{"id":5400,"date":"2023-04-03T08:00:48","date_gmt":"2023-04-03T06:00:48","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=5400"},"modified":"2023-04-16T10:53:49","modified_gmt":"2023-04-16T08:53:49","slug":"el-espiritu-persona-sin-voz-ni-rostro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=5400","title":{"rendered":"El Esp\u00edritu, persona sin voz ni rostro"},"content":{"rendered":"<p><strong>(Por <u>\u00c1ngel Cordovilla<\/u>)\u00a0<\/strong><strong><span lang=\"ES-TRAD\">Es dif\u00edcil reflexionar expresamente sobre el Esp\u00edritu Santo. Si hay alg\u00fan momento en la historia de la tradici\u00f3n eclesial que la reflexi\u00f3n sobre \u00e9l ha sido decisiva es en la segunda mitad del siglo IV en torno al Concilio de Constantinopla I (381) donde se declarar\u00e1 su divinidad. Todav\u00eda hoy, cuando confesamos el Credo dentro de la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00eda, con el S\u00edmbolo Nicenoconstantinopolitano, lo hacemos con esas palabras que fueron introducidas en el segundo concilio ecum\u00e9nico de la Iglesia. Este art\u00edculo trata de comprender estas afirmaciones en su contexto hist\u00f3rico y en su significaci\u00f3n perenne.<\/span><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el Esp\u00edritu Santo ha estado vinculada al desarrollo dogm\u00e1tico de la fe trinitaria y casi nunca ha sido objeto aislado de reflexi\u00f3n. Pensar en el Esp\u00edritu Santo en la tradici\u00f3n eclesial ha significado, entre otras cosas, profundizar en la comprensi\u00f3n trinitaria de Dios (trinidad); afirmar la especial adecuaci\u00f3n del esp\u00edritu del hombre a recibir el Esp\u00edritu de Dios (antropolog\u00eda); asegurar la verdad de la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios y su singular humanidad (cristolog\u00eda); discernir el significado de la verdadera profec\u00eda y la aut\u00e9ntica reforma dentro de la Iglesia (eclesiolog\u00eda); comprender la acci\u00f3n salv\u00edfica de Dios en cada coraz\u00f3n y cada conciencia humana (soteriolog\u00eda); auscultar los signos de la presencia de Dios en el mundo (misionolog\u00eda); esperar con fe viva y amor ardiente el triunfo definitivo de Dios mientras conduce la historia de los hombres hasta que \u00e9l llegue a ser definitivamente todo en todos (escatolog\u00eda). No hay, por lo tanto, una reflexi\u00f3n sobre la teolog\u00eda de la tercera persona que no est\u00e9 vinculada a las realidades fundamentales del credo cristiano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Primeras preguntas en torno al Esp\u00edritu Santo<\/h3>\n<p>El S\u00edmbolo de la fe o los Credos de la Iglesia se hacen. No surgen por generaci\u00f3n espont\u00e1nea o vienen ca\u00eddos del cielo. En este sentido podemos decir que son construidos<a name=\"_ftnref1\"><\/a>[1]. En la Sagrada Escritura nos encontramos ya con f\u00f3rmulas de fe incipientes que se centran en el hecho salv\u00edfico del misterio pascual (cfr. Rom 4,25) y en la confesi\u00f3n de Jes\u00fas como Se\u00f1or (cfr. 1Cor 12,3), que, por cierto, dice Pablo que solo puede ser dicha <em>en el Esp\u00edritu Santo<\/em>. Los Credos tienen su germen en la liturgia bautismal realizada en nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo. En forma interrogativa se preguntaba al catec\u00fameno por su fe en Dios Padre, en el Se\u00f1or Jesucristo y en el Esp\u00edritu Santo. Cada una de estas preguntas pasa a ser un art\u00edculo que configura la forma trinitaria de las reglas de la fe en torno al siglo II y III, siendo ya pr\u00e1cticamente el antecedente m\u00e1s pr\u00f3ximo de los S\u00edmbolos de fe de la segunda mitad del siglo III y especialmente los ya desarrollados en el siglo IV.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><em>El desarrollo de los S\u00edmbolos de fe<\/em><\/h3>\n<p>La primera reflexi\u00f3n teol\u00f3gica se sit\u00faa en torno al primer art\u00edculo referido a la fe en un \u00fanico Dios Padre creador. El desaf\u00edo del gnosticismo y de cualquier tipo de dualismo impeli\u00f3 a la tradici\u00f3n cristiana a mantenerse firme en la fe en un \u00fanico Dios (monote\u00edsmo), vinculado a la persona del Padre (ser personal), de quien se dice inmediatamente que es creador omnipotente (relaci\u00f3n). No hay un Dios incomprensible, <em>absconditus<\/em>, trascendente, invisible, eterno que no sea a su vez el creador de toda la realidad.<\/p>\n<p>El segundo gran impulso en el desarrollo del credo eclesial viene de finales del siglo III y el primer tercio del siglo IV para aclarar la naturaleza de la relaci\u00f3n entre Dios Padre y su Hijo, Jesucristo y por consiguiente c\u00f3mo tenemos que entender esta filiaci\u00f3n. Aqu\u00ed se encuentra la respuesta de la Iglesia al riesgo del subordinacionismo (arrianismo). El Hijo es de la misma realidad que el Padre. Su divinidad no es participada, como cualquiera de las criaturas divinizadas, sino que es ontol\u00f3gica o esencial. Se le puede llamar con propiedad Dios, Dios verdadero de Dios verdadero. De esta manera podemos decir con verdad que quien ve al Hijo, ve al Padre; que en Jesucristo Dios realmente se hace carne, no de una forma simb\u00f3lica o metaf\u00f3rica, sino real.