{"id":4174,"date":"2019-05-22T07:00:49","date_gmt":"2019-05-22T05:00:49","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=4174"},"modified":"2019-05-19T09:36:52","modified_gmt":"2019-05-19T07:36:52","slug":"el-falso-dilema-entre-ciencias-y-letras-la-tercera-cultura-y-sus-implicaciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=4174","title":{"rendered":"El falso dilema entre \u00abciencias\u00bb y \u00abletras\u00bb: la \u00abtercera cultura\u00bb y sus implicaciones"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>(Por <u>Leandro Sequeiros<\/u>) El martes 7 de mayo de 2019 tuvo lugar en M\u00e1laga un acto en la Academia Malague\u00f1a de Ciencias con ocasi\u00f3n de los 60 a\u00f1os de la pol\u00e9mica conferencia de C. P. Snow sobre las dos culturas, y en el que intervinieron Antonio Di\u00e9guez y Federico C. Soriguer. Aprovechando la ocasi\u00f3n intentamos en este escrito volver sobre las ideas de Snow para analizar sus implicaciones.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong> Antecedentes<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En mayo de 1959 el cient\u00edfico y escritor C. P. Snow dict\u00f3 en Cambridge una conferencia en la que desarroll\u00f3 la noci\u00f3n de \u201clas dos culturas\u201d para aludir a la creciente separaci\u00f3n entre los saberes de los cient\u00edficos y los saberes de los humanistas<a><sup>[1]<\/sup><\/a>. Aunque la grieta hab\u00eda comenzado a abrirse en el XVII, el siglo de la ciencia; la categ\u00f3rica fractura \u2014que nunca hab\u00eda dejado agrandarse\u2014 pudo ser certificada desde la generalizaci\u00f3n del empleo del t\u00e9rmino \u201c<em>scientist<\/em>\u201d (cient\u00edfico) en el sentido acu\u00f1ado por William Whewell en el Prefacio a\u00a0<em>The Philosophy of the Inductive Sciences<\/em>de 1840. Desde entonces, la venerable figura del fil\u00f3sofo natural \u2014Newton, Lavoisier o Lyell hab\u00edan sido fil\u00f3sofos naturales\u2014 desaparece para dar paso a los cient\u00edficos como gremio bien distinto del de los fil\u00f3sofos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el siglo XIX se hab\u00edan producido algunos intentos de integrar te\u00f3ricamente ambos tipos de pensamiento o saberes. Entre tales tentativas destac\u00f3 muy especialmente la sociolog\u00eda de Comte, pretendida ciencia omniabarcante, de jerarqu\u00eda superior a la biolog\u00eda y a la f\u00edsica. Sin embargo, la primera reflexi\u00f3n filos\u00f3fica metacient\u00edfica claramente delimitada y definida como disciplina aut\u00f3noma suele atribuirse al positivismo l\u00f3gico del c\u00edrculo de Viena (Schlick, Popper, Carnap, Morris, Neurath, etc.) y en tal sentido, la epistemolog\u00eda surgi\u00f3 asociada al magno intento aglutinador que en la d\u00e9cada de 1930 supuso la Enciclopedia de la Ciencia Unificada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras la Segunda Guerra Mundial el crecimiento exponencial y el auge social de la ciencia \u2014en una civilizaci\u00f3n que se podr\u00eda caracterizar sin ambages como cient\u00edfica a la vista de su estrecha dependencia de ella\u2014 propiciaron el acercamiento a este fen\u00f3meno por parte de investigadores sociales como R. K. Merton, quien propuso un c\u00f3digo de honestidad intelectual de la ciencia, y De Solla Price, J. D. Bernal o el citado C. P. Snow, quienes profundizaron en aspectos relacionados con los mecanismos de control de la ciencia por parte de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Paralelamente, en la segunda mitad del siglo XX, la filosof\u00eda de la ciencia renunci\u00f3 pr\u00e1cticamente a imponer sus ideas sobre la naturaleza o sobre la ciencia y se marc\u00f3 como tarea la de reflexionar&nbsp;<em>a posteriori&nbsp;<\/em>acerca de las grandes teor\u00edas cient\u00edficas surgidas a lo largo de la historia, teor\u00edas por tanto ya construidas. Se tratar\u00eda de analizar la ciencia a partir de sus m\u00e9todos, leyes, axiomas, hip\u00f3tesis, experimentos, etc. para despu\u00e9s intentar reconstruirla sint\u00e1cticamente desde un punto de vista formal o l\u00f3gico-matem\u00e1tico. Pero esta tarea, a la que se aplicaron fil\u00f3sofos de vocaci\u00f3n estructuralista, como Carnap o Stegm\u00fcller entre otros, no tard\u00f3 en mostrarse excesivamente ardua y no demasiado productiva. La reconstrucci\u00f3n anal\u00edtica tambi\u00e9n fue ensayada a partir de la concepci\u00f3n sem\u00e1ntica de la verdad de Tarski, pero el enfoque sem\u00e1ntico result\u00f3 igualmente irrealizable e incompleto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Otra aproximaci\u00f3n indudablemente m\u00e1s factible y exitosa fue la debida a Thomas S. Kuhn con&nbsp;<em>La estructura de las revoluciones cient\u00edficas<\/em>(1962): en este caso ya no se trataba de desentra\u00f1ar la estructura de la ciencia \u2014desde el punto de vista de su justificaci\u00f3n, como habr\u00eda dicho Reichenbah\u2014, sino de estudiar el desarrollo hist\u00f3rico de sus teor\u00edas o paradigmas \u2014un punto de vista m\u00e1s cercano al descubrimiento\u2014. La senda historicista abierta por Kuhn para el estudio de la ciencia tuvo una excelente acogida al manifestarse m\u00e1s viable que las opciones anal\u00edticas y estructuralistas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mas la preeminencia de la ciencia en la sociedad contempor\u00e1nea genera una reflexi\u00f3n pragm\u00e1tica incesante acerca de ella misma desde perspectivas cambiantes y no exclusivamente hist\u00f3ricas. Siguiendo la estela de Kuhn desde posiciones gradualmente m\u00e1s radicales surgieron en las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XX numerosos programas interdisciplinares de Ciencia, Tecnolog\u00eda y Sociedad, CTS, dedicados al estudio de la pr\u00e1ctica cient\u00edfica y de la relaci\u00f3n entre la ciencia y la sociedad. La ciencia y, sobre todo, la tecnolog\u00eda son objeto de an\u00e1lisis social y protagonizan el debate pol\u00edtico. La sociolog\u00eda \u2014cuyo inter\u00e9s tradicional por la ciencia sol\u00eda limitarse al an\u00e1lisis del contexto social en que se enmarcaba la actividad cient\u00edfica\u2014 dio un paso m\u00e1s y propuso explicaciones en t\u00e9rminos sociol\u00f3gicos incluso para los contenidos de las teor\u00edas cient\u00edficas. David Bloor fue uno de los fundadores de lo que vino a llamarse el \u00abprograma fuerte\u00bb de sociolog\u00eda del conocimiento. En una l\u00ednea parecida cabe mencionar los trabajos de Barnes, Pickering, Collins y Pinch entre otros \u00abcient\u00edficos sociales\u00bb. Estos autores son contempor\u00e1neos y coincidentes en algunos conceptos con las tendencias filos\u00f3ficas y literarias postmodernas con las que parecen confluir en un relativismo hist\u00f3rico-social cr\u00edtico respecto de las concepciones dogm\u00e1ticas o simplemente tradicionales de la ciencia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Dos culturas, tres culturas&#8230;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la famosa conferencia de 1959 a la que se hac\u00eda menci\u00f3n al inicio de este art\u00edculo, C. P. Snow \u2014pese a reconocer la dependencia cada vez mayor de la civilizaci\u00f3n respecto del desarrollo cient\u00edfico\u2014 afirmaba que la fractura entre los dos supuestos tipos de saberes, el cient\u00edfico y el human\u00edstico, no hab\u00eda hecho sino agrandarse a lo largo del siglo XX. Sin embargo, en la segunda edici\u00f3n fechada en 1963 de su celeb\u00e9rrima conferencia, Snow agreg\u00f3 un nuevo ensayo \u2014<em>Las dos culturas y un segundo enfoque<\/em>\u2014 en el que auguraba la emersi\u00f3n de \u00abuna nueva tercera cultura\u00bb que habr\u00eda de tender un puente entre cient\u00edficos y humanistas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Menos claro queda el asunto de c\u00f3mo habr\u00eda de realizarse el proceso de colonizaci\u00f3n del espacio destinado a la tercera cultura tal como fue propuesto por Snow. Si habr\u00edan de ser los pensadores humanistas (tal vez fil\u00f3sofos o soci\u00f3logos) quienes iniciaran el acercamiento o incluso pretendieran un determinado control social de la poderosa ciencia, como se ha avanzado en el ep\u00edgrafe precedente, o si por el contrario deber\u00edan ser los cient\u00edficos quienes se dignaran a dar el primer paso iniciando al resto de la comunidad pensante en sus trascendentes pero hasta entonces herm\u00e9ticas investigaciones. No en vano, cient\u00edficos como Einstein, Heisenberg, B\u00f6hr, G\u00f6del, etc., ya hab\u00edan intentado conectar ambas orillas explicando la ciencia al p\u00fablico culto en general. Tras el vaticinio de Snow, en efecto, otros cient\u00edficos habr\u00edan de destacar en los campos de la historia o de la filosof\u00eda de la ciencia m\u00e1s a\u00fan que en los respectivos campos cient\u00edficos en los que se hab\u00edan formado, pensemos en los casos de T. S. Kuhn o de M. Bunge.