muy dif\u00edcilmente interpretable. Nunca se sabe lo que sucede en el silencio hasta que se llegue al habla.<\/p>\n<p>Entretanto no se puede interpretar, es decir, poner palabras en algo que no conoces. Es un silencio de espera por lo que pueden surgir como pensamientos, ya que la regla del an\u00e1lisis es dejarlos surgir, libremente.<\/p>\n<p>Y es, precisamente, esta libertad de expresi\u00f3n la que causa problema. Pues, a menudo, es un silencio de verg\u00fcenza para decir cosas dif\u00edciles que la psique humana, en un principio de autodefensa, lo env\u00eda al \u00e1mbito del subconsciente inconsciente. En el idioma franc\u00e9s hay una distinci\u00f3n entre el subconsciente consciente, con el t\u00e9rmino \u201creprim\u00e9\u201d que lo diferencia del subconsciente inconsciente para el que utiliza el t\u00e9rmino \u201crefoul\u00e9\u201d. Para el que no encuentro t\u00e9rmino en castellano.<\/p>\n<p>Pero esta situaci\u00f3n se da tambi\u00e9n fuera del espacio psicoanal\u00edtico del que, si se trata del \u201crefoul\u00e9\u201d no tenemos consciencia, pero est\u00e1 ah\u00ed. Tiene que ver con lo que Paul Ricoeur denomina \u201clas trampas de la memoria\u201d, cuando se refiere a la memoria reprimida, memoria que hace que distorsionemos la memoria de lo sucedido para quedarnos con lo que nos satisface y ocultemos y tratemos de olvidar lo que nos denigra o nos averg\u00fcence de nuestro comportamiento, actitud o valores del ayer.<\/p>\n<p>Es, exactamente, lo que sucede, con la memoria de la guerra, del terrorismo, situaciones en la que, solamente a trav\u00e9s del tiempo y la b\u00fasqueda de la verdad, es posible llegar a un relato compartido. Y no siempre. As\u00ed, m\u00e1s de un siglo despu\u00e9s, no se ha llegado a un relato compartido del origen de la primera guerra mundial.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><strong>Segunda Parte: \u201cEl silencio y lo sagrado\u201d<\/strong><\/h2>\n<p>Hay que clarificar, de entrada, algunos conceptos de uso com\u00fan. Hay que distinguir entre sagrado \/profano, trascendente\/ inmanente (o mundano) y religioso\/secular. Los conceptos sagrado, trascendente y religioso no son sin\u00f3nimos.<\/p>\n<p>El concepto de sagrado apunta a un fen\u00f3meno antropol\u00f3gico universal que resulta de la experiencia humana de fen\u00f3menos extra &#8211; cotidianos. El concepto de trascendente designa las representaciones de una separaci\u00f3n entre la esfera de lo divino y la de la realidad terrestre: estas representaciones no constituyen en absoluto un fen\u00f3meno antropol\u00f3gico universal. En cuanto al concepto de religioso tiene sentido plenamente desde la aparici\u00f3n de la opci\u00f3n secular.<\/p>\n<h3><strong><em>La sociedad del ruido<\/em><\/strong><\/h3>\n<p><a href=\"http:\/\/fania.es\/author\/diego-moldes\/\">Arnoldo Liberman en su reflexi\u00f3n \u201cEl otro silencio\u201d,<\/a> nos recuerda c\u00f3mo George Steiner en <em>El Castillo de Barba Azul<\/em> hace una cr\u00edtica demoledora de lo que \u00e9l llama \u00abla sociedad del ruido\u00bb. En nuestra sociedad la m\u00fasica estrepitosa, el estr\u00e9pito en s\u00ed mismo, el aturdimiento feroz, han pasado a ser primordiales en nuestra vida cotidiana.<\/p>\n<p>Lo que antes era recogimiento, pausa reflexiva, comunicaci\u00f3n serena y valiosa y que se realizaba en entornos silenciosos y en espacios \u00edntimos, ahora estamos dominados por alborotadas y rotundas vocingler\u00edas que no tienen l\u00edmite y que invaden cualquier campo habitable. Vivimos en un mundo (y en una cultura) donde el silencio es un lujo prohibido, una antigualla recordada pero est\u00e9ril, un deseo o un anhelo oculto pero dif\u00edcil de hallar. El ruido ha creado cultura (si as\u00ed puede decirse) pero esta cultura es intolerante, totalitaria, inexpresiva, ensordecedora, \u00abanda en ruidosa motocicleta\u00bb (como dice un amigo).