{"id":4234,"date":"2019-06-19T07:00:54","date_gmt":"2019-06-19T05:00:54","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=4234"},"modified":"2019-06-04T11:24:00","modified_gmt":"2019-06-04T09:24:00","slug":"puede-la-neuroetica-sustituir-a-la-etica-filosofica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=4234","title":{"rendered":"\u00bfPuede la neuro\u00e9tica sustituir a la \u00e9tica filos\u00f3fica?"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>(Por <span style=\"text-decoration: underline\">Josep Corc\u00f3<\/span>) En su libro&nbsp;<\/strong><em><strong>Braintrust<\/strong><\/em><strong>, la neurofil\u00f3sofa Patricia Churchland expone sus ideas sobre lo que la neurociencia ha aportado hasta el momento al estudio de las bases neurol\u00f3gicas del comportamiento \u00e9tico de los seres humanos. La tesis principal de la aportaci\u00f3n de Churchland es que la moralidad se origina en la neurobiolog\u00eda del apego y subraya la relevancia de la oxitocina en el comportamiento cooperativo de los seres humanos, con la pretensi\u00f3n de que la neuro\u00e9tica pueda llegar a constituirse en una \u00e9tica fundamental. Pero, a mi parecer, ante la propuesta de Churchland se abren interrogantes relevantes, como, por ejemplo, \u00bfpor qu\u00e9 debemos comportarnos \u00e9ticamente? o \u00bfcu\u00e1les son los valores morales? En esta contribuci\u00f3n valoraremos las principales ideas de Churchland para intentar mostrar si la neurociencia puede ayudar a contestar estas cuestiones.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El t\u00e9rmino neuro\u00e9tica tiene dos acepciones. La primera se refiere a la \u00e9tica de la neurociencia: esta acepci\u00f3n har\u00eda de la neuro\u00e9tica una rama m\u00e1s de la bio\u00e9tica. Pero la otra acepci\u00f3n es la que nos interesa aqu\u00ed: la neurociencia de la \u00e9tica, es decir, los conocimientos que el desarrollo de la neurociencia puede aportar en la b\u00fasqueda de las bases cerebrales del comportamiento \u00e9tico de los seres humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Alvarez-D\u00edaz distingue entre tres grupos de autores con posiciones distintas respecto a esta segunda acepci\u00f3n de la neuro\u00e9tica: los neuroreduccionistas, los neuroesc\u00e9pticos y los neurocr\u00edticos<a><sup>[1]<\/sup><\/a>. Como todo esquema se trata de una simplificaci\u00f3n, pero para situarnos en el territorio es suficiente como panorama inicial. Los neuroreduccionistas piensan que la neurociencia debe sustituir a la \u00e9tica porque de alguna manera (con matizaciones en las que no vamos a entrar), la mente humana e incluso el ser humano se identifica con el cerebro. Opuestos a este primer grupo est\u00e1n los neuroesc\u00e9pticos, que mantienen la tesis de que la neurociencia no puede aportar nada especialmente relevante a la \u00e9tica normativa, ya que el comportamiento \u00e9tico es una propiedad distintiva del ser humano que no puede fundamentarse cient\u00edficamente. Finalmente, los neurocr\u00edticos piensan que la \u00e9tica no puede ser subsumida por la neurociencia, pero tampoco descartan que los avances en neurociencia se tengan que tener en cuenta en el \u00e1mbito \u00e9tico.<\/p>\n\n\n\n<p>El debate, que aqu\u00ed concretamos en el \u00e1mbito de la neuro\u00e9tica, se sit\u00faa en realidad en un terreno mucho m\u00e1s global: \u00bfpuede la ciencia sustituir a la filosof\u00eda? Voy a adelantar que mi posici\u00f3n se acerca m\u00e1s al grupo de los neurocr\u00edticos: ciencia y filosof\u00eda son dos formas de conocimiento humano que tienen objetivos y metodolog\u00edas distintas, que nos permiten acceder a distintas facetas del mundo real, y que pueden encontrar aspectos de di\u00e1logo que les permitan reconocerse como conocimientos complementarios y mutuamente implicados. En el mundo contempor\u00e1neo, la ciencia necesita de la filosof\u00eda para comprenderse a s\u00ed misma, y la filosof\u00eda necesita de la ciencia para comprender el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como se puede ver el tema es muy amplio. Las propuestas que han despertado m\u00e1s expectaci\u00f3n est\u00e1n en el grupo de los neuroreduccionistas. Dentro de este grupo encontramos a Patricia Churchland, una de las m\u00e1s destacadas neurofil\u00f3sofas de la actualidad. En este trabajo voy a intentar explicar brevemente las principales ideas de Churchland sobre la relaci\u00f3n de la neurociencia y la moralidad, con unas consideraciones cr\u00edticas al respecto.