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero hay m\u00e1s, desde la perspectiva de las relaciones entre ciencia y cultura, tal vez el fen\u00f3meno m\u00e1s rese\u00f1able de las \u00faltimas d\u00e9cadas haya sido el auge de la divulgaci\u00f3n cient\u00edfica, que \u00faltimamente recibe una atenci\u00f3n muy cuidada por parte de los editores, quienes encontraron un rico fil\u00f3n en los trabajos de autores como C. Sagan, S. Hawkins o S. J. Gould. El peaje a pagar por los divulgadores tras haber irrumpido en una esfera m\u00e1s literaria que cient\u00edfica fue, como era de esperar, el de un cierto desd\u00e9n por parte de sus colegas cient\u00edficos. Mas los ciudadanos de una sociedad b\u00e1sicamente cient\u00edfica no pueden vivir de espaldas a la ciencia y agradecen generalmente que alg\u00fan cient\u00edfico se acuerde de ellos y se moleste en explicarles \u00abd\u00f3nde les aprieta el zapato\u00bb.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1991, John Brockman public\u00f3 un ensayo titulado \u00abThe emerging Third Culture\u00bb que prosigui\u00f3 con una serie de entrevistas con y entre cient\u00edficos de lo que \u00e9l consideraba la tercera cultura y que dio lugar a la publicaci\u00f3n en 1995 de&nbsp;<em>The Third Culture: Beyond The Scientific Revolution<\/em>. En esta obra deplora que la consideraci\u00f3n de \u00abculto\u00bb haya estado tradicionalmente en manos de los miembros de la primera cultura: la de las letras, la filosof\u00eda, la historia y las artes. Brockmann argumenta que los hombres de letras no se relacionan con los cient\u00edficos por lo que, a partir de los a\u00f1os ochenta, los cient\u00edficos decidieron tomar por asalto el terreno de la primera cultura y comunicarse directamente con el p\u00fablico, algunos con gran habilidad, de forma que lo que tradicionalmente se llamaba \u00abciencia\u00bb se ha convertido en \u00abcultura p\u00fablica\u00bb. Este desplazamiento habr\u00eda generado, seg\u00fan Brockman, la \u00abtercera cultura\u00bb.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abLa tercera cultura re\u00fane a aquellos cient\u00edficos y pensadores emp\u00edricos (1) que, a trav\u00e9s de su obra y su producci\u00f3n literaria, est\u00e1n ocupando el lugar del intelectual cl\u00e1sico a la hora de poner de manifiesto el sentido m\u00e1s profundo de nuestra vida, replante\u00e1ndose qui\u00e9nes y qu\u00e9 somos\u00bb (J. Brockman, 1995:13).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El c\u00f3cktail propuesto por Brockman no podr\u00eda haber sido m\u00e1s del agrado del bolchevique Molotov pues algunos de los cient\u00edficos referidos andaban ya enzarzados en interminables disputas a cuenta de la extrapolaci\u00f3n de las conclusiones de sus respectivas ciencias al terreno abierto de los intereses generales de los lectores. Tan s\u00f3lo mencionaremos a modo de ejemplo el enfrentamiento acerca de los mecanismos de la evoluci\u00f3n mantenido entre el genetista Richard Dawkins y el paleont\u00f3logo Stephen J. Gould. La pol\u00e9mica se podr\u00eda calificar de guerra entre dos ciencias \u2014asunto gremial a fin de cuentas\u2014 en tanto que de los t\u00e9rminos inconmensurables de dos ciencias diferentes (los genes o las especies) no parece esperable un consenso respecto del motor ni del&nbsp;<em>tempo<\/em>de la evoluci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, la tercera cultura \u2014en la nueva definici\u00f3n de Brockman\u2014 incluir\u00eda a aquellos cient\u00edficos comprometidos, conscientes de la trascendencia de su cometido respecto de la sociedad en la que trabajan, que intentan \u00abrecobrar la ciencia accesible como una tradici\u00f3n intelectual honorable\u00bb tras \u00abconstatar el estado lastimoso de la educaci\u00f3n cient\u00edfica\u00bb (S. J. Gould,&nbsp;<em>Brontosaurus&#8230;<\/em>, 1993: p\u00e1gs. 10 y 12). Y sin embargo \u2014se lamentan esos mismos cient\u00edficos\u2014 no es infrecuente que un humanista se vanaglorie de no saber hacer una ra\u00edz cuadrada. Es cierto \u2014reconocen\u2014 que algunos cient\u00edficos no leyeron nunca a Shakespeare, sin embargo no se sabe de ninguno que presumiera de ello.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De este modo, la tercera cultura \u2014que en los pron\u00f3sticos de Snow iba a ser un lugar de encuentro entre humanistas y cient\u00edficos\u2014 pasa a ser \u2014en la nueva propuesta de Brockman\u2014 un club pr\u00e1cticamente exclusivo de cient\u00edficos (americanos y brit\u00e1nicos) dada la supuesta renuencia de los humanistas a comunicarse con ellos. Los cient\u00edficos contempor\u00e1neos en su faceta \u00abdivulgadora\u00bb constituir\u00edan&nbsp;<em>de facto<\/em>la tercera cultura resultando innecesaria la comunicaci\u00f3n entre cient\u00edficos e \u00abintelectuales literarios\u00bb, pues los \u00abintermediarios\u00bb ya no son precisos (J. Brockman, 1995: 18).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s recientemente, en 2007, apareci\u00f3 la traducci\u00f3n espa\u00f1ola de la obra publicada en 2003,\u00a0<em>The New Humanist. Science and the Edge<\/em>, editada asimismo por John Brockman<a><sup>[2].<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Las guerras de la ciencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero \u00bfes eso cierto? \u00bfest\u00e1n justificadas las jeremiadas de los cient\u00edficos americanos? \u00bfest\u00e1n los humanistas tan orgullosos de su cultura que desprecian entrar en el debate? Muchos datos inclinan a pensar que esto no es as\u00ed en absoluto. Incluso se podr\u00eda argumentar en sentido contrario. El hecho admitido de pertenecer todos a una civilizaci\u00f3n altamente condicionada por el progreso cient\u00edfico deja fuera de dudas la trascendencia social de la ciencia. En consecuencia, como ya adelantamos, a los cl\u00e1sicos estudios filos\u00f3ficos e hist\u00f3ricos de la ciencia vino a a\u00f1ad\u00edrseles un inusitado inter\u00e9s sociol\u00f3gico propiciado desde instituciones muy solventes, en ocasiones desde las mismas instituciones que financian la labor de los cient\u00edficos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El asunto se complica porque \u2014a diferencia de la filosof\u00eda o de la historia, cuyos respectivos planteamientos epistemol\u00f3gicos parecen claramente asentados\u2014, estos \u00faltimos estudios no renuncian al adjetivo de cient\u00edfico o incluso lo incorporan a su esencia, bajo la controvertida denominaci\u00f3n de \u00abciencias sociales\u00bb en las que se detecta un componente mim\u00e9tico que ciertos autores no dudan en calificar de \u00abenvidia de la f\u00edsica\u00bb y que suele manifestarse por el uso excesivo \u2014frecuentemente distorsivo y no siempre justificado\u2014 de la cuantificaci\u00f3n y de la estad\u00edstica. Un segundo aspecto preocupante de la relativizaci\u00f3n de la ciencia que incluso reconocen H. Collins y T. Pinch (1993: 165) es que en ocasiones acaba conduciendo a la aceptaci\u00f3n p\u00fablica de \u00abciencias inusuales\u00bb entre las que mencionan la parapsicolog\u00eda, la telepat\u00eda, etc.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, y como habr\u00edan de denunciar posteriormente A. Sokal &amp; J. Bricmont (1997), los partidarios del programa fuerte de sociolog\u00eda de la ciencia se encontraron ante un dilema: o bien se adher\u00edan de forma sistem\u00e1tica al escepticismo o relativismo filos\u00f3fico, en cuyo caso no se entiende c\u00f3mo van a construir una sociolog\u00eda \u00abcient\u00edfica\u00bb, o bien adoptaban exclusivamente un relativismo metodol\u00f3gico (no filos\u00f3fico), apartando la naturaleza de la explicaci\u00f3n cient\u00edfica. Por consiguiente, el planteamiento sociol\u00f3gico del \u00abprograma fuerte\u00bb y la actitud filos\u00f3fica relativista posmoderna se fortalecen mutuamente (Sokal &amp; Bricmont, 1997: 100).