<\/p>\n<h3><strong><em>Cuando el silencio es necesario<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>En la compa\u00f1\u00eda de Arnoldo Liberman, parafrase\u00e1ndole, quiero recordar la necesaria presencia del silencio en actos sustanciales del ser humano: leer, hacer el amor, asistir a un concierto, caminar por un parque, etc. Pero esos actos, aparentemente s\u00f3lidos, as\u00ed como la instrumentalizaci\u00f3n de los cl\u00e1sicos ritos inici\u00e1ticos del sentido de la vida, resultan un actual sinsentido en la sociedad del ruido, y que exigen un esfuerzo y un valor.<\/p>\n<p>El silencio es un enemigo del ciudadano y del habitante de la metr\u00f3polis, es un enemigo al que parece temerse porque nos llevar\u00eda a nuestros propios interrogantes y a nuestras verdades m\u00e1s \u00edntimas. Llu\u00eds Duch, el monje intelectual heterodoxo del Monasterio de Montserrat, doctor en Teolog\u00eda y profesor de filosof\u00eda moral, pensador profundamente cristiano y humanista, autor de un pensamiento que ha calado escribe que \u00ablo mejor de la religi\u00f3n es que crea herejes\u00bb.<\/p>\n<p>Es autor de una b\u00fasqueda que llam\u00f3 \u00abDios despu\u00e9s de Auschwitz\u00bb y ha insistido en que \u00absin \u00e9tica no hay m\u00edstica\u00bb y que \u00abnadie debe sentirse extranjero\u00bb en el mundo. Se\u00f1ala que: \u00abel hombre no puede prescindir de construir absolutos\u00bb, o si se quiere decir de otra manera, la idolatr\u00eda es una presencia casi constante en la vida de los seres humanos. Es decir, el intento de dominar lo indomable, de expresar colectivamente lo inexpresable, de reducir lo indefinido a definido, son todas, formas que tenemos en el fondo para ejercer o controlar el poder o el miedo.<\/p>\n<p>Los seres humanos siempre queremos una referencia a algo que consideramos intangible, la necesitamos: es decir, siempre construimos lo sagrado, lo intocable, lo impalpable y esto es a causa de nuestra finitud. Las apetencias de infinito eran evidentes en la antigua URSS, en el nacionalsocialismo o, actualmente, en el American <em>way of life<\/em>, en todas partes, pa\u00edses de ruidos. Para muchos seres humanos la noche se ha tornado tan ruidosa como el d\u00eda y una habitaci\u00f3n silenciosa un infierno y una tortura\u201d.<\/p>\n<h3><strong><em>El silencio religioso de un creyente<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>Hay que aprender a callar, no temer el silencio, regresar a la palabra v\u00e1lida y al di\u00e1logo constructivo, redefinir el concepto mismo de la cultura: se trata de un mandato imperativo. Cabe decirlo enf\u00e1ticamente: <em>la palabra debe dejar que el<\/em> <em>silencio hable. <\/em>Aprende<strong>r <\/strong>que el silencio no es mudo, que \u2013 como lo dec\u00eda nuestro querido e idolatrado Anton Bruckner- Dios estaba m\u00e1s cerca cuando callaba<strong>. <\/strong>As\u00ed en su impresionante Motete, \u201cLocus iste\u201d<strong>. <\/strong><em>Locus iste a Deo factus est, inaestimabile sacramentum, irreprehensibilis est. (Este lugar fue hecho por Dios, un sacramento de valor incalculable, libre de todo defecto).