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, nos interesa entender lo que Churchland concibe como \u00e9tica. \u201cLa hip\u00f3tesis predominante\u201d, afirma, \u201ces que lo que nosotros, los humanos, llamamos \u00e9tica o moralidad es una estructura de conducta social en cuatro dimensiones que viene determinada por la interrelaci\u00f3n de distintos procesos cerebrales: (1) el cuidado o atenci\u00f3n a los dem\u00e1s (\u2026), (2) el reconocimiento de los estados psicol\u00f3gicos de los dem\u00e1s(\u2026), (3) la resoluci\u00f3n de problemas en un contexto social y (4) el aprendizaje de pr\u00e1cticas sociales\u201d<a><sup>[2]<\/sup><\/a>. Quisiera destacar en este punto la insistencia en la dimensi\u00f3n social de la \u00e9tica como su \u00fanica dimensi\u00f3n: no parece que para Churchland la \u00e9tica pueda tener una dimensi\u00f3n personal o individual, centrada en el interior del ser humano. La \u00e9tica se concibe como una estructura de conducta social, es decir, de modo externalista. Por lo tanto, la \u00e9tica se entiende como la base que estructura la conducta social. Churchland lo afirma expl\u00edcitamente: \u201cLa conducta social y la moral parecen ser parte del mismo espectro de acciones\u201d<a><sup>[3]<\/sup><\/a>. La diferencia para Churchland estar\u00eda en la trascendencia de las acciones morales respecto a las puramente sociales (por ejemplo, no asesinar respecto a hacer un regalo en una boda).<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta que hace Churchland a continuaci\u00f3n es muy significativa: \u201c\u00bfDe qu\u00e9 modo los cerebros llegaron a preocuparse de los dem\u00e1s?&nbsp;&nbsp;Si mis genes organizan mi cerebro de modo que se centre en mi supervivencia, y en la reproducci\u00f3n y transmisi\u00f3n de esos genes, \u00bfc\u00f3mo dichos genes organizan mi cerebro para valorar a los dem\u00e1s? Solamente alcanzamos a comprender una parte de la neurobiolog\u00eda implicada en este proceso\u201d<a><sup>[4]<\/sup><\/a>. En este punto, Churchland se alinea con la corriente m\u00e1s dura de la biolog\u00eda evolutiva, que concibe al ser humano como una estructura que los genes construyen para su propia reproducci\u00f3n. Estamos ante la famosa tesis del gen ego\u00edsta de Richard Dawkins. Todos los seres vivos son concebidos por Dawkins como m\u00e1quinas que los genes construyen con el objetivo de reproducirse<a><sup>[5]<\/sup><\/a>. Un objetivo \u201cego\u00edsta\u201d que plantea el gran problema de la justificaci\u00f3n del altruismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cogiendo una perspectiva sociobiol\u00f3gica, Churchland basar\u00e1 su propuesta en la estructura neuroqu\u00edmica de los mam\u00edferos para explicar el comportamiento social humano. Y va a proponer la siguiente tesis: \u201cel apego (\u2026) constituye la plataforma neurol\u00f3gica de la moralidad. En mi uso de la palabra apego estoy adoptando la terminolog\u00eda de la neuroendocrinolog\u00eda, un campo en el que el apego hace referencia a la disposici\u00f3n para cuidar a otras personas, al deseo de estar con ellas y al hecho de entristecerse tras la separaci\u00f3n\u201d<a><sup>[6]<\/sup><\/a>. Es interesante en este punto atender a dos cuestiones. El apego se presenta como la plataforma, es decir, la base biol\u00f3gica de la moralidad. Hay que distinguir, como hace por ejemplo Adela Cortina, entre base y fundamento<a><sup>[7]<\/sup><\/a>. No es lo mismo que desde la neurociencia se proponga una base neuronal de la \u00e9tica, es decir, que sin un cerebro humano no habr\u00eda comportamiento \u00e9tico y otra muy distinta es proponer el fundamento de por qu\u00e9 esa conducta es \u00e9ticamente buena. El apego puede ser una base neuroendocrinol\u00f3gica que es necesaria para la vida social, al menos en el peque\u00f1o grupo de los allegados. Pero la neurociencia estrictamente no nos puede decir si el apego es un valor \u00e9ticamente bueno. Pero adem\u00e1s, el apego tiene que ver, como hemos mencionado, con los m\u00e1s allegados, y por lo tanto dif\u00edcilmente puede constituir la base de toda una moralidad que tiene que alcanzar tambi\u00e9n a los distantes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Churchland parece consciente de alguna de las limitaciones de su propia tesis.