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nadie parece cuestionar que la ciencia sea una construcci\u00f3n social en el sentido de que la clase de ciencia que se realiza tiende a reflejar los intereses econ\u00f3micos, la creencia y las necesidades sociales imperantes. Pero la forma \u00abfuerte\u00bb del constructivismo va mucho m\u00e1s all\u00e1: para estos \u00faltimos la ciencia no ser\u00eda m\u00e1s que un tipo de discurso del que se dota la comunidad. El \u00abprograma fuerte\u00bb de sociolog\u00eda de la ciencia encontr\u00f3 eco en Francia con Bruno Latour (2) y, como era de esperar, fue aceptado con especial simpat\u00eda por diversos pensadores de corrientes postmodernas. Sokal y Bricmont son especialmente duros con la obra de Latour de la que afirman contiene numerosas proposiciones formuladas con tal ambig\u00fcedad que resulta dif\u00edcil tomarlas al pie de la letra, pero que si se elimina dicha ambig\u00fcedad s\u00f3lo quedan afirmaciones verdaderas pero vanales o afirmaciones sorprendentes pero falsas (Sokal &amp; Bricmont, 1997: 101). No menos cr\u00edticos se muestran Gross y Levitt (1994: 57-62) quienes encuentran que en su obra, ingeniosa e iconoclasta, \u00abLatour se complace dibujando un panorama de la ciencia triste y siniestro, fracasando en su intento radical de repensar la epistemolog\u00eda cient\u00edfica\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En las coordenadas intelectuales de los primeros a\u00f1os noventa, echando \u2014s\u00f3lo parcialmente\u2014 por tierra las ben\u00e9volas previsiones de Snow, se desencaden\u00f3 lo que se habr\u00eda de bautizar como las \u00abguerras de la ciencia\u00bb. Andrew Ross parece haber el primero en emplear esta expresi\u00f3n en el art\u00edculo \u00abScience Backlash on Technoskeptics\u00bb publicado en&nbsp;<em>The Nation<\/em>el 2 de octubre de 1995. La querella implicaba \u00aben bloque\u00bb a cient\u00edficos sociales y a cient\u00edficos naturales y enfrent\u00f3 a ambos colectivos forz\u00e1ndolos en muchas ocasiones a cerrar filas y confundiendo en la batalla algunas \u00abense\u00f1as pol\u00edticas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque, como se ha visto, la pol\u00e9mica ven\u00eda de lejos, el detonante de la guerra suele considerarse la publicaci\u00f3n de&nbsp;<em>The Golem: what everyone shoud know about science<\/em>(1993) de Harry Collins y Trevor Pinch, dos soci\u00f3logos brit\u00e1nicos especialistas en CTS y pertenecientes al denominado grupo de Edimburgo. Estos soci\u00f3logos emplearon la met\u00e1fora del G\u00f3lem para desmitificar la ciencia:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abLa ciencia es un g\u00f3lem\u00bb (&#8230;) \u00abG\u00f3lem es una met\u00e1fora que se aplica a cualquier bruto que ignore tanto su propia fuerza como la magnitud de su estolidez e ignorancia\u00bb (&#8230;) \u00abNo es una criatura perversa sino un poco necia\u00bb (&#8230;) \u00abNo hay que reprocharle sus errores; son nuestros errores\u00bb (&#8230;) \u00abLos ciudadanos que quieran participar en el proceso democr\u00e1tico de una sociedad tecnol\u00f3gica han de saber que toda ciencia est\u00e1 sujeta a controversia y, por tanto, cae en el c\u00edrculo vicioso del experimentador\u00bb (Collins &amp; Pinch, 1993: 13-15).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para los soci\u00f3logos del programa fuerte la ciencia no ser\u00eda m\u00e1s que un tipo de \u00abconstrucci\u00f3n\u00bb social, vocablo muy adecuado al pensamiento posmoderno que goza de una gran aceptaci\u00f3n \u2014especialmente entre pensadores de izquierdas, pues como apunta I. Hacking (1998, trad. 2001: 69) \u00aba\u00fan puede ser liberador constatar que algo es construido y no forma parte de la naturaleza de las cosas, de las personas o de la sociedad humana\u00bb\u2014. Los resultados de la ciencia no nacen de una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda de la \u00abrealidad natural\u00bb, sino que son construcciones mentales intersubjetivas. En su libro, Collins y Pinch fomentan no pocas suspicacias respecto de la ciencia dirigidas a los ciudadanos de una sociedad democr\u00e1tica, a los humanistas en particular:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abNo es posible separar la ciencia de la sociedad; sin embargo, la preservaci\u00f3n de la idea de que son dos esferas distintas es lo que crea la imagen autoritaria que resulta tan familiar a la mayor\u00eda\u00bb.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abTal como est\u00e1n las cosas, tenemos s\u00f3lo (&#8230;) dos formas de considerar la ciencia: o es del todo buena o es del todo mala\u00bb (&#8230;) \u00abEl problema es que los dos estados (&#8230;) son de temer\u00bb (Collins &amp; Pinch, 1993: 164)&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Respecto de los errores de la ciencia:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abNo se les puede pedir a los cient\u00edficos y a los t\u00e9cnicos que dejen de ser humanos; sin embargo, s\u00f3lo unos aut\u00f3matas m\u00edticos (&#8230;) podr\u00edan ofrecer el tipo de certeza que los cient\u00edficos han hecho que esperemos de ellos mismos\u00bb (Collins &amp; Pinch, 1993: 164).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sobre el conocimiento p\u00fablico de la ciencia se cuestionan:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00ab\u00bfQu\u00e9 cambios supone esta concepci\u00f3n de la ciencia? (&#8230;) no se trata de una actitud anticient\u00edfica. Poco afectar\u00eda a c\u00f3mo trabajan los cient\u00edficos en la mesa del laboratorio. En cierto sentido, la visi\u00f3n social de la ciencia carece de utilidad para los cient\u00edficos; no har\u00eda otra cosa que debilitar la fuerza que da alas a la determinaci\u00f3n de descubrir. Nuestras redescripciones deber\u00edan tener su efecto en el m\u00e9todo cient\u00edfico de todas esas disciplinas que imitan de mala manera lo que en ellas se cree es la forma de proceder de las prestigiosas ciencias naturales\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abEs notorio que las ciencias sociales padecen la primera de esas dos enfermedades: la envidia de la f\u00edsica (psicolog\u00eda experimental, sociolog\u00eda cuantitativa que no consisten m\u00e1s que en hip\u00f3tesis pedantemente expresadas y manipulaci\u00f3n estad\u00edstica sin fin de datos marginales)\u00bb &#8230; \u00abLa segunda enfermedad es m\u00e1s preocupante. La favorable recepci\u00f3n p\u00fablica de ciencias inusuales como la parapsicolog\u00eda\u00bb (Collins &amp; Pinch, 1993: 165).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las respuestas a las tesis de la Escuela de Edimburgo no se hicieron esperar. Desde revistas cient\u00edficas como&nbsp;<em>Physics Today<\/em>toda una comunidad de cient\u00edficos naturales \u00bfo deber\u00edamos decir \u00abcient\u00edficos a secas\u00bb? se sobresaltaron indignados. Un a\u00f1o despu\u00e9s de la aparici\u00f3n del libro de H. Collins y T. Pinch, P. R. Gross y N. Levitt publicaron&nbsp;<em>Higher Superstition: the Academic Left and its Quarrels with Science<\/em>en el que se pueden leer cosas como:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las pretensiones de interpretar el conocimiento cient\u00edfico como la mera transcripci\u00f3n de las perspectivas sociales del var\u00f3n occidental capitalista, o como un producto deformado por la prisi\u00f3n de la lengua, son desesperadamente ingenuas y reduccionistas. No tienen en cuenta ninguna l\u00f3gica espec\u00edfica de las ciencias y son demasiado groseras para dar cuenta de la textura conceptual de cualquier categor\u00eda del pensamiento cient\u00edfico importante (Gross &amp; Levitt, 1994: 40).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ambici\u00f3n central del programa cultural del constructivismo \u2014explicar los m\u00e1s profundos logros de la ciencia como corolario de ciertas asunciones sociales y de su agenda ideol\u00f3gica\u2014 es vana y perversa (Gross &amp; Levitt, 1994: 69).