{"id":4063,"date":"2019-04-03T07:00:07","date_gmt":"2019-04-03T05:00:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=4063"},"modified":"2019-04-01T17:50:28","modified_gmt":"2019-04-01T15:50:28","slug":"el-futuro-del-hombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=4063","title":{"rendered":"El futuro del hombre"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>(Por Juan Arana)\u00a0El art\u00edculo expone la evoluci\u00f3n de las expectativas acerca del futuro y destino final del hombre tanto a nivel individual como colectivo. Hasta el siglo XVIII predominaban las preocupaciones referidas al destino personal de cada hombre y el significado de la muerte. Tras las revoluciones que acabaron con el antiguo r\u00e9gimen, empez\u00f3 a dominar el inter\u00e9s por el futuro de la humanidad en su conjunto. Desde mediados del siglo XX hay una preocupaci\u00f3n creciente ante el peligro de que la especie humana desaparezca y sea suplantada por otro tipo de entidades, tal vez desarrolladas por el propio hombre. El transhumanismo se ha presentado como una respuesta, basada en la ciencia, a las ansias de supervivencia y mejora del hombre. No obstante, sus propuestas adolecen de varias debilidades, algunas de ellas posiblemente irreparables.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Con cierta brusquedad, se podr\u00eda plantear la cuesti\u00f3n del futuro del hombre mediante una dicotom\u00eda: muerte o inmortalidad. La primera opci\u00f3n es para muchos la m\u00e1s veros\u00edmil, pero hay que reconocer que cuesta resignarse a ella. Por eso ha habido y hay varias propuestas que intentan abrirnos el horizonte de la inmortalidad. Dependiendo de donde est\u00e9 situado \u00e9ste, podr\u00edan distinguirse tres variantes: la&nbsp;<em>transhist\u00f3rica<\/em>, la&nbsp;<em>intrahist\u00f3rica<\/em>y la&nbsp;<em>posthist\u00f3rica<\/em>. La primera de ellas da acceso a la vida perdurable superando los l\u00edmites de la historia: debemos encontrarla en otra esfera de la realidad, o como m\u00ednimo en \u201cunos nuevos tiempos y una nueva tierra\u201d. Apuestan por ella las religiones de mayor arraigo y difusi\u00f3n, aunque en los \u00faltimos siglos se ha registrado un pronunciado decaimiento del sentimiento que las sustenta. En consecuencia, la modernidad avanzada empez\u00f3 a proponer una forma de inmortalidad intrahist\u00f3rica, aunque s\u00f3lo confiara en alcanzarla de modo problem\u00e1tico y no rescatara de la muerte a los individuos, sino tan solo a la humanidad en su conjunto, o a una parte significativa de ella. Sin embargo, a lo largo del siglo XX, este segundo tipo de esperanza tambi\u00e9n ha declinado, porque ha cundido por doquier el pesimismo con respecto a nuestra especie y planeta. Para ocupar su hueco, est\u00e1 en pleno auge una tercera v\u00eda, la del transhumanismo, que promete supervivencia indefinida tanto individual como colectiva, pero s\u00f3lo cuando nuestra estirpe haya conseguido transcenderse a s\u00ed misma, esto es, cuando el hombre haya culminado su destino hist\u00f3rico, dando lugar a la posthistoria.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"886\" height=\"390\" src=\"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/wp-content\/uploads\/sites\/24\/2019\/04\/Sin-t\u00edtulo.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-4066\" srcset=\"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/wp-content\/uploads\/sites\/24\/2019\/04\/Sin-t\u00edtulo.png 886w, https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/wp-content\/uploads\/sites\/24\/2019\/04\/Sin-t\u00edtulo-300x132.png 300w, https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/wp-content\/uploads\/sites\/24\/2019\/04\/Sin-t\u00edtulo-768x338.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 886px) 100vw, 886px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Veamos con m\u00ednimo detenimiento c\u00f3mo se ha producido el tr\u00e1nsito de la segunda a la tercera propuesta para esquivar la muerte. Durante los siglos XIX y XX nuestra especie pareci\u00f3 estar m\u00e1s interesada en su futuro colectivo que en el porvenir particular de cada individuo. Las entidades que deb\u00edan ser salvadas eran la historia o la humanidad. A partir de la revoluci\u00f3n francesa, la preocupaci\u00f3n principal de los que defend\u00edan grandes ideales se orientaba a establecer las bases de un mundo m\u00e1s justo, mejor administrado, m\u00e1s rectamente encaminado hacia la libertad y el progreso. El auge y despliegue de los nacionalismos obedec\u00eda tambi\u00e9n al prop\u00f3sito de asegurar o culminar el destino de un pueblo, una lengua, una cultura. Las revoluciones socialistas y comunistas persegu\u00edan la emancipaci\u00f3n ante todo de la clase trabajadora y m\u00e1s a largo plazo de toda la sociedad. En comparaci\u00f3n con tan grandiosas metas, poco o nada supon\u00edan los desvelos peque\u00f1oburgueses de quienes se inquietaban por s\u00ed mismos. En los\u00a0<em>Manuscritos econ\u00f3micos y filos\u00f3ficos\u00a0<\/em>de 1844, Carlos Marx presentaba la muerte biol\u00f3gica como \u201cuna dura victoria del g\u00e9nero sobre el individuo\u201d y no ten\u00eda nada m\u00e1s que decir al respecto. Sin embargo, la muerte, lo que se dice la muerte, siempre ha sido un acontecimiento privado y cuando se pretende colectivizarlo no deja de ser una redundancia o bien una abstracci\u00f3n. A fuerza de verla repetirse nos hemos acostumbrado a ella (mejor dicho: a la de\u00a0<em>los\u00a0\u00a0dem\u00e1s<\/em>), y tal vez por esa raz\u00f3n durante mucho tiempo no se consider\u00f3 un error imperdonable trivializarla. Parte de la culpa hay que achacarla a la teor\u00eda de la evoluci\u00f3n de Darwin, porque ense\u00f1aba que la vida progresa haciendo apuestas con los vivientes. Ganarlas equivale a transmitir las peculiaridades del progenitor a la descendencia; perderlas, morir antes de haber tenido oportunidad de procrear. Por consiguiente, la muerte prematura ser\u00eda el procedimiento usado por la naturaleza para desembarazarse de sus experimentos fallidos. Todos morimos, pero quienes consiguen engendrar en cierto modo la burlan y eso es \u2014o ser\u00eda\u2014 lo \u00fanico que importa. El darwinismo social no solo proclam\u00f3 la insustancialidad de la muerte del individuo, sino que de paso ense\u00f1\u00f3 que es leg\u00edtimo disponer de ella, sobre todo si es\u00a0<em>por una buena causa<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed llegamos al siglo XX, cuando reformadores sociales, utopistas y pol\u00edticos sacaron las oportunas consecuencias, de manera que hemos tenido que pagar con usura los errores de nuestros bisabuelos. Como afirma en uno de sus escolios el pensador colombiano Nicol\u00e1s G\u00f3mez D\u00e1vila: \u201cNing\u00fan siglo anterior presenci\u00f3 tantas matanzas en nombre de tan transparentes imposturas\u201d (NEII, 121e). La decepci\u00f3n generada por las dos conflagraciones mundiales y su enorme pero sobre todo in\u00fatil costo en sangre y sufrimiento, motiv\u00f3 que poco a poco se disiparan los espejismos que hab\u00edan dado lugar a tales derroches. La