Corrección, maquetación y otras profesiones afines

Unamuno es un homo sapiens gracias al corrector de estilo

El pasado miércoles 25 de enero tuvo lugar la última Antesala de Babel correspondiente al curso 2016-2017, que recibió el tratamiento de taller en el marco de la tutoría de orientación profesional (Grado en Traducción e Interpretación). El acto dio inicio con la intervención de Antonio Martín, director de Cálamo & Cran, que dio valiosos consejos a todos los asistentes sobre cómo movernos con éxito entre las tempestades del mundo editorial y en las empresas de servicios lingüísticos. Definió con precisión la tarea del corrector , un trabajo poco conocido y anónimo, pero de gran trascendencia y no lo suficientemente valorado entre los profesionales del sector. Por sus palabras comprendimos que el corrector ni pone el texto bonito, ni es un cazador de erratas, ni un paladín del Diccionario de la Real Academia Española, sino un asesor que vela por el éxito de la transmisión textual en su conjunto. Resulta evidente cierto paralelismo entre el oficio del traductor y el del corrector, que en ocasiones se complementan. Ambos suelen encontrarse en medio de un fuego cruzado entre el cliente, el editor y las normas, circunstancia adversa que les hace capaces de crear sus propias reglas. Al igual que el traductor, el corrector tiene que bregar con la compensación y la pérdida, trabajar contrarreloj y encontrar el camino adecuado para preservar la belleza de la letra impresa, ya sea en papel o en soporte digital. Y su destreza visual permite que, en virtud de una desafortunada errata, Unamuno dejara de ser Unamono y así no se convirtiera en simio.
Valentín Pérez Venzalá nos convenció de que, en materia de edición, el físico sí que importa, pues el formato en que el traductor presenta sus trabajos dice mucho de él. El auge de las plataformas digitales y del libro electrónico es un desafío para el traductor, que, cada vez con más frecuencia, debe utilizar para su trabajo el lenguaje html o conocer programas como InDesign. El diseño gráfico es, por tanto, una aportación formativa importante para el traductor, así como una ventana abierta a un mercado laboral que ofrece numerosas posibilidades.
José Luis Aja (tutor de orientación profesional)

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