{"id":2794,"date":"2018-03-07T07:00:19","date_gmt":"2018-03-07T06:00:19","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=2794"},"modified":"2018-02-14T07:52:09","modified_gmt":"2018-02-14T06:52:09","slug":"intelectualidad-espiritualidad-unamuno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=2794","title":{"rendered":"Emoci\u00f3n m\u00edstica desde las \u00abinquietudes del coraz\u00f3n\u00bb: intelectualidad y espiritualidad en Unamuno"},"content":{"rendered":"<p><strong>(Por <u>Alicia Villar<\/u>) Miguel de Unamuno, uno de los intelectuales m\u00e1s relevantes de la Espa\u00f1a de fin del siglo XIX y primer tercio del XX, desde su crisis de 1897 tambi\u00e9n se preocup\u00f3 por alertar sobre los l\u00edmites del intelectualismo. En su art\u00edculo<em> Intelectualidad y espiritualidad (<\/em>marzo de 1904) reflexion\u00f3 sobre la dimensi\u00f3n corporal, intelectual y espiritual del ser humano, a la luz de la primera ep\u00edstola de San Pablo a los Corintios. Distingui\u00f3 tres tipos de personas: los carnales (los absolutamente incultos), los intelectuales (hombres de l\u00f3gica y sentido com\u00fan) y los espirituales (so\u00f1adores y poetas). Sin menoscabo de la intelectualidad y frente al reduccionismo de cualquier signo, como Pascal Unamuno destac\u00f3 la importancia y significaci\u00f3n de la espiritualidad por entender que orienta a la creaci\u00f3n de sentido y a la conquista del ideal, posibilitando una vida m\u00e1s plena.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Miguel de Unamuno atendi\u00f3 a la multiplicidad de facetas del ser humano desde unas perspectivas que a\u00fan hoy nos puede dar que pensar. Su atenci\u00f3n por el \u201chombre de carne y hueso\u201d y su insistencia por rescatar al individuo concreto explica que la expresi\u00f3n: \u201cnaturaleza humana\u201d no sea frecuente en sus escritos. Sin embargo, ahond\u00f3 como pocos en las dimensiones del ser humano que posibilitan una vida m\u00e1s plena, y exhort\u00f3 a sus lectores a \u201chacerse un alma\u201d. La extensi\u00f3n y variedad de su obra explica la diversidad de interpretaciones sobre su figura; y los estudios y biograf\u00edas m\u00e1s recientes<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a> destacan su papel como intelectual<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a> y como vasco universal, en di\u00e1logo con los grandes autores modernos y contempor\u00e1neos (Kant, Hegel, Marx, Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche).<\/p>\n<p>Sin duda, Unamuno fue un intelectual comprometido con su propio tiempo y circunstancia, un esp\u00edritu independiente, un esp\u00edritu en movimiento como dec\u00eda de s\u00ed mismo, que siempre reivindic\u00f3 la libertad hasta la de contradecirse a s\u00ed mismo. Sin menoscabo de su dimensi\u00f3n de intelectual, me gustar\u00eda destacar su atenci\u00f3n preferente a la dimensi\u00f3n espiritual del hombre, y su orientaci\u00f3n a la creaci\u00f3n y conquista del ideal por entender que posibilita una vida m\u00e1s plena<strong>.<\/strong> Ello le vali\u00f3 que unos le tuvieran por reaccionario y por m\u00edstico, y otros le consideraran una especie de anarquista espiritual<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>. Me centrar\u00e9 en algunos de los escritos del periodo 1897-1906, en una \u00e9poca en la que Unamuno se confront\u00f3 con el intelectualismo y el cientificismo, por considerar que hay que ser due\u00f1o y no esclavo de la ciencia.<\/p>\n<h2>Su misi\u00f3n como escritor: despertar y desasosegar<\/h2>\n<p>Sensible a la crisis finisecular y al debate entre Ilustraci\u00f3n y Romanticismo<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>, desde su crisis de 1897 la relaci\u00f3n Ciencia Religi\u00f3n fue cobrando protagonismo en su pensamiento, en un momento en el que se enfrentaban dos posturas antag\u00f3nicas, una ciencia convertida en cientificismo que despreciaba a la religi\u00f3n y una religi\u00f3n que sospechaba de algunos avances cient\u00edfico t\u00e9cnicos, en especial del darwinismo. Durante la primera d\u00e9cada del siglo XX, el intelectual Unamuno se esforz\u00f3 por distinguir la intelectualidad de la espiritualidad, y critic\u00f3 a aquellos que por pereza mental, cientificismo, o superficialidad se apartan de las \u201cinquietudes del coraz\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Sus escritos de aquellos a\u00f1os (1902-1906) defienden la autonom\u00eda de la ciencia, pero tambi\u00e9n se orientan a abrir un espacio para los valores propios de la espiritualidad, con la convicci\u00f3n de que posibilita una vida m\u00e1s plena. En su art\u00edculo <em>Renovaci\u00f3n<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><strong>[5]<\/strong><\/a>, <\/em> de enero de 1897, por tanto