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>Izquierda y derecha en el cosmos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pol\u00e9mica se hizo cada vez m\u00e1s \u00e1spera y excesivamente maniquea, se intent\u00f3 sucesivamente politizarla y despolitizarla: mientras unos tachan a la ciencia de autoritaria y reaccionaria; otros hablan con menosprecio de una \u00abizquierda acad\u00e9mica\u00bb, aunque luego explican que esto no lo aplican a acad\u00e9micos con visiones izquierdistas, sino m\u00e1s bien a un tipo de cr\u00edtico de la ciencia, presumiblemente progresista, que malinterpreta sistem\u00e1ticamente la naturaleza del trabajo cient\u00edfico. Pero es cierto que cient\u00edficos notablemente conservadores como E. O. Wilson o S. Weinberg se apuntan a la cruzada cientifista inaugurada por P. Gross frente a los soci\u00f3logos posmodernos supuestamente izquierdistas. Bajo las interpretaciones pol\u00edticas siguen aflorando puntos de encuentro y desencuentro entre ciencias y humanidades. E. O. Wilson sostiene que la mayor empresa de la mente es el intento de conectar las ciencias con las humanidades. En su opini\u00f3n, si se fomentase la \u00abconsiliencia\u00bb del conocimiento, la cultura acabar\u00eda por caer dentro de la ciencia. La ciencia necesitar\u00eda de la intuici\u00f3n y el poder metaf\u00f3rico de las artes, mientras que las artes precisan la sangre nueva de la ciencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El conocimiento cient\u00edfico viene envuelto en ideolog\u00eda. Desde la f\u00edsica, pasando por la biolog\u00eda, hasta llegar a las muy ideologizadas ciencias sociales, las instituciones que validan y financian la ciencia eval\u00faan la investigaci\u00f3n bas\u00e1ndose en las publicaciones en \u00abrevistas de reconocido prestigio\u00bb con comit\u00e9s de lectura constituidos por expertos que, especialmente en los casos de las ciencias humanas, pero no solamente en ellas, se alinean y exigen un alineamiento con los postulados ideol\u00f3gicos de los editores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algunos fil\u00f3sofos como Richard Rorty o Ian Hacking describen la situaci\u00f3n como una guerra en la que unos creen en la verdad y en la racionalidad mientras que otros las niegan; \u00e9stos segundos \u2014los \u00abchicos malos\u00bb\u2014 ser\u00edan los postmodernos, irracionalistas, relativistas, o construccionistas sociales. Los \u00abchicos buenos\u00bb, por su parte, creen que la ciencia nos cuenta las cosas como realmente son, pues disfruta supuestamente de una especial relaci\u00f3n con la realidad; para ellos el paradigma de la racionalidad ser\u00eda la investigaci\u00f3n cient\u00edfica y la verdad ser\u00eda simplemente el resultado de esta investigaci\u00f3n. Los \u00abbuenos chicos\u00bb ser\u00edan profundamente suspicaces respecto de fil\u00f3sofos de la ciencia como Bruno Latour y Thomas S. Kuhn, quienes describen conflictos entre teor\u00edas cient\u00edficas con los mismos t\u00e9rminos que emplear\u00edan para describir conflictos morales u opiniones pol\u00edticas. Con grandes dosis de iron\u00eda, I. Hacking interpreta las tesis de E. O. Wilson y Paul Gross como una invitaci\u00f3n a tomar la ciencia natural como modelo para otras actividades humanas. Lo m\u00e1s preocupante es que Wilson sea un entom\u00f3logo especialista en hormigas, unos bichos cuyo fascinante comportamiento social no parece el mejor modelo pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hacking hace remontar el origen de aquellas intuiciones contradictorias hasta Prot\u00e1goras cuando afirm\u00f3 que \u00abel hombre era la medida de todas las cosas\u00bb frente a Plat\u00f3n, que situaba la medida fuera del alcance humano, ll\u00e1mese el Bien, la Voluntad divina o, \u00bfpor qu\u00e9 no?, la \u00abnaturaleza intr\u00ednseca de la realidad f\u00edsica\u00bb. Los cient\u00edficos que, como Steven Weinberg, no dudan de que la realidad tenga una estructura intr\u00ednseca eterna e invariable que la ciencia natural podr\u00eda eventualmente descubrir se alinear\u00edan entre los seguidores de Plat\u00f3n. En el lado contrario, Kuhn, Latour o Hacking vienen a dar la raz\u00f3n a Prot\u00e1goras. En&nbsp;<em>Science, Truth, and Democracy<\/em>(2001) Phillip Kitcher demuestra que el desarrollo desigual de los campos cient\u00edficos dibuja el mapa de los diversos intereses de la sociedad, lo que significa que una sociedad democr\u00e1tica se\u00f1ala de alg\u00fan modo sus l\u00edmites a la ciencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A\u00fan as\u00ed, el manique\u00edsmo pol\u00edtico no deber\u00eda forzar la interpretaci\u00f3n dicot\u00f3mica, es obvio que ni la ciencia es de derechas, ni los cr\u00edticos sociales pueden ser la \u00fanica referencia progresista. Posiciones muy similares a las de I. Hacking, P. Kitcher o J. R. Brown fueron tambi\u00e9n defendidas por cient\u00edficos tan poco sospechosos de reaccionarios como S. J. Gould:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El final del milenio [dada la humana inclinaci\u00f3n hacia las dicotom\u00edas] ofrece una supuesta batalla conocida como \u00ablas guerras de la ciencia\u00bb. Las dos partes de esta hipot\u00e9tica confrontaci\u00f3n han sido nombradas respectivamente como \u00abrealistas\u00bb (casi todos los cient\u00edficos en ejercicio) que sostienen la objetividad y la naturaleza progresiva del conocimiento cient\u00edfico, y \u00abrelativistas\u00bb (procedentes de las facultades universitarias de humanidades y de ciencias sociales) que advierten del marco cultural en que se encaja toda factualidad universal y que contemplan la ciencia como un sistema de creencias entre otros muchos alternativos, todos igualmente dignos porque el propio concepto de \u00abverdad cient\u00edfica\u00bb representar\u00eda solamente una construcci\u00f3n social inventada por los cient\u00edficos (conscientemente o no) para justificar su hegemon\u00eda sobre el estudio de la naturaleza (S. J. Gould, 2000).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>La broma de Sokal<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la orilla literaria, las pretensiones \u2014seguramente trucadas\u2014 de algunos humanistas, fil\u00f3sofos, psicoanalistas y cient\u00edficos sociales habr\u00edan de encontrar un serio correctivo en el celeb\u00e9rrimo \u00abcaso Sokal\u00bb cuyos efectos higi\u00e9nicos y dial\u00e9cticos sobre la teor\u00eda de la ciencia no pueden dejar de se\u00f1alarse. Como se ha avanzado ya, el punto \u00e1lgido de las guerras de la ciencia se alcanz\u00f3 con este famoso caso. Alan Sokal, un f\u00edsico te\u00f3rico harto de la mistificaci\u00f3n de que era objeto el lenguaje cient\u00edfico por parte de ciertos pensadores posmodernos, tras empaparse del estilo y de la jerga de \u00e9stos, perge\u00f1\u00f3 una parodia titulada nada menos que \u00abTransgressing the Boundaries: Toward a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity\u00bb (\u00abTransgrediendo los l\u00edmites: hacia una hermen\u00e9utica transformativa de la gravedad cu\u00e1ntica\u00bb) que envi\u00f3 a la revista&nbsp;<em>Social Text<\/em>. La parodia lanzaba, desde una posici\u00f3n supuestamente progresista, una sarta de cr\u00edticas a la ciencia del tipo de las que circulaban en medios post-estructuralistas, relativistas, antirracistas y feministas. Tambi\u00e9n ironizaba contra las objeciones denunciadas por Paul R. Gross y Norman Levitt en&nbsp;<em>Higher Superstition<\/em>. El consejo de redacci\u00f3n, presidido por Andrew Ross (de la Princeton University) no s\u00f3lo acept\u00f3 el texto de Sokal \u2014que apareci\u00f3 en un n\u00famero especial de&nbsp;<em>Social Text<\/em>de mayo de 1996 dedicado precisamente al tema de la \u00abGuerras de la ciencia\u00bb (cinco de los art\u00edculos publicados en este n\u00famero emplean esta expresi\u00f3n en el t\u00edtulo)\u2014 sino que para redondear el chiste, los editores a\u00f1adieron el siguiente comentario en el pr\u00f3logo: \u00abUn intento serio de un cient\u00edfico profesional de buscar a partir de la filosof\u00eda posmoderna afirmaciones \u00fatiles para los desarrollos de su especialidad\u00bb.