<\/p>\n<figure id=\"attachment_5406\" aria-describedby=\"caption-attachment-5406\" style=\"width: 288px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/revistasalterrae.com\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-5406 size-medium\" src=\"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/wp-content\/uploads\/sites\/24\/2020\/10\/Captura-de-pantalla-2020-10-08-a-las-13.25.26-298x300.png\" alt=\"\" width=\"298\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/wp-content\/uploads\/sites\/24\/2020\/10\/Captura-de-pantalla-2020-10-08-a-las-13.25.26-298x300.png 298w, https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/wp-content\/uploads\/sites\/24\/2020\/10\/Captura-de-pantalla-2020-10-08-a-las-13.25.26-150x150.png 150w, https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/wp-content\/uploads\/sites\/24\/2020\/10\/Captura-de-pantalla-2020-10-08-a-las-13.25.26-45x45.png 45w, https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/wp-content\/uploads\/sites\/24\/2020\/10\/Captura-de-pantalla-2020-10-08-a-las-13.25.26.png 337w\" sizes=\"auto, (max-width: 298px) 100vw, 298px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-5406\" class=\"wp-caption-text\">Revista Sal Terrae<\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Finalmente, el tercer momento se centra en el origen y la naturaleza del Esp\u00edritu Santo afirmando frente al subordinacionismo de los pneumat\u00f3macos su plena divinidad en igualdad al Padre y al Hijo, no por la v\u00eda ontol\u00f3gica de la consustancialidad (<em>homoousios<\/em>), sino por la soteriol\u00f3gica y doxol\u00f3gica de co-adoraci\u00f3n (<em>homotimia<\/em>). Solamente si el Esp\u00edritu es de la misma realidad de Dios Padre, entonces puede realmente santificarnos, hacernos part\u00edcipes de la vida divina, cuando es recibido dentro de los corazones. Pero, para llegar hasta aqu\u00ed, la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica realizar\u00e1 un camino progresivo haci\u00e9ndose diversas preguntas en torno a la tercera persona de la Santa Trinidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><em>La acci\u00f3n espec\u00edfica del Esp\u00edritu en la historia de la salvaci\u00f3n<\/em><\/h3>\n<p>Antes de llegar a esta reflexi\u00f3n del \u00faltimo tercio del siglo IV las primeras preguntas en torno a la persona del Esp\u00edritu estuvieron centradas en aclarar su <em>actividad espec\u00edfica en la historia de la salvaci\u00f3n<\/em>, pensada fundamentalmente en la preparaci\u00f3n del acontecimiento de la encarnaci\u00f3n con la unci\u00f3n de la naturaleza humana del Verbo y el movimiento perfectivo y consumador de la creaci\u00f3n en su camino hacia el Padre. Un verbo habitual que utilizan los padres prenicenos para referirse a esta acci\u00f3n del Esp\u00edritu es <em>kosmein<\/em>que podr\u00edamos entender como ordenar la obra creadora otorgando belleza, finalidad y perfecci\u00f3n. As\u00ed, el Esp\u00edritu da forma, embelleciendo y perfeccionando, la obra plasmada por el Hijo y creada por la voluntad libre y gratuita del Padre. Al <em>Padre<\/em>le corresponde la decisi\u00f3n y la voluntad de crear; al <em>Verbo<\/em>le corresponde la ejecuci\u00f3n o la formaci\u00f3n y es el fundamento, la forma y el modelo de las cosas creadas; al <em>Esp\u00edritu<\/em>o la Sabidur\u00eda le corresponde el perfeccionamiento, la disposici\u00f3n y el ordenamiento de las cosas creadas. Como dice Ireneo: \u00abEl Verbo es quien pone la base&#8230; y el Esp\u00edritu es quien procura la forma y la belleza\u00bb<a name=\"_ftnref2\"><\/a>[2].<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><em>Continuidad y novedad<\/em><\/h3>\n<p>Pero al contemplar al Esp\u00edritu en su actuaci\u00f3n en la historia el lugar por excelencia es su actividad despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n de Cristo. El Esp\u00edritu es el don de Cristo resucitado por antonomasia dado a su Iglesia para extender y universalizar la obra de la salvaci\u00f3n. Entonces vendr\u00e1 una cuesti\u00f3n que tiene que ver con la <em>continuidad y la novedad<\/em>de la comunicaci\u00f3n de este Esp\u00edritu de Cristo con la manifestaci\u00f3n en la Antigua Alianza. \u00bfSon dos econom\u00edas distintas? \u00bfSon dos Esp\u00edritus diferentes, el de Dios y el Cristo? Y si es el mismo Esp\u00edritu, \u00bfqu\u00e9 novedad supone recibir el Esp\u00edritu en Pentecost\u00e9s? La fuerte lucha