poco antes de su crisis de marzo de aqu\u00e9l mismo a\u00f1o, Unamuno exhortaba a vivir con fe en el ideal, pero siempre con sinceridad, con tolerancia y con misericordia<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>. \u00bfQu\u00e9 entiende por obra de misericordia?: inquietar al pr\u00f3jimo, despertar al dormido y sacudir al parado<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>. As\u00ed es como quer\u00eda romper esas capas de aluvi\u00f3n que el mundo deposita en torno a nuestro n\u00facleo eterno, ahogan nuestro interior y nos hacen crecer de fuera a dentro, en vez de dentro a fuera<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os que seguir\u00e1n a su crisis de marzo de 1897, se comprueba su preocupaci\u00f3n por las cuestiones morales, pedag\u00f3gicas, religiosas e incluidas en ella las sociales (Carta a Leopoldo Guti\u00e9rrez Abascal de 18 de mayo de 1898<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>). Un a\u00f1o despu\u00e9s de su crisis, hab\u00eda escrito la primera serie de sus <em>Meditaciones Evang\u00e9licas<\/em> en las que pon\u00eda lo mejor de su alma<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>, su inteligencia y sobre todo su coraz\u00f3n. Quer\u00eda pensar integralmente, no s\u00f3lo con la mente, sino con el alma, el cuerpo y la sangre<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>. Inclu\u00eda en esa primera serie tres escritos: <em>El mal del siglo<\/em>, <em>Jes\u00fas y la samaritana<\/em> y <em>Nicodemo el Fariseo<\/em> en los que reflejaba su b\u00fasqueda del fondo com\u00fan cristiano a todas las Iglesias<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>. Ah\u00ed cristalizaban sus meditaciones cordiales, m\u00e1s que sus disquisiciones racionales.<\/p>\n<p>En su escrito <em>El mal del siglo<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>,<\/em> de octubre de 1897 y de un cierto tono autobiogr\u00e1fico, Don Miguel realiz\u00f3 una s\u00edntesis de las principales tendencias del siglo XIX, acompa\u00f1ada de una valoraci\u00f3n de algunas de las posiciones que \u00e9l mismo hab\u00eda mantenido, pues la crisis de ese a\u00f1o supuso una distancia con respecto a su etapa positivista. El ocaso del siglo XIX, nos dice en este texto, el siglo del positivismo y del nihilismo, experimenta la fatiga del racionalismo. Advierte que lo que m\u00e1s entristece a muchos autores modernos es la obsesi\u00f3n de la muerte total, pues la energ\u00eda espiritual se paraliza ante \u201cel espectro de la venidera nada eterna, que envuelve a todo en vaciedad abrumadora\u201d<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a>. Entonces, se desploma la idolatr\u00eda progresista, y como repetir\u00e1 en <em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida<\/em>, tambi\u00e9n el progreso se desvela como \u201cvanidad de vanidades\u201d<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a>. As\u00ed, comprueba que a fines del siglo XIX resurgen los dos problemas radicales: el de la vida temporal y el de la vida eterna, el problema econ\u00f3mico y el religioso, los dos goznes de la historia humana. Como Pilatos, el intelectualista se pregunta: \u00bfqu\u00e9 es la verdad?, sin saber que para relacionarnos con la realidad \u201ceterna y viva\u201d, no contamos s\u00f3lo con la pura inteligencia. Unamuno reclama la fe, que es amor, y el amor que es justicia. Afirma: \u201caunque la raz\u00f3n se haya hecho atea, el coraz\u00f3n sigue siendo cristiano y del coraz\u00f3n rebrota la fe\u201d.<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a> A su juicio, el superhombre en el que so\u00f1aba Nietzsche no era m\u00e1s que el cristiano, que \u201cno est\u00e1 hecho, sino que se est\u00e1 haciendo\u201d. Pensaba que a\u00fan no se hab\u00eda vivido el cristianismo hasta la m\u00e9dula, y que mientras la verdad evang\u00e9lica no se hiciera \u201csustancia de nuestra alma\u201d, no habr\u00eda verdadera paz<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[17]<\/a>. Ve\u00eda preciso no s\u00f3lo purificar la inteligencia, sino tambi\u00e9n el coraz\u00f3n, pues son los limpios de coraz\u00f3n y no los sabios los que ver\u00e1n a Dios.<\/p>\n<p>La misma convicci\u00f3n se expresa en <em>Nicodemo el fariseo:<\/em> la \u00edntima bondad es una luz m\u00e1s clara y penetrante que la raz\u00f3n. As\u00ed se comprueba un cambio de direcci\u00f3n en su trayectoria: del intelectualismo al <em>cordialismo,<\/em> pues el intelectual Unamuno, en ciertos temas, sigue el <em>ordo amoris<\/em> y el esp\u00edritu de finura. Como Pascal, considera que las ciencias \u201cno consuelan en tiempos de aflicci\u00f3n\u201d y distingue la ciencia de la sabidur\u00eda, lo que se ve de aquello que se descubre con los ojos y \u201co\u00eddos del coraz\u00f3n\u201d <a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[18]<\/a>. Entiende que verdad es tambi\u00e9n aquello que puede dar una raz\u00f3n para vivir y precisa los dominios de la intelectualidad y de la espiritualidad.