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tan solo tres semanas despu\u00e9s de aparecer el art\u00edculo, Sokal hizo p\u00fablica la broma a los editores de&nbsp;<em>Social Text<\/em>en otro art\u00edculo: \u00abA Physicist Experiment with Cultural Studies\u00bb, publicado en&nbsp;<em>Lingua Franca<\/em>(n\u00fam. 6, mayo-junio 1996). Tal vez si Sokal se hubiera demorado algo m\u00e1s en publicarlo hoy nos podr\u00edamos seguir regocijando al comprobar los altos \u00edndices de impacto y aceptaci\u00f3n de su parodia, pero, en cualquier caso, el esc\u00e1ndalo suscitado fue may\u00fasculo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, en 1997, Alan Sokal y Jean Bricmont publicaron el libro&nbsp;<em>Impostures Intellectueles<\/em>, en el que se exponen las razones de la parodia de Sokal y se discuten varios textos \u00abpostmodernos\u00bb (de Lacan, Kristeva, Irigaray, Latour, Baudrillard, Deleuze, etc.) objetos de la burla de Sokal. El texto, de una claridad meridiana, supone una aportaci\u00f3n coherente y brillante al debate entre las dos culturas desde el realismo cientifista que va m\u00e1s all\u00e1 del simple experimento que supuso la parodia. Por cierto que los autores no se proponen \u00abcriticar a la izquierda, sino ayudarla a defenderse de un sector de ella misma que se deja arrastrar por la moda\u00bb. En palabras de Sokal y Bricmont (1998: 17): \u00abconfundir la hostilidad a la injusticia y a la opresi\u00f3n, con la hostilidad a la ciencia y a la racionalidad es un sinsentido\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A fin de cuentas, admitir algunos privilegios a la ciencia que dejaran as\u00ed determinados contenidos de la misma al abrigo de seg\u00fan qu\u00e9 interpretaci\u00f3n delirante no deber\u00eda suponer una abrupta separaci\u00f3n entre las dos culturas. El&nbsp;<em>affaire<\/em>Sokal puso freno a un fen\u00f3meno un tanto desquiciado de la cultura contempor\u00e1nea que Basarab Nicolescu denomin\u00f3 la \u00ababsolutizaci\u00f3n de lo relativo\u00bb. El lenguaje de las ciencias hab\u00eda sido sacado de su contexto y manipulado hasta demostrar lo que fuese preciso. La primera v\u00edctima de esa desconstrucci\u00f3n hab\u00edan sido las ciencias exactas que de esta forma pasaban a ser una construcci\u00f3n social m\u00e1s. No es extra\u00f1o que en poco tiempo Alan Sokal se convirtiera en el h\u00e9roe de \u00abuna comunidad cient\u00edfica que percib\u00eda la contradicci\u00f3n entre su pr\u00e1ctica diaria y su representaci\u00f3n social\u00bb (B. Nicolescu, \u00abAu del\u00e0 des extr\u00e9mismes\u00bb,&nbsp;<em>Transversales Science\/Culture<\/em>, n\u00b0 47, septembre-octobre 1997).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>C\u00f3mo se r\u00ede una broma<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero tras airearse el esc\u00e1ndalo, la reacci\u00f3n de muchos cient\u00edficos fue sumamente virulenta. Abundaron las mofas dirigidas hacia&nbsp;<em>Social Text<\/em>y hacia el progresismo sociol\u00f3gico y relativista. Aparentemente entre ciencias y humanidades se hab\u00eda abierto un gran abismo. Con Sokal se destap\u00f3 la caja de Pandora. Steven Weinberg argument\u00f3 en&nbsp;<em>The New York Review of Books<\/em>que las humanidades jam\u00e1s podr\u00edan alcanzar los est\u00e1ndares de precisi\u00f3n cient\u00edfica. Para el premio N\u00f3bel una de las condiciones del nacimiento de la f\u00edsica moderna hab\u00eda sido justamente la ruptura entre el mundo de la f\u00edsica y el mundo de la cultura. Poco espacio pues para la tercera cultura y menos a\u00fan para quienes cuestionasen la realidad de las leyes f\u00edsicas, la realidad objetiva o la hegemon\u00eda intelectual de las ciencias naturales; ning\u00fan cr\u00e9dito a quienes no tengan claro lo que significa que una teor\u00eda sea verdadera o falsa o desconozcan la existencia de leyes impersonales y eternas que garanticen el progreso objetivo de la ciencia. La ciencia detentar\u00eda la verdad que por definici\u00f3n no puede depender del ambiente social.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La revancha de los cient\u00edficos realistas fue ciertamente subida de tono. Sin embargo, el debate filos\u00f3fico \u2014a diferencia del cient\u00edfico\u2014 nunca se acaba de cerrar y \u2014como era de esperar\u2014 los humanistas, relativistas y posmodernos en general tardaron poco en encajar el golpe de efecto que supuso la broma de Sokal.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El 30 de septiembre de 1997, Robert Maggiori public\u00f3 en el diario parisino&nbsp;<em>Lib\u00e9ration<\/em>un art\u00edculo titulado \u00abFum\u00e9e sans feu\u00bb en que acusaba \u00aba ciertos cient\u00edficos pedantes\u00bb de dedicarse a corregir errores gramaticales en cartas de amor. Ian Hacking, tras reconocer en&nbsp;<em>\u00bfLa construcci\u00f3n social de qu\u00e9?<\/em>lo equivocado que hab\u00eda estado cuando afirm\u00f3 \u2014tras estallar el asunto en 1996\u2014 que Sokal hab\u00eda tenido ya sus quince minutos de gloria, se reafirma en la denuncia constructivista, especialmente en lo que suponen la construcci\u00f3n social y el relativismo en el \u00e1mbito de lo pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si lo de Sokal fue un experimento no ser\u00eda correcto extraer conclusiones precipitadas: que una revista supuestamente prestigiosa como&nbsp;<em>Social Text<\/em>(editada por la Universidad de Duke, en Carolina del Norte) publicara el art\u00edculo de marras no prueba \u00abque la ciencia est\u00e9 amenazada por la falta de rigor imperante en medios intelectuales que practican un cierto relativismo cultural\u00bb. Como denuncia el editorial de&nbsp;<em>La Recherche<\/em>n\u00b0 292 de noviembre de 1996, por la misma \u00e9poca, la no menos prestigiosa publicaci\u00f3n cient\u00edfica (nada sospechosa de relativismo cultural)&nbsp;<em>Journal of Physics D: Applied Physics<\/em>estuvo a punto de sacar a la luz un art\u00edculo sobre cierto \u00abdispositivo antigravedad\u00bb tras ser valorado positivamente por tres informantes de su consejo de redacci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ni que decir tiene que el asunto volvi\u00f3 a ser valorado en los t\u00e9rminos maniqueos de las dos culturas (cient\u00edficos \/ humanistas), adem\u00e1s de los consabidos dualismos ideol\u00f3gicos (3) (izquierda \/ derecha), nacionalistas (4) (franceses \/ americanos) o filos\u00f3ficos (racionalistas \/ relativistas) que han gastado mares de tinta y ocupado cientos de p\u00e1ginas web, am\u00e9n de amenazar con seguir haci\u00e9ndolo en el futuro. En tal sentido, Etienne Klein (<em>La Recherche<\/em>, 297, abril 1997, p. 95) se\u00f1ala dos efectos perversos, que tambi\u00e9n los tuvo, del asunto Sokal una vez disfrutados los indudables beneficios cr\u00edticos e higi\u00e9nicos. El primero ser\u00eda un cierto efecto descorazonador hacia aquellos epistem\u00f3logos comprometidos en sentar las bases de una ciencia moderna que acogiera a las ciencias humanas bajo el mismo prisma cr\u00edtico que a la ciencia \u00abdura\u00bb. El segundo efecto ser\u00eda el de dar paso a una arrogancia cientifista que se creer\u00eda as\u00ed a salvo de todo examen cr\u00edtico.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-medium-font-size wp-block-paragraph\"><strong>\u00bfGuerras de la ciencia? No, guerra de las ciencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A estas alturas de la discusi\u00f3n se nos puede exigir ya que vayamos tomando partido. No se tratar\u00e1 tanto de inclinarnos por g\u00fcelfos o gibelinos, cuanto de precisar desde un planteamiento gnoseol\u00f3gico qu\u00e9 cosa son \u00ablas guerras de la ciencia\u00bb y qu\u00e9 \u00abla tercera cultura\u00bb, as\u00ed como justificar si es l\u00edcito vincular ambos eventos. Entendemos que el mejor servicio que puede prestar la filosof\u00eda ser\u00eda el de intentar sistematizar y aclarar este embrollo. Para ello ser\u00e1 imprescindible no descuidar ninguno de los aspectos sint\u00e1ctico-sem\u00e1nticos ni pragm\u00e1ticos ensayados sucesivamente por la teor\u00eda de la ciencia de la segunda mitad del siglo XX y que mencion\u00e1bamos en el primer apartado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para comenzar admitiremos provisionalmente \u2014porque ha sido ampliamente descrita, t\u00e1citamente adoptada y para no remontar la discusi\u00f3n demasiado lejos\u2014 la distinci\u00f3n tradicional entre ciencias \u00abduras\u00bb y ciencias \u00abhumanas\u00bb y asumiremos que la sociolog\u00eda y las ciencias sociales en general formen parte del segundo grupo. Se sobreentiende bajo la r\u00fabrica de \u00abciencias duras\u00bb un conjunto plural y heterog\u00e9neo pero relativamente bien definido extensional y consensualmente que incluir\u00eda a las ciencias experimentales o naturales y a las exactas. Tanto la sociolog\u00eda, como la historia de las ciencias concretas aportar\u00edan datos imprescindibles para la construcci\u00f3n pragm\u00e1tica de cualquier ciencia; pero referidas globalmente a la totalidad que representa de idea de ciencia ocupar\u00edan su lugar entre las ciencias humanas que, a diferencia de las ciencias naturales, no pueden segregarse del sujeto, lo que obviamente afecta a su contenido objetivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera cuesti\u00f3n a considerar es la de saber si las guerras de la ciencia se despliegan en el \u00e1mbito de la