revoluci\u00f3n de mayo del 68 y la proliferaci\u00f3n de movimientos pacifistas se\u00f1alaron el principio del fin de las ideolog\u00edas. Pero si los principales enemigos de la vida humana en su individual encarnaci\u00f3n acabaron por desaparecer del escenario de la historia, no se restablecieron los fueron de la vida humana individual. Seguimos despreciando la del pr\u00f3jimo; la \u00fanica diferencia es que ya no buscamos una coartada moral para suprimirla: acabamos con ella gratuita y arbitrariamente, tal como vemos d\u00eda a d\u00eda virtualmente en pel\u00edculas, videojuegos o series de televisi\u00f3n y realmente en ataques terroristas u homicidios que abarcan todo el espectro de la biograf\u00eda, desde que somos concebidos hasta nuestra natural consunci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, y como supuestamente dijo Galileo en ocasi\u00f3n memorable:\u00a0<em>eppur si muove:\u00a0<\/em>nuestra entra\u00f1as se conmocionan ante el espect\u00e1culo de cualquier muerte. Obscura o l\u00facidamente nos damos cuenta de que, con cada hombre y cada mujer, por extra\u00f1os y remotos que sean, somos nosotros mis-mos los que morimos. Al llorar por ellos barruntamos nuestro propio duelo. No se trata de rechazar la condici\u00f3n de mortal en s\u00ed misma, ya que ser\u00eda por completo est\u00e9ril. Como dice la sabidur\u00eda popular: \u201cdonde va el cuerpo, va la muerte\u201d. Lo que provoca leg\u00edtimo rechazo es la pretensi\u00f3n de que tenga la \u00faltima y definitiva palabra, que no haya otra respuesta a la eterna e inquietante pregunta, que se quite al hecho cualquier significado. Hay muchos que pretendieron y siguen pretendiendo reconciliar del todo al hombre con su condici\u00f3n de mortal. Borges, por ejemplo, dedic\u00f3 a esa aspiraci\u00f3n unos versos memorables:<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">\u00a1Ah, si aquel otro despertar, la muerte,<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Me depara un tiempo sin memoria<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">De mi nombre y de todo lo que he sido!<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">\u00a1Ah, si en esa ma\u00f1ana hubiera olvido!<a><sup>[1]<\/sup><\/a><\/p>\n\n\n\n<p>En otro lugar afirma tajante:<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Quiero morir del todo; quiero morir con este compa\u00f1ero, mi cuerpo<a><sup>[2]<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>La voluntad gusta a menudo de remar contra la corriente. Pero lo cierto es que la afirmaci\u00f3n de la vida se impone al capricho eutan\u00e1sico, incluso en la circunstancia m\u00e1s extrema. Como apunta el propio Borges:<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">El hombre ha muerto.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">La barba no lo sabe.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:center\">Crecen las u\u00f1as<a><sup>[3]<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>En la cultura de hoy se detecta un doble movimiento: por un lado la muerte se trivializa haci\u00e9ndola algo cotidiano e intrascendente. Una vez m\u00e1s me servir\u00e9 de un ficticio di\u00e1logo de Borges consigo mismo para ilustrar esta tendencia:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u201c[Interlocutor 1\u00ba:] Con una indiferencia y una dulzura m\u00e1s convincentes que el fervor, Macedonio Fern\u00e1ndez repet\u00eda que el alma es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho m\u00e1s nulo que puede sucederle a un hombre. [\u2026] Un acorde\u00f3n vecino despachaba infinitamente\u00a0<em>La Cumparsita\u00a0<\/em>[\u2026] Yo le propuse a Macedonio que nos suicid\u00e1ramos, para discutir sin estorbo. [Interlocutor 2\u00ba:] Pero sospecho que al final no se resolvieron. [Interlocutor 1\u00ba:] Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos\u201d<a><sup>[4]<\/sup><\/a>.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>La otra carade la moneda est\u00e1 en el horrendo pavor que un hecho tan inesquivable genera. Oscilamos entre la trivializaci\u00f3n y el negacionismo. Resulta chocante c\u00f3mo se maquilla y disimula todo lo relativo a ella cuando de verdad acecha, para que pase lo m\u00e1s desapercibida posible y parezca como que no existe. En suma: omnipresencia de la muerte ficticia y escamoteamiento de la muerte real.<\/p>\n\n\n\n<p>Con todo,resulta evidente que, ficcionalizada o escamoteada, el inter\u00e9s por ella ha aumentado mucho en los \u00faltimos decenios. No se conoc\u00eda algo as\u00ed desde la moda existencialista de la postguerra. Quiz\u00e1 se deba al descubrimiento de que la muerte no siempre afecta tan solo a los individuos. Desde tiempo atr\u00e1s se conoc\u00eda el fen\u00f3meno de la extinci\u00f3n de las especies biol\u00f3gicas, pero la paleontolog\u00eda descubri\u00f3 m\u00e1s tarde episodios de extinciones en masa, algo que, lejos de resultar ins\u00f3lito, se repite con frecuencia y sigue ciertos patrones. El choque de grandes meteoritos, variaciones en los ciclos clim\u00e1ticos, cat\u00e1strofes volc\u00e1nicas de gran intensidad, la deriva de los continentes y qui\u00e9n sabe cu\u00e1ntas causas naturales m\u00e1s acaban f\u00e1cilmente con partes significativas de la biosfera. Nosotros podr\u00edamos estar en la lista de futuros damnificados. La novedad aportada por la ciencia y la t\u00e9cnica es que abre la puerta a una versi\u00f3n&nbsp;<em>artificial&nbsp;<\/em>del fen\u00f3meno: desde que se averigu\u00f3 c\u00f3mo liberar las ingentes cantidades de energ\u00eda encerradas dentro del \u00e1tomo, la eventualidad de que toda la progenie humana arda en un holocausto nuclear no es remota. Durante decenios era la amenaza m\u00e1s inmediata que nos acuciaba, y aunque ha dejado de ser una preocupaci\u00f3n omnipresente es probable que a corto, medio o largo plazo siga siendo el peligro m\u00e1s real y dif\u00edcil de sortear. A este prop\u00f3sito, con alguna frecuencia se ha hecho la siguiente consideraci\u00f3n: el universo es suficientemente grande y antiguo para haber alumbrado civilizaciones mucho m\u00e1s avanzadas que la nuestra en gran cantidad de lugares. Aunque los planetas habitables est\u00e1n separados por distancias enormes, el progreso tecnol\u00f3gico debiera haber podido vencer la lejan\u00eda y nosotros tendr\u00edamos que haber recibido hace mucho tiempo la visita de vecinos m\u00e1s evolucionados. \u00bfPor qu\u00e9 no lo han hecho? Acaso, porque antes de estar en situaci\u00f3n de colonizar amplias zonas de la galaxia, todas las culturas que han medrado han tenido \u2014y aprovechado\u2014 la oportunidad de autodestruirse. Ojal\u00e1 que el motivo haya sido otro y sobre todo ojal\u00e1 que nosotros no sigamos un sendero tan lamentable.