<\/p>\n<p>En sus <em>Tres Ensayos<\/em> de 1900 criticar\u00e1 el intelectualismo y la tiran\u00eda de las ideas <em>(Ideocracia<\/em>) asumiendo el papel de \u201cpredicador laico\u201d que ve\u00eda necesario. Anima a pensar con todo el ser, con el cuerpo y con los sentimientos, pues la verdad es amor y vida en la realidad de los esp\u00edritus. La fe consiste en buscar con todo el coraz\u00f3n lo absoluto, lo infinito y eterno, y defiende la esperanza que es fe en el ideal (<em>La fe).<\/em> A lo largo de esos a\u00f1os, Unamuno buscar\u00e1 un espacio para la difusi\u00f3n del ideal y experimentar\u00e1 que el sentimiento religioso, motor de la vida \u00edntima social, se ahogaba por una ciencia convertida en religi\u00f3n (Carta a Leopoldo Guti\u00e9rrez Abascal, 19 diciembre de 1901)<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\">[19]<\/a>.<\/p>\n<p>Pr\u00f3ximo a los cuarenta a\u00f1os, antes de 1904, Unamuno redacta un escrito que titula <em>Mi confesi\u00f3n<\/em><a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\">[20]<\/a>, dirigido a la juventud espiritual hispana, donde la formulaci\u00f3n del \u201cinmortal anhelo de inmortalidad\u201d tomar\u00e1 cuerpo como el eje de sus meditaciones. Con ello se orienta a inquietar a sus lectores y sacudir sus entra\u00f1as, clavando los ojos en el misterio de la Esfinge y en la visi\u00f3n del fluir de las olas de la vida<a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\">[21]<\/a>. Comienza por advertir que la ra\u00edz de todo decaimiento procede de la \u201cavaricia espiritual\u201d que evita darse, prodigarse. Por este motivo, confiesa que le espanta la sordidez de los intelectuales que disputan quien ha dicho algo primero y cuya lucha por la firma les \u201cdestronca el alma\u201d. Unamuno piensa que todo ello se reduce a lo que llama erostratismo, la b\u00fasqueda de la fama a cualquier precio, un mal que afecta a la mayor\u00eda de los intelectuales modernos y que consume a todo escritor que trata de perpetuar su nombre, porque en el fondo duda de perpetuar su alma\u201d<a href=\"#_ftn22\" name=\"_ftnref22\">[22]<\/a>. Por tanto, la confesi\u00f3n de Unamuno se dirige a delatar esa af\u00e1n de perpetuar el nombre que afectan a los escritores, artistas o intelectuales modernos, lo reconozcan o no, y se incluye entre en ellos, conjugando los verbos en primera persona del plural<a href=\"#_ftn23\" name=\"_ftnref23\">[23]<\/a>.<\/p>\n<p>Advierte que a medida que la creencia en la inmortalidad del alma se debilita m\u00e1s se tiende a salvar la propia memoria de la nada, y denunciar\u00e1 los males- ego\u00edsmo, soberbia, vanidad- y los sacrificios de los mayores bienes que acarrea la vanagloria. Entre los males, destaca la envidia que lleva a menospreciar a todo aquel que pueda restar fama, y que fue el origen del crimen de Ca\u00edn. As\u00ed, en su exceso, la b\u00fasqueda de la fama se convierte en destructora, como ilustra la leyenda de Er\u00f3strato<a href=\"#_ftn24\" name=\"_ftnref24\">[24]<\/a>que prendi\u00f3 fuego al templo de \u00c9feso para inmortalizar su nombre. De ah\u00ed que Unamuno considere a la vanagloria como el mal del siglo, en una nota in\u00e9dita en la que apunta: \u201cBrillar, brillar, brillar. Y apagarse al cabo\u201d<a href=\"#_ftn25\" name=\"_ftnref25\">[25]<\/a>.<\/p>\n<p>Varias p\u00e1ginas del primer apartado de <em>Mi confesi\u00f3n<\/em> se dedicar\u00e1n a evocar la figura de Don Quijote, en quien descubre el mismo resorte del que muri\u00f3 arrepentido Alonso el Bueno. Esta apelaci\u00f3n a la bondad tambi\u00e9n se recupera al final del primer apartado, pues si bien comenzaba por denunciar los males que acarrea el erostratismo, finalmente admite una cierta ambivalencia, pues el que trata de vivir en la memoria de otros, al menos vive para los dem\u00e1s. As\u00ed, aspira a encender la sed de inmortalidad de los j\u00f3venes hispanos y frente al erostratismo destructor denunciado, les anima a obrar \u201ccomo si en cada acto se ventilara el destino final del Universo todo\u201d<a href=\"#_ftn26\" name=\"_ftnref26\">[26]<\/a>, apelando a su compromiso moral y su lucha por el ideal, ideas que desarrollar\u00e1 el cap\u00edtulo XI <em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida.<\/em> As\u00ed, frente al inicial \u201cvanidad de vanidades y todo vanidad\u201d, incitar\u00e1 al \u201cplenitud de plenitudes\u201d, t\u00edtulo de su ensayo de 1904<a href=\"#_ftn27\" name=\"_ftnref27\">[27]<\/a>.