<\/em><\/p>\n<p>El texto se centra en el concepto del lugar sagrado, basado en la historia b\u00edblica de la Escalera de Jacob, el dicho de Jacob \u201cCiertamente el Se\u00f1or est\u00e1 en este lugar, y yo no lo sab\u00eda\u201d (G\u00e9nesis 28:16), y la historia de la zarza ardiente donde a Mois\u00e9s se le dice \u201cquita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que est\u00e1s es tierra santa\u201d (\u00c9xodo 3: 5). (Traducci\u00f3n de Enrique Yuste)<\/p>\n<p>Aqu\u00ed nos topamos con lo que no pocos cristianos del mundo de hoy entienden y viven su fe en el Dios, como la que se manifiesta en Jes\u00fas de Nazaret, quien llama a su Padre con el t\u00e9rmino, cercano y respetuoso al mismo tiempo, de Abb\u00e0 (termino arameo, el lenguaje de Jes\u00fas, que significa \u201cmi padre\u201d, \u201cpapa\u201d, \u201caitatxo\u201d en euskera). Es una oraci\u00f3n en la que no se privilegia la oraci\u00f3n de alabanza, ni la oraci\u00f3n de agradecimiento, menos a\u00fan la oraci\u00f3n de petici\u00f3n, sino la oraci\u00f3n de escucha, de confianza y abandono. Es una oraci\u00f3n de silencio.<\/p>\n<h3><strong><em>El silencio \u201creligioso\u201d de un ateo<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>No hace mucho tiempo mantuve una larga conversaci\u00f3n con un amigo, al que conozco bien, y con quien disfruto y aprendo conversando. MI amigo, Dr. en F\u00edsica y que trabaja en un centro de investigaci\u00f3n de rango internacional, hace a\u00f1os que me confes\u00f3 que era ateo. Ateo de convicci\u00f3n. Desde muy joven.<\/p>\n<p>Hablando de estas cosas, tras manifestarme su fascinaci\u00f3n por la monta\u00f1a, me confes\u00f3 esto: \u201ca menudo cuando estoy solo en la monta\u00f1a, solo en el bosque nevado, tengo la certeza de que no estoy solo. En realidad, percibo, siento, que hay un esp\u00edritu, \u201cel esp\u00edritu del bosque\u201d que est\u00e1 ah\u00ed, que me protege, que me acompa\u00f1a en la soledad y en el silencio de bosque\u201d.<\/p>\n<p>Me record\u00f3 el libro de otro amigo que titul\u00f3 \u201cSobre el Dios que est\u00e1 ah\u00ed\u201d y no pude no decirle que no otra cosa era la experiencia religiosa. La experiencia religiosa no es otra cosa que lo que experimentamos en ciertas experiencias humanas, que no nacen en nosotros, que son externas a nosotros, con lo que, de entrada, derrumbamos las tesis de Feuerbach, a lo que denominamos, unos, experiencia religiosa, otros, experiencia secular o laica. Estamos ante lo sagrado en la terminolog\u00eda de Emile Durkheim.<\/p>\n<h3><strong><em>Hans Joas, Habermas y Fraij\u00f3, ante el silencio d<\/em><\/strong><strong><em>e lo religioso en la sociedad de hoy<\/em><\/strong><\/h3>\n<p>En la actualidad el individualismo es omnipresente. Incluso un individualismo, no necesariamente utilitarista ni egoc\u00e9ntrico, pues mira a la universalidad \u00e9tica del comportamiento, por ejemplo, en la defensa y promoci\u00f3n de los Derechos Humanos, en la custodia de la Tierra etc.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, en la cosmovisi\u00f3n judeo-cristiana, se habla expresamente de tradici\u00f3n b\u00edblica, que incluye la tradici\u00f3n jud\u00eda, as\u00ed como la tradici\u00f3n cristiana. En la tradici\u00f3n b\u00edblica el descentramiento moral es esencial. En esta concepci\u00f3n los seres humanos est\u00e1n obligados a tomar en consideraci\u00f3n no solamente los otros seres humanos que pertenezcan a la misma familia, a la misma naci\u00f3n, a la misma religi\u00f3n, o la misma clase social sino a todos los seres humanos, comprendidas tambi\u00e9n las generaciones futuras. Es el \u201cethos del amor\u201d b\u00edblico.