<\/p>\n\n\n\n<p>Dejando a un lado la cuesti\u00f3n de qu\u00e9 proporci\u00f3n de realidad y de vacua especulaci\u00f3n hay en todo esto, lo cierto es que en el imaginario colectivo la muerte ha dejado de ser un problema que afecte tan s\u00f3lo a los individuos: alcanza o puede alcanzar tambi\u00e9n a los colectivos y al propio planeta, tal como con ejemplar insistencia nos adoctrinan los m\u00e1s pesimistas portavoces del ecologismo. Que la Tierra ha de morir, por otro lado, es algo m\u00e1s que una hip\u00f3tesis. El encuentro con cuerpos siderales capaces al menos de acabar con parte o toda la vida que hay en ella es un acontecimiento infrecuente, pero previsible y a la larga ineludible. Bien es cierto que si nuestras habilidades ingenieriles siguen avanzando, tal vez seamos capaces de prever este tipo de colisiones con suficiente antelaci\u00f3n y actuar con presteza para conjurarlas. Mucho m\u00e1s dif\u00edcil ser\u00e1 evitar que, cuando consuma la mayor parte de su combustible nuclear, el sol se convierta en una estrella gigante roja y nos abrase. Bien es verdad que la cat\u00e1strofe es lejana. Me contaron a modo de chiste que un conferenciante anunci\u00f3 a su auditorio que este apocalipsis tendr\u00e1 lugar dentro de seis mil millones de a\u00f1os. \u201cCu\u00e1ndo ha dicho?\u201d, pregunt\u00f3 ansiosa una voz desde la \u00faltima fila. \u201cDentro de seis mil millones de a\u00f1os\u2026\u201d. \u201c\u00a1Ah bueno \u2014repuso aliviada\u2014. Le hab\u00eda entendido que eso iba a ser dentro de seis millones de a\u00f1os nada m\u00e1s\u2026\u201d. A m\u00ed particularmente ambas moratorias me parecen igualmente tranquilizadoras, aunque puede haber \u2014y no solo como chiste\u2014 quien considere que la primera es demasiado exigua. Podemos avanzar estimaciones muy variadas relativas a las posibilidades de que ocurran deterioros irreversibles del clima o de la atm\u00f3sfera, la contaminaci\u00f3n de tierras y mares, el encuentro con cometas y meteoritos, conflagraciones nucleares o bioqu\u00edmicas, el agotamiento del sol o desembarcos hostiles procedentes de otros mundos. En todo caso carece de sentido buscar consuelo a la mortalidad individual en la m\u00e1s que problem\u00e1tica inmortalidad colectiva. Aunque haya una diferencia de escalas, la muerte nos acecha tanto en una perspectiva como en otra. O renunciamos de una vez por todas a la esperanza de vencerla en ninguna de las versiones, como propon\u00edan los textos borgesianos que poco antes he citado, o habr\u00eda que buscar una salida diferente. Los metaf\u00edsicos han barajado, por ejemplo, la idea del eterno retorno o la&nbsp;<em>metempsicosis<\/em>. La religi\u00f3n ofrece otra soluci\u00f3n, y he de a\u00f1adir que es la \u00fanica que personalmente me convence. Pero no voy a hablarles de mis creencias, sino de la posibilidad de procurarnos un futuro invulnerable hic et nunc, aqu\u00ed y ahora, o por lo menos en alg\u00fan lugar accesible del espacio-tiempo, y en todo caso sin la mediaci\u00f3n de instancias sobrenaturales. Tal es, en efecto, la f\u00f3rmula que propone el transhumanismo.<\/p>\n\n\n\n<p>No todos los autores y escuelas comprometidos en esa corriente tienen pretensiones tan desmesuradas como la que acabo de referir. Pero es en ellos donde el mordiente de la escuela resulta llamativo. Pr\u00e1cticamente todos confiamos en que el progreso del conocimiento y de la t\u00e9cnica seguir\u00e1 solucionando problemas y remediando necesidades como innumerables veces lo ha hecho en el pasado. Cada d\u00eda nos sorprende con nuevas proezas y en algunos \u00e1mbitos, como en el de las comunicaciones, a un ritmo prodigioso. \u00bfEn qu\u00e9 se diferencia, entonces, el transhumanismo de los simples partidarios del progreso tecnocient\u00edfico? Precisamente en su pretensi\u00f3n de convertir la tecnociencia en una especie de&nbsp;<em>solucionador universal<\/em>autosuficiente. Hay un segundo rasgo que lo caracteriza: hasta hace poco se distingu\u00eda entre los remedios y quienes resultaban favorecidos por ellos. El hombre segu\u00eda siendo hombre; los remedios, remedios. Ahora en cambio las soluciones amenazan con suplantar la identidad de sus supuestos beneficiarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando todav\u00eda se acostumbraba a llevar los aparatos estropeados a arreglar, a veces el operario explicaba que la reparaci\u00f3n no merec\u00eda la pena y que resultaba preferible tirar a la basura todo el dispositivo y comprar otro nuevo. La prudencia del propietario y la honestidad del profesional dirim\u00edan la cuesti\u00f3n en orden a encontrar la resoluci\u00f3n m\u00e1s aconsejable. Por cierto que eso tambi\u00e9n ocurr\u00eda con nuestros propios organismos. Una t\u00eda m\u00eda que&nbsp;hab\u00eda sobrevivido a un c\u00e1ncer me coment\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n: \u201cVoy a ir al onc\u00f3logo a que me revise antes de arreglarme la dentadura; a lo mejor no trae cuenta\u2026\u201d. Dicho sea entre par\u00e9ntesis, vivi\u00f3 30 a\u00f1os m\u00e1s y gast\u00f3, no una, sino dos dentaduras postizas m\u00e1s). Muchos ancianos se niegan a operarse de esto o de revisar aquello con la comprensible raz\u00f3n de que ya se sienten \u201camortizados\u201d, sin que por ello sea leg\u00edtimo considerarlos desertores de la vida. La capacidad de hacer \u201ccosas\u201d para mejorarnos no es una opci\u00f3n carente de l\u00edmites o restricciones. El concepto de \u201censa\u00f1amiento terap\u00e9utico\u201d est\u00e1 en la mente de todos. Los que ya tenemos cierta edad recordamos el final del general Franco y el exceso de celo que mostr\u00f3 el equipo encargado de atenderlo. Por eso qui\u00e9n m\u00e1s, qui\u00e9n menos, todos hemos dejado dicho a nuestros m\u00e1s pr\u00f3ximos: \u201cllegado el momento que la prudencia aconseje, dejadme morir tranquilo, por favor\u201d. De hecho, la profesi\u00f3n m\u00e9dica no se lo plantea ya de otra manera y ha desarrollado el concepto de \u201ccuidados paliativos\u201d, sin que lo hayamos satanizado con un aura siniestra. Pero lo que ahora se plantea no es la desaparici\u00f3n del individuo, sino de la especie. Algunos insin\u00faan y otros afirman que las cintas de las mejoras tecnol\u00f3gicas valen ya, o valdr\u00e1n dentro de poco, m\u00e1s que el manto del&nbsp;<em>homo sapiens<\/em>que te\u00f3ricamente deber\u00edan adornar.<\/p>\n\n\n\n<p>No dispongo de espacio ni capacidad de an\u00e1lisis suficiente para ofrecer una panor\u00e1mica completa del movimiento transhumanista. Por eso voy a mencionar tan solo unos pocos nombres y centrar\u00e9 mi atenci\u00f3n en uno de sus m\u00e1s destacados representantes: Ray Kurzweil, destacad\u00edsimo inventor y experto en inteligencia artificial, que ha sido pionero en las t\u00e9cnicas de OCR, escaneado, s\u00edntesis de texto a voz, etc., etc. Interesa particularmente en este momento por ser autor de una serie de libros, entre ellos&nbsp;<em>La era de las m\u00e1quinas inteligentes&nbsp;<\/em>(1987-1988),&nbsp;<em>La era de las m\u00e1quinas espirituales. Cuando los ordenadores superen la mente humana&nbsp;<\/em>(1999),<em>\u00bfSomos m\u00e1quinas espirituales?