<\/p>\n<p>Con ello se comprueba el avance en la formulaci\u00f3n de la preocupaci\u00f3n central de Unamuno, que hab\u00eda registrado desde los comienzos de su <em>Diario \u00cdntimo<\/em>. De hecho, muchos pasajes del texto de <em>Mi confesi\u00f3n <\/em>ser\u00e1n transcritos en el <em>Tratado del amor de Dios<\/em> y posteriormente en el cap\u00edtulo tres <em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida.<\/em> Piensa que tanto en el creyente como en el incr\u00e9dulo siempre queda un residuo de duda, y que ahondar en ella supone reconocer la lucha entre la raz\u00f3n y el sentimiento. La raz\u00f3n muerde el cogollo del coraz\u00f3n, y el coraz\u00f3n defiende su necesidad de consuelo, pero la verdad se siente m\u00e1s que se conoce y la vivimos a\u00fan sin comprenderla. Ante la expectativa de una aniquilaci\u00f3n definitiva, no le vale ni la <em>joie de vivre<\/em>, ni el monismo, ni el remedio est\u00e9tico, ni el intelectualismo que califica de mal terrible, pues lo vivo y lo absolutamente individual es impensable<a href=\"#_ftn28\" name=\"_ftnref28\">[28]<\/a>.<\/p>\n<h2>Intelectualidad y espiritualidad<\/h2>\n<p>En su art\u00edculo <em> Intelectualidad y espiritualidad<a href=\"#_ftn29\" name=\"_ftnref29\">[29]<\/a>, <\/em>de marzo de 1904, Unamuno reflexion\u00f3 sobre la dimensi\u00f3n corporal, intelectual y espiritual del ser humano y su significaci\u00f3n, a la luz de la primera ep\u00edstola de San Pablo a los Corintios<a href=\"#_ftn30\" name=\"_ftnref30\">[30]<\/a>. Distingue tres tipos de personas: los carnales, los intelectuales y los espirituales.<\/p>\n<p>Los carnales son los brutos, nos dice, los absolutamente incultos y que se ven reducidos a una vida casi animal. Los intelectuales o ps\u00edquicos <a href=\"#_ftn31\" name=\"_ftnref31\">[31]<\/a> son los hombres de sentido com\u00fan y de l\u00f3gica, que encadenan las ideas por las asociaciones que el mundo exterior y visible les sugiere, y que se presentan como hombres razonables que aprenden su oficio y lo ejercen. De ellos, se dice que tienen \u201cun juicio recto y un criterio claro\u201d. No creen \u201cen supercher\u00edas que no est\u00e9n consagradas por la tradici\u00f3n y el h\u00e1bito<em>\u2026\u201d<a href=\"#_ftn32\" name=\"_ftnref32\">[32]<\/a>.<\/em><\/p>\n<p>Los intelectuales se interesan por temas de cultura y de ciencia. El<em> \u201cintelectual o <\/em>ps\u00edquico espa\u00f1ol\u201d, admira el tel\u00e9fono y se queda extasiado al paso de la locomotora.\u00a0\u00a0 Ense\u00f1a conocimientos que tiene almacenados en su intelecto, pero su ciencia, hasta en sus m\u00e1s elevadas hip\u00f3tesis, es una doctrina fr\u00eda, apostilla Unamuno.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, est\u00e1n los espirituales<em>: son \u201c<\/em>los so\u00f1adores, a los que se llama con desd\u00e9n m\u00edsticos, palabra que algunos escupen como un insulto o reproche. Los espirituales no toleran la tiran\u00eda e idolatr\u00eda de la ciencia; creen que hay otro mundo dentro del nuestro, potencias misteriosas que est\u00e1n dormidas en el seno de nuestro esp\u00edritu. Ellos ven y discurren de otro modo: <a href=\"#_ftn33\" name=\"_ftnref33\"><em><strong>[33]<\/strong><\/em><\/a><em>con los ojos del coraz\u00f3n que ven la sabidur\u00eda (Pascal)<\/em>. Espirituales y no intelectuales han sido los m\u00e1s grandes poetas<a href=\"#_ftn34\" name=\"_ftnref34\">[34]<\/a>, dice Unamuno, que ense\u00f1an lo que son, su propia alma, su personalidad<em>. <\/em><\/p>\n<p>El intelectual es el hombre del t\u00e9rmino medio, que navega por la corriente central, a igual distancia de la enorme masa de la carnalidad y de la escas\u00edsima porci\u00f3n de la espiritualidad consciente, porque hay otra, dice Unamuno, la espiritualidad inconsciente y potencial, que dormita en todos, y que puede que sea m\u00e1s vivaz en los carnales que en los intelectuales. Es la espiritualidad que describir\u00e1 en <em>San Manuel Bueno, m\u00e1rtir<\/em>.<\/p>\n<p>Los intelectuales llaman locura a lo que no pueden entender, pero en realidad hay cosas que no entienden porque deben ser juzgadas espiritualmente. Unamuno encuentra divididos a los intelectuales modernos en dos grandes grupos, el de los creyentes y el de los incr\u00e9dulos. Constata con pesar, que en Espa\u00f1a luchan en el mismo plano tanto los intelectuales cat\u00f3licos como los no cat\u00f3licos, que de hecho resultan anticat\u00f3licos. Unos buscan pruebas l\u00f3gicas y otros rebaten estas pruebas. Por ello califican de bruto o de loco a aqu\u00e9l que les dirige la voz desde abajo, desde el suelo de la carnalidad, o bien desde arriba, desde el techo de la espiritualidad.