<\/p>\n<p>Por otra parte, fil\u00f3sofos como Kant, Rawls y Habermas, han elaborado una orientaci\u00f3n universalista de este tipo desarrollando en detalle la l\u00f3gica de la reflexi\u00f3n y la discusi\u00f3n moral universal, bajo el prisma de una \u00e9tica racionalista.<\/p>\n<p>Pero una cuesti\u00f3n queda sin respuesta, nos apunta Hans Joas: \u00bfqu\u00e9 es lo que tiene que motivar a los seres humanos a reflexionar a las cuestiones morales y a la significaci\u00f3n que pueden tener para la forma como ellos conciben y llevan su vida, m\u00e1xime cuando tal reflexi\u00f3n corre el riesgo de ir en contra de sus propios intereses? Otro punto todav\u00eda queda muy oscuro: \u00bfc\u00f3mo llegar a los individuos sensibles a los sufrimientos de los otros, teniendo en cuenta qu\u00e9 es cierto que esta sensibilidad no es el resultado de una argumentaci\u00f3n racional?<\/p>\n<p>En esto reside, se\u00f1ala Joas, la superioridad de estos cristianos del amor \u2013 expresi\u00f3n a la que yo prefiero, la singularidad de estos cristianos del ethos del amor &#8211; incluso frente a formas de filosof\u00eda moral universalista y, evidentemente, frente a todas las formas de individualismo. La asunci\u00f3n de fe en un Dios que ama al hombre sin condiciones, conlleva una fe cristiana que puede, ciertamente, liberar el campo a la capacidad de amar, en los cristianos, y en todas las religiones del amor universal, sin condiciones y sin excepciones.<\/p>\n<p>Pero, a la reflexi\u00f3n que acabamos que acabamos de formular, parafraseando el texto de Joas, cuyo original es de 2014, hay que a\u00f1adir la que realiz\u00f3, a\u00f1os despu\u00e9s Habermas, que presentamos a continuaci\u00f3n. En efecto, J\u00fcrgen Habermas, a la demanda de \u201cLe Monde des Livres\u201d (\u201cLe Monde\u201c, 28\/02\/2018) redact\u00f3 unas l\u00edneas sobre algunos de los temas centrales de su obra. Entre ellos su preocupaci\u00f3n por encontrar un espacio a la creencia religiosa y a los creyentes, cuesti\u00f3n que le ocupa desde el final de los a\u00f1os 1990.<\/p>\n<p>Es pues claro, el anhelo no satisfecho de un agn\u00f3stico de la profundidad y sinceridad como Habermas, quien, sosteniendo \u201cel ate\u00edsmo metodol\u00f3gico\u201d en la filosof\u00eda, y la moralidad racional sin necesidad de la religi\u00f3n, manifiesta sin ambages la apor\u00eda con la que se encuentra, al hablar de la solidaridad universal, sin acepci\u00f3n de personas.<\/p>\n<p>Este planteamiento lo resume magn\u00edficamente Manuel Fraij\u00f3 en un art\u00edculo publicado en el diario \u201cEl Pa\u00eds\u201d, el a\u00f1o 2016, del que extraigo los \u00faltimos p\u00e1rrafos.<\/p>\n<p>\u201cEl af\u00e1n por \u201cdurar\u201d (Spinoza), la esperanza de alg\u00fan g\u00e9nero de futuro tras la muerte parece haber acompa\u00f1ado desde muy tempranamente a los seres humanos. Plat\u00f3n asegur\u00f3 que no todo lo nuestro perece: perdura el alma inmortal. Una gran obsesi\u00f3n pareci\u00f3 acompa\u00f1ar siempre a este fil\u00f3sofo: el mundo sensible no puede, no debe, erigirse en explicaci\u00f3n del mundo espiritual.<\/p>\n<p>Plat\u00f3n ha sido generosamente heredado. Solo una muestra: imposible no recordar el postulado de la inmortalidad kantiano. Un mundo que niega la felicidad a seres dignos de ella y se la otorga a los que no la merecen no puede ser la m\u00e1xima expresi\u00f3n de lo que nos cabe esperar. Es l\u00edcito, obligado incluso, so\u00f1ar con escenarios m\u00e1s justos. Kant, afirma Adorno, postul\u00f3 la inmortalidad para huir de la \u201cdesesperaci\u00f3n\u201d, para abrirse \u201cal ansia de salvar\u201d. Y es que los defensores de la esperanza comprendieron siempre que no hay mejora en este mundo que alcance a hacer justicia a los muertos; las mejoras nunca las disfrutar\u00e1n los que ya se fueron. Incontables seres humanos llegaron al final de sus d\u00edas sin que hubiese sido tenida en cuenta su humilde solicitud de una vida digna; siempre fueron meros aspirantes a lo elemental, candidatos injustamente rechazados. De ah\u00ed que algunos grandes esp\u00edritus, ansiosos de reparar injusticias, hayan so\u00f1ado con que nadie muera del todo para siempre.