del cristianismo frente a toda tentaci\u00f3n dualista o marcionita har\u00e1 que la teolog\u00eda y el credo eclesial afirme sin ambig\u00fcedad que el Esp\u00edritu de la Antigua Alianza que inspir\u00f3 a los profetas es el mismo Esp\u00edritu que es comunicado por Cristo a los ap\u00f3stoles. En esta misma perspectiva, y asumiendo la expresi\u00f3n del s\u00edmbolo de Jerusal\u00e9n rese\u00f1ado por Cirilo (348), el Credo Niceno-constantinoplitano (381) afirmar\u00e1 que el Esp\u00edritu \u00abhabl\u00f3 por los profetas\u00bb. Si no hay un Dios creador (justo) y un Dios salvador (bueno), sino un \u00fanico Dios Padre creador, tampoco puede haber dos esp\u00edritus, sino \u00abun \u00fanico Esp\u00edritu revelador de los misterios divinos\u00bb<a name=\"_ftnref3\"><\/a>[3].<\/p>\n<p>Ahora bien, en el desarrollo de la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n la recepci\u00f3n del Esp\u00edritu en Pentecost\u00e9s supone una novedad respecto a su presencia o manifestaci\u00f3n anterior. As\u00ed se expresa Ireneo de Lyon al comentar el tercer art\u00edculo de su Regla de fe: \u00abEl Esp\u00edritu santo por cuyo poder los profetas han profetizado y los Padres han sido instruidos en lo que concierne a Dios, y los Justos han sido guiados por el camino de la justicia, y que al fin de los tiempos ha sido difundido de un modo nuevo sobre la humanidad, por toda la tierra, renovando al hombre para Dios\u00bb<a name=\"_ftnref4\"><\/a>[4]. Algunos han querido ver esa novedad en la dimensi\u00f3n universal de la comunicaci\u00f3n del Esp\u00edritu en Pentecost\u00e9s, pero esta dimensi\u00f3n cuantitativa no parece dar raz\u00f3n suficiente. La novedad est\u00e1 vinculada a la dimensi\u00f3n cualitativa de la persona de Jesucristo. Si como dijo Ireneo de Lyon Cristo en persona representa la novedad de Dios, lo que es otorgado a trav\u00e9s de \u00e9l tiene tambi\u00e9n necesariamente ese marchamo de novedad. Esta novedad proviene de que a partir de ahora la comunicaci\u00f3n de la gracia y el don del Esp\u00edritu es otorgado a trav\u00e9s de la humanidad glorificada de Jesucristo, que el mismo ungi\u00f3 ya desde la encarnaci\u00f3n. Hasta ahora era conocido como Esp\u00edritu de Dios, Esp\u00edritu del Padre, pero a partir de la econom\u00eda de Jesucristo es revelado como Esp\u00edritu del Hijo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><em>Origen del Esp\u00edritu y naturaleza espec\u00edfica<\/em><\/h3>\n<p>Finalmente, en la teolog\u00eda cristiana ir\u00e1 abri\u00e9ndose paso la pregunta por el <em>origen y la naturaleza<\/em>espec\u00edfica del Esp\u00edritu. Or\u00edgenes de Alejandr\u00eda ser\u00e1 el te\u00f3logo antes del siglo IV que de una forma m\u00e1s expl\u00edcita y profunda se pregunte por esta cuesti\u00f3n que afrontar\u00e1 despu\u00e9s la teolog\u00eda del siglo IV y termine clarificando el Concilio de Constantinopla I. Examinado las diferentes posturas de su tiempo Or\u00edgenes se da cuenta de que el Esp\u00edritu \u00abhabiendo sido puesto en igualdad de honor con el Padre y el Hijo\u00bb<a name=\"_ftnref5\"><\/a>[5], no puede ser ingenerado (propiedad de la persona del Padre), ni engendrado (propiedad personal del Hijo); tampoco puede ser criatura. As\u00ed dice que viene <em>de<\/em>Dios Padre (origen sin origen) <em>por<\/em>medio del Hijo. Su origen es divino (del Padre), pero para no hacer del Esp\u00edritu un segundo hijo, algo que ir\u00eda contra la afirmaci\u00f3n de la Sagrada Escritura de que el Hijo es Unig\u00e9nito del Padre (cfr. Jn 1,18), Or\u00edgenes afirma que procede a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n del Hijo<a name=\"_ftnref6\"><\/a>[6]. Ser\u00e1 el Concilio de Constantinopla quien gracias a la aportaci\u00f3n de Gregorio Nacianceno llame a esta relaci\u00f3n de procedencia con el nombre t\u00e9cnico de <em>ekpore\u00faesis <\/em>(cfr. Jn 15,28), dejando el t\u00e9rmino generaci\u00f3n exclusivamente para hablar de la relaci\u00f3n Padre e Hijo.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed ya se arrastrar\u00e1 un problema para la teolog\u00eda posterior. Porque si la relaci\u00f3n Padre e Hijo expresada con el t\u00e9rmino generaci\u00f3n tiene posibles analog\u00edas para poder comprenderla e intentar conocer la naturaleza caracter\u00edstica de cada uno de ellos, el t\u00e9rmino <em>ekpore\u00faesis <\/em>no nos ayuda a entender m\u00e1s que el Esp\u00edritu procede del Padre. Pero \u00bfc\u00f3mo es esta procedencia?; \u00bfqu\u00e9 im\u00e1genes podemos utilizar?; \u00bfqu\u00e9 es lo singular y espec\u00edfico de esta relaci\u00f3n que nos ayude a entender la naturaleza espec\u00edfica del Esp\u00edritu Santo? Aqu\u00ed la teolog\u00eda oriental preferir\u00e1 mantener una teolog\u00eda apof\u00e1tica y dejar en el \u00e1mbito de la incomprensibilidad esta \u201cprocedencia\u201d. Gregorio Nacianceno, autor del siglo IV, expone perfectamente esta actitud: \u00ab<em>El Esp\u00edritu Santo, el que procede del Padre<\/em>; en cuanto que ciertamente procede de all\u00ed no es creatura; en cuanto no es engendrado, tampoco es Hijo; y en cuanto est\u00e1 en medio del que engendra y del engendrado es Dios\u2026 \u201cAs\u00ed pues, \u00bfqu\u00e9 es la procesi\u00f3n?