<\/p>\n<p>Don Miguel se pregunta: \u00bfcon qu\u00e9 derecho juzgan de cosas de esp\u00edritu los que lo tienen enterrado bajo el intelecto? Su respuesta se expresa en clave po\u00e9tica. Concluye que \u201cno cabe lucha entre un pez que no sale de las honduras del mar, y un ave que no baja de las alturas del cielo\u201d<a href=\"#_ftn35\" name=\"_ftnref35\">[35]<\/a>. En su escrito <em>Los naturales y los espirituales<\/em>, advierte que antes se entienden los espirituales con los naturales que no con los intelectuales, pues nada m\u00e1s cerca de la naturalidad que la espiritualidad<a href=\"#_ftn36\" name=\"_ftnref36\">[36]<\/a>.<\/p>\n<p>Unamuno, coincide con Pascal en esta distinci\u00f3n entre los \u00f3rdenes o \u00e1mbitos de realidad. Ambos constatan que al igual que hay quien no puede admirar m\u00e1s que las grandezas materiales, otros no admiran m\u00e1s que las intelectuales, e ignoran que las hay m\u00e1s elevadas en sabidur\u00eda. La grandeza de la sabidur\u00eda es invisible para los carnales y los ps\u00edquicos o intelectuales, de ah\u00ed que el hero\u00edsmo y la santidad sea una especie de locura para los que est\u00e1n en un orden distinto.<\/p>\n<p>A los tres \u00f3rdenes o \u00e1mbitos de realidad, corresponden las tres dimensiones del ser humano: el cuerpo, la inteligencia y el coraz\u00f3n, y tres niveles de conocimiento: el sensible, el inteligible y el sapiencial. Los tres \u00f3rdenes son discontinuos e inconmensurables. Por ello, Pascal y Unamuno consideran que la tiran\u00eda consiste en un deseo de dominaci\u00f3n universal, y fuera de todo orden (L. 58, B. 332). La falta consiste en querer que un solo orden reine o domine en todas partes, y su dominio sea absoluto. Cada uno de ellos tiene su propia autonom\u00eda. Los tres nos permiten descubrir la complejidad del mundo y de la vida.<\/p>\n<h2>Reflexiones finales<\/h2>\n<p>Unamuno invita a buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad, con el fin de elevar nuestra vida espiritual. El ser humano se puede enga\u00f1ar creyendo lo falso, pero tambi\u00e9n se pueda enga\u00f1ar por no creer lo verdadero, como hab\u00eda observado Kierkegaard, a quien Don Miguel ven\u00eda leyendo desde comienzos de siglo.<\/p>\n<p>En una de las notas in\u00e9ditas de su <em>Tratado del amor de Dios<\/em> observar\u00e1: \u201cTened siempre a la vista el supremo anhelo, por inalcanzable que sea, y cuando la raz\u00f3n l\u00f3gica os desaliente al mostraros la vanidad final de todo esfuerzo, contraponed a la raz\u00f3n que discurre y alumbra en fr\u00edo, la verdad cordial que enciende en oscuro\u2026\u201d<a href=\"#_ftn37\" name=\"_ftnref37\">[37]<\/a>. La causalidad eficiente y la causalidad final no tienen por qu\u00e9 oponerse, pues lo que se refiere a causas y a porqu\u00e9s, es estrictamente cient\u00edfico y responde a la necesidad de la inteligencia y de la l\u00f3gica de la raz\u00f3n; mientras que lo que se refiere a los fines responde a las necesidades de un sentimiento de esperanza y de la l\u00f3gica del coraz\u00f3n \u201c<a href=\"#_ftn38\" name=\"_ftnref38\">[38]<\/a><\/p>\n<p>En <em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida<a href=\"#_ftn39\" name=\"_ftnref39\">[39]<\/a>,<\/em> Unamuno insistir\u00e1 en que la ciencia podr\u00e1 satisfacer nuestras necesidades mentales y l\u00f3gicas, pero no nuestras necesidades afectivas y volitivas, nuestra hambre de inmortalidad, y nuestra necesidad de consuelo<strong>. <\/strong>La ciencia tiene un enorme valor cuando se constri\u00f1e a su objeto propio <a href=\"#_ftn40\" name=\"_ftnref40\">[40]<\/a> y considera que es el p\u00f3rtico de la religi\u00f3n<a href=\"#_ftn41\" name=\"_ftnref41\">[41]<\/a><em>. <\/em>En cambio, Unamuno cuestiona al hombre de ciencia que se cierra por completo a las esperanzas transcendentes y las califica de locura<a href=\"#_ftn42\" name=\"_ftnref42\">[42]<\/a>. Los cientificistas no advierten que, en torno al islote de la ciencia, se abre un mar desconocido y su renuncia es una especie de renuncia espiritual. Ciencia y religi\u00f3n pueden corregirse mutuamente. La ciencia sirve de un lado para facilitar la vida con sus aplicaciones pr\u00e1cticas y de otro de puerta a la sabidur\u00eda, pero \u201c\u00bfy si hay otras puertas? \u00bfNo tenemos nosotros otras?\u201d, se preguntar\u00e1 (Carta a J. Ortega y Gasset, de 30 de mayo de 1906). As\u00ed, al igual que Pascal y Kierkegaard, Unamuno reaccion\u00f3 ante una filosof\u00eda descarnada, y reflexion\u00f3 sobre la naturaleza humana, sintiendo y pensando a un tiempo, y buscando sabidur\u00eda esencial. Y en aquellos a\u00f1os, Don Miguel, intelectual cr\u00edtico con el intelectualismo, defensor de la ciencia que denunci\u00f3 el cientificismo, fue orientando lo que entend\u00eda que era su misi\u00f3n como escritor espa\u00f1ol en la cultura contempor\u00e1nea: abrir la fuente de las hondas inquietudes \u00edntimas<a href=\"#_ftn43\" name=\"_ftnref43\">[43]<\/a>, los valores de la espiritualidad que impulsan la creaci\u00f3n de