<a href=\"https:\/\/www.almendron.com\/tribuna\/solo-una-hamaca-vacia\/\"> \u201cLa esperanza perdida de la resurrecci\u00f3n \u2014escribe Habermas\u2014 se siente a menudo como un gran vac\u00edo\u201d.<\/a> Es un anhelo profundamente humano. Eso s\u00ed: un anhelo de incierto cumplimiento. La\u00edn Entralgo lo formul\u00f3 as\u00ed: \u201clo cierto es siempre lo pen\u00faltimo y lo \u00faltimo es siempre incierto\u201d.<\/p>\n<p>Y, obviamente, son las religiones \u2014especialmente las monote\u00edstas\u2014 las m\u00e1s reacias al relato de la hamaca vac\u00eda (el mero recuerdo de alguien fallecido). Desde siempre ofrecieron su palabra de honor de que, tras la muerte, habr\u00e1 nuevas acogidas, nuevos inicios, libres ya del signo de la actual precariedad.<\/p>\n<p>Para concluir, escribe Fraij\u00f3: de especial trascendencia contin\u00faa siendo el anuncio cristiano de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret como anticipo de la resurrecci\u00f3n universal. El te\u00f3logo Moltmann asegura que la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas \u201cha hecho historia\u201d. Es cierto: al menos ilumin\u00f3 muchos \u00faltimos instantes y suaviz\u00f3 innumerables despedidas\u201d. [Manuel Fraij\u00f3. \u201cLa hamaca vac\u00eda\u201d. El Pa\u00eds, 13 de agosto de 2016. Yo subrayo].<\/p>\n<p>Joas, Habermas y Fraij\u00f3 nos manifiestan los dilemas de una racionalidad que se satisface a s\u00ed misma cuando se la pone en relaci\u00f3n con una religi\u00f3n, la cristiana, aunque no solamente la cristiana, si defiende el ethos universal del amor. Y universal, quiere decir universal, sin excepciones espacio-temporales. Pero haremos bien los creyentes en no olvidar la reflexi\u00f3n de Newman de que \u201cmis creencias soporten mis dudas\u201d, pues, como dec\u00eda Maurice Bellet, \u201cuna fe que no duda es una fe dudosa\u201d.<\/p>\n<p>Claro que otra cosa es la pr\u00e1ctica en los comportamientos de los creyentes que, en mil y una ocasiones de la historia, han mostrado que estaban bien lejos de la universalidad del amor. Ya Gandhi dijo que \u201ccuando leo el Evangelio me siento cristiano; pero cuando veo a los cristianos me doy cuenta de que ellos no viven seg\u00fan el Evangelio\u201d, el mismo Gandhi que sosten\u00eda que \u201cnunca es bueno el amor a los otros, cuando es exclusivo y con excepciones. Yo no puedo amar a los hind\u00faes o a los musulmanes y odiar a los ingleses\u201d, a\u00f1ad\u00eda. S\u00ed, la radicalidad no es solamente cosa de los violentos.<\/p>\n<p>Nada de todo esto, la universalidad del \u201cethos del amor\u201d cristiano, en base a bucear en la figura y mensaje de Jes\u00fas de Nazaret, que denomina Abb\u00e0 a Dios Padre, es posible sin el silencio interior, el silencio introspectivo, el silencio de escucha, el silencio de oraci\u00f3n. Lo mismo cabe decir de la universalidad \u00e9tica basada en la racionalidad humana como refieren los grandes fil\u00f3sofos arriba mentados.<\/p>\n<p>En efecto, es preciso el silencio interior para dar cabida a un atisbo de solidaridad con pretensiones de universalidad. Y esto, no viene de por s\u00ed. Es consecuencia de una reflexi\u00f3n, en silencio, (una oraci\u00f3n en los religiosos) sobre el necesario impulso para la solidaridad.