La concepción de la técnica en Ortega

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(Por Marcos Alonso) La técnica ha sido un tema de discusión desde los orígenes de la filosofía, si bien pocas veces ha sido pensado más allá de prejuicios y planteamientos algo simplistas. En el siglo XX y principios del XXI hemos asistido a un aumento en el número de trabajos sobre la técnica, principalmente debido a la omnipresencia y preeminencia que la técnica moderna ha alcanzado en nuestras vidas. Sin embargo, estos trabajos han vuelto a quedarse cortos en el intento de hacer una verdadera filosofía de la tecnología, cayendo en su demonización (corriente tecnófoba) o en su veneración (corriente tecnófila). Una de las excepciones a esta dinámica reduccionista es la filosofía de la técnica de Ortega y Gasset, un aspecto no tan conocido de su pensamiento, que sin embargo esconde un gran potencial para entender nuestro presente tecnológico.

En este breve texto me gustaría exponer la necesidad de repensar la técnica, de problematizar su mismo concepto, así como la valoración que habitualmente se le da. Me parece necesario abordar la misma raíz de este problema, pues entiendo que hay toda una tradición de pensamiento que ha tergiversado el significado y sentido de la técnica, un lastre que es aún más lacerante en un momento como el actual en el que la técnica aparece de manera omnipresente en nuestra vida y se encuentra entretejida con ella a todos los niveles. El origen remoto de esta incomprensión de la técnica se remonta a los mismos cimientos de la filosofía occidental, a los textos de Platón y su discípulo Aristóteles. Conocido y estudiado es el desprecio platónico por la poiesis y los poetas, a quienes propone expulsar en La República (un episodio que puede encontrarse en otros diálogos, como cuando se critica la retórica en el Gorgias). El pensamiento de Aristóteles es más difícil de interpretar en este punto, y en algunas obras el estagirita reconoce a la techné como una vía de conocimiento al mismo nivel que otras; pero en su obra más conocida e influyente, la Metafísica, la técnica es denostada en favor de la contemplación.

La técnica y la filosofía del último siglo

La filosofía del último siglo ha estado dominada por -o al menos ha tenido como sus mayores referentes- a filósofos extremadamente críticos con la técnica[1]. Dos de las tradiciones más importantes del siglo XX, la hermenéutica y la teoría crítica, han hecho girar sus planteamientos en torno a una feroz crítica de la técnica. Desde la teoría crítica esto es especialmente claro, con autores como Adorno, Marcuse o Habermas[2], los cuales entienden que el gran pecado de la Modernidad es haber privilegiado lo que denominan como “razón instrumental”, una cultura de medios que es por principio dañina para la naturaleza y para el hombre. En la corriente hermenéutica la demonización de la técnica también se ha dado, especialmente en la obra de Heidegger[3], quien después ha sido la base para gran parte de la filosofía de la técnica de la segunda mitad del siglo XX. Heidegger[4] entiende la técnica como la culminación del gran error de la tradición occidental: el olvido del Ser. La técnica supone la culminación de un destino (Gestell) de dominación inscrito ya en el gesto de la sustitución del Ser por el ente; en lugar de aceptar nuestro lugar como pastores del Ser, de ser oyentes atentos a su llamada, hemos preferido dominar y violentar el mundo, ideológicamente primero, y técnicamente después.

Frente a esta corriente que podríamos llamar tecnofóbica, y en la que en mayor o menor medida se han inscrito la mayoría de los autores que han reflexionado sobre la técnica, en el siglo XXI ha cobrado fuerza una corriente diametralmente opuesta, lo que se ha venido a conocer como el movimiento transhumanista. Autores como Kurzweil o Bostrom[5]no sólo no reniegan de la técnica, sino que la abrazan sin reparos, entendiendo que el destino de la humanidad es eminentemente técnico y que el ser humano debe aceptar los progresos técnicos y tecnológicos para ser más plenamente humano. En esta corriente de pensamiento, especialmente en los autores más radicales como Kurzweil[6], se echa bastante en falta más precaución frente a las posibilidades destructoras y deshumanizadoras de la técnica.

Es evidente que la exposición que acabamos de hacer,  tanto de la vertiente tecnófila como de la tecnofóbica, está llena de simplificaciones, y el pensamiento sobre la técnica de los autores mencionados contiene numerosos matices que no podemos desarrollar aquí. No obstante, sí me parece correcta la clara diferenciación entre dos formas antagónicas de enfrentarse a la técnica: unos tecnófobos que vienen a descalificar la técnica como el mayor de los males, y una corriente tecnófila que asume demasiado rápidamente que la técnica está al servicio y beneficio de la humanidad. Aunque sólo pueda ser mencionado, cabe destacar la distinta adscripción temporal de estas dos corrientes, que explica en gran parte su valoración de la técnica: mientras que los tecnófobos surgen principalmente en la primera mitad del siglo XX, a rebufo del horror de la primera y segunda guerra mundial, los tecnófilos aparecen a finales del siglo XX y principios del XXI, un momento de auge tecnológico a todos los niveles, aunque principalmente en el ámbito biomédico e informático.