&nbsp;&nbsp;Por ejemplo, admite que \u201caunque el apego puede ofrecer una base para la moralidad, no existe un sencillo conjunto de pasos \u2013ninguna operaci\u00f3n deductiva ni normas precisas de aplicaci\u00f3n- que nos lleve del yo cuido y valoro a la mejor soluci\u00f3n para los problemas morales concretos, especialmente los que surgen dentro de culturas complejas\u201d<a><sup>[8]<\/sup><\/a>. Este es un ejemplo de la distinci\u00f3n entre base y fundamento. No podemos deducir qu\u00e9 conductas son morales o no en un determinado caso porque la base no aporta valores sino solamente es una base de conducta. Podr\u00edamos hacer una hip\u00f3tesis evolutiva seg\u00fan la cual el apego es bueno para la supervivencia del grupo. Pero entonces cabe preguntarse, como sugiere Adela Cortina, si el fin del ser humano es simplemente sobrevivir o quiz\u00e1s vivir humanamente bien<a><sup>[9]<\/sup><\/a>, cuesti\u00f3n que va m\u00e1s all\u00e1 de la supervivencia del grupo y conduce, entre otros aspectos, a apoyar a los d\u00e9biles y vulnerables aunque no pertenezcan al grupo propio, sea \u00e9ste el que sea.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Llegamos con esto a la hip\u00f3tesis principal de Churchland tal y como ella la mantiene: \u201cLa moralidad se origina en la neurobiolog\u00eda del apego y de los v\u00ednculos afectivos, depende de la idea de que la red de oxitocina-vasopresina en los mam\u00edferos pueda modificarse para permitir el cuidado a terceros m\u00e1s all\u00e1 de la propia prole o camada, y que, si se conserva esa misma red como tel\u00f3n de fondo, el aprendizaje y la resoluci\u00f3n de problemas se incorporan a la gesti\u00f3n de la propia vida social. Podr\u00edamos predecir, por tanto, que la cooperaci\u00f3n y confianza son sensibles a los niveles de oxitocina. Esto suscita una cuesti\u00f3n importante: \u00bfpueden los cambios en los niveles de oxitocina incidir en la conducta cooperativa de los seres humanos?\u201d<a><sup>[10]<\/sup><\/a>. Parece que aqu\u00ed podr\u00edamos encontrar un campo abonado para resolver muchos de los problemas humanos, especialmente el cuidado de los m\u00e1s vulnerables, aumentando el nivel de oxitocina de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la cuesti\u00f3n no es tan obvia y presenta claramente sus l\u00edmites, como admite Churchland: \u201cA pesar de que los datos presentados demuestran que existen relaciones importantes entre la conducta social, la OXT, la VPA y sus receptores, entender la naturaleza precisa de sus relaciones requerir\u00e1 una mayor comprensi\u00f3n de c\u00f3mo se toman las decisiones, y del modo en que la percepci\u00f3n afecta y es afectada por las emociones. Adem\u00e1s, hay que tener en cuenta que la oxitocina no deber\u00eda llamarse la mol\u00e9cula de la funci\u00f3n social y cognitiva, porque se trata de una parte de una compleja red flexible e interactiva de genes, interacciones entre esos genes, las neuronas, las sustancias neuroqu\u00edmicas y el entorno, y las interacciones entre el cuerpo y las neuronas\u201d<a><sup>[11]<\/sup><\/a>. Seguramente faltan tambi\u00e9n otros factores a tener en cuenta, como la libertad humana, por ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos visto un intento de convertir la neuro\u00e9tica en \u00e9tica fundamental. Pero, a mi parecer, son muchas las objeciones que se pueden realizar para poner en cuesti\u00f3n que preguntas tan relevantes como \u00bfpor qu\u00e9 debemos comportarnos \u00e9ticamente? o \u00bfcu\u00e1les son los valores morales? puedan ser contestadas por la neurociencia. Siempre se puede decir que todav\u00eda la neurociencia no puede contestar a estas preguntas porque su desarrollo es muy inicial. Pero hemos visto como la neurociencia y la \u00e9tica est\u00e1n en planos distintos. Una manera cl\u00e1sica de subrayar esta diferencia es aludir a la distinci\u00f3n entre el \u201ces\u201d que nos puede describir la neurociencia y el \u201cdeber\u00eda ser\u201d que la \u00e9tica pretende fundamentar. Este es un tema cl\u00e1sico en el \u00e1mbito de la filosof\u00eda, pero que tambi\u00e9n ha sido puesto de relieve por cient\u00edficos de la talla de Stephen Jay Gould, bi\u00f3logo evolucionista.