<\/p>\n<p>Y es tambi\u00e9n, en el silencio del temor, de la angustia por los hechos y actitudes de la vida pasada, que hemos mostrado m\u00e1s arriba. que el creyente puede reconocer que no ha sido fiel al mensaje heredado, haciendo buena la reflexi\u00f3n de Gandhi, de que estaba de acuerdo con el mensaje los evangelios, pero no con los creyentes que lo incumpl\u00edan.<\/p>\n<p>Pero, hay que a\u00f1adir, que las reflexiones y los comportamientos se complican, a\u00fan m\u00e1s, cuando las divinidades devienen seculares. M\u00e1s todav\u00eda cuando es la propia sociedad la nueva divinidad de los tiempos actuales.<\/p>\n<h3><strong>Calasso, Durkheim y la sociedad divinizada<\/strong><\/h3>\n<p>Voy a completar esta conferencia, reflexionando con la ayuda de un libro excepcional de Roberto Calasso. \u201c<em>La actualidad innombrable<\/em>\u201d. Calasso, en las primeras p\u00e1ginas de su trabajo, tras recordar tiempos no tan lejanos en los que \u201cbastaba con divinizar al emperador para asegurar la cohesi\u00f3n social\u201d a\u00f1ade que \u201cya no. Ahora es necesario divinizar a la sociedad misma\u201d, pues, como dice Durkheim, \u201cella, (la sociedad) es para sus miembros, lo que un dios es para sus fieles\u201d. (p.27) As\u00ed nace, en la era post \u2013 moderna, o post \u2013 secular, silenciado Dios, la \u201csociedad divinizada\u201d.<\/p>\n<p>La referencia a Durkheim, junto a Max Weber, uno de los dos padres de la sociolog\u00eda de la religi\u00f3n, si no de la sociolog\u00eda sin m\u00e1s, me ha retrotra\u00eddo a mis tiempos de estudiante y a la lectura compulsiva de las 638 p\u00e1ginas (la devor\u00e9 en una semana, aunque, obviamente, sin asimilarla completamente) de una sus obras magnas, \u201c<a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Las_formas_elementales_de_la_vida_religiosa\">Les formes \u00e9l\u00e9mentaires de la vie religieuse<\/a>\u201d, publicaci\u00f3n donde se encuentra la citaci\u00f3n de Calasso.<\/p>\n<p>\u201cLa sociedad exige que, olvidando nuestros intereses, nos hagamos sus servidores, y nos obliga a toda suerte de incomodidades, privaciones y sacrificios sin los cuales la vida social ser\u00eda imposible. Por lo tanto, en todo momento, estamos obligados a someternos a reglas de conducta y pensamiento que no hemos construido ni deseado, y que a veces son contrarias a nuestras inclinaciones e instintos m\u00e1s fundamentales\u201d [Emile Durkheim. \u201c<em>Les formes \u00e9l\u00e9mentaires de la vie religieuse<\/em>\u201d, Presses Universitaires de France, Paris 1968, pp. 295-296. La traducci\u00f3n es m\u00eda].<\/p>\n<p>El texto, soberbio, me sugiere los siguientes subrayados (alimentados por otros textos del propio Durkheim).<\/p>\n<ul>\n<li>La sociedad es m\u00e1s que la suma de individuos. As\u00ed como la conciencia colectiva es m\u00e1s que la suma de conciencias individuales.<\/li>\n<li>La sociedad tiene entidad propia, aunque no es independiente de las personas que la componen, bien al contrario, necesita de las personas para alcanzar sus fines. Hay un \u201ccomercio\u201d, dir\u00e1 Durkheim, entre la sociedad y las personas que la componen.<\/li>\n<li>Esa sociedad crea un dios, que \u201cde hecho, es antes que nada un ser que el hombre representa, en cierto modo, como superior a s\u00ed mismo y del que \u00e9l cree que depende\u201d.<\/li>\n<li>La sociedad tiene capacidad de coerci\u00f3n sobre los individuos, a partir del momento en que la divinizamos.