Ortega, la técnica y el humanismo

En cualquier caso, parece que la técnica ha suscitado invariablemente respuestas extremas a lo largo de la historia: o la adhesión casi incondicional, o un rechazo no menos incondicional. Es muy difícil encontrar en la tradición filosófica algún tipo de aproximación intermedia, cuesta encontrar planteamientos que no denuncien el fondo irremediablemente negativo de la técnica o la conviertan en la fuente de toda salvación. Creo que el pensamiento de Ortega, a pesar de sus innegables insuficiencias y problemas, supone, no obstante, un intento más justo y equilibrado, y que por ello merece nuestra atención. Como ha sucedido anteriormente, sólo podemos trazar un breve esbozo del pensamiento de Ortega sobre la técnica; pero pienso que este breve comentario bastará para dar cuenta de algunas líneas maestras y distintivas de su filosofía de la técnica.

Lo primero que habría que remarcar es que Ortega en ningún momento defiende una suerte de neutralidad de la técnica. Heidegger denunció con mucho tino la falsedad e imposibilidad de esta postura[7]. Si hablamos de un camino intermedio entre la veneración y el repudio en la aprehensión de la técnica no nos estamos refiriendo a una neutralidad axiológica, sino más bien a lo contrario: a una irreductible pluralidad y mutabilidad axiológica y teórica; la técnica es radical e irremediablemente ambivalente o plurivalente. La técnica -éste es uno de los grandes “descubrimientos” de Ortega- está íntimamente ligada a unas formas de vida, que como tales deben ser valoradas y comprendidas en su contexto y en su complejidad[8]. Por tanto, no sirve juzgar de antemano a una técnica determinada o a La Técnica en absoluto. Cada técnica debe ser tomada en consideración en referencia a la vida humana con la que está conectada, con sus proyectos y fines, con sus hábitos y costumbres, con sus resultados pero también con sus principios. Desde este punto de vista, habrá técnicas que en un determinado momento histórico y en relación a una cultura o modo de vida se consideren técnicas positivas, pero que en otro momento histórico y en relación a otra cultura o modo de vida sean consideradas nocivas o inútiles.

Un segundo punto a destacar de la comprensión orteguiana de la técnica es que ésta no es propia ni principalmente un medio. Entenderla así es prejuzgarla y abordarla bajo categorías que la minusvaloran de partida. La técnica es un medio en el sentido en que nuestro esqueleto es un medio para erguirnos y movernos. No obstante, a tal cosa no se nos ocurriría de sólito llamarlo medio, pues siendo el esqueleto una parte integral de nuestro cuerpo, entenderlo como medio, como instrumento, lo rebajaría al estatus de algo prescindible, lo cual evidentemente no es el caso. Llamar medio a la técnica incurre en un error análogo. Puede decirse que la técnica es la base y condición de la vida humana. Pero debemos entender que es una base y condición que está presente en todo momento, entretejida con la vida humana que sostiene, y de la que no es posible desentenderse. Distinguimos analíticamente la técnica de lo que no es técnica en la vida humana, pero en la realidad efectiva, la técnica se da mezclada de manera indistinguible e inseparable con la vida humana, y esto es algo que no puede olvidarse.

Todas estas cuestiones desembocan en una serie de problemas imposibles de abordar aquí, pero cuyo núcleo sí se puede anunciar. Lo que Ortega tantea y nosotros podemos entrever en su filosofía de la técnica es una profundización en el ser del hombre, que se nos muestra en su entraña paradójica y problemática de manera irreductible. La ambivalencia antes mencionada respecto de la técnica aparece en último término como una ambigüedad ínsita en el propio ser humano, un ser natural y a la vez extra-natural, un ser por momentos infrahumano y por momentos sobrehumano, un ser, en definitiva, capaz de lo mejor y de lo peor. La técnica, no sólo como producto, sino como realidad y dimensión de lo humano, exhibe también esta condición ambivalente. Pensar esta ambivalencia, esta irreductible problematicidad, es, desde luego, complicado y frustrante. Pero intentos valientes y meritorios como el de Ortega deben servir de modelo y de inspiración para la filosofía de la técnica del mañana.


[1]Una de los mejores recorridos a la filosofía de la tecnología se encuentra en Mitcham, C., ¿Qué es la filosofía de la tecnología?,Anthropos, Barcelona, 1989.

[2]Como se expone en: Espinosa Rubio, L., “Razón, Naturaleza y técnica en Ortega y la escuela de Franckfurt”, en Isegoría,nº 21 noviembre, 1999, p. 103.