tercera cultura desalojando a esta \u00faltima de la supuesta plataforma donde deber\u00edan encontrarse y dialogar ciencias y humanidades. En el caso de que esto fuera as\u00ed, las guerras de la ciencia ser\u00edan ni m\u00e1s ni menos que las contradicciones del esp\u00edritu de la tercera cultura. Porque otra posibilidad ser\u00eda que las guerras de la ciencia y la tercera cultura fueran fen\u00f3menos independientes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, \u00bfser\u00eda correcto caracterizar el debate simplific\u00e1ndolo como sigue?: \u00abEn el emplazamiento previsto por Snow para un supuesto encuentro de la ciencia natural con las humanidades (la tercera cultura), se est\u00e1 produciendo una serie de batallas entre la ciencia y las humanidades porque estas \u00faltimas se atrevieron a criticar los m\u00e9todos o dogmas de aquella\u00bb. Aunque ingenua y simplista, la propuesta anterior podr\u00eda servir como punto de arranque para una revisi\u00f3n de los t\u00e9rminos en ella vertidos. Hemos admitido, con desgana ciertamente, la dualidad ciencias naturales \/ humanidades (que incluir\u00edan a las problem\u00e1ticas ciencias sociales) por ser un dato de com\u00fan consenso y no ser este el lugar de venir a replantearlo. Pero, \u00bfhabremos de admitir el monismo que representa hablar de ciencia en singular como se hace en \u00ablas guerras de la ciencia\u00bb? Obs\u00e9rvese que en ese&nbsp;<em>totum revolutum<\/em>que supone hablar de ciencia en singular coinciden el viejo Wilson y los progres relativistas. La ciencia (en singular) es una idea, un concepto (ni siquiera cient\u00edfico) asimilable a otras nociones ambiguas (como lo es la idea de cultura). Como tal idea, la ciencia es un producto humano, social, hist\u00f3rico y filos\u00f3fico sobre el que sin duda los humanistas tendr\u00e1n mucho m\u00e1s que decir que los propios cient\u00edficos imbuidos en sus propios prejuicios particulares. Ser\u00eda, en suma, algo parecido al G\u00f3lem de Collins y Pinch.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero \u00bfqu\u00e9 rara especie son los cient\u00edficos sino bi\u00f3logos, f\u00edsicos, matem\u00e1ticos, etc.? Puesto que ni el f\u00edsico es bi\u00f3logo, ni el matem\u00e1tico sabe de qu\u00edmica, dif\u00edcilmente ninguno podr\u00e1 hablar en nombre de toda la ciencia. \u00bfPor qu\u00e9 tanto inter\u00e9s en hablar de la ciencia en singular cuando su primera caracter\u00edstica es precisamente su pluralidad? No ser\u00e1 por la unidad del m\u00e9todo cient\u00edfico, ni por ser unitarios sus objetos de estudio, que tampoco lo son, ni los sujetos, ni sus principios. Ni las leyes y teoremas de que se dota cada una de las ciencias son extrapolables a las dem\u00e1s. Hablar de \u00abla ciencia\u00bb es una simplificaci\u00f3n grosera e inaceptable. Ser\u00eda m\u00e1s prudente y orientar\u00eda m\u00e1s acertadamente la discusi\u00f3n hablar de \u00abciencias\u00bb a la vista de la multiplicidad de las mismas. Pensar la ciencia en singular es una manera inapropiada de situarla frente a las coordenadas imprecisas de la cultura. Supone asumir acr\u00edticamente la concepci\u00f3n heredada de la ciencia y gran n\u00famero de lugares comunes que comprometen la racionalidad cient\u00edfica pero sin dar tampoco las claves de la confianza razonable y el consenso que genera. Asimilar ciencia a cultura es incorrecto y gran parte de la confusi\u00f3n se introduce por este grave error deslizado ya en la obra de Snow.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al invocar las guerras de la ciencia se quiere significar una guerra \u2014con m\u00faltiples batallas\u2014 entre \u00abla ciencia\u00bb \u2014como dudosa unidad colectiva y, por dudosa, desprestigiada\u2014 y \u00ablas humanidades\u00bb \u2014siempre plurales y hoy capitaneadas por la ambiciosa sociolog\u00eda\u2014. Pero esta guerra reproduce una vieja disyuntiva filos\u00f3fica entre racionalistas e irracionalistas, o si se prefiere, entre las posiciones realistas (desde las que la mayor\u00eda de cient\u00edficos sostienen la objetividad de su ciencia, la realidad exterior y la verdad del conocimiento cient\u00edfico) y las posturas relativistas (de humanistas y postmodernos, seg\u00fan las cuales ciencia y verdad cient\u00edfica no ser\u00edan m\u00e1s que construcciones sociales). Ver a los primeros como&nbsp;<em>good boys<\/em>(de derechas como Wilson, Gross o Steinberg) y a los segundos como&nbsp;<em>bad boys<\/em>(de izquierdas como Latour o Kuhn) como hacen Richard Rorty o Ian Hacking es una simplificaci\u00f3n no s\u00f3lo tendenciosa sino, sobre todo, falsa. No conviene mezclar la disyuntiva filos\u00f3fica entre realismo y relativismo \u2014seg\u00fan el an\u00e1lisis de la experiencia del objeto por parte del sujeto\u2014 con la muy frecuente confusi\u00f3n entre elementos ontol\u00f3gicos y epistemol\u00f3gicos que Sokal certeramente denuncia en la obra de Bruno Latour y en el programa fuerte de sociolog\u00eda de la ciencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por tanto, proponemos \u00abla guerra de las ciencias\u00bb en lugar de \u00ablas guerras de la ciencia\u00bb para referirnos a este fen\u00f3meno de ocupaci\u00f3n de un cierto espacio metacient\u00edfico, de una problem\u00e1tica plataforma de debate y comunicaci\u00f3n \u2014expresada en lenguaje de un nivel que nunca podr\u00e1 ser cient\u00edfico, ni literario-metaf\u00f3rico, sino metacient\u00edfico o filos\u00f3fico\u2014 como corresponde a la dif\u00edcil conexi\u00f3n entre distintos saberes m\u00e1s o menos categoriales y aislados. Pues, en resumidas cuentas, considerando la ciencia como un bloque unitario frente a las humanidades, sus mutuas relaciones no sabr\u00e1n ser sino problem\u00e1ticas y acabar\u00e1n desembocando en imposturas. Esta es la \u00fanica posibilidad de desmontar insensatos malentendidos y vacuas imposturas, ll\u00e1mense \u00e9stas cient\u00edficas o intelectuales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues entendemos la tercera cultura, como una plataforma de di\u00e1logo \u2014o de agria discusi\u00f3n llegado el caso\u2014 practicada normalmente por cient\u00edficos que aceptan ya un determinado nivel de discusi\u00f3n, que asumen un cierto grado de realidad y de verdad para las teor\u00edas cient\u00edficas. Las discusiones ser\u00e1n en ocasiones gremiales, siempre filos\u00f3ficas (pues no son discusiones internas de la ciencia sino confrontaciones metacient\u00edficas desde fuera de ella), seguramente m\u00e1s finas, ata\u00f1er\u00e1n normalmente a la situaci\u00f3n o preponderancia de las respectivas ciencias en el orden natural: a sus escalas, a los niveles de la realidad f\u00edsica entre los que se detectar\u00e1n pretensiones emergentistas, maniobras de reducci\u00f3n de unas ciencias a otras o controversias disciplinares. Y cuando los autores implicados intentan el solapamiento entre sus ciencias seguramente se limitar\u00e1n a describir fenomenol\u00f3gicamente los campos cient\u00edficos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para estudiar las controversias suscitadas tanto por las denominadas guerras de la ciencia, como por la supuesta tercera cultura convendr\u00e1 adoptar una actitud pluralista que reh\u00fase tanto los monismos (tipo ciencia unificada,&nbsp;<em>consilience<\/em>, etc.), como los dualismos (primera \/ segunda cultura) e incluso los nihilismos improductivos (relativismos, etc.). Ahora bien, cuando Brockman habla de tercera cultura se est\u00e1 refiriendo a algo bien distinto de lo que hab\u00eda pensado Snow. Snow imaginaba un lugar de encuentro entre \u00abla ciencia\u00bb y \u00ablas humanidades\u00bb. Pensar la ciencia en singular s\u00f3lo puede llevar a las guerras de la ciencia, porque la ciencia en singular es una idea, una totalidad distributiva sin existencia categorial, la idea de \u00abciencia\u00bb no es idea internamente cient\u00edfica. De la confrontaci\u00f3n entre ideas surgen las disputas ideol\u00f3gicas: la idea de Snow era progresista, sin embargo vemos que puede haber multitud de interpretaciones de tal idea.