{"id":2782,"date":"2018-02-21T07:00:41","date_gmt":"2018-02-21T06:00:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=2782"},"modified":"2018-02-20T16:33:45","modified_gmt":"2018-02-20T15:33:45","slug":"por-que-existe-el-arte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.comillas.edu\/FronterasCTR\/?p=2782","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 existe el arte?"},"content":{"rendered":"<p><strong>(Por <u>Carlos Blanco<\/u>) Para responder a la pregunta que encabeza este texto, ante todo es necesario consensuar una definici\u00f3n de \u00abarte\u00bb. Se trata, sin embargo, de una tarea rayana en lo imposible. Cuanto m\u00e1s rigor queremos aplicar en el concepto, menor es el n\u00famero de fen\u00f3menos que quedan comprendidos en \u00e9l. Si buscamos una definici\u00f3n excesivamente estricta del arte, sucumbiremos a todo tipo de paradojas e incluso de arbitrariedades. Por ejemplo, si decimos que la esencia del arte radica en la creaci\u00f3n de obras bellas, deberemos explicar en qu\u00e9 consiste la belleza, y por qu\u00e9 trabajos que probablemente no suscitar\u00edan entusiasmo est\u00e9tico pueden englobarse bajo la categor\u00eda de arte.\u00a0En el arte habita el alma de un pueblo. Los estudiosos han propuesto sofisticadas clasificaciones de los grandes estilos hist\u00f3ricos, muchos de ellos compartidos por diversos pueblos, pero no parece exagerado sostener que, en realidad, existen tantos estilos como grupos, e incluso como individuos.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por tanto, el lector nos permitir\u00e1 que soslayemos moment\u00e1neamente el interrogante sobre la naturaleza del arte. Parece evidente que todas las culturas han desarrollado expresiones que remiten a esa noci\u00f3n tan esquiva como ineludible, \u00abarte\u00bb, y que este af\u00e1n est\u00e9tico ha surcado la pr\u00e1ctica totalidad de los pueblos de la Tierra. Es imposible identificar un solo grupo humano contempor\u00e1neo que carezca de alg\u00fan tipo de arte. Y si examinamos esta cuesti\u00f3n en sus dimensiones hist\u00f3ricas, precisamente uno de los rasgos distintivos de cada comunidad humana reside en sus expresiones art\u00edsticas.<\/p>\n<p>En el arte habita el alma de un pueblo. Los estudiosos han propuesto sofisticadas clasificaciones de los grandes estilos hist\u00f3ricos, muchos de ellos compartidos por diversos pueblos, pero no parece exagerado sostener que, en realidad, existen tantos estilos como grupos, e incluso como individuos. Al igual que la especie, una abstracci\u00f3n materializada siempre en los individuos que la conforman, el arte s\u00f3lo existe en las obras art\u00edsticas. Son las producciones que consideramos pertenecientes a ese enigm\u00e1tico conjunto llamado \u00abarte\u00bb las que nos revelan la verdadera esencia de esta faceta tan estrechamente unida a los pilares de la condici\u00f3n humana.<\/p>\n<h2><strong>El arte en la condici\u00f3n humana<\/strong><\/h2>\n<p>Si el arte goza de un car\u00e1cter universal, si pr\u00e1cticamente ninguna gran cultura ha podido resistir el impulso hacia la creaci\u00f3n art\u00edstica, \u00bfconstituye acaso el arte una dimensi\u00f3n fundamental de la naturaleza humana? \u00bfEs la especie humana esencialmente creativa, inexorablemente encaminada hacia la expresi\u00f3n art\u00edstica, connaturalizada con una vocaci\u00f3n est\u00e9tica que parece innata e irrenunciable?