\u201d Di t\u00fa lo que es la no generaci\u00f3n (agenesia) del Padre, y yo te explicar\u00e9 la generaci\u00f3n del Hijo y la procesi\u00f3n del Esp\u00edritu, y as\u00ed ambos enloqueceremos al asomarnos para ver los misterios de Dios. Y \u00bfqui\u00e9nes somos nosotros para hacer esto?\u00bb<a name=\"_ftnref7\"><\/a>[7].La teolog\u00eda occidental, por el contario, buscar\u00e1 analog\u00edas en el \u00e1mbito del dinamismo del conocimiento humano (Agust\u00edn de Hipona) o del amor interpersonal (Ricardo de San V\u00edctor) reservando al Esp\u00edritu el \u00e1mbito del amor (cfr. Rom 5,5). Desde Or\u00edgenes a Agust\u00edn, por mencionar dos de los grandes te\u00f3logos que se han preguntado por esta cuesti\u00f3n, la naturaleza espec\u00edfica del Esp\u00edritu ha sido vinculado a su car\u00e1cter de Don y de Amor, dificultando, en alg\u00fan sentido, la comprensi\u00f3n de su car\u00e1cter personal.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>La teolog\u00eda de Basilio de Cesarea<\/h3>\n<p>El siglo IV supone un momento fundamental en la profundizaci\u00f3n de la comprensi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo. Atanasio de Alejandr\u00eda y sus Ep\u00edstolas a Serapi\u00f3n; D\u00eddimo el ciego y su tratadito sobre el Esp\u00edritu santo; Basilio de Cesarea y su reflexi\u00f3n sobre el Esp\u00edritu Santo que preparar\u00e1 en gran medida la respuesta de la Iglesia en el Concilio de Constantinopla a la crisis de los pneumat\u00f3macos o macedonianos (en referencia a Macedonio, patriarca de Constantinopla, que negaba la divinidad del Esp\u00edritu Santo consider\u00e1ndolo una criatura subordinada al Padre y al Hijo) que proseguir\u00e1 su hermano Gregorio de Nisa. Parece que, con motivo de un percance lit\u00fargico, Basilio se decide escribir una obra sobre el Esp\u00edritu Santo desde la afirmaci\u00f3n central de la Escritura de que \u00abnadie puede decir Jes\u00fas es Se\u00f1or, si no en el Esp\u00edritu Santo\u00bb (1Cor 12,3). Para evitar la comprensi\u00f3n subordinacionista de la doxolog\u00eda cl\u00e1sica: Gloria al Padre por el Hijo en el Esp\u00edritu Santo, Basilio crea una nueva: Gloria al Padre con el Hijo con el Esp\u00edritu Santo. As\u00ed se explica el obispo capadocio, ofreciendo las verdaderas razones de la discusi\u00f3n, no tanto lit\u00fargicas o disciplinares, sino teol\u00f3gicas:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00abEstando yo orando recientemente con el pueblo, porque efectuaba la doxolog\u00eda a Dios Padre en ambas formas: unas veces con el Hijo y con el Esp\u00edritu Santo, y otras por medio del Hijo en el Esp\u00edritu Santo, algunos de los presentes nos denunciaron, diciendo que hab\u00edamos utilizado vocablos extra\u00f1os y a la vez contradictorios entre s\u00ed\u00bb [\u2026].<\/p>\n<p>Ellos son los que de una manera evidente se irritan contra nosotros porque glorificamos al Unig\u00e9nito con el Padre, y no separamos del Hijo al Esp\u00edritu Santo. De ah\u00ed que nos llamen revolucionarios, innovadores e inventores de palabras\u2026 Ahora bien, lo que a ellos les irrita es lo siguiente: el Hijo \u2013dicen- no est\u00e1 con el Padre, sino despu\u00e9s del Padre. Por eso lo l\u00f3gico es glorificar al Padre por medio de \u00e9l, pero no con \u00e9l, porque con \u00e9l muestra la igualdad de honor (<em>homotimia<\/em>), mientras que por medio de \u00e9l hace pensar en un servicio auxiliar. Tampoco \u2013siguen diciendo- hay que situar al Esp\u00edritu con el Padre y el Hijo sino bajo el Padre y el Hijo: no como coordinado, sino como subordinado y no connumerado, sino subnumerado\u00bb<a name=\"_ftnref8\"><\/a>[8].<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La pneumatolog\u00eda de Basilio est\u00e1 construida desde una perspectiva doxol\u00f3gica-lit\u00fargica (homotim\u00eda) y una perspectiva soteriol\u00f3gica. Para el obispo de Cesarea la afirmaci\u00f3n de la divinidad del Esp\u00edritu en plena igualdad con el Padre y el Hijo, y no subordinado a ellos, puede justificarse no tanto recurriendo a la afirmaci\u00f3n de la consubstancialidad de las tres personas (<em>hypostasis<\/em>) divinas, por ejemplo, recurriendo al argumento fundamental que Nicea realiz\u00f3 para defender la plena divinidad del Hijo (<em>homoousios<\/em>), sino constatando que en la liturgia recibe una \u00abmisma adoraci\u00f3n y gloria\u00bb que el resto de las personas divinas (Caps. 1-8; 23-30), por lo que no puede ser desemejante en su naturaleza, y afirmando que su obra santificadora solo tiene sentido si est\u00e1 del lado de quien es Santo por naturaleza y no de los santificados (Caps. 9-15). As\u00ed, en la comprensi\u00f3n trinitaria de la historia de la salvaci\u00f3n el Esp\u00edritu sea con-numerado junto al Padre y al Hijo (Caps. 16-22)<a name=\"_ftnref9\"><\/a>[9]. Es interesante constatar la importancia que tiene la preposici\u00f3n <em>con <\/em>en la teolog\u00eda basiliana para afirmar la igualdad y plena divinidad del Esp\u00edritu, una preposici\u00f3n que ser\u00e1 central en la confesi\u00f3n de fe en el Concilio de Constantinopla I en el 381.