los ideales y el compromiso, y que posibilitan una vida m\u00e1s plena. En suma, defendi\u00f3 la libertad y la dimensi\u00f3n espiritual del ser humano frente al mecanicismo y reduccionismo de cualquier signo: monista, positivista, materialista, racionalista, intelectualista o cientificista. Sin renunciar a la verdad, busc\u00f3 tambi\u00e9n el sentido<a href=\"#_ftn44\" name=\"_ftnref44\">[44]<\/a> y el mundo del misterio. Lleg\u00f3 a identificar su misi\u00f3n con el hero\u00edsmo quijotesco, recurriendo al lenguaje y a la filosof\u00eda po\u00e9tica, a\u00fan a riesgos de clamar en el desierto. Quiz\u00e1 abrigaba la secreta esperanza de que un d\u00eda el desierto oyera y se convirtiera en \u201cselva sonora\u201d<a href=\"#_ftn45\" name=\"_ftnref45\">[45]<\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h5>Notas<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Juaristi, J., <em>Miguel de Unamuno<\/em>, Taurus, Madrid, 2012<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Roberts, S.G.G., <em>Miguel de Unamuno o la creaci\u00f3n del intelectual espa\u00f1ol moderno<\/em>, Ediciones de la Universidad de Salamanca, Salamanca, 2007. S.G.H. Roberts se\u00f1ala que Unamuno busc\u00f3 un papel p\u00fablico en la d\u00e9cada de 1880 y anteriormente al Caso Dreyfus, el Manifiesto de Clemanceau y la protesta de Zola, (pp. 244- 245). A su juicio, Unamuno fue un pionero en la creaci\u00f3n de la figura del intelectual moderno en Espa\u00f1a y que dedic\u00f3 toda su vida a la b\u00fasqueda de un nuevo papel p\u00fablico para el escritor Joan Juaristi en su biograf\u00eda sobre Unamuno, le considera como el primer intelectual verdaderamente moderno del pa\u00eds. Tambi\u00e9n destaca su existencia ag\u00f3nica en permanente lucha con su entorno hist\u00f3rico, en un debate constante entre la raz\u00f3n desencantada y el ansia de eternidad. Por \u00faltimo, el reciente libro de Pedro Rivas nos presenta a Unamuno, como un vasco universal.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> As\u00ed se expresa en su escrito <em>Mi religi\u00f3n<\/em>:\u201dDe lo que huyo como de la peste, es de que me clasifiquen, y quiero morirme oyendo preguntar de m\u00ed a los holgazanes de esp\u00edritu que se paren alguna vez a o\u00edrme: \u201cY este se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 es?\u201d. Los liberales o progresistas tontos me tendr\u00e1n por reaccionario y acaso por m\u00edstico, sin saber por supuesto, lo que esto quiere decir, y los conservadores y reaccionarios tontos me tendr\u00e1n por una especie de anarquista espiritual, y unos y otros, por un pobre se\u00f1or afanoso de singularizarse y de pasar por original y cuya cabeza es una olla de grillos. Pero nadie debe cuidarse de lo que piensen de \u00e9l los tontos, sean progresistas o conservadores, liberales o reaccionarios\u201d. (Unamuno, M., <em>Mi religi\u00f3n<\/em>, La Naci\u00f3n, Buenos Aires, 9 de diciembre, 1907, en Unamuno, M., <em>Obras Completas<\/em>, III, Editorial Escelicer, Madrid, 1968, pp. 262-263)<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Para un desarrollo de este tema, v\u00e9ase el estudio de Cerezo, P., <em>El mal del siglo, El conflicto entre Ilustraci\u00f3n y Romanticismo en la crisis finisecular del siglo XIX<\/em>, Biblioteca Nueva, Universidad de Granada, 2003<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> O.C. III, Publicado en Revista Pol\u00edtica Ibero Americana, Madrid 30 de enero, 1897, pp. 684-685.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a>Sinceridad, su convicci\u00f3n de siempre m\u00e1s arraigada, que le llevaba a decir y a defender en todo tiempo y lugar lo que entend\u00eda que era verdad; tambi\u00e9n tolerancia dirigida a las diversas creencias que caben dentro de la esperanza com\u00fan, y misericordia hacia las v\u00edctimas del pasado y del presente. <em>Verdad y vida, <\/em>O.C., III, febrero de 1908, La Naci\u00f3n, Buenos Aires, 22 de marzo de 1908, p. 264<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Cfr. <em>Mi religi\u00f3n<\/em>, O.C. III, p. 263<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Cfr. <em>Nicodemo el Fariseo\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Epistolario entre Miguel de Unamuno y los hermanos Guti\u00e9rrez Abascal, <em>Cartas \u00edntimas<\/em>, Eguzki, Bilbao, 1986, p. 94<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Carta a L. Guti\u00e9rrez Abascal de 3 de octubre de 1898. Cfr. Robles, L.