<\/p>\n<p>Por supuesto, la pregunta siempre podr\u00eda plantearse desde un punto de vista evolutivo. Se discute si las m\u00e1s tempranas manifestaciones art\u00edsticas, como las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira y Grotte Chovet, obedecen a motivos rituales o si traslucen razones estrictamente contemplativas. El hombre primitivo sinti\u00f3 la necesidad de expresarse art\u00edsticamente a partir del Paleol\u00edtico superior, cuando cabe conjeturar que la expansi\u00f3n del c\u00f3rtex prefrontal hab\u00eda alcanzado un grado muy similar al que hoy exhibe para procesar l\u00edneas cognitivas de orden superior. Bendecidos con una capacidad \u00fanica para asociar est\u00edmulos, conectar pensamientos y proyectar im\u00e1genes, nuestros antepasados se entregaron a la producci\u00f3n de objetos ornamentales que reproduc\u00edan escenas de su vida cotidiana, pero que progresivamente abarcaron dimensiones m\u00e1s profundas e intangibles de la existencia, el aut\u00e9ntico horizonte de la expresi\u00f3n de la subjetividad.<\/p>\n<p>Es perfectamente plausible creer que la habilidad para expresar sentimientos \u00edntimos representaba una ventaja adaptativa, porque confer\u00eda la posibilidad de forjar mundos comunicativos mucho m\u00e1s ricos y flexibles, donde la imaginaci\u00f3n pod\u00eda sobreponerse c\u00f3modamente a las constricciones de la experiencia, para as\u00ed anticiparse a escenarios futuros y preconizar ideales. Semejante creaci\u00f3n de mundos dentro del mundo no hace sino prolongar la naturaleza misma de la vida, que desde sus formas m\u00e1s elementales se erige como un mundo frente al mundo. Escindida del entorno por una membrana citoplasm\u00e1tica, en el interior de la c\u00e9lula acontecen procesos metab\u00f3licos que otorgan al ser vivo una autonom\u00eda y una capacidad de acci\u00f3n muy superiores a las de los entes inorg\u00e1nicos. La identidad del ser vivo se realiza, precisamente, en esa continua disputa entre lo que permanece y lo que se modifica en interacci\u00f3n con el ambiente, entre la individualidad y la sumisi\u00f3n a un patr\u00f3n, entre lo diferencial y lo gen\u00e9rico.<\/p>\n<p>La vida es creativa, es una constante pugna contra un medio tantas veces hostil, es la incesante e inexorable lucha contra la inercia y la desaparici\u00f3n; la vida resplandece, de este modo, como arte dentro del universo posibilitado por las leyes f\u00edsicas y qu\u00edmicas. Debatida en una fruct\u00edfera tensi\u00f3n creadora entre necesidad y libertad, esta incipiente interioridad difiere cualitativamente de la que posee un sujeto autoconsciente como el ser humano, pero si se tolera la analog\u00eda que acabamos de trazar, la vida incoa ya \u2013o al menos evoca- una primitiva expresi\u00f3n art\u00edstica, un conato de autoafirmaci\u00f3n, una extensi\u00f3n de los resortes de la materia para constituir un mundo dentro del mundo.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, no parece osado conjeturar que la selecci\u00f3n natural podr\u00eda haber favorecido todas aquellas conductas que reforzasen esa autonom\u00eda, esa individualidad, esa capacidad de resistir las presiones ambientales para desarrollar un mundo \u00abinterior\u00bb cada vez m\u00e1s elaborado y exuberante.\u00a0Asistimos, eso s\u00ed, a un proceso en gran medida azaroso. No podemos saber si, rebobinada la pel\u00edcula de la vida, se repetir\u00edan las mismas formas y propiedades, aunque subsisten determinadas constricciones de eficiencia, condicionantes cuyos filtros probablemente encauzar\u00edan el desarrollo de algunas l\u00edneas filogen\u00e9ticas a trav\u00e9s de disposiciones estructurales y funcionales an\u00e1logas a las ya conocidas. En cualquier caso, lo asombroso es que esta posibilidad m\u00e1s entre otras, esta rama potencial del gigantesco \u00e1rbol de la vida, haya conducido a mayores cotas de autonom\u00eda y complejidad, a una diversificaci\u00f3n estructural y funcional. Pero se alza como una l\u00ednea m\u00e1s; en el estado actual de nuestra comprensi\u00f3n cient\u00edfica no podemos demostrar que obedezca a una teleolog\u00eda irrevocable, a un dise\u00f1o m\u00e1s all\u00e1 de una feliz combinaci\u00f3n de azar, selecci\u00f3n natural y ciertas dosis de capacidad autoorganizadora.