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>El Concilio de Constantinopla I<\/h3>\n<p>El Concilio de Constantinopla I significa, en primer lugar, la plena recepci\u00f3n del Concilio de Nicea, que lejos de resolver la crisis arriana, en un principio, la hab\u00eda agudizado m\u00e1s. Constantinopla I consolida la respuesta cristiana frente al subordinacionismo y pone un l\u00edmite claro a la interpretaci\u00f3n modalista de la fe trinitaria. Con la afirmaci\u00f3n de la divinidad el Esp\u00edritu, no solo se defiende la plena igualdad de la tercera persona, sino que a su vez se evita que lo conseguido en Nicea (plena igualdad el Padre y el Hijo) vuelva a ser entendido de una forma subordinacionista,\u00a0 que no d\u00e9 raz\u00f3n suficiente de la Trinidad. Con la expresi\u00f3n \u00absu reino no tendr\u00e1 fin\u00bb referida a la persona de Cristo en el segundo art\u00edculo, se condenar\u00e1n las tesis modalistas de Marcelo de Ancira y de Fotino. Con lo afirmado en este Concilio podemos decir que se verifica la expresi\u00f3n de Basilio de que \u00abla divinidad se cumple en la Trinidad\u00bb<a name=\"_ftnref10\"><\/a>[10]. La pneumatolog\u00eda aqu\u00ed se pone al servicio del desarrollo pleno de la fe trinitaria, de la comprensi\u00f3n \u00faltima de la realidad divina. Dios no es un ser solitario y aislado, ni solo alteridad o relaci\u00f3n constitutivas, sino que su esencia \u00faltima es la comuni\u00f3n. La donaci\u00f3n (Padre), la alteridad (Hijo) y la comuni\u00f3n (Esp\u00edritu) son la realidad \u00faltima de la esencia divina.<\/p>\n<p>Este Concilio desarrollar\u00e1 especialmente el tercer art\u00edculo del S\u00edmbolo, que en Nicea hab\u00eda quedado sin explicitar. Entonces, centrados en la relaci\u00f3n Padre e Hijo, a los padres les bast\u00f3 con afirmar que cre\u00edan \u00aben el Esp\u00edritu Santo\u00bb. Impl\u00edcitamente significaba poner en el mismo plano a las tres \u201chipostasis divinas\u201d, pero a partir del 360 la controversia arriana o la teolog\u00eda subordinacionista se centr\u00f3 en la discusi\u00f3n entorno a la divinidad del Esp\u00edritu por lo que este Concilio tuvo que referirse a esta cuesti\u00f3n de ya de forma expl\u00edcita.<\/p>\n<p>Con las dificultades que hab\u00eda tenido la expresi\u00f3n consustancial (<em>homoousios<\/em>) para expresar la relaci\u00f3n entre Padre e Hijo, los padres conciliares decidieron seguir un camino diferente, siguiendo las intuiciones de la teolog\u00eda de Basilio. Constantinopla no dir\u00e1 expl\u00edcitamente que el Esp\u00edritu es consustancial al Hijo y al Padre; ni tampoco de forma directa que el Esp\u00edritu Santo es Dios. Buscan un lenguaje m\u00e1s cercano a la Escritura y a la praxis lit\u00fargica que sea m\u00e1s f\u00e1cil de recibir y acoger por los que muestran una reticencia al lenguaje m\u00e1s filos\u00f3fico o prosaico. En vez de afirmar la divinidad del Esp\u00edritu por la v\u00eda ontol\u00f3gica del <em>homoousios<\/em>, se realizar\u00e1 por la v\u00eda doxol\u00f3gica de la <em>homotim\u00eda<\/em>. La Escritura, a diferencia del Padre y del Hijo, no dice expresamente que el Esp\u00edritu Santo es Dios. Basilio, primero, y Constantinopla, despu\u00e9s, son conscientes de este \u201csilencio\u201d, que Gregorio Nacianceno explica en forma de revelaci\u00f3n progresiva del Dios trinitario<a name=\"_ftnref11\"><\/a>[11]. Pero esto no significa que no lo afirme de forma indirecta. Y esta ser\u00e1 la v\u00eda que adopte Constantinopla I<a name=\"_ftnref12\"><\/a>[12].