<em>, El mal del siglo<\/em> (Texto in\u00e9dito de Unamuno), p. 113<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> Carta a P. Jim\u00e9nez Ilund\u00e1in de 16 de agosto de 1899<em>, Epistolario americano (1890-1936<\/em>), Edici\u00f3n de Laureano Robles, Ediciones de la Universidad de Salamanca, Salamanca, 1996, p. 69, Cfr. Robles, L., p. 115<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> Carta a Leopoldo Guti\u00e9rrez Abascal de 18 de mayo de 1898. <em>Cartas \u00cdntimas<\/em>, p. 93<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> Unamuno, M., <em>El mal del siglo<\/em> (Texto in\u00e9dito de Unamuno), edici\u00f3n de Laureano Robles, Cuadernos de la Universidad de Salamanca, 34, 1999, pp. 99-131<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> <em>El mal del siglo<\/em>, p. 128<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> Unamuno observa que en su \u00e9poca algunos se han hecho id\u00f3latras de la belleza, se embriagan en lo fenom\u00e9nico y se acogen al esteticismo. No ve novedad en esa actitud, pues ya Homero hab\u00eda advertido que los dioses traman y cumplen la destrucci\u00f3n de los mortales para que los siglos venideros tengan algo que cantar.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> <em>El mal del siglo<\/em>, p. 124<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> Carta a P. Jim\u00e9nez Ilund\u00e1in de 25 de marzo de 1898, p. 111 Cfr. Robles, L.<em>, El mal del siglo<\/em> (Texto in\u00e9dito de Unamuno), en \u201cCuadernos de la C\u00e1tedra Miguel de Unamuno\u201d, Universidad de Salamanca, 34, 1999, p. 111.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> En un escrito de 1921, Unamuno vuelve a incidir en esta idea: <em>\u201c<\/em>Por tanto coraz\u00f3n, aunque nada veas, escucha; abre los o\u00eddos, aunque cierres los ojos. Vale m\u00e1s que oigas a la Palabra con las tinieblas, que no el que veas el Sol en el silencio<em>\u201d. (Los o\u00eddos del coraz\u00f3n, <\/em>O.C., VIII, 1921, p. 1483<em>).<\/em><\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> Epistolario de Unamuno y los hermanos Guti\u00e9rrez Abascal, <em>Cartas \u00edntimas<\/em>, Eguzki, Bilbao, p. 120<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> Escrito in\u00e9dito hasta el a\u00f1o 2011. Unamuno, M., <em>Mi confesi\u00f3n<\/em>, edici\u00f3n de Alicia Villar, S\u00edgueme\/Universidad Pontificia Comillas, Salamanca, 2011<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a> <em>Mi confesi\u00f3n<\/em>, p. 21<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref22\" name=\"_ftn22\">[22]<\/a> Casa Museo Unamuno, 68\/15, p. 14<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref23\" name=\"_ftn23\">[23]<\/a> Escribe: \u201cadolecemos con mayor a menor fuerza los m\u00e1s de los intelectuales modernos\u201d. (Cfr. Mi confesi\u00f3n, p. 18<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref24\" name=\"_ftn24\">[24]<\/a> El primer apartado de <em>Mi confesi\u00f3n<\/em>, dedicado al erostratismo, se encabeza con la cita de: \u201cValerio M\u00e1ximo, libro 8, cap\u00edtulo 14\u201d.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref25\" name=\"_ftn25\">[25]<\/a> Casa Museo Unamuno, 68\/15, p. 154<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref26\" name=\"_ftn26\">[26]<\/a> <em>Mi confesi\u00f3n<\/em>, p. 52<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref27\" name=\"_ftn27\">[27]<\/a> OC, VII, pp. 1202-1210<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref28\" name=\"_ftn28\">[28]<\/a> Cfr. <em>Mi confesi\u00f3n<\/em>, p. 34<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref29\" name=\"_ftn29\">[29]<\/a> <em>Intelectualidad y espiritualidad<\/em>, La Espa\u00f1a Moderna, a\u00f1o XVI, n\u00ba 183, Madrid, marzo, 1904, en O.C, I, pp. 1137- 1147<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref30\" name=\"_ftn30\">[30]<\/a> Final del cap\u00edtulo II y comienzo del III, y cap\u00edtulo VII de la Ep\u00edstola a los Romanos<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref31\" name=\"_ftn31\">[31]<\/a> Unamuno precisa al respecto que en la <em>psique<\/em> vio la potencia intelectual ligada a las necesidades de la vida terrenal, la esclava de la l\u00f3gica educada y adiestrada en las luchas por la vida, el conocimiento corriente necesario para poder vivir, conocimiento que se desarrolla en la ciencia.<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref32\" name=\"_ftn32\">[32]<\/a> <em>Intelectualidad y espiritualidad<\/em>, o.c., p. 1143<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref33\" name=\"_ftn33\">[33]<\/a> <em>Intelectualidad y espiritualidad<\/em>, O.C. I, p. 1143<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref34\" name=\"_ftn34\">[34]<\/a> En <em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida,<\/em> tambi\u00e9n aproximar\u00e1 la filosof\u00eda a la poes\u00eda m\u00e1s que a la ciencia (cap. 1).