<\/p>\n<p>Aunque, como hemos mencionado, definir el arte desde la idea de la belleza adolece de incompletitud te\u00f3rica, porque no todas las obras art\u00edsticas son necesariamente bellas, resulta innegable que en el reino de la vida abundan ejemplos extraordinarios de formas imbuidas de un gran atractivo sensual, que proporciona a sus poseedores ventajas adaptativas n\u00edtidas. As\u00ed, la belleza y policrom\u00eda de los vistosos abanicos de plumas que poseen los machos de pavo real, cuyas configuraciones se despliegan de forma suntuosa y seductora, est\u00e1n relacionadas con su habilidad para cortejar a los miembros del sexo opuesto. No obstante, y si optamos por aferrarnos a esta l\u00ednea argumentativa, no podremos dejar de preguntarnos por qu\u00e9 el cerebro de un pavo real deber\u00eda considerar algo como bello. \u00bfSimplemente porque le genera placer? Pero \u00bfpor qu\u00e9 produce placer, una sensaci\u00f3n reconfortante, la observaci\u00f3n de determinadas formas y colores? \u00bfQu\u00e9 procesos neuroqu\u00edmicos acaecen en sus redes neuronales, y por qu\u00e9 son seleccionados esos colores y no otros? \u00bfResponde a una caracter\u00edstica propia de cada especie, o todo viviente provisto ya de cierto tipo de cerebro apreciar\u00eda como bellas las mismas conformaciones?<\/p>\n<h2><strong>El arte y la condici\u00f3n biol\u00f3gico neurol\u00f3gica<\/strong><\/h2>\n<p>Es, de hecho, posible que el cerebro haya evolucionado para percibir como placenteros determinados patrones dotados de armon\u00eda, formas cuya simetr\u00eda sugiere orden, estabilidad, control sobre un mundo mutable y fluctuante. Estas disposiciones converger\u00edan con reglas est\u00e9ticas universales. En cualquier caso, s\u00f3lo el progreso de la neurociencia afectiva despejar\u00e1 la inc\u00f3gnita sobre la naturaleza de nuestras percepciones est\u00e9ticas a escala neuronal. La siempre problem\u00e1tica relaci\u00f3n entre lo innato y lo adquirido, entre la neurobiolog\u00eda determinada por instrucciones gen\u00e9ticas y el influjo selectivo del ambiente, de las normas culturales y de las experiencias individuales, remite a la categor\u00eda de \u201cneuroplasticidad\u201d, y parece gradualmente susceptible de elucidaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La tradicional incompatibilidad entre las teor\u00edas de Darwin y de Lamarck se desvanece paulatinamente en determinados escenarios. El propio Darwin reconoc\u00eda la importancia del uso y del desuso como factores evolutivos relevantes para explicar la subsistencia o desaparici\u00f3n de un \u00f3rgano concreto. Hoy contamos con una visi\u00f3n mucho m\u00e1s sofisticada sobre el binomio inveterado que enfrenta naturaleza y ambiente. Las investigaciones en torno al influjo retroactivo de ciertas formas de aprendizaje sobre los genes (como las llevadas a cabo por Kandel con la <em>Aplysia californica<\/em>), as\u00ed como los estudios sobre la reorganizaci\u00f3n de circuitos corticales mediante la actividad y el ejercicio (tal y como sugieren los trabajos de Merzenich), ofrecen poderosos argumentos para trascender esta oposici\u00f3n y lograr un concepto m\u00e1s profundo, tambi\u00e9n cuando examinamos el comportamiento de los seres m\u00e1s elementales. Si la superaci\u00f3n de marcos te\u00f3ricamente contradictorios parece rubricar una caracter\u00edstica de los grandes progresos intelectuales (la matem\u00e1tica cartesiana reconciliaba \u00e1lgebra y geometr\u00eda; la mec\u00e1nica de Newton unificaba dos mundos aparentemente dispares, el sublunar y el supralunar; la teor\u00eda de la relatividad especial integraba la mec\u00e1nica newtoniana y el electromagnetismo de Maxwell, <em>a priori<\/em> incompatibles\u2026), vencer la disyuntiva entre herencia y asimilaci\u00f3n desde un marco m\u00e1s fundamental representa un perfeccionamiento notable