<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu es el Santo, es decir, el que est\u00e1 del lado del tres veces santo, es decir, de Dios. Porque si no es as\u00ed, no podr\u00eda santificarnos, divinizarnos (argumento soteriol\u00f3gico). \u00c9l es el de la categor\u00eda de Se\u00f1or (cfr. 2Cor 3,17), no de los siervos o las criaturas; el Creador y Vivificador (cfr. Jn 6,63; Rom 8,11; 1Cor 15,45), propiedades que la Escritura reserva para la acci\u00f3n espec\u00edfica de Dios. A partir de aqu\u00ed, habiendo afirmado as\u00ed su divinidad, el S\u00edmbolo se refiere a su origen con la expresi\u00f3n \u00abel que procede del Padre\u00bb. Es una cita de Jn 15,26, con un peque\u00f1o cambio de la preposici\u00f3n <em>para <\/em>por la preposici\u00f3n <em>ek<\/em>, subrayando as\u00ed el origen divino del Esp\u00edritu. El participio <em>ekporeumenon<\/em>conferir\u00e1 el t\u00e9rmino t\u00e9cnico para hablar de la procedencia del Esp\u00edritu: <em>ekpore\u00faesis<\/em>, como ya vimos anteriormente en un texto de Gregorio Nacianceno. Finalmente, viene el argumento doxol\u00f3gico-lit\u00fargico de la igualdad de gloria y honor (<em>homotimia<\/em>),con un claro protagonismo de la preposici\u00f3n <em>con<\/em>para referirse a la relaci\u00f3n entre el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu: El Esp\u00edritu es adorado en un mismo acto de adoraci\u00f3n junto con el Padre y el Hijo. De esta manera se afirma indirectamente su consustancialidad, pues no podemos adorar en un mismo acto a quienes son de naturaleza desemejante. Los santos, Mar\u00eda, que est\u00e1n del orden de las criaturas, pueden ser venerados, nunca adorados. La adoraci\u00f3n solo puede realizarse a Dios y a las personas divinas. Si el Esp\u00edritu es adorado junto con el Hijo y el Padre es porque <em>es<\/em>divino o Dios como ellos. La \u00faltima expresi\u00f3n del Credo referido al Esp\u00edritu \u00aby que habl\u00f3 por los profetas\u00bb (cfr. 2Pe 1,21), es para afirmar la unidad de la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, como ya dijimos m\u00e1s arriba.<\/p>\n<p>Dos ultimas cuestiones que hay que tener en cuenta, aunque no podemos desarrollar. Hay que notar que la referencia al Esp\u00edritu Santo en el Credo no es solo en el tercer art\u00edculo, sino tambi\u00e9n en el segundo. La encarnaci\u00f3n del Hijo acontece \u00abpor obra del Esp\u00edritu Santo\u00bb. Se pone de relieve lo que la teolog\u00eda ha llamado cristolog\u00eda del Esp\u00edritu o cristolog\u00eda pneumatol\u00f3gica, es decir, la importancia que tiene la acci\u00f3n de Esp\u00edritu respecto de la constituci\u00f3n personal del Verbo encarnado, y as\u00ed dar todo el relieve a la verdad de la encarnaci\u00f3n, en su dinamismo hist\u00f3rico y su singular realidad<a name=\"_ftnref13\"><\/a>[13]. Adem\u00e1s, en el tercer art\u00edculo se explicita la acci\u00f3n del Esp\u00edritu desplegada y extendida hacia la vida de la Iglesia, obrando el milagro de la comuni\u00f3n eclesial y asistiendo el peregrinaje del pueblo de Dios hacia la vida eterna, con la gracia del perd\u00f3n y la esperanza en la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>El problema del Filioque<\/h3>\n<p>En el S\u00edmbolo de Constantinopla I se afirma que el Esp\u00edritu \u00abprocede del Padre\u00bb. Ya hemos explicado m\u00e1s arriba de d\u00f3nde se toma esta expresi\u00f3n y qu\u00e9 significa, especialmente desde la aclaraci\u00f3n que encontramos en Gregorio Nacianceno. Con esta expresi\u00f3n se pone de relieve el origen divino del Esp\u00edritu, afirmando que la persona que es origen de las otras dos personas divinas es el Padre. Esta fontalidad paterna a la hora de pensar la trinidad es un dato tradicional que proviene de los padres pre-nicenos y ser\u00e1 sancionado por el Concilio de Nicea. Hasta la segunda mitad del siglo XX, ha sido una afirmaci\u00f3n constante, tanto de la tradici\u00f3n oriental como la occidental. La teolog\u00eda, adem\u00e1s, para distinguir la forma de procedencia del Hijo y del Esp\u00edritu, comprend\u00eda que el Hijo participa de alguna forma en la \u201cprocesi\u00f3n\u201d del Esp\u00edritu. Or\u00edgenes, por ejemplo, utilizaba la expresi\u00f3n \u201cpor\u201d para explicar esta participaci\u00f3n del Hijo en la procedencia del Esp\u00edritu. La fontalidad del Padre es intocable, pero la propia tradici\u00f3n oriental ha pensado que el Hijo participa de la precesi\u00f3n del Esp\u00edritu. Ser\u00e1 Agust\u00edn de Hipona en su tratado sobre la trinidad quien utilice por primera vez la expresi\u00f3n \u201cfilioque\u201d para explicar la participaci\u00f3n del Hijo en la procesi\u00f3n del Esp\u00edritu. Con ella no quiere afirmar que en la Trinidad haya dos principios distintos: Padre e Hijo, sino que el \u00fanico principio es el Padre, quien da al Hijo la capacidad de que juntos espiren al Esp\u00edritu Santo. Por eso, dir\u00e1 inmediatamente a esta expresi\u00f3n que el Esp\u00edritu que procede del Padre y del Hijo, principalmente del Padre<a name=\"_ftnref14\"><\/a>[14]. Esta expresi\u00f3n de Agust\u00edn ser\u00e1 recogida en las tradiciones hispanas y galicanas de los S\u00ednodos y S\u00edmbolos propios de estas iglesias, en un momento en el que el occidente cristiano tiene que enfrentarse al arrianismo. De esta manera se quer\u00eda asegurar la afirmaci\u00f3n de la plena divinidad de Jesucristo.