<\/li>\n<li>Esto es independiente de que el dios sea una figura concreta (Zeus o el Dios b\u00edblico, Yahv\u00e9), sean fuerzas m\u00e1s o menos abstractas (t\u00f3tem o las fuerzas de la naturaleza) sea la sociedad, como entidad propia.<\/li>\n<li>La religi\u00f3n para Durkheim tiene como objeto crear o mantener cierta cohesi\u00f3n social. Que se haga por el t\u00f3tem, el temor a la naturaleza, los dioses de la antig\u00fcedad o la sociedad de nuestros d\u00edas, lo esencial no es la verdad de los dioses sino la funci\u00f3n que cumplen.<\/li>\n<li>Llegados a este punto, la pregunta, brutalmente planteada, es la de saber si salimos ganando, con los dioses tot\u00e9micos, los dioses personalizados (uno o varios, de los jud\u00edos, persas, griegos, romanos, musulmanes, cristianos, etc.) o con el dios de la sociedad, con la sociedad &#8211; dios.<\/li>\n<\/ul>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><em>La sociedad fuente de lo sagrado<\/em><\/h3>\n<p>Pero avancemos en la lectura de Durkheim y en lo que supone la divinizaci\u00f3n de la sociedad. Ya en las conclusiones de su estudio Durkheim escribe que \u201cel ideal colectivo que la religi\u00f3n expresa no es consecuencia de no se sabe bien qu\u00e9 poder innato del individuo, pues es en la escuela de la vida colectiva donde el individuo ha aprendido a idealizar. Es asimilando los ideales elaborados por la sociedad que el individuo es capaz de concebir el ideal. Pues es la sociedad (\u2026.) la que le ha contra\u00eddo la necesidad de alzarse por encima del mundo de la experiencia\u2026\u201d. (p.604). Es, pues, claro para Durkheim, el papel de la sociedad como agente primordial de creaci\u00f3n de cosmovisiones, como agente de socializaci\u00f3n, como instancia de lo pol\u00edticamente correcto, de lo obvio, de lo indiscutible, de las certezas indiscutibles. Escribe Durkheim que \u201cuna filosof\u00eda puede elaborarse en el silencio de la meditaci\u00f3n interior, pero no una fe\u201d. Para Durkheim pensar en un individualismo radical que hiciera de la religi\u00f3n algo puramente individual supone desconocer las condiciones fundamentales de la vida religiosa y estas provienen de la sociedad de nuestros semejantes: \u201clas fuerzas morales en las que podamos sustentar y crecer las nuestras son las que nos prestan otros\u201d de la misma forma que \u201clas creencias solamente son activas cuando son participadas\u201d. Todo esto nos muestra la importancia capital que Durkheim concede a la sociedad como tal, m\u00e1s precisamente, a la conciencia colectiva que la sociedad tenga de s\u00ed misma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>En conclusi\u00f3n, frente a la sociedad estamos ante un dios absoluto, aunque necesitado en su origen, y despu\u00e9s en su actuar, de los humanos. Es un dios todopoderoso, arbitrario, omnisciente, juez de los hombres (y mujeres, claro) pero que necesita de esos hombres y mujeres para ejercer su divinidad. Pues de ellos proviene.<\/p>\n<p>Durkheim no entra a discutir si hay una realidad divina, m\u00e1s all\u00e1 de la humana, que esa realidad sea un t\u00f3tem o un dios personal, o una realidad abstracta, pero s\u00ed reconoce, y de qu\u00e9 manera, su autoridad para sus \u201ccreyentes\u201d, sus \u201cfieles\u201d (los humanos) una vez originados por la conciencia colectiva de la sociedad considerada, que as\u00ed adviene, origen de la divinidad que, a su vez, deviene controlador de esa misma sociedad.