&nbsp;&nbsp;Gould, de manera m\u00e1s general, define el \u00e1mbito de la ciencia como el \u00e1mbito de los hechos y el de la \u00e9tica como el \u00e1mbito del significado<a><sup>[12]<\/sup><\/a>. Son dos \u00e1mbitos independientes, y al mismo tiempo es completamente necesario que desde su independencia metodol\u00f3gica dialoguen para conseguir una comprensi\u00f3n cabal del ser humano. Me parece muy acertado el siguiente posicionamiento de Gould: \u201cLa ciencia no puede decir nada sobre la moralidad de la moral. Es decir, el descubrimiento potencial por los antrop\u00f3logos de que el asesinato, el infanticidio, el genocidio y la xenofobia pueden haber caracterizado a muchas sociedades humanas, pueden haber surgido de preferencias en determinadas situaciones sociales, e incluso que pueden haber sido beneficiosos en determinados contextos, no ofrece en absoluto ning\u00fan apoyo para la proposici\u00f3n moral de que debi\u00e9ramos comportarnos de aquella manera\u201d<a><sup>[13]<\/sup><\/a>. Sin embargo, aunque la ciencia no pueda decir nada sobre la moralidad de la moral, la neurociencia nos puede aportar interesantes conocimientos que hay que tener en cuenta a la hora de una correcta comprensi\u00f3n del comportamiento moral humano. A su vez, estos conocimientos neurocient\u00edficos necesitan un marco de interpretaci\u00f3n \u00e9tico que s\u00f3lo la filosof\u00eda puede proporcionar.&nbsp;<br><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\" \/>\n\n\n\n<p><a><sup>[1]<\/sup><\/a>\u00c1lvarez-D\u00edaz, J. A., \u201cNeuro\u00e9tica como neurociencia de la \u00e9tica\u201d en:&nbsp;<em>Revista de Neurolog\u00eda,<\/em>57 (8), 2013, p\u00e1g. 377.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[2]<\/sup><\/a>Churchland, P. S.,&nbsp;<em>El cerebro moral. Lo que la neurociencia nos cuenta sobre la moralidad<\/em>, Paid\u00f3s, Barcelona, 2012, p\u00e1g. 19.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[3]<\/sup><\/a><em>Ib\u00edd<\/em>., p\u00e1g. 72.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[4]<\/sup><\/a><em>Ib\u00edd.<\/em>, p\u00e1g. 23.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[5]<\/sup><\/a>Dawkins, R.,&nbsp;<em>El gen ego\u00edsta: las bases biol\u00f3gicas de nuestra conducta<\/em>, Salvat, Barcelona 1994.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[6]<\/sup><\/a>Churchland, P.S.,&nbsp;<em>o.c.<\/em>, p\u00e1g. 27.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[7]<\/sup><\/a>Cortina, A.,&nbsp;<em>Neuro\u00e9tica y neuropol\u00edtica. Sugerencias para la educaci\u00f3n moral<\/em>, Tecnos, Madrid 2014, p\u00e1g. 46.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[8]<\/sup><\/a>Churchland, P.S.,&nbsp;<em>o.c.<\/em>, p\u00e1g. 35.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[9]<\/sup><\/a>Cortina, A.,&nbsp;<em>o.c<\/em>., p\u00e1g. 139.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[10]<\/sup><\/a>Churchland, P.S.,&nbsp;<em>o.c.<\/em>, p\u00e1g. 85.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[11]<\/sup><\/a><em>Ib\u00edd<\/em>., p\u00e1g. 95.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[12]<\/sup><\/a>Gould, S. J.,&nbsp;<em>Ciencia versus religi\u00f3n. Un falso conflicto<\/em>, Cr\u00edtica, Barcelona, 2000.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[13]<\/sup><\/a><em>Ib\u00edd<\/em>., p\u00e1g. 69.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Art\u00edculo elaborado por Josep Corc\u00f3, Universitat Internacional de Catalunya. Este art\u00edculo es una adaptaci\u00f3n para <em>FronterasCTR<\/em> de un art\u00edculo publicado en <em>Pensamiento<\/em>, vol. 73 (2017).&nbsp;<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Por Josep Corc\u00f3) En su libro&nbsp;Braintrust, la neurofil\u00f3sofa Patricia Churchland expone sus ideas sobre lo que la neurociencia ha aportado hasta el momento al estudio de las bases neurol\u00f3gicas del comportamiento \u00e9tico de los seres humanos. 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