de nuestra visi\u00f3n cient\u00edfica del mundo. Los avances en la comprensi\u00f3n de c\u00f3mo se conjugan lo gen\u00e9tico y lo epigen\u00e9tico dentro del desarrollo de la individualidad apuntan en una direcci\u00f3n di\u00e1fana. A nuestro juicio, s\u00f3lo pueden interpretarse como una vindicaci\u00f3n del aprendizaje y de la flexibilidad conductual frente a un estricto determinismo gen\u00e9tico, dado que la interacci\u00f3n con el ambiente desempe\u00f1a un rol clave a la hora de suscitar procesos de expresi\u00f3n g\u00e9nica esenciales a nivel fenot\u00edpico. Sin embargo, y al menos por el momento, estos adelantos neurocient\u00edficos no resuelven el interrogante m\u00e1s profundo: por qu\u00e9 existe el arte.<\/p>\n<p>Por otra parte, el estudio de la filogenia arroja luz sobre el origen del arte, pero no sobre su significado. Puede que, en efecto, el despliegue de un sentido est\u00e9tico cada vez m\u00e1s refinado haya sido favorecido por la selecci\u00f3n natural, pero en el estado actual de la evoluci\u00f3n de la especie humana parece dif\u00edcil encontrar razones apod\u00edcticas que nos obliguen a mantener esos comportamientos. Lo contrario incurrir\u00eda en la famosa falacia naturalista, que en el terreno del arte podr\u00eda formularse del siguiente modo: \u201cconfundir el ser con el merecer ser contemplado\u201d.<\/p>\n<p>Cuando penetramos en el terreno de la cultura, es preciso observar que \u00e9sta no se rige necesariamente por las leyes de la evoluci\u00f3n biol\u00f3gica, pues la selecci\u00f3n racional, consciente y deliberada del ser humano puede prevalecer sobre las presiones biol\u00f3gicas m\u00e1s apremiantes. Podemos emanciparnos de la herencia filogen\u00e9tica y desprendernos de conductas que quiz\u00e1s fueran beneficiosas en el pasado, pero que a d\u00eda de hoy no tienen por qu\u00e9 justificarse desde esos criterios. Ninguna cultura ha podido verse compelida a producir expresiones art\u00edsticas. Ser\u00eda perfectamente concebible una especie humana que, aun adaptada fecundamente al entorno, no desarrollase arte. La tecnolog\u00eda nos brinda resortes adaptativos de tal envergadura que no es cre\u00edble concebir el arte como un instrumento ineludible para prosperar en la ardua lucha por la vida. La creaci\u00f3n art\u00edstica puede en muchos casos ser resultado de la necesidad, pero en un n\u00famero no menor s\u00f3lo puede interpretarse como fruto de la libertad, de la autonom\u00eda expresiva de los seres humanos. Por ello, sigue siendo leg\u00edtimo preguntarse por qu\u00e9 ninguna cultura ha dejado de expresarse art\u00edsticamente, no ya por razones de utilidad evolutiva, sino de libertad creadora.\u00a0Carentes de evidencias emp\u00edricas m\u00e1s s\u00f3lidas, que probablemente s\u00f3lo podr\u00edan venir de la neurociencia, \u00fanicamente la especulaci\u00f3n nos permite sondear una respuesta a este interrogante.<\/p>\n<p>En conexi\u00f3n con las reflexiones anteriores, creo que es precisamente en la naturaleza misma de los seres vivos donde despunta un atisbo de luz para resolver este misterio. Pues, de nuevo, cuando contemplamos las caracter\u00edsticas fundamentales de los vivientes nos percatamos de que todos han de preservar celosamente unos resquicios de autonom\u00eda. Estos grados de indeterminaci\u00f3n deben mantenerse en un mundo gobernado por leyes ciegas e inexorables, que no velan por el bienestar de cada individuo y de cada especie, sobre quienes se cierne siempre la amenaza de la extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por tanto, y analizado desde este \u00e1ngulo, el milagro del arte no diferir\u00eda sustancialmente del milagro de la vida. Vulnerable, acosada por la fragilidad, continuamente acechada por el ambiente, acuciada por incontables necesidades, embarcada en una fatigosa y permanente lucha contra toda clase