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La idea monista de ciencia es necesariamente dogm\u00e1tica, especialmente cuando va vinculada a la universalidad de un determinado tipo de verdad (la verdad cient\u00edfica). Sin embargo, la tercera cultura de Brockman es una plataforma filos\u00f3fica y de debate de las ciencias categoriales entre s\u00ed, cuyos aspectos positivos y divulgativos son notorios. En realidad deja de ser enfrentamiento filosof\u00eda-ciencia para ser puente de encuentro cient\u00edfico entre ciencias distintas: es una plataforma metacient\u00edfica, esto es, filos\u00f3fica; porque a nadie se le oculta que las disputas entre un paleont\u00f3logo (como S. J. Gould) y un genetista (como R. Dawkins) no conforman el procedimiento de las ciencias sino que constituyen un debate filos\u00f3fico (externo) en el que los fil\u00f3sofos (como D. Dennett) pueden participar y en el que se pueden detectar figuras filos\u00f3ficas y dial\u00e9cticas cl\u00e1sicas (reduccionismo, emergentismo y anam\u00f3rfosis, principalmente). Por otra parte, la propia heterogeneidad categorial hace inconmensurables sus respectivas ciencias, pero no porque sean \u00abparadigmas inconmensulables\u00bb (como dir\u00eda Kuhn) sino porque los propios t\u00e9rminos de cada una de ellas lo son (<em>i.e.&nbsp;<\/em>especies u \u00f3rganos anat\u00f3micos en el caso de la paleontolog\u00eda frente genes o \u00abinteractores\u00bb del evolucionismo gen\u00e9tico de Dawkins). De esta \u00abinconmensurabilidad\u00bb proceden las batallas filos\u00f3ficas de la tercera cultura de Brockman.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por lo dem\u00e1s, los conflictos entre ciencias no son cosa nueva. La geolog\u00eda soport\u00f3 estoicamente los embates de los f\u00edsicos durante el XIX queriendo reducir la edad de la Tierra a la medici\u00f3n de un supuesto calor residual que result\u00f3 no serlo. No se trata de simples debates gremiales, aunque la plataforma de la tercera cultura m\u00e1s que un puente entre humanistas y cient\u00edficos lo sea entre cient\u00edficos que ejercen diversas disciplinas cient\u00edficas. El reduccionismo gen\u00e9tico de Dawkins o el emergentismo vitalista de Gould son posturas filos\u00f3ficas, tomadas a partir de ciertos principios cient\u00edficos inconmensurables porque pertenecen a categor\u00edas diferentes. Un pacto de&nbsp;<em>consilience<\/em>ser\u00eda obviamente inviable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces \u00bfd\u00f3nde queda de la verdad cient\u00edfica? En el \u00e1mbito de cada categor\u00eda, desde luego. Las verdades se palpan porque funcionan: se prueban las mutaciones de gen en gen y se constatan grandes cambios morfol\u00f3gicos en el contenido de estratos sucesivos y cercanos en el tiempo. Ambos funcionan. Tendr\u00e1n que ser compatibles y coexistir separadamente. Pero contarlo desde fuera es cosa de la tercera cultura: de pensadores teorizantes o de los propios cient\u00edficos cuando filosofan.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La supuesta identificaci\u00f3n en bloque con las dualidades denunciadas, esto es, adjuntar al cient\u00edfico la etiqueta de realista y al humanista la de relativista es un proceder que atenta al sentido com\u00fan. Sin embargo se constatan ciertos impulsos en tal sentido en el m\u00e1s radical discurso posmoderno americano cuando afirma que la ciencia es incapaz de tratar los hechos humanos y el universo mental. O cuando la acusa de puro mecanicismo y la reduce a un tipo de lenguaje humano o de construcci\u00f3n social creyendo que esto alcanza a la propia naturaleza. Sokal no se equivoca cuando denuncia que este discurso confunde ontolog\u00eda y epistemolog\u00eda. Pero no es menos cierto que Sokal mete en el mismo saco irracionalista a autores que, como Lacan o Kristeva, seguramente usaron de forma fraudulenta \u2014ellos dir\u00edan metaf\u00f3rica\u2014 ciertos conocimientos cient\u00edficos discutibles para apropiarse del prestigio de la ciencia y a otros que como Latour cuestionan el estatuto de las verdades cient\u00edficas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed pues, la tercera cultura de Snow, m\u00e1s que como plataforma de encuentro, podr\u00eda describirse como un campo de batalla metacient\u00edfico, como un puente a tomar al asalto dial\u00e9ctico desde cualquiera de las m\u00faltiples orillas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alvarez, E. 2004.&nbsp;<em>Filosof\u00eda de las ciencias de la tierra: el cierre categorial de la geolog\u00eda<\/em>.&nbsp;Oviedo: Fundaci\u00f3n Gustavo Bueno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aronowitz, S. 1988.&nbsp;<em>Science as power: Discourse and Ideology in Modern Society<\/em>. Minneapolis. University of Minnesota Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Barnes, B. y D. Bloor. 1982. Relativism, rationalism and the sociology of knowledge. En:&nbsp;<em>Rationality and relativism<\/em>. M. Hollis &amp; S. Lukes (eds.), p. 21-47.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Barnes, B. D. Bloor y J. Henry. 1996.&nbsp;<em>Scientific knowledge: a sociological analysis<\/em>. London:Athlone.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bloor, D. 1976.&nbsp;<em>Knowledge and social imagery<\/em>. London:Routledge and Kegan Paul.&nbsp;(<em>Conocimiento e imaginario social<\/em>\/ trad. E. Lizcano y R. Blanco.&nbsp;1998. Barcelona: Gedisa)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bloor, D. 1999. Anti-Latour. En:&nbsp;<em>Studies in the History and Philosophy of Science<\/em>, 30A (1), p. 81-112.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Brockman, J. 1995.&nbsp;<em>The third culture<\/em>.&nbsp;New York: Simon &amp; Schuster. (<em>La tercera cultura: m\u00e1s all\u00e1 de la revoluci\u00f3n cient\u00edfica&nbsp;<\/em>\/ trad.&nbsp;A. Garc\u00eda. 1996. Barcelona: Tusquets).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Brown, J. R. 2001.&nbsp;<em>Who rules in Science?<\/em>Cambridge: Harvard University Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bueno, G. 1992.&nbsp;<em>Teor\u00eda del cierre categorial<\/em>. Oviedo: Pentalfa, 5 vol.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bueno, G. 1998. Los l\u00edmites de la evoluci\u00f3n en el \u00e1mbito de la&nbsp;<em>Scala Naturae<\/em>. En:&nbsp;<em>Conferencia Internacional sobre Evolucionismo y Racionalismo<\/em>.Zaragoza, Septiembre de 1997.&nbsp;Universidad de Zaragoza, p. 49-87.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Collins, H. &amp; T. Pinch. 1993.&nbsp;<em>The golem: what everyone should know about science<\/em>.Cambridge University Press.(<em>El g\u00f3lem: lo que todos deber\u00edamos saber acerca de la&nbsp;<\/em>ciencia \/ trad. J. P. Campos. 1996. Barcelona: Cr\u00edtica).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dawkins, R. 1976.&nbsp;<em>The selfish gene<\/em>. Oxford University Press. (<em>El gen ego\u00edsta<\/em>\/ trad.&nbsp;J. Robles Su\u00e1rez. 1979. Barcelona: Labor).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dennett, D. 1995.&nbsp;<em>Darwin&#8217;s dangerous idea: evolution and the meanings of life<\/em>.&nbsp;London: Allen Lane. (<em>La peligrosa idea de Darwin<\/em>\/ trad. C. P. Blanco-Morales.&nbsp;1999. Barcelona: Galaxia Gutenberg).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gell-Mann, M. 1994.&nbsp;<em>The quark and the jaguar<\/em>. London: Little Brown.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gould, S. J. 1991.&nbsp;<em>Bully for Brontosaurus: reflections in natural history<\/em>(<em>Brontosaurus y la nalga del ministro<\/em>\/ trad. J. Ros. 1993. Barcelona: Cr\u00edtica).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gould, S. J. 2000. Deconstructing the \u00abScience Wars\u00bb by reconstructing an old mold.&nbsp;<em>Science<\/em>, 287 (January 14), p. 253-261.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gross, P. &amp; N. Levitt. 1994.&nbsp;<em>Higher superstition: the academic left and its quarrels with science<\/em>.Baltimore: The Johns Hopkins University Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hacking, I. 1999.&nbsp;<em>The social construction of what?<\/em>Cambridge: Harvard University Press. (<em>\u00bfLa construcci\u00f3n social de qu\u00e9?<\/em>\/ trad.&nbsp;J. S\u00e1nchez Navarro. 2001. Barcelona: Paid\u00f3s).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jurdant, B. (coord.) 1998.&nbsp;<em>Impostures scientifiques<\/em>. Paris: La D\u00e9couverte.&nbsp;(<em>Imposturas cient\u00edficas<\/em>\/ trad. M. A. Galmarini. 2003. Madrid: C\u00e1tedra).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Kitcher, P. 2001.&nbsp;<em>Science, Truth, and Democracy<\/em>. Oxford University Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Labinger, J.&amp; H. Collins (eds.). 2001.