&nbsp;<\/em>(2002),<em>C\u00f3mo crear una mente&nbsp;<\/em>(2012), sobre todo&nbsp;<em>La singularidad est\u00e1 cerca&nbsp;<\/em>(2005), que constituye un aut\u00e9ntico manifiesto para muchos partidarios de la causa. La que m\u00e1s sobresale entre las muchas y muy atrevidas ideas de Kurzweil es la tesis de que es posible transcender el hombre sin arruinar su identidad. Dicho parad\u00f3jicamente, defiende que podremos seguir siendo humanos tras dejar de serlo. Y, en lo que respecta al tema de la inmortalidad, defiende la nada habitual postura de que es alcanzable tanto en el plano colectivo como individual. De hecho aspira a ser \u00e9l mismo uno de los primeros espec\u00edmenes del g\u00e9nero humano que venza a la muerte, y en absoluto se trata de una broma, sino una tarea en la que est\u00e1 comprometido de lleno:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u201cEstos resultados no son accidentales, ya que he sido muy agresivo a la hora de reprogramar mi bioqu\u00edmica. Diariamente tomo 250 suplementos (en forma de p\u00edldoras) y recibo media docena de terapias intravenosas a la semana (b\u00e1sicamente suplementos nutricionales inyectados directamente en mi torrente sangu\u00edneo para evitar mi tracto gastrointestinal). En consecuencia, las reacciones metab\u00f3licas de mi cuerpo son completamente diferentes de lo que ser\u00edan sin estos tratamientos. Al abordar esto como ingeniero, me controlo los niveles de docenas de nutrientes (tales como vitaminas, minerales y grasas), de hormonas y de derivados metab\u00f3licos que se encuentran en mi sangre y en otras muestras como el pelo y la saliva. En general, mis niveles est\u00e1n donde quiero que est\u00e9n, aunque continuamente reajusto mi programa\u2026\u201d.<a><sup>[5]<\/sup><\/a><\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Dejando a un lado su particular batalla por la supervivencia \u2014en la que le deseo mucho \u00e9xito\u2014, por lo que se refiere a la de toda la especie cree que la victoria vendr\u00e1 de la manos de los progresos en tres frentes: bioqu\u00edmica, inteligencia artificial y nanotecnolog\u00eda. Por asombrosos que sean los resultados cosechados en todos ellos, parece (y no solo a primera vista) que el empe\u00f1o elegido es excesivo. Por mi parte empezar\u00e9 a creer en las posibilidades de la ciencia para prolongar significativamente la vida cuando haya conseguido resolver de verdad problemas en apariencia mucho m\u00e1s sencillos como la calvicie o las varices. Pero Kurzweil conf\u00eda en un talism\u00e1n con el que espera hacer caer todas las barreras: la&nbsp;<em>ley de los rendimientos acelerados<\/em>, que \u2014y perdonen la vulgaridad de la expresi\u00f3n\u2014 representa algo as\u00ed como el&nbsp;<em>cuento de la lechera&nbsp;<\/em>del progreso tecnol\u00f3gico:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u201c\u00bfPuede el ritmo del progreso tecnol\u00f3gico continuar aceler\u00e1ndose indefinidamente? \u00bfNo hay un punto a partir del cual los humanos no somos capaces de pensar lo suficientemente deprisa como para mantener el ritmo? Ciertamente esto es as\u00ed para humanos no mejorados, \u00bfpero qu\u00e9 no conseguir\u00e1n mil cient\u00edficos, cada uno mil veces m\u00e1s inteligentes que los cient\u00edficos humanos de hoy, funcionando cada uno mil veces m\u00e1s deprisa que los humanos actuales (porque el procesamiento de informaci\u00f3n es m\u00e1s veloz en sus cerebros en su mayor parte no biol\u00f3gicos)? Un a\u00f1o cronol\u00f3gico ser\u00eda como un milenio para ellos. \u00bfQu\u00e9 no inventar\u00edan?\u201d<a><sup>[6]<\/sup><\/a>.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Todos conocemos la historia del individuo que como premio a sus servicios pidi\u00f3 un grano de arroz en la primera casilla de un tablero de ajedrez, dos en la segunda, cuatro en la tercera y as\u00ed sucesivamente. Resulta que no hay arroz en el mundo suficiente para rellenar las 64. Algo semejante ocurrir\u00eda en el presente caso: la capacidad resolutiva de esta revoluci\u00f3n cognitiva que Kurzweil anuncia resolver\u00e1 muchos m\u00e1s problemas de los que somos capaces de imaginar. No est\u00e1 mal como promesa, pero tratemos de situar el asunto en un contexto m\u00e1s amplio.<\/p>\n\n\n\n<p>La perspectiva del&nbsp;<em>enhancement&nbsp;<\/em>o mejora cambia bastante cuando la abordamos desde la perspectiva del individuo o de la especie. Casi todos estaremos de acuerdo en que es preferible un cuerpo sano y fuerte a otro d\u00e9bil y enfermizo. Pocos negar\u00e1n que sea mejor una mente despierta y bien adiestrada que otra somnolienta y torpe. La pregunta es cu\u00e1nto cuesta cada mejora en t\u00e9rminos de esfuerzo y renuncia a otras posibilidades incompatibles con su adquisici\u00f3n. La publicidad nos apremia continuamente hasta el atosigamiento, y hay mil formas a\u00fan m\u00e1s sutiles de ponernos en el disparadero de iniciar una espiral de cambios y \u201cmejoras\u201d que tal vez sea dif\u00edcil luego controlar e imposible detener. Eso por lo que se refiere a cada uno de nosotros. El problema se agudiza porque nadie vive ensimismado y como encerrado en una urna de cristal. El que se da a la bebida o se aficiona al juego no s\u00f3lo arruina su vida, sino que pone en apuros a los allegados y a veces incluso a personas que nada ten\u00edan que ver. Supongamos que antes de traer hijos al mundo me proponen la posibilidad de efectuar un cambio irreversible en mis genes. \u00bfTengo derecho a tomar esa decisi\u00f3n, sabiendo que van a pasar a mis descendientes, y que si lo hago por consideraciones ego\u00edstas o simplemente circunstanciales conseguir\u00e9 que ellos se acuerden \u2014y no para bien\u2014 de su antepasado? Otro caso es el de artistas y otros devotos de la imagen que, a fuerza de intervenciones quir\u00fargicas y tratamientos variados para mejorar su aspecto, acaban convertidos en monstruos o por lo menos resultan irreconocibles. Por lo menos estas gentes s\u00f3lo se juegan su propio pellejo, pero, \u00bfqu\u00e9 pasar\u00eda si al hacernos un tatuaje que ocupe el 100% de la epidermis conden\u00e1semos a todos nuestros descendientes a seguir llev\u00e1ndolo por los siglos de los siglos? Es verdad que no soy muy partidario de este tipo de pr\u00e1cticas, pero, aunque fuese devoto de ellas, considerar\u00eda inadmisible decidir de una sola vez por todos los que vienes detr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>El asunto, por consiguiente, cambia de naturaleza cuando compromete la identidad de quienes no participan en las decisiones que acaban afect\u00e1ndoles. Poco a poco hemos ido tomando conciencia de que el planeta que habitamos no es nuestro, sino que s\u00f3lo somos sus inquilinos, con derecho de uso pero no de abuso. Reconocemos y asumimos la seria obligaci\u00f3n de no estropearlo ni convertirlo en un medio hostil a la vida como la conocemos. Pero todav\u00eda nos cuesta darnos cuenta de que, en contra de lo que proclaman algunas ideolog\u00edas de combate,&nbsp;<em>tampoco son de propiedad privada nuestros cuerpos<\/em>, y muy en particular no lo son las partes de ellos m\u00e1s directamente relacionadas con la reproducci\u00f3n. Y eso por consideraciones escuetamente biol\u00f3gicas: compartimos un patrimonio gen\u00e9tico, del que a cada individuo y generaci\u00f3n corresponde una parte al\u00edcuota muy peque\u00f1a. El orden reinante en el universo ha establecido varios mecanismos