<\/p>\n<p>Esta diversa tradici\u00f3n teol\u00f3gica de interpretar las relaciones de origen en el seno de la Trinidad perdur\u00f3 hasta el siglo IX. M\u00e1ximo el Confesor, Juan Damasceno, Escoto Eri\u00fagena<a name=\"_ftnref15\"><\/a>[15]son testigos de la connivencia de estas dos tradiciones, no tan separadas como tantas veces se afirma. El problema vendr\u00e1 con la inclusi\u00f3n de esta expresi\u00f3n en el S\u00edmbolo Nicenoconstantinopolitano por presiones del emperador, primero Carlomagno y despu\u00e9s Enrique II. El patriarca de Constantinopla Focio (820-897) acusar\u00e1 de herej\u00eda a Roma porque ve en la expresi\u00f3n una manera de poner en peligro la monarqu\u00eda del Padre, aunque no rechaza la comuni\u00f3n eclesial con los latinos. Ser\u00e1 Miguel Celulario en 1054 quien lleve a cabo el cisma con la Iglesia latina poniendo como motivo legitimador el <em>Filioque<\/em>, aunque las razones \u00faltimas parecen m\u00e1s pol\u00edticas y culturales que doctrinales. Posteriormente en los Concilios de Lyon (1274) y de Florencia (1438-9) se discuti\u00f3 sobre la justificaci\u00f3n teol\u00f3gica del <em>Filioque<\/em>y se intent\u00f3 una f\u00f3rmula de uni\u00f3n con la Iglesia griega. Es evidente que desde un punto de vista formal nadie puede introducir cl\u00e1usulas nuevas en un S\u00edmbolo que expresa la fe de la Iglesia reunida en su m\u00e1xima expresi\u00f3n en un Concilio Ecum\u00e9nico. En este sentido podemos decir que hay un comportamiento excesivo por parte de la Iglesia de occidente. Pero desde el punto de vista teol\u00f3gico, la expresi\u00f3n <em>filioque<\/em>no rompe con la doctrina tradicional de la monarqu\u00eda del Padre, es decir, su comprensi\u00f3n como fuente y origen sin origen de la Trinidad. Se salvaguarda as\u00ed la comprensi\u00f3n personal de Dios y su unidad esencial. En este sentido, hay una acusaci\u00f3n excesiva por parte de la tradici\u00f3n de la Iglesia oriental hacia la teolog\u00eda occidental.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s de la controversia en torno al <em>filioque<\/em>nos encontramos con una cuesti\u00f3n teol\u00f3gica de mayor alcance y que determina una forma diferente de entender la relaci\u00f3n entre Cristo y el Esp\u00edritu o la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica, visible e institucional del cristianismo fundada en la cristolog\u00eda; y la dimensi\u00f3n trascendental, espiritual y carism\u00e1tica del cristianismo fundada en la pneumatolog\u00eda. Hist\u00f3ricamente, la tradici\u00f3n oriental ha dado una mayor importancia a la persona y acci\u00f3n del Esp\u00edritu en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n y en la Iglesia. Como consecuencia ha privilegiado aspectos m\u00e1s carism\u00e1ticos (carismas, gracia, presencia interior del Esp\u00edritu, Resurrecci\u00f3n, etc.) en la manera de entender el cristianismo y la vida de la Iglesia. La Iglesia de occidente ha sido muy cristoc\u00e9ntrica, privilegiando aspectos m\u00e1s institucionales (autoridad, palabra, obediencia a Cristo y sus representantes, Cruz, etc.). Realmente no hay por parte de la teolog\u00eda occidental una subordinaci\u00f3n del Esp\u00edritu a Cristo, o un olvido del Esp\u00edritu, como se ha acusado algunas veces a esta tradici\u00f3n teol\u00f3gica, aunque la forma de entender la relaci\u00f3n entre ambos s\u00ed ha podido condicionar una historia particular en cada uno de los dos pulmones de la Iglesia. Hoy el <em>filioque <\/em>no es causa de divisi\u00f3n dogm\u00e1tica entre la Ortodoxia y la Iglesia cat\u00f3lica, como dice el Catecismo de la Iglesia en el n\u00famero 248: \u00abEsta leg\u00edtima complementariedad, si no se desorbita, no afecta a la identidad de la fe en la realidad del mismo misterio confesado\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Conclusi\u00f3n<\/h3>\n<p>Hay una inherente dificultad de la teolog\u00eda del Esp\u00edritu, debido a su propia naturaleza y a su forma de manifestaci\u00f3n. El Esp\u00edritu es quien nos hace ser cristianos, nos ayuda a comprender la revelaci\u00f3n de Cristo y nos otorga el acceso al Padre; sin \u00e9l no hay confesi\u00f3n de fe, Iglesia, sacramentos, vida cristiana&#8230; Pero, por otro lado, el Esp\u00edritu es la persona sin voz y sin rostro (Bernard Sesbo\u00fc\u00e9). El Esp\u00edritu es persona, pero su revelaci\u00f3n no aparece bajo una forma concreta o una figura determinada. \u00c9l no habla, sino que hace hablar; \u00e9l no aparece, sino que hace aparecer; \u00e9l no se manifiesta directamente, sino que es quien hace que otros se manifiesten. Sin embargo, esto no significa que haya que negar su car\u00e1cter personal. El concepto persona es un t\u00e9rmino que incluso dentro de la Trinidad hay que aplicarlo en un sentido an\u00e1logo y no un\u00edvoco. El Esp\u00edritu no es persona como lo es el Padre, ni como lo es el Hijo. No podr\u00edamos pensarlo como otro t\u00fa del Padre o del Hijo, sino m\u00e1s bien como el <em>nosotros<\/em>en Dios (trinidad), que se abre al nosotros eclesial (iglesia) y al nosotros de la comuni\u00f3n de Dios con todos los hombres (reino). De aqu\u00ed nace la absoluta necesidad de pensar en \u00e9l y de su inherente dificultad.