&nbsp;<em>The One Culture?: A Conversation About Science<\/em>. University of Chicago Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Latour, B. 1987.&nbsp;<em>Science in Action: How to Follow Scientists and Engineers through Society<\/em>.&nbsp;Cambridge: Harvard University Press.. (<em>Ciencia en acci\u00f3n<\/em>:<em>c\u00f3mo seguir a los cient\u00edficos e ingenieros a trav\u00e9s de la sociedad<\/em>\/ trad. E. Aibar, R. M\u00e9ndez, E. Ponisio. 1992. Barcelona: Labor).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Latour, B. &amp; S. Woolgar.&nbsp;1979.&nbsp;<em>Laboratory life: the social construction of scientific facts<\/em>.&nbsp;Beverly Hills: Sage (<em>La vida en el laboratorio: la construcci\u00f3n de los hechos cient\u00edficos<\/em>\/ trad.&nbsp;E. P\u00e9rez Sede\u00f1o. 1995. Madrid: Alianza).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pickering, A. 1984.&nbsp;<em>Constructing quarks: a sociological history of particle physics<\/em>. Edinburgh University Press.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Rorty, R. 1991.&nbsp;<em>Objectivity, relativism and truth<\/em>. Cambridge University Press.&nbsp;(<em>Objetividad, relativismo y verdad<\/em>\/ trad. J. Vigil Rubio. 1996. Barcelona: Paid\u00f3s).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ross, A. 1995. Science Blacklash on Technoskeptics. En:&nbsp;<em>The Nation<\/em>. New York 2 de Octubre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Snow, C. P. 1964.&nbsp;<em>The Two Cultures and a Second Look: an expanded version of the Two Cultures and the Scientific Revolution<\/em>.Cambridge University Press. (<em>Las dos culturas y un segundo enfoque<\/em>\/ trad.&nbsp;S. Maso. 1977. Madrid: Alianza).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sokal, A. &amp; J. Bricmont. 1997.&nbsp;<em>Impostures intellectuelles<\/em>. Paris: Odile Jacob. (<em>Imposturas intelectuales<\/em>\/ trad. J. C. Guix Vilaplana. 1999. Barcelona: Paid\u00f3s)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Spiegel-R\u00f6sing, I. &amp; D. J. de Solla Price (eds.).&nbsp;1977.&nbsp;<em>Science, technology and society: a cross-disciplinary perspective<\/em>. London: Sage.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Turner, S. 2003. The Third Science War.&nbsp;<em>Social Studies of Science<\/em>, 33 (4), p. 581-611.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Weinberg, S. 1993.&nbsp;<em>Dreams of a final theory<\/em>. Hutchinson: Radius.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Wilson, E.O. 1975 (1976).&nbsp;<em>Sociobiology: the new synthesis<\/em>. [3rd repr.] Cambridge: Belknap Press.&nbsp;(<em>Sociobiolog\u00eda: la nueva s\u00edntesis<\/em>\/ trad. R. Navarro. 1980. Barcelona: Omega).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Wilson, E.O. 1999.&nbsp;<em>Consilience: the unity of knowledge<\/em>.&nbsp;London: Abacus. (<em>Consilience: la unidad del conocimiento<\/em>\/ trad.&nbsp;J. Ros. 1999. Barcelona: Galaxia Gutenberg).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Wolpert, L. 1992.&nbsp;<em>The unnatural nature of science<\/em>.Faber and Faber. (<em>La naturaleza no natural de la ciencia<\/em>\/ trad. A. Linares. 1994. Madrid: Acento).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Notas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(1) Los veintitr\u00e9s pensadores incluidos por J. Brockman en su antolog\u00eda de la tercera cultura fueron: Paul Davies, Richard Dawkins, Daniel C. Dennett, Niles Eldredge, J. Doyne Farmer, Murray Gell-Mann, Brian Goodwin, Stephen Jay Gould, Alan Guth, W. Daniel Hillis, Nicholas Humphrey, Steve Jones, Stuart Kauffman, Christopher Langton, Lynn Margulis, Marvin Minsky, Roger Penrose, Steven Pinker, Martin Rees, Roger Schank, Lee Smolin, Francisco Varela y George C. Williams. Esto es, siete f\u00edsicos, nueve bi\u00f3logos, cuatro inform\u00e1ticos,dos psic\u00f3logos y un s\u00f3lo fil\u00f3sofo de la ciencia , D. Dennett.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(2) David Bloor (1999), sin embargo ve en Latour un cr\u00edtico vehemente de la sociolog\u00eda del conocimiento en general y del programa fuerte en particular y no cree que a su obra deba adjunt\u00e1rsele la etiqueda de \u00abconstructivismo social\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(3) En Who rules the Science?, J. R. Brown observa que \u2014a diferencia del debate de \u00ablas dos culturas\u00bb de Snow en el que los cient\u00edficos eran generalmente gente de izquierdas y los humanistas parec\u00edan m\u00e1s conservadores\u2014 en \u00ablas guerras de la ciencia\u00bb mucha gente opina que los cient\u00edficos se alinean a la derecha mientras que sus cr\u00edticos lo hacen a la izquierda. Rebatiendo esta impresi\u00f3n, en una simplificaci\u00f3n candorosamente ingenua, Brown describe cuatro posicionamientos al respecto cruzando pro- o anti-cientifismo con ideolog\u00eda derechista o izquierdosa. Esto le permite a \u00e9l situarse en la casilla pro-science Left, la misma en la que con tan manifiesto inter\u00e9s se situara Sokal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">(4) Bruno Latour acusa a Sokal de encabezar una cruzada antifrancesa: \u00abLa France, \u00e0 leurs yeux, est devenue une autre Colombie, un pays de dealers qui produiraient des drogues dures -le derridium, le lacanium&#8230;-, auxquels les doctorants am\u00e9ricains ne r\u00e9sistent pas plus qu&#8217;au crack. D\u00e9tourn\u00e9s de la vie joyeuse et saine des campus, oubliant m\u00eame de prendre leur dose quotidienne de philosophie analytique claire comme de l&#8217;eau pure, ils se d\u00e9biliteraient dans le relativisme!\u00bb&nbsp;(Le Monde, 18-1-1997).<br><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\" \/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a><sup>[1]<\/sup><\/a>Agradezco al Dr. Evaristo \u00c1lvarez, de la universidad de Oviedo, sus aportaciones para la redacci\u00f3n de este trabajo. Ver:&nbsp;E. \u00c1lvarez.&nbsp;&nbsp;La guerra de la Ciencias y la Tercera Cultura.&nbsp;<em>Cinta de Moebio<\/em>19 (2004). Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Chile. http:\/\/www.moebio.uchile.cl\/19\/alvarez.htm.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a><sup>[2]<\/sup><\/a>Brockman, J., edit.,<em>El nuevo humanismo y las fronteras de la ciencia.\u00a0<\/em>Kair\u00f3s, Barcelona, 2007, Colecci\u00f3n Nueva Ciencia, 486 p\u00e1g. (con un pr\u00f3logo de Salvador P\u00e1niker).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Art\u00edculo elaborado por Leandro Lequeiros, miembro del Comit\u00e9 Acad\u00e9mico de la C\u00e1tedra Francisco Jos\u00e9 Ayala de Ciencia, Tecnolog\u00eda y Religi\u00f3n de la Universidad P. Comillas.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Por Leandro Sequeiros) El martes 7 de mayo de 2019 tuvo lugar en M\u00e1laga un acto en la Academia Malague\u00f1a de Ciencias con ocasi\u00f3n de los 60 a\u00f1os de la pol\u00e9mica conferencia de C. P. Snow sobre las dos culturas, y en el que intervinieron Antonio Di\u00e9guez y Federico C. Soriguer. Aprovechando la ocasi\u00f3n intentamos &#8230; <a title=\"El falso dilema entre \u00abciencias\u00bb y \u00abletras\u00bb: la \u00abtercera cultura\u00bb y sus implicaciones\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=4174\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre El falso dilema entre \u00abciencias\u00bb y \u00abletras\u00bb: la \u00abtercera cultura\u00bb y sus implicaciones\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":263,"featured_media":4180,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"generate_page_header":"","footnotes":""},"categories":[139],"tags":[241,454,481,151,277,484],"class_list":["post-4174","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-relacion-entre-ciencia-y-religion","tag-cientifismo","tag-dialogo","tag-humanidades","tag-interdisciplinariedad","tag-tecnociencia","tag-transdisciplinariedad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4174","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/263"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4174"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4174\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4186,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4174\/revisions\/4186"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/4180"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4174"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4174"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4174"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}