para administrar ese patrimonio. La selecci\u00f3n natural es uno de ellos, aunque sin duda no el \u00fanico. En el caso de la especie humana (y de muchas otras) la cultura ha establecido unos correctivos importantes a la din\u00e1mica que anteriormente determinada la identidad gen\u00e9tica de los vivientes. Ahora bien: en los \u00faltimos tiempos la cultura adolece de hipertrofia en alguna de sus partes (ciencia, t\u00e9cnica) y debilitamiento en otras (\u00e9tica, pol\u00edtica, religi\u00f3n). Dir\u00edase incluso que la motivaci\u00f3n ha deca\u00eddo, puesto que, cuando se cre\u00eda que la humanidad era imperecedera, abundaban los que estaban dispuestos a sacrificarse por su futuro; ahora que la sabemos amenazada titubeamos antes de asumir costos importantes en su provecho. Es como si exigi\u00e9ramos la pronta devoluci\u00f3n de cr\u00e9ditos que antes hab\u00edamos otorgado con liberalidad. En la pel\u00edcula de Stanley Kubrick&nbsp;<em>\u00bfTel\u00e9fono rojo? Volamos hacia Mosc\u00fa&nbsp;<\/em>hay un adelanto de este cambio de actitud: los m\u00e1ximos dirigentes de la pol\u00edtica, el ej\u00e9rcito y la ciencia descubren en un momento dado que no hay modo de evitar la guerra at\u00f3mica que ha provocado un desequilibrado. En lugar de intentar maniobras de \u00faltima hora para salvar al g\u00e9nero humano, se apresuran a evadirse, abandonando por una puerta falsa el buque que se hunde. Dan por hecho que ser\u00e1n<em>ellos mismos&nbsp;<\/em>los \u00fanicos supervivientes; identifican con descarado ego\u00edsmo el futuro del hombre con su propio porvenir. Asumen la c\u00ednica divisa: \u00abSobreviva yo y perezca el mundo\u00bb. La historia del Arca de No\u00e9 ha tenido muchos imitadores durante el \u00faltimo siglo. Hay versiones de ella hasta en el&nbsp;<em>c\u00f3mic: Superm\u00e1n,&nbsp;<\/em>primer y principal h\u00e9roe del imaginario contempor\u00e1neo es el \u00fanico de su raza que consigui\u00f3 hurtarse a la destrucci\u00f3n del planeta originario, Krypton. De all\u00ed lleg\u00f3 a la Tierra para favorecernos con superpoderes que no tienen otro parad\u00f3jico ant\u00eddoto que cualquier pedacito de su tierra natal, la kryptonita.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed pues, la \u00f3ptica soteriol\u00f3gica sigue en pie, pero los t\u00e9rminos se invierten: antes eran los individuos los que se inmolaban ante el altar de la humanidad futura; ahora el propio g\u00e9nero humano carece de futuro, anonadado por problemas irresolubles que \u00e9l mismo ha suscitado jugando a ser aprendiz de brujo. Pero sigue sin escarmentar: para completar la inversi\u00f3n, ser\u00e1 la vieja humanidad la que se sacrificar\u00e1 para alumbrar a quienes hayan de conocer los nuevos tiempos. Uno de los que pronosticaron este escenario con mayor entusiasmo fue Marvin Minsky, el recientemente fallecido y destacado adelantado de la inteligencia artificial. Public\u00f3 en&nbsp;<em>Scientific American&nbsp;<\/em>har\u00e1 un cuarto de siglo un art\u00edculo con el provocativo t\u00edtulo:&nbsp;<em>\u00bfSer\u00e1n los robots quienes hereden la Tierra?&nbsp;<\/em>No hab\u00eda que esperar mucho para averiguar su respuesta, ya que el subt\u00edtulo rezaba:&nbsp;<em>As\u00ed ser\u00e1, pues la nanotecnolog\u00eda permitir\u00e1 crear cuerpos y cerebros de repuesto. Entonces viviremos m\u00e1s, poseeremos mayor sabidur\u00eda y gozaremos de facultades inimaginadas.&nbsp;<\/em>Lo que m\u00e1s sorprende de su propuesta es la utilizaci\u00f3n de la primera persona del plural para designar nuestros hipot\u00e9ticos sustitutos. Aqu\u00ed late, indudablemente, un problema de&nbsp;<em>identidad;&nbsp;<\/em>pero ser\u00eda injusto decir que el autor no se siente capaz de afrontarlo. Afirma que en el momento presente el conocimiento no progresa mucho, debido a la gran lentitud de nuestros cerebros. Pronostica que a medida que se vaya conociendo el funcionamiento de los subsistemas cerebrales, los reproduciremos y realizaremos pr\u00f3tesis que insertaremos en nuestra mente mediante interfaces electroqu\u00edmicas. Al final, reemplazaremos todas las partes del cuerpo y del cerebro y as\u00ed superaremos nuestras limitaciones. Superfluo decir que con ello estaremos convirti\u00e9ndonos en m\u00e1quinas. \u00bfSignifica eso que seremos reemplazados por dispositivos inteligentes? Minsky aseveraba que no tiene sentido enfocar la cuesti\u00f3n en t\u00e9rminos de \u00abellos\u00bb y \u00abnosotros\u00bb. Por eso se suma a otro de los pioneros del movimiento transhumanista, Hans Moravec, quien propone considerar a los robots que nos sucedan como nuestros \u00abhijos mentales\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Permitan que interrumpa el hilo de mi exposici\u00f3n para aconsejarles que acojan las discusiones que estoy relatando con la m\u00e1xima paciencia y serenidad. Conviene mantener la cabeza muy fr\u00eda y no caer en la tentaci\u00f3n de mandar directamente a la porra propuestas tan extravagantes, porque, para bien o para mal, eso es lo que hay y son muchos, tal vez demasiados, los que no solamente las toman en serio, sino que se disponen a propiciarlas con todas sus fuerzas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque el debate sobre el transhumanismo suele plantearse dentro del horizonte de lo que la ciencia presente y futura hace o har\u00e1 posible, lo cierto es que involucra conceptos que se adentran en el terrero de la antropolog\u00eda filos\u00f3fica y a\u00fan de la metaf\u00edsica. Porque saber si podremos compartir las conjugaciones verbales (yo, t\u00fa, nosotros, etc.) con m\u00e1quinas o entidades de dudoso origen no se pude dilucidar sin aclarar los conceptos de\u00a0<em>especie, esencia, continuidad,\u00a0<\/em>e\u00a0<em>identidad<\/em>. Mejorar la especie implica suprimir o cuando menos aminorar defectos y aumentar, incluso a\u00f1adir virtudes. Al hacerlo modificamos evidentemente nuestra condici\u00f3n; \u00bflo haremos hasta el punto de que ya no sea l\u00edcito seguir considerando humanas las criaturas resultantes? En otras palabras, \u00bfretendremos nuestra identidad indefinidamente, sean cuales sean las innovaciones que se introduzcan en nosotros mismos y en nuestros descendientes? La respuesta convencional es que la identidad de un sujeto y tambi\u00e9n la de un colectivo se mantienen mientras los cambios sean accidentales, no esenciales. \u00a1Pero si decimos eso habremos pronunciado una palabra que muchos quisieran prohibir! \u00a1Nada menos que la\u00a0<em>esencia<\/em>! \u00bfHay algo en el mundo real que responda a tan denostado t\u00e9rmino? <\/p>\n\n\n\n<p>Mucho me temo que mientras usemos las mismas palabras para referirnos a cosas diversas, si no queremos admitir las definiciones o esencias, tendremos que introducir subrepticiamente nociones equiparables. \u00bfSeguir\u00e1 siendo humano un v\u00e1stago al que hayamos a\u00f1adido dos brazos suplementarios, un tercer ojo en el occipucio, un radar en medio de la frente, peque\u00f1os turborreactores debajo de los pies y un par de discos duros dentro del cr\u00e1neo? Lo m\u00e1s probable es que el sentido de la est\u00e9tica