<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref35\" name=\"_ftn35\">[35]<\/a> <em>Intelectualidad y espiritualidad<\/em>, O.C., I, p. 1146<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref36\" name=\"_ftn36\">[36]<\/a> Unamuno, M., <em>Los naturales y los espirituales<\/em>, La Espa\u00f1a Moderna, a\u00f1o XVII, n\u00ba293, Madrid, enero, 1905, O.C., I, p. 1217<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref37\" name=\"_ftn37\">[37]<\/a> Notas al <em>Tratado del amor de Dios<\/em>, CMU, 68\/15, nota n\u00ba 141<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref38\" name=\"_ftn38\">[38]<\/a> Unamuno, M., <em>De la desesperaci\u00f3n religiosa moderna<\/em>, Trotta, 1907, 55<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref39\" name=\"_ftn39\">[39]<\/a> El nuevo t\u00edtulo de la obra, supon\u00eda ya un desplazamiento del centro de gravedad de la obra: su conflicto tr\u00e1gico entre la experiencia de caducidad y su ansia de inmortalidad. Cfr. Cerezo, p., <em>Las m\u00e1scaras de lo tr\u00e1gico, <\/em>Trotta, p. 375<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref40\" name=\"_ftn40\">[40]<\/a> Para Unamuno, la ciencia es en cada \u00e9poca la adaptaci\u00f3n del pensamiento colectivo, heredado con el lenguaje, a la realidad exterior y un medio de obrar sobre el mundo. Nos da \u201cel conocimiento de relaciones formales para la pr\u00e1ctica de nuestra vida formal o exterior\u201d. <em>Tratado del amor de Dios<\/em>, p. 620<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref41\" name=\"_ftn41\">[41]<\/a> <em>Tratado del amor de Dios<\/em>, III, p. 546<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref42\" name=\"_ftn42\">[42]<\/a> O.c., p. 619<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref43\" name=\"_ftn43\">[43]<\/a> Carta de Miguel de Unamuno a Guillermo C. Morris, 29 de junio de 1904, Cfr., Unamuno, M., <em>Epistolario americano<\/em>, Edici\u00f3n de Laureano Robles, Ediciones de la Universidad de Salamanca, Salamanca, 1996, p. 2001<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref44\" name=\"_ftn44\">[44]<\/a> Cfr. Arendt, H., \u201cLa necesidad de la raz\u00f3n no est\u00e1 inspirada por la b\u00fasqueda de la verdad, sino por la b\u00fasqueda del sentido. Y verdad y sentido no son una misma cosa. La falacia por excelencia, que prima sobre todos y cada una de las dem\u00e1s falacias metaf\u00edsicas, reside en interpretar el sentido seg\u00fan el modelo de la verdad\u2026\u201d. <em>La vida del esp\u00edritu<\/em>, Centro de Estudios Constitucionales, 1984, p. 26<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref45\" name=\"_ftn45\">[45]<\/a> Unamuno, M., <em>Del sentimiento tr\u00e1gico de la vida,<\/em> \u201cConclusi\u00f3n\u201d.<\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><strong>Art\u00edculo elaborado por <\/strong><\/em><strong>Alicia Villar Ezcurra<\/strong><em><strong>, Universidad Pontificia Comillas, Madrid. Es una adaptaci\u00f3n para FronterasCTR de un art\u00edculo publicado en la revista PENSAMIENTO, en el volumen 8 de la serie Ciencia, Filosof\u00eda y Religi\u00f3n.<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Por Alicia Villar) Miguel de Unamuno, uno de los intelectuales m\u00e1s relevantes de la Espa\u00f1a de fin del siglo XIX y primer tercio del XX, desde su crisis de 1897 tambi\u00e9n se preocup\u00f3 por alertar sobre los l\u00edmites del intelectualismo. En su art\u00edculo Intelectualidad y espiritualidad (marzo de 1904) reflexion\u00f3 sobre la dimensi\u00f3n corporal, intelectual &#8230; <a title=\"Emoci\u00f3n m\u00edstica desde las \u00abinquietudes del coraz\u00f3n\u00bb: intelectualidad y espiritualidad en Unamuno\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=2794\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre Emoci\u00f3n m\u00edstica desde las \u00abinquietudes del coraz\u00f3n\u00bb: intelectualidad y espiritualidad en Unamuno\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":263,"featured_media":2803,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"generate_page_header":"","footnotes":""},"categories":[145],"tags":[148,310,304,307],"class_list":["post-2794","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura-tecnologica-etica-y-teologia","tag-espiritualidad","tag-intelectualismo","tag-mistica","tag-unamuno"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2794","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/263"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2794"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2794\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2797,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2794\/revisions\/2797"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/2803"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2794"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2794"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2794"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}