de adversidades, la vida ha desarrollado y perfeccionado una exuberancia de formas y expresiones. Esta habilidad para adaptarse y sobrevivir planta la semilla de la expresividad art\u00edstica. Se trata, ciertamente, de un arte \u201cno intencional\u201d, pero en esta idea resuenan los ecos de una hermosa sentencia de Voltaire: \u201c<em>On m\u2019appele nature, et je suis tout art<\/em>\u201d. Si el arte converge con la capacidad de comunicar simb\u00f3licamente un mundo interior, un sentimiento, un pensamiento, un estado an\u00edmico, una b\u00fasqueda, una aspiraci\u00f3n, un anticipo preconizador del futuro, en la esencia m\u00e1s genuina de la vida brilla ya la llama del arte.<\/p>\n<h2><strong>El arte y la condici\u00f3n creativa: la interioridad profunda<\/strong><\/h2>\n<p>Surge entonces una paradoja profundamente desconcertante: si la vida posee un potencial creador, tambi\u00e9n puede (e incluso debe) manifestar una fuerza destructora, porque una de las posibilidades creativas estriba precisamente en la capacidad de deshacer, de desintegrar, de aniquilar. Este poder destructor, que suele discurrir en paralelo al incremento de las habilidades creadoras, se hace visible en la trama evolutiva con el nacimiento de, por ejemplo, la relaci\u00f3n depredador\/presa. Un vasto e implacable ciclo de creaci\u00f3n, conservaci\u00f3n y destrucci\u00f3n pasa as\u00ed a caracterizar el desarrollo de la vida en sus formas m\u00e1s complejas. Pues, en efecto, si un ser vivo goza de mayores resortes creativos, tambi\u00e9n tiene a su alcance mayores posibilidades de destrucci\u00f3n de otros seres. En la especie humana, ep\u00edtome de inteligencia autoconsciente, esta correspondencia siniestra entre creaci\u00f3n y destrucci\u00f3n adquiere l\u00edmites inusitados y temibles. El hombre es el \u00fanico ser capaz de destruir todas las restantes formas de vida. S\u00f3lo el ser humano puede coronar las m\u00e1s sublimes c\u00faspides creadoras o eliminar todo vestigio de vida sobre la faz de la Tierra.<\/p>\n<p>Lo cierto es que todo ser vivo necesita crear para sobrevivir y planificar el futuro; en un ser dotado de autoconciencia, en un ser capaz de articular simb\u00f3licamente su mundo interior, estas expresiones de autonom\u00eda y de finalidad interna adoptan el lenguaje del arte, multiforme y omnipresente.\u00a0L\u00f3gicamente, el desarrollo del lenguaje articulado multiplic\u00f3 inconmensurablemente semejante capacidad expresiva. Cuanto mayor poder de abstracci\u00f3n ofrecen las combinaciones de signos, mayor es el grado de mediaci\u00f3n entre los est\u00edmulos y las respuestas y mayor es la flexibilidad conductual; crecen as\u00ed las posibilidades de referirse a diversas dimensiones de significado, desde la denotaci\u00f3n m\u00e1s inmediata de un objeto hasta la reflexi\u00f3n sobre el propio signo ling\u00fc\u00edstico y sobre el propio acto de pensamiento (todos los planos susceptibles de incluirse en el prefijo \u201cmeta-\u201d). La referencia se convierte tambi\u00e9n en autorreferencia, y la creaci\u00f3n de mundos dentro del mundo viene propiciada por los crecientes grados de abstracci\u00f3n que conquista el lenguaje, apto para abrirse a una pluralidad de funciones (expresiva, f\u00e1tica, conativa, referencial\u2026, tambi\u00e9n a la metaling\u00fc\u00edstica). El pensamiento del individuo ya no se confina ineluctablemente a procesar informaci\u00f3n inmediatamente referida a objetos espec\u00edficos, sino que puede versar sobre relaciones entre objetos y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, sobre el pensamiento mismo. Florecen la sutileza y la amplitud significativa, la capacidad de \u201cjuego\u201d con palabras e ideas, as\u00ed como la desbocada y fruct\u00edfera tendencia a conectar lo que a primera vista no tiene por qu\u00e9 estar vinculado.