proteste antes que la inteligencia. Para doblegar la resistencia de los que se niegan a meter en el mismo cesto seres a todas luces diferentes, los transhumanistas solicitan la ayuda de la biolog\u00eda de la evoluci\u00f3n e invocan como arma decisiva la idea de\u00a0<em>continuidad<\/em>: si hay una gradaci\u00f3n de formas intermedias entre las que cualquiera solo reconocer\u00eda diferencias accidentales, al final solo puede haber eso: acumulaci\u00f3n de accidentes; nunca cambios sustanciales, aparici\u00f3n de nuevas esencias o desaparici\u00f3n de las antiguas. Bien es verdad que admitir este criterio nos hermanar\u00eda con las amebas y las orqu\u00eddeas: todos formar\u00edamos parte de una \u00fanica especie viviente, con variaciones grotescas, pero insustanciales. Se dice que Pit\u00e1goras reconoci\u00f3 a un pariente en un perro al que apaleaban y prohib\u00eda consumir habas para no correr el peligro de devorar el alma de un semejante.Por esta senda llegamos muy pronto a paradojas tan inadmisibles, que al final resulta preferible resucitar las esencias a pesar de todos sus inconvenientes.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Vean c\u00f3mo nos hemos embarcado en una peque\u00f1a indagaci\u00f3n filos\u00f3fica y cu\u00e1n pronto hemos llegado a un callej\u00f3n sin salida. Los transhumanistas son pragm\u00e1ticos y prefieren escenarios que, aun siendo puramente hipot\u00e9ticos, servir\u00edan para despejar cualquier duda por la v\u00eda de los hechos. Hans Moravec, autor m\u00e1s arriba mentado, propone hacerlo conjeturando una situaci\u00f3n \u2014conviene recordarlo\u2014 de pura ciencia-ficci\u00f3n. Perd\u00f3nenme que introduzca una larga cita para exponerla:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u00abLe acaban de meter en un quir\u00f3fano. [\u2026] Usted tiene a su lado un ordenador que espera convertirse en un equivalente humano. Lo \u00fanico que le falta para empezar a funcionar es un programa. Le anestesian el cr\u00e1neo, pero no el cerebro. Usted est\u00e1 totalmente consciente. El robot cirujano le abre el cr\u00e1neo [\u2026] Los instrumentos [\u2026] examinan los primeros mil\u00edmetros de la superficie del cerebro. [\u2026] Estas medidas [\u2026] le permiten al cirujano escribir un programa que modele el comportamiento de la capa superior del tejido cerebral examinado. Se instala el programa en una peque\u00f1a porci\u00f3n del ordenador que est\u00e1 esperando y se activa. [\u2026] Para que a usted no le quepa ninguna duda sobre la exactitud de la simulaci\u00f3n, tiene un bot\u00f3n que puede pulsar si desea comparar por s\u00ed mismo la simulaci\u00f3n con el funcionamiento del tejido original. [\u2026] Usted aprieta el bot\u00f3n, lo suelta y lo vuelve a apretar. No siente ninguna diferencia. En cuanto usted queda satisfecho, se establece permanentemente la conexi\u00f3n de la simulaci\u00f3n. [\u2026] Se repite el proceso en la capa siguiente y en seguida aparece una segunda simulaci\u00f3n en el ordenador, que se comunica con la primera y con el resto del tejido cerebral original. A medida que avanza el proceso, se va simulando y excavando en el cerebro, capa tras capa. Finalmente, su cr\u00e1neo se queda vac\u00edo [\u2026] Aunque usted no ha perdido la conciencia, ni siquiera el hilo de sus pensamientos, su mente ha pasado de su cerebro a una m\u00e1quina. [\u2026] Su cuerpo, repentinamente abandonado, sufre algunos espasmos y muere. Durante un momento, lo \u00fanico que experimenta usted es quietud y oscuridad. Y, de nuevo, puede abrir los ojos. Pero ahora su perspectiva ha cambiado. La simulaci\u00f3n del ordenador [\u2026] se ha conectado con un cuerpo nuevo y brillante, del estilo y color que usted hab\u00eda elegido. Su metamorfosis ha terminado\u00bb<a><sup>[7]<\/sup><\/a>.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Ocioso a\u00f1adir que lo que aqu\u00ed se cuenta es perfectamente inveros\u00edmil, pero ahora no es prioritario impugnar la pretensi\u00f3n de que alg\u00fan d\u00eda llegue a ser realizable, sino advertir que \u2014de serlo\u2014 plasmar\u00eda una vieja idea en la que reincidieron filosof\u00edas y religiones de la antig\u00fcedad: la transmigraci\u00f3n de las almas, de manera que nuestro yo se desprender\u00eda del acostumbrado asiente biol\u00f3gico en el cerebro, para incardinarse en un sofisticado c\u00famulo de circuitos electr\u00f3nicos. Es una versi\u00f3n futurista del viejo dualismo, una de las concepciones filos\u00f3ficas m\u00e1s criticadas por el materialismo de todas las \u00e9pocas.\u00c9ste siempre insist\u00eda en que no existen dos clases de sustancias, sino una sola, la materia, siendo el esp\u00edritu tan solo un aspecto marginal de su comportamiento. Lo chocante es que los transhumanistas de hoy quieren prolongar a su manera el materialismo de ayer, pero no dejan de considerar que la mente es en \u00faltimo t\u00e9rmino\u00a0<em>informaci\u00f3n,\u00a0<\/em>y que como tal puede ser desprendida de su soporte material y trasladada a otro basamento, en lo cual cifran las posibilidades de mejora y supervivencia. Por eso abunda el transhumanismo m\u00e1s entre los que se dedican a la inteligencia artificial que entre los neurocient\u00edficos, porque \u00e9stos \u00faltimos insisten una y otra vez en las profund\u00edsimas diferencias que hay entre el funcionamiento del cerebro y el de cualquier ordenador. Dir\u00e9 que la propuesta de los inform\u00e1ticos es desde luego bastante m\u00e1s simplista, pero tambi\u00e9n m\u00e1s di\u00e1fana, mientras que la de los bi\u00f3logos es probablemente m\u00e1s realista, pero notoriamente confusa. As\u00ed pues me ce\u00f1ir\u00e9 a la primera para se\u00f1alar que no consigue resolver el problema de la identidad personal ni siquiera en principio. Y no lo consigue, precisamente porque la transferencia que proponen podr\u00eda repetirse a voluntad, es decir, se podr\u00eda clonar muchas veces el mismo sujeto, y resolver de paso el problema de la multilocaci\u00f3n: una copia de nuestro yo se quedar\u00eda trabajando, mientras otra saldr\u00eda de paseo con los amigos y as\u00ed sucesivamente. \u00bfO no? El matem\u00e1tico Roger Penrose ha advertido que se podr\u00eda recurrir al mismo procedimiento para efectuar\u00a0<em>teleportaciones<\/em>, y en consecuencia darse situaciones tan truculentas como la siguiente:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 suceder\u00eda si la copia original del viajero no fuera destruida, como requieren las reglas del juego? \u00bfEstar\u00eda su \u201cconsciencia\u201d en dos lugares a la vez? Trate de imaginal su respuesta cuando le dicen lo siguiente: \u201c\u00a1Oh Dios m\u00edo!\u201d, \u00bfde modo que el efecto de la droga que le suministramos antes de colocarle en el teleportador ha desaparecido prematuramente? Esto es un poco desafortunado, pero no importa. De todos modos le gustar\u00e1 saber que el otro usted \u2014ejem, quiero decir el usted real, esto es\u2014 ha llegado a salvo a Venus, de modo que podemos, ejem, disponer de usted \u2014ejem\u2014, quiero decir de la copia redundante que hay aqu\u00ed. Ser\u00e1, por supuesto, totalmente indoloro\u00bb<a><sup>[8]<\/sup><\/a>.