[3]Podríamos citar también a Blumenberg, aunque su postura sobre la técnica es algo más ambigua. Ellul, sí ejemplifica mejor una postura extremadamente crítica de la técnica (aunque su adscripción a la hermenéutica es más discutible). Cf.Blumenberg, H., Historia del espíritu de la técnica, Pre-textos, Valencia, 2013; Ellul, J., La edad de la técnica, Octaedro, Barcelona, 2003. 

[4]Especialmente el segundo Heidegger, pues el primer Heidegger de Ser y tiempo o de los cursos de los años 20 reivindica el valor de la tekhne, en línea con la Ética nicomaqueade Aristóteles “Es necesario advertir que, al menos en un primer momento, y sin duda en relación con los orígenes del pensamiento griego, la visión heideggeriana del fenómeno de la tekhneno tiene una connotación crítica ni negativa. En cambio, se considera a la tekhnecomo el medio por excelencia a través del cual los griegos descubrieron la physis.”Volpi, F., Heidegger y Aristóteles, Fondo de cultura económica, Buenos Aires, 2012, pp. 184-185.

[5]El caso de Bostrom es más problemático, pues en sus últimas obras ha moderado su discurso y es posible que sus últimos trabajos no puedan ser encuadrados en la filosofía transhumanista. Véase: Bostrom, N., Superinteligencia: caminos, peligros, estrategias, Teell, Madrid, 2016.

[6]Kurzweil, R,.The singularity is near: when humans transcend biology, Viking, Nueva York, 2005.

[7]Heidegger, M., “La pregunta por la técnica”, en: Filosofía, ciencia y técnica, Editorial universitaria, Santiago de Chile, 2007.

[8]Ortega y Gasset, J.,Obras completas(Tomos I-X), Taurus, Madrid, 2004-2010. En especial Meditación de la técnica(Tomo V pp. 527-608).


Artículo elaborado por Marcos Alonso Fernández. Este texto es una adaptación para FronterasCTR de un artículo en la revista Pensamiento, vol. 73 (2017). 

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1 comentario en “La concepción de la técnica en Ortega”

  1. Mi reiteración en valorar el contenido de estes trabajos, no sólo por lo que en ellos se expone, sino también, y principalmente, por los horizontes que abren, tal vez lleve a pensar que hago la valoración de los mismo con una cierta trivialidad; pero no es así, porque no considero menos interesante lo que me sugieren que lo que expresan. Aquí está en mi opinión el interés de esta adaptación. Permítanme, pues, decir algo desde una postura intermedia entre la tecnofobia y la tecnofilia, partiendo de lo que ya expuse en algún otro comentario, es decir, de que la técnica es una dimensión del hombre, único ser titular de la HUMANIDAD. Todos hemos leído en los tratados de psicología que el chimpancé amontona cajas para alcanzar un plátano; pero no precisamente para tenerlas dispuestas por si se le presenta esa situación, porque sólo trata de resolver la que se le acaba de presentar: NO ES PREVISOR. EL HOMBRE, SÍ.
    Así, pues, el caso del hombre es muy diferente. Socialmente está inmerso en una sociedad, en la que se encuentra con un sistema de posibilidades, a las que responde intentando realizarlas para estabilizar una serie de adquisiciones que pueden transmitirse a los demás integrantes de la misma, como costumbres, como usos, como nuevas formas de vivir,…, con las que va configurando su personalidad en el decurso de su vida, lo que consigue mediante su SABER-HACER y saber-hacerSE, porque el hombre posee las cosas y se posee a sí mismo en el acto de disfrutarlas, manipulándolas para que se apropien a sus distintas maneras de vivir y le sirvan no sólo para realizar sus costumbres, sino también para potenciar sus distintas capacidades, ya que los productos de esa manipulación, la técnica, las complementen. Y todo esto se traduce en un poder sobre las cosas. Pero un poder enraizado en el mismo hombre, SABIENDO y MODIFICANDO, dos momentos que se co-implican, puesto que él necesita saber-para-modificar.
    Todo esto me lleva a preguntarme como es posible que la persona humana pueda llegar a quedar a merced del imperio de una de sus dimensiones, que, por otra parte, desaparecería en un supuesto cambio ontológico, y comprometiendo su destino a esa dimensión técnica, como piensan algunos estudiosos como Kurzweil.
    Por supuesto que la técnica no es neutral, puesto que su ambigüedad deriva de la que posee el ser humano, como natural y extra-natural. Por otra parte, con lo que queda dicho, creo que puede afirmarse que la capacidad técnica del hombre, incluso desde la misma prehistoria, es una condición, como escribe el autor, entretejida con la vida humana, sin la cual quedarían quebradas otras dimensiones de la persona humana, y no sería pertinente pensar en una regresión, que no se daría el caso, puesto que no hubo lugar a la progresión desde la inicial condición de animal. Efectivamente, se echa de menos una filosofía de la técnica, o tal vez, una filosofía antropológica de la técnica.

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