<\/p>\n<p>Insisto, poco importa la forma que adopte esa divinidad, pero, eliminados, o consideradas r\u00e9moras de tiempos pasados los dioses de las religiones de anta\u00f1o, sean animistas, naturalistas, o personales (unipersonales como los monote\u00edsmos \u2013 Yahv\u00e9, Jes\u00fas el Cristo, Ala-, o colectivos- los polite\u00edsmos), ya solamente queda la propia sociedad que se eleva as\u00ed a la condici\u00f3n de divinidad todopoderosa.<\/p>\n<h3><em><strong>Cerrando estas p\u00e1ginas, que no concluyendo<\/strong><\/em><\/h3>\n<p>Manifestaciones de lo sagrado, como fen\u00f3menos extra- cotidianos pueden darse en un conjunto de personas (ante un emotivo o fuerte encuentro religioso; ante un gol casi al final de un partido de futbol, ante un concierto multitudinario) o individuales (en una relaci\u00f3n amorosa potente; un abandono religioso ante una situaci\u00f3n complicada)<\/p>\n<p>Nos inclinamos a pensar que la divinizaci\u00f3n de la sociedad, que acabamos de mostrar, tras la exculturaci\u00f3n social de lo religioso en general y de los dioses religiosos m\u00e1s en particular, en realidad nos lleva, en el actual mundo secular, a una nueva <em>\u201cguerra de dioses\u201d<\/em>. Pero, de entrada, debemos formularnos la cuesti\u00f3n de saber qu\u00e9 consecuencias tiene para nosotros, ciudadanos en la tercera d\u00e9cada del siglo XXI, el hecho de que hayamos delegado en la sociedad, diviniz\u00e1ndola, el sistema de legitimaci\u00f3n de las relaciones sociales, de los valores dominantes que nos dicen lo que es bueno y lo que es malo, y cu\u00e1les son las prioridades por las que debemos esforzarnos para mantener, al menos, un simulacro de cohesi\u00f3n social.<\/p>\n<p>Lo hemos visto en Durkheim, aunque tambi\u00e9n en nuestra sociedad actual: la manifestaci\u00f3n colectiva de lo religioso. As\u00ed en las peregrinaciones y encuentros, a menudo multitudinarios, en lugares o eventos especiales como Lourdes, F\u00e1tima, Medjugorje, la Semana Santa, etc., y muchas fiestas locales en las que la celebraci\u00f3n religiosa tiene arraigo. Pero, solamente el silencio permite una <em>reflexi\u00f3n de lo sagrado <\/em>y, en consecuencia, una jerarquizaci\u00f3n y un discernimiento de las diferentes modalidades de sacralidades en la actual era emergente, la era post-secular.<\/p>\n<p>Pero cu\u00e1ndo constatamos, con Peter Berger los \u00abinnumerables altares de la modernidad\u00bb y con Hans Joas, la cr\u00edtica a la tesis weberiana del desencantamiento con la modernidad, la racionalidad, y la arreligiosidad institucionalizada, oteamos en el horizonte la era post-secular.<\/p>\n<p>Repit\u00e1moslo para cerrar este texto. Solamente el silencio, interior y exterior, permite que se abra paso una lectura reflexiva de las diversas sacralidades. Lectura que, solamente ser\u00e1 fruct\u00edfera si se desarrolla en un di\u00e1logo que exige el silencio propio para escuchar al otro. El silencio no es solipsismo.<\/p>\n<p>El silencio supone apertura al otro, en lo m\u00e1s profundo de su otredad. Solamente con esa condici\u00f3n la relaci\u00f3n \u201cyo-tu\u201d puede tener como norte y objetivo la fraternidad y una \u00e9tica universales. Religiosa o laica, pero universal. Aunque un cristiano puede bucear en el ethos del amor para cimentar su actitud y comportamientos (lo que no significa que estos sean acordes al ethos que predica), mientras que el laico, habitualmente, debe limitarse a la racionalidad con sus apor\u00edas. Pero, todos, necesitan del silencio para bien aprehender vitalmente lo que defiendan.<\/p>\n<p><strong>Adaptaci\u00f3n de una conferencia de Javier Elzo, Catedr\u00e1tico Em\u00e9rito de Sociolog\u00eda. Universidad de Deusto. Colaborador de la C\u00e1tedra Francisco J. 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