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>La historieta sirve para desenmascarar la falacia con que operan muchos transhumanistas: para conseguir hacer de la mente humana algo&nbsp;<em>transferible<\/em>de un soporte a otro hay que convertirla en un programa inform\u00e1tico, es decir, en una secuencia finita de instrucciones inequ\u00edvocas. Es lo que en la jerga de la profesi\u00f3n se denomina un&nbsp;<em>algoritmo<\/em>. Conviene advertir que cualquier algoritmo, no importa lo largo y complicado que sea, es algo an\u00f3nimo, una&nbsp;<em>cosa<\/em>. Ahora bien, toda cosa es un&nbsp;<em>ello<\/em>, no hay modo de convertirla en un yo. Los \u00abellos\u00bb son realidades objetivas, exhaustivamente diseccionables; no esconden misterios imposibles de sondear. En cambio los yos son realidades subjetivas, personales e intransferibles, que est\u00e1n fuera del alcance de no importa qu\u00e9 cirujano del cerebro o ingenio teleportador. Por lo tanto, si alg\u00fan d\u00eda llega a ensayarse en serio este tipo de experiencias, sin lugar a dudas se desechar\u00eda el ni\u00f1o junto con el agua en que lo han ba\u00f1ado. La conciencia que hay dentro de cada ser humano es una lucecita muy tenue y fr\u00e1gil, pero no es del tipo de las que saltan haciendo entrechocar dos pedernales. Precisa del cerebro para seguir encendida, y de un cerebro en buenas condiciones, m\u00e1s todo lo que la ciencia ha averiguado o puede llegar a averiguar en el futuro es insuficiente para explicar el c\u00f3mo y el porqu\u00e9 de su leve resplandor. Lo curioso del caso es que los cient\u00edficos m\u00e1s sagaces \u2014por muy materialistas que sean\u2014 lo saben perfectamente. Oigan lo que dice el premio Nobel Gerald Edelman a este prop\u00f3sito:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u00ab\u00bfEn\u00a0virtud de qu\u00e9 misteriosa transformaci\u00f3n el disparo de las neuronas de un lugar particular del cerebro o de las dotadas de una propiedad bioqu\u00edmica particular se convierte en experiencia subjetiva, pero no as\u00ed el disparo de otras neuronas? No es de extra\u00f1ar que algunos fil\u00f3sofos vean en estos intentos un excelente ejemplo de un error categ\u00f3rico: el error de atribuir a las cosas propiedades que no pueden tener\u00bb<a><sup>[9]<\/sup><\/a>.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>De todos modos, no es lo mismo detectar un error que evitarlo. Los adeptos al transhumanismo, como los restantes partidarios de dar a todo una explicaci\u00f3n \u00abnatural\u00bb, siguen creyendo que alg\u00fan inveros\u00edmil salto mortal de la materia interactuando o de la informaci\u00f3n transitando de aqu\u00ed para all\u00e1 producir\u00e1 el \u00abm\u00e1s dif\u00edcil todav\u00eda\u00bb de alumbrar una conciencia. Y como el fin que persiguen se les resiste, optan por lo m\u00e1s f\u00e1cil, o sea: convertir el fen\u00f3meno en una simple reverberaci\u00f3n, un espejismo, en definitiva: una nada. Solo as\u00ed se entiende que les parezca perfectamente plausible hacer \u00abcopias de seguridad\u00bb de uno mismo, como taxativamente adelanta Kurzweil:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u00abA medida que nos acerquemos a una existencia no biol\u00f3gica, iremos alcanzando los medios para \u201chacer copias de seguridad de nosotros mismos\u201d (almacenar los patrones fundamentales subyacentes de nuestros conocimientos, capacidades y personalidad), y as\u00ed eliminaremos la mayor\u00eda de las causas de la muerte tal y como la conocemos\u00bb<a><sup>[10]<\/sup><\/a>.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Todos los que bregamos con ordenadores y archivos inform\u00e1ticos sabemos que el peligro de hacer demasiadas \u00abcopias de seguridad\u00bb es que uno acaba confundiendo las copias m\u00e1s atrasadas con las m\u00e1s recientes, y env\u00eda al editor no la \u00faltima, sino alguna de las pen\u00faltimas versiones del texto que quiere publicar. Pero todav\u00eda es darse cuenta de que uno ha estado trabajando paralelamente sobre dos versiones diferentes, de manera que ha generado distintas variantes, ninguna de las cuales es \u00abla genuina\u00bb. Si trasladamos la met\u00e1fora al caso de la identidad, \u00bfd\u00f3nde estar\u00e1 de verdad mi&nbsp;<em>propio yo<\/em>? \u00bfAcaso me escindir\u00e9 en una pluralidad de sujetos cada uno de los cuales pretender\u00e1 ser el leg\u00edtimo? Si alguna vez llega a plantearse la cuesti\u00f3n, no tengo duda alguna sobre la respuesta:&nbsp;<em>ninguno<\/em>. En alg\u00fan punto del recorrido que fusione el animal humano con la m\u00e1quina se habr\u00e1 producido la p\u00e9rdida del yo; en modo alguno estar\u00e9 entre los restos de mi naufragio. M\u00e1s que inquietante, resulta triste comprobar la incapacidad de los transhumanistas para percibir una evidencia tan clara. Una vez m\u00e1s Kurzweil tiene el privilegio de no caer en necios disimulos. Para \u00e9l seguiremos siendo humanos, porque seremos o ser\u00e1n&nbsp;<em>racionales<\/em>nuestros futuros avatares. Mucho m\u00e1s problem\u00e1tico ser\u00e1 conservar la&nbsp;<em>animalidad<\/em>, porque de lo que se trata, en definitiva, es de transcender la biolog\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u00abNuestra fusi\u00f3n con nuestra tecnolog\u00eda puede llevarnos a resbalar hacia abajo por una pendiente resbaladiza, pero tambi\u00e9n a deslizarnos hacia la promesa de algo superior, no hacia abajo donde se encuentra el abismo nietzscheano. Algunos analistas se refieren a esta fusi\u00f3n como a la creaci\u00f3n de una nueva \u201cespecie\u201d. Sin embargo, la idea de especie es un concepto completamente biol\u00f3gico, mientras que lo que estamos haciendo es transcender la biolog\u00eda\u00bb<a><sup>[11]<\/sup><\/a>.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Etimol\u00f3gicamente \u00abtranscender\u00bb implica ir m\u00e1s all\u00e1 de lo que se transciende, pero impl\u00edcitamente se entiende que ese m\u00e1s all\u00e1 est\u00e1 \u00abm\u00e1s alto\u00bb y no \u00abm\u00e1s bajo\u00bb. Sin embargo, los transhumanistas proponen una salida de nosotros mismos que en cierto modo es regresiva, puesto que aquello en cuya direcci\u00f3n quieren movernos es precisamente \u00abla m\u00e1quina\u00bb:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u00abtenemos suficiente poder de abstracci\u00f3n para hacer afirmaciones razonables sobre la naturaleza de la vida despu\u00e9s de la Singularidad. Y lo m\u00e1s importante de todo es que la inteligencia que surgir\u00e1 continuar\u00e1 formando parte de la civilizaci\u00f3n humana, que ya es una civilizaci\u00f3n humano-m\u00e1quina. En otras palabras, las m\u00e1quinas futuras ser\u00e1n humanas aunque no sean biol\u00f3gicas\u00bb<a><sup>[12]<\/sup><\/a>.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Kurzweil&nbsp;podr\u00eda replicar a mis reproches que no se trata de degradar a los humanos, sino de dignificar a las m\u00e1quinas. En realidad, est\u00e1 convencido de que ya somos m\u00e1quinas, y no de calidad excelsa. Por eso no le cuesta creer que las que se construyan dentro de poco nos sobrepasar\u00e1n en todos los frentes. Para \u00e9l, lo que nos espera no es el&nbsp;<em>superhombre<\/em>, sino la&nbsp;<em>superm\u00e1quina.