<\/p>\n<p>En su acepci\u00f3n m\u00e1s laxa y antropoc\u00e9ntrica, el arte equivaldr\u00eda entonces a todo obrar humano que reflejase una huella individual, el trazo de un autor, la r\u00fabrica de un art\u00edfice. Por mucho que las expresiones art\u00edsticas puedan subsumirse en categor\u00edas (arquitectura, pintura, literatura&#8230;), los g\u00e9neros simplemente tratan de estructurar lo que por su m\u00e1s \u00edntima naturaleza es an\u00e1rquico e inclasificable: la expresi\u00f3n del individuo, o de una cultura a trav\u00e9s de la obra de sus individuos. Una iglesia barroca puede considerase, ciertamente, como una muestra de un tipo espec\u00edfico de arte, caracterizado por las notas que solemos atribuir a esta \u00e9poca, pero cada obra transparenta el esp\u00edritu, la intenci\u00f3n de su creador. L\u00f3gicamente, dicha teleolog\u00eda pudo perfectamente inspirarse en modelos preestablecidos, pero necesariamente hubo de realizarse a trav\u00e9s de la expresividad de un autor concreto, que a\u00f1adi\u00f3 cierto grado de variabilidad con respecto al g\u00e9nero.<\/p>\n<p>La analog\u00eda con las formas biol\u00f3gicas salta a la vista. Ning\u00fan individuo es exactamente id\u00e9ntico a otro (si lo fuera por dotaci\u00f3n gen\u00e9tica, no lo ser\u00eda por desarrollo epigen\u00e9tico), y la humanidad no se despliega de igual manera en un individuo que en otro. Esta cualidad se discierne a lo largo de toda la evoluci\u00f3n de las formas org\u00e1nicas. Todo individuo constituye una variedad dentro de esa abstracci\u00f3n que comprendemos bajo el t\u00e9rmino \u00abespecie\u00bb. As\u00ed, el arte puede entenderse como el estilo, como la expresi\u00f3n de la autonom\u00eda, como el reflejo de esa variabilidad que late inexorablemente en el seno de cada especie. Incluso la imitaci\u00f3n intencionada o forzada de otras expresiones lleva ya estampado el sello de una determinada intencionalidad. Tampoco importa mucho que una producci\u00f3n art\u00edstica desempe\u00f1e una funci\u00f3n susceptible de considerarse \u00ab\u00fatil\u00bb. La sospecha sobre la utilidad se cierne sobre todas las manifestaciones de la vida. En t\u00e9rminos adaptativos, siempre cabe decir que cualquier \u00f3rgano cumple una funci\u00f3n; de lo contrario no ser\u00eda seleccionado por la naturaleza. Incluso las exaptaciones, o adaptaciones sobrevenidas, desembocan en funcionalidades \u00fatiles para la supervivencia de una criatura.<\/p>\n<p>Por tanto, y como cualquier expresi\u00f3n de la vida ps\u00edquica y social del hombre podr\u00eda evaluarse desde la \u00f3ptica de la funci\u00f3n que cumple, de su grado de utilidad, no parece entonces que esta \u00f3ptica vierta grandes luces explicativas. Si todo es en \u00faltima instancia \u00fatil, insistir en ello no nos ayudar\u00e1 a progresar en nuestra comprensi\u00f3n del sentido del arte y del significado de todos los productos de la acci\u00f3n humana. Cumpla o no una funci\u00f3n, sea o no in\u00fatil, coadyuve a satisfacer las necesidades materiales (econ\u00f3micas, afectivas&#8230;) del hombre o brote de la irreductible, aut\u00e1rquica e insaciable libertad creadora, que se deleita en la contemplaci\u00f3n est\u00e9tica y no busca fin ulterior a ese regocijo de tintes inefables, la esencia del arte tiene que residir en un factor m\u00e1s distintivo.