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn1\"><\/a>[1]F. Young, <em>The Making of the Creeds<\/em>, Philadelphia 1991.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn2\"><\/a>[2]Ireneo de Lyon, <em>Ep<\/em>.5; Cfr. <em>Ad Haer <\/em>III,24,2;<em>Ad Haer <\/em>IV,38,3.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn3\"><\/a>[3]I. Ortiz de Urbina, \u00abEl Esp\u00edritu Santo en la teolog\u00eda del siglo IV desde Nicea a Constantinopla\u00bb, en N. Silanes (ed.), <em>El Concilio de Constantinopla I y el Esp\u00edritu Santo<\/em>, Salamanca 1983, 75-91; aqu\u00ed 90.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn4\"><\/a>[4]Ireneo de Lyon, <em>Ep. <\/em>6.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn5\"><\/a>[5]Or\u00edgenes de Alejandr\u00eda, <em>De Prin<\/em>I, Prefacio, 4: \u00ab<em>Finalmente, <\/em>[los ap\u00f3stoles] asociaron el Esp\u00edritu Santo en honor y dignidad al Padre y al Hijo. A prop\u00f3sito de esto no est\u00e1 claramente precisado si es engendrado o inengendrado; si tambi\u00e9n \u00e9l tenga que ser considerado hijo de Dios o no: tales cuestiones deben profundizarse, en cuanto sea posible, seg\u00fan la Sagrada Escritura y con un agudo examen. Por otro lado, en la Iglesia se profesa con la m\u00e1xima claridad que el Esp\u00edritu Santo ha inspirado a todos los santos profetas y ap\u00f3stoles, y que no ha habido un Esp\u00edritu en los antiguos y otro distinto en aquellos que han sido inspirados con la venida de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn6\"><\/a>[6]Or\u00edgenes de Alejandr\u00eda, <em>De Prin <\/em>II, 7, 3: \u00abEn cuanto a nosotros, estamos persuadidos de que hay realmente tres hyp\u00f3stasis Padre, Hijo, Esp\u00edritu Santo; y creemos que solo el Padre es sin origen, y proponemos como proposici\u00f3n m\u00e1s verdadera y piadosa que todas las cosas vinieron a la existencia a trav\u00e9s del Verbo, y que de todas ellas el Esp\u00edritu Santo es la de dignidad m\u00e1xima, siendo la primera de todas las cosas que han recibido la existencia de (<em>hypo<\/em>) Dios a trav\u00e9s (<em>dia<\/em>) de Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn7\"><\/a>[7]Gregorio Nacianceno, <em>Discurso XXXI<\/em>, 8, 3-4 (Textos Patr\u00edsticos, <em>Discursos XXVII-XXXVI<\/em>,Edici\u00f3n Biling\u00fce de Marcelo Merino, Madrid 2019, 225).<\/p>\n<p><a name=\"_ftn8\"><\/a>[8]Basilio de Cesarea, <em>Sobre el Esp\u00edritu Santo<\/em>, I,3; VI,13.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn9\"><\/a>[9]Cfr. Ph. Henne, <em>Basile Le Grand<\/em>, Paris 2012, 251-258.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn10\"><\/a>[10]Basilio de Casarea, <em>Contra Eunomio<\/em>III, 5, 36-37.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn11\"><\/a>[11]Cfr. Gregorio Nacianceno, <em>Discurso XXXI<\/em>, 26, 2-3.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn12\"><\/a>[12]Cfr. I. Ortiz de Urbina, <em>Nicea y Constantinopla<\/em>, Vitoria 1969.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn13\"><\/a>[13]Cfr. G. Ur\u00edbarri Bilbao, <em>La singular humanidad de Jesucristo<\/em>, Madrid 2008.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn14\"><\/a>[14]Agust\u00edn de Hipona, <em>De Trinitate<\/em>, IV, 20, 29-30.<\/p>\n<p><a name=\"_ftn15\"><\/a>[15]Cfr. <em>Sobre las naturalezas<\/em>,Libro II (ed. L. Vel\u00e1zquez, Pamplona 2007, 295-299).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Art\u00edculo elaborado por \u00c1ngel Cordovilla P\u00e9rez, doctor en Teolog\u00eda y Profesor de Teolog\u00eda Dogm\u00e1tica en la Facultad de Teolog\u00eda de la Universidad Pontificia Comillas. El art\u00edculo es una adaptaci\u00f3n de uno publicado en la <a href=\"https:\/\/revistasalterrae.com\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><em>Revista Sal Terrae<\/em><\/a>, n\u00ba 108 (2020) 403-416, con el t\u00edtulo <em>El Esp\u00edritu Santo en la Tradici\u00f3n Eclesial<\/em>.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Por \u00c1ngel Cordovilla)\u00a0Es dif\u00edcil reflexionar expresamente sobre el Esp\u00edritu Santo. Si hay alg\u00fan momento en la historia de la tradici\u00f3n eclesial que la reflexi\u00f3n sobre \u00e9l ha sido decisiva es en la segunda mitad del siglo IV en torno al Concilio de Constantinopla I (381) donde se declarar\u00e1 su divinidad. 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