&nbsp;<\/em>El Aquiles maquin\u00edfero superar\u00e1 a la tortuga humana y adem\u00e1s asumir\u00e1 nuestra identidad como supremo gesto de\u2026 \u00bfbenevolencia? Dado que no podr\u00edamos vencerlo si eligi\u00e9semos retarlo, no nos queda otra que unirnos a \u00e9l hasta confundirnos en una entidad mixta supuestamente inmortal.<\/p>\n\n\n\n<p>De todas las inverosimitudes del transhumanismo, esta es la mayor. No que llegue el d\u00eda en que sepamos construir m\u00e1quinas que piensen y que en definitiva sean humanas, sino que, siendo presuntamente capaces de semejante gesta, no haya en nuestro interior m\u00e1s hondo ni un solo \u00e1tomo que categ\u00f3ricamente nos diferencie de ellas. Kurzweil y todos los dem\u00e1s transhumanistas son, por supuesto, incapaces de acreditar el equiparamiento. Se trata de una suposici\u00f3n, de una fe. Y una vez m\u00e1s, hay que reconocerle la virtud de la sinceridad:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\"><p>\u00abEsta es la historia que quiero contar en este libro. La historia se fundamenta en la idea de que tenemos la capacidad de comprender nuestra propia inteligencia (penetrar en nuestro propio c\u00f3digo fuente, si se prefiere), modificarla y ampliarla\u00bb<a><sup>[13]<\/sup><\/a>.<\/p><\/blockquote>\n\n\n\n<p>El c\u00f3digo fuente constituye el abc, la secuencia b\u00e1sica de instrucciones que inicia la andadura de un programa inform\u00e1tico. Precisamente porque est\u00e1 al principio de todo lo que ese programa puede hacer, suponer que sea capaz de tomar posesi\u00f3n de s\u00ed para dar lugar a un proceso de automejora es m\u00e1s o menos como dar cr\u00e9dito al bar\u00f3n de M\u00fcnchhausen cuando afirm\u00f3 haber salido del pantano en que hab\u00eda ca\u00eddo tirando de su propia coleta. No hay m\u00e1quina \u2014por sublime que la imaginemos\u2014 capaz de cuestionar las \u00f3rdenes que le da su ser. Por eso resulta radicalmente insuficiente para convertirse en un yo: es y ser\u00e1 siempre una cosa, un ello, un algoritmo que puede a lo sumo echar los dados al azar. El hombre tiene en lo m\u00e1s profundo de s\u00ed algo que no es un algoritmo, m\u00e1s bien es un hueco, un vac\u00edo, pero sin embargo posee la aptitud de contemplar su propia indigencia y buscar en otra parte que en s\u00ed mismo al que ha de redimirle de ella. Por eso su futuro no est\u00e1 en manos de ninguna revoluci\u00f3n cient\u00edfico-tecnol\u00f3gica venida o por venir: est\u00e1 en la lucha ag\u00f3nica de su conciencia cuando busca dentro de s\u00ed y en las otras conciencias, tal vez en una que pueda escribirse con may\u00fasculas. Y justamente es a eso mismo a lo que llamamos, los que no somos transhumanistas,&nbsp;<em>libertad<\/em>.<br><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\" \/>\n\n\n\n<p><a><sup>[1]<\/sup><\/a>Jorge Luis Borges,&nbsp;<em>El otro, el mismo&nbsp;<\/em>(1964),&nbsp;<em>Obras completas<\/em>, Barcelona, Emec\u00e9, 1989, v. 2, p. 272.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[2]<\/sup><\/a>Jorge Luis Borges,&nbsp;<em>Elogio de la sombra&nbsp;<\/em>(1969),&nbsp;<em>Obras completas<\/em>, Barcelona, Emec\u00e9, 1989, v. 2, p. 392.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[3]<\/sup><\/a>Jorge Luis Borges,&nbsp;<em>La cifra<\/em>(1981),&nbsp;<em>Obras completas<\/em>, Barcelona, Emec\u00e9, 1989, v. 2, p. 392.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[4]<\/sup><\/a>Jorge Luis Borges,&nbsp;<em>El Hacedor, Obras completas<\/em>, Barcelona, RBA, 2005, I, p. 784.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[5]<\/sup><\/a>Ray Kurzweil,&nbsp;<em>La singularidad est\u00e1 cerca. Cuando los humanos transcendamos la biolog\u00eda<\/em>, Berl\u00edn, Lola Books, 2012, p. 237.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[6]<\/sup><\/a>Ib., p. 27.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[7]<\/sup><\/a>Hans Moravec,&nbsp;<em>El hombre mec\u00e1nico<\/em>, Barcelona, Salvat, 1993, pp. 130-132.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[8]<\/sup><\/a>Roger Penrose,&nbsp;<em>La nueva mente del emperador<\/em>, Madrid, Mondadori, 1991, p. 54.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[9]<\/sup><\/a>Gerald M. Edelman \u2013 Giulio Tononi,&nbsp;<em>El misterio de la conciencia. C\u00f3mo la materia se convierte en imaginaci\u00f3n<\/em>, Barcelona, Cr\u00edtica, 2002, p. 21.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[10]<\/sup><\/a>Kurzweil,&nbsp;<em>La singularidad est\u00e1 cerca<\/em>, p. 370.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[11]<\/sup><\/a>Ib., p. 429.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[12]<\/sup><\/a>Ib., p. 33.<\/p>\n\n\n\n<p><a><sup>[13]<\/sup><\/a>Ib., p. 4.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Art\u00edculo elaborado por Juan Arana,\u00a0Catedr\u00e1tico de Filosof\u00eda de la Universidad de Sevilla y acad\u00e9mico numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Pol\u00edticas. El texto fue publicado en la revista <a href=\"http:\/\/www.revistas.uma.es\/index.php\/naturaleza-y-libertad\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\" aria-label=\"Naturaleza y Libertad 12 (2019) 45-66 (abre en una nueva pesta\u00f1a)\">Naturaleza y Libertad 12 (2019) 45-66<\/a><\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Por Juan Arana)\u00a0El art\u00edculo expone la evoluci\u00f3n de las expectativas acerca del futuro y destino final del hombre tanto a nivel individual como colectivo. Hasta el siglo XVIII predominaban las preocupaciones referidas al destino personal de cada hombre y el significado de la muerte. Tras las revoluciones que acabaron con el antiguo r\u00e9gimen, empez\u00f3 a &#8230; <a title=\"El futuro del hombre\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=4063\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre El futuro del hombre\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":263,"featured_media":4072,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"generate_page_header":"","footnotes":""},"categories":[121],"tags":[463,460,403,314,250],"class_list":["post-4063","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-transhumanismo-y-posthumanismo","tag-futuro","tag-kurzweil","tag-poshumanismo","tag-posthumanismo","tag-transhumanismo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4063","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/263"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4063"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4063\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4069,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4063\/revisions\/4069"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/4072"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4063"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4063"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4063"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}