<\/p>\n<p>No se trata, con todo, de un \u00abinstinto art\u00edstico\u00bb universal, porque, de hecho, no todos los individuos lo despliegan -o al menos s\u00f3lo lo hacen de manera muy t\u00edmida y confusa-. Adem\u00e1s, s\u00f3lo con el surgimiento de determinados tipos de constituciones cerebrales parece posible el desarrollo de una expresividad, ya sea en forma de emociones o de procesos cognitivos de m\u00e1s alto rango. Es trivial afirmar que el arte se halla estrechamente unido a la afectividad, dado que la posibilidad de interiorizar experiencias est\u00e9ticas es inconcebible sin la presencia de un mundo emocional. En \u00e9l, la reacci\u00f3n ante un est\u00edmulo viene mediada por un \u00abestilo\u00bb, por un procesamiento de la informaci\u00f3n donde el sujeto se adue\u00f1a del est\u00edmulo y lo \u00abpersonaliza\u00bb, aun en sus manifestaciones m\u00e1s rudimentarias. Un receptor meramente pasivo de la informaci\u00f3n externa, un simple transmisor de c\u00f3digos electromagn\u00e9ticos, dif\u00edcilmente desarrollar\u00eda expresiones art\u00edsticas, porque no habr\u00eda podido apropiarse de ese est\u00edmulo para convertirlo en experiencia y, a partir de ella, expresar un mensaje. Ciertamente, muchas emociones obedecen a conductas automatizadas, de origen subcortical, pero resulta indudable que el aprendizaje, capacidad cuyo nivel es concomitante al nacimiento de organizaciones cerebrales m\u00e1s intrincadas (especialmente de cortezas asociativas de orden superior, aptas para relacionar est\u00edmulos multimodales y, m\u00e1s a\u00fan, elementos cognitivos de car\u00e1cter m\u00e1s abstracto), genera un mayor rango de mediaciones y de \u201creservas de energ\u00eda cognitiva\u201d. Esta flexibilidad conductual ofrece la oportunidad de explorar cauces m\u00e1s heterog\u00e9neos y diferenciados de respuesta ante un est\u00edmulo. Semejante separaci\u00f3n, semejante demora entre el est\u00edmulo y la respuesta, \u00bfno evoca, aun precariamente, la idea de libertad, de realizaci\u00f3n creadora de uno mismo? Por supuesto, la indeterminaci\u00f3n no es sin\u00f3nimo de libertad. Un sistema puede no ser determinista, pero tampoco libre, como ocurre en los estratos fundamentales de la organizaci\u00f3n de la materia; la libertad exige un cierto grado de autoposesi\u00f3n, de autodominio, de control efectivo sobre uno mismo. Sin embargo, la indeterminaci\u00f3n parece condici\u00f3n necesaria de la libertad; aunque no sea condici\u00f3n suficiente, es inconcebible una acci\u00f3n realmente libre que emane en un sistema completamente determinista. Por ello, el desarrollo de niveles crecientes de indeterminaci\u00f3n posibilita una ulterior evoluci\u00f3n hacia ese horizonte tan indescifrable denominado \u201clibertad\u201d<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<h2><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>Siempre es posible, empero, identificar condiciones psicol\u00f3gicas que quiz\u00e1s subyazcan a la omnipresencia del impulso art\u00edstico en la prehistoria tard\u00eda y en la historia humanas. Incluso razones tan aparentemente prosaicas e insustanciales como el aburrimiento, que nos incita a desarrollar expresiones diversas para recrearnos, para sentir atisbos de plenitud o para alcanzar un m\u00ednimo y gratificante estado de satisfacci\u00f3n, no deben subestimarse en aras de una entronizaci\u00f3n metaf\u00edsica del arte como determinaci\u00f3n suprema del esp\u00edritu universal. Sin tiempo, sin una cierta ociosidad, algunas de las m\u00e1s eminentes e inescrutables manifestaciones art\u00edsticas probablemente nunca habr\u00edan sido gestadas.<\/p>\n<p>Sin embargo, estas circunstancias psicol\u00f3gicas explican s\u00f3lo una dimensi\u00f3n superficial de ese inagotable \u00edmpetu art\u00edstico al que aludimos. El aburrimiento podr\u00eda haberse subsanado de una manera menos creativa, menos productiva, menos \u201cart\u00edstica\u201d. Evidentemente, en numerosas ocasiones el arte dimana de la protesta y de la rebeli\u00f3n: del rechazo del presente, del grito no aplacado contra lo que consideramos injusto, o que al menos desdice determinados ideales. Pero, de nuevo, s\u00f3lo una fracci\u00f3n de las grandes expresiones art\u00edsticas brota de un sentimiento de protesta, o de un estado de aburrimiento y ociosidad, o de una b\u00fasqueda de un placer puramente sensitivo. Entendida