Superpoder: Invisibilidad

Todo el mundo conoce ya los vídeos de Donald Trump estrechando la mano de Shinzo Abe y los tuits desde Mar-a-Lago en plena crisis del misil de Corea del Norte. Y digo bien “todo el mundo” porque hasta los que no se han leído un periódico en su vida siguen ahora la información (alternativa o no) a través de las redes sociales. En la versión completa del vídeo del apretón, se observa al final a dos discretos personajes encorbatados y con un cuaderno en la mano que se sientan al lado de los dos mandatarios. Hace falta un intérprete para reconocer a otro porque nuestro superpoder es la invisibilidad. Nos camuflamos hábilmente, como el camaleónico Zelig, y así logramos cumplir nuestra misión, que no es otra que la de facilitar que los demás cumplan la suya. Nuestra profesión es instrumental y nuestra razón de ser es el servicio. Entendemos para que los otros se entiendan y así ponemos nuestro granito de arena en las firmas de tratados internacionales, en las construcciones de puentes y muros, y en la creación del imaginario colectivo. Los intérpretes no decidimos el mensaje que transmitimos, porque no somos los protagonistas, aunque, a veces, nuestra capacidad de mimetización con el entorno y de empatía con nuestros usuarios nos lleve a pretender, si no la notoriedad, sí la autorreferencia. Normal, es lo que toca en estos tiempos que corren. Sin embargo, conviene recordar que nuestro código ético nos exige la confidencialidad y la imparcialidad, también en las redes sociales. Tanto es así que los jefes de los servicios de interpretación de las mayores Organizaciones Internacionales del mundo consideraron que debían emitir en 2012 este comunicado avisando de los peligros del uso de las redes sociales.

Somos invisibles y así debe seguir siendo. Nuestro superpoder es tan grande que en este vídeo se escucha al intérprete, pero no se le ve y en este otro el presidente Trump no se pone los auriculares para escuchar la interpretación de su colega Abe ¡qué está hablando en japonés!

Este superpoder lo compartíamos hasta hace poco con Rick, el soldadito de la foto que se ha quitado la capa de invisibilidad. ¡Pobre Rick! Mira que hubiera sido fácil decir: “no me saque usted una foto, hombre, que yo no soy nadie, solo soy el custodio del maletín que nos puede borrar a todos de la faz de la tierra.”

María Dolores Rodríguez Melchor

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