como el lenguaje interno que nos ayuda a referir el mundo a nosotros mismos mediante representaciones y conexiones, la mente humana exhibe una poderosa atracci\u00f3n hacia aquello que nos permite recrearnos contemplativamente. Este anhelo de recreaci\u00f3n es en s\u00ed mismo creativo, entra\u00f1a una vigorosa exhortaci\u00f3n a la invenci\u00f3n, que pr\u00e1cticamente ninguna cultura ha podido resistir. Canalizado inicialmente a trav\u00e9s de la delectaci\u00f3n sensitiva, este placer nos abre a un gozo mucho m\u00e1s \u00edntimo, m\u00e1s ligado a la capacidad del est\u00edmulo art\u00edstico para espolear nuestra autoconciencia, nuestra posibilidad de reflexionar sobre nosotros mismos y nuestra relaci\u00f3n con lo que nos rodea. Contribuye, en \u00faltimo t\u00e9rmino, a incrementar nuestra subjetividad, la finura de nuestra autopercepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Como moradores de un mundo regido por leyes impersonales que no se atienen a nuestras preferencias subjetivas, a nuestros ideales de justicia, belleza y sabidur\u00eda, el arte nos brinda la oportunidad de tallar trabajosamente un mundo donde imperen nuestras aspiraciones m\u00e1s profundas. As\u00ed, el fin libre que han exaltado tantos te\u00f3ricos de la est\u00e9tica puede vincularse con el poder que muestran ciertas obras art\u00edsticas para sumergirnos en nosotros mismos, para devolvernos a nuestra interioridad, para permitirnos juzgar el mundo desde nosotros mismos; para autoafirmarnos y alzarnos, en definitiva, como sujetos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nota<\/p>\n<h5><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Este proceso no tiene por qu\u00e9 responder a patrones estrictamente lineales. Es concebible que se produzcan saltos cualitativos, como seguramente haya sucedido con la expansi\u00f3n neocortical y el perfeccionamiento de las conexiones talamocorticales. Aunque\u00a0 la g\u00e9nesis de estas estructuras y funciones pueda justificarse desde un enfoque gradualista, mediante procesos fisicoqu\u00edmicos susceptibles de esclarecerse como un\u00a0<em>continuum<\/em>, las nuevas organizaciones exhiben caracter\u00edsticas configurativas diferenciales. Muchas veces, un solo gen, pese a representar un incremento exiguo en t\u00e9rminos cuantitativos, puede suponer una ruptura pr\u00e1cticamente cualitativa desde el punto de vista estructural y funcional, porque posibilita el desarrollo de \u00f3rganos y de capacidades antes ausentes. Por ejemplo, cabe explicar la expansi\u00f3n de las cortezas prefrontales como un proceso acumulativo, tanto a nivel filogen\u00e9tico como ontogen\u00e9tico, y podemos examinar meticulosamente las transiciones que lo han precedido. Sin embargo, su consolidaci\u00f3n representa un aut\u00e9ntico punto cr\u00edtico, un \u201ccambio de fase\u201d neurobiol\u00f3gico, un verdadero salto cualitativo en lo que concierne a las habilidades cognitivas del\u00a0<em>Homo sapiens.<\/em><\/h5>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><strong>Art\u00edculo elaborado por <\/strong><\/em><strong>Carlos Blanco<\/strong><em><strong>, profesor en la Universidad P. Comillas, miembro del Consejo Asesor de la C\u00e1tedra Francisco Jos\u00e9 Ayala de Ciencia, Tecnolog\u00eda y Religi\u00f3n y colaborador de FronterasCTR. Es autor de, entre otros libros, Conciencia y mismidad, Historia de la neurociencia y Athanasius.<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Por Carlos Blanco) Para responder a la pregunta que encabeza este texto, ante todo es necesario consensuar una definici\u00f3n de \u00abarte\u00bb. Se trata, sin embargo, de una tarea rayana en lo imposible. Cuanto m\u00e1s rigor queremos aplicar